Nadal es inmenso

Aunque España dormía, el último fotograma ya lo conocen. No es novedoso ver a Rafael Nadal brazos abiertos en dirección al cielo ya oscuro de Nueva York, emocionado y agasajado por el público de Flushing Meadows porque acababa de rubricar su tercer triunfo en el torneo, el primero que obtenía desde 2013. No es nueva la imagen, pero el español doblegó al sudafricano Kevin Anderson en la gran final (6-3, 6-3 y 6-4, en 2h 27m) y, entonces sí, llegó el último mordisco a la historia, todavía más épica, más gloria, mayor leyenda.

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La Guardia Civil acusa a tres cargos del PP de ser el nexo entre la trama Púnica y el ‘caso Taula’

Un nuevo informe de la Guardia Civil incorporado al sumario del caso Púnica vincula por primera vez formalmente la investigación de la trama de corrupción presuntamente dirigida por Francisco Granadas con las pesquisas instruidas en un juzgado de Valencia por la supuesta financiación irregular del PP de la ciudad de Valencia en la etapa de Rita Barberá. El escrito, al que ha tenido acceso EL PAÍS, señala a tres cargos de los populares como la conexión entre ambas causas. Se trata del actual concejal del PP en Valencia Alberto Mendoza Seguí, del ex teniente de alcalde Miquel Domínguez –actual diputado no adscrito en las Cortes Valencianas- y del jefe de prensa de Rita Barberá, Julio Valero Lluesma.

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Los 11 ataques de Contador en la Vuelta de su despedida

Contador se despidió del ciclismo (y de la Vuelta) por la puerta grande. Entro de lleno en la leyenda. En la general finalmente terminó quinto, aunque de poco importa. Su disparo en la cima del Angliru será la imagen que permanecerá por siempre en las retinas de los aficionados al ciclismo. El madrileño estuvo más combativo que nunca (si era posible): atacó en 11 de las 21 etapas. Más de la mitad. En AS analizamos, uno a uno, cada uno de los ataques que protagonizó El Pistolero.

5ª etapa: Benicàssim-Alcossebre / Andorra quedó en el olvido

Después de su desfallecimiento en la primera etapa de montaña de la Vuelta (cedió 2:33 en Andorra), Contador recuperó las buenas sensaciones. Lo hizo en la Ermita de Santa Lucía y con Chris Froome como espectador de lujo. El madrileño, primero, resistió el envite del británico. Luego, ya en los últimos metros, le devolvió el hachazo para intentar arañar algunos segundos. Finalmente no consiguió despegarse del líder del Sky. Pero sí de Nibali, al que rascó 26 segundos en meta.

6ª etapa: Vila-real-Sagunt / La confirmación

Ni un día había pasado, y Contador volvía a intentarlo. Fue en el Garbí, a 40 kilómetros de meta, y con un descenso –quizá- demasiado largo como para abrir diferencias importantes. A su ataque respondieron bien Froome, Van Garderen y Betancur, aunque estos dos sufrieron una grave caída en la bajada. Al final llegaron a Sagunto todos los gallos a la vez, salvo Chaves, que mostró debilidades por primera vez en la Vuelta. Segundo disparo en dos días; los fantasmas de Andorra desaparecieron de un plumazo.

8ª etapa: Hellín-Xorret de Catí. Costa Blanca Interior / Pareja de hecho

Otro día más en el que Contador maldijo aquella tercera etapa. “No sé realmente qué me pasó”, confesó. Esta vez fueron las rampas durísimas del Xorret de Catí las que vivieron un nuevo ataque del madrileño. Lo hizo nada más comenzar el puerto, con la explosividad que le caracteriza. Froome, una vez más, fue el único que aguantó al de Pinto. Y ambos llegaron de la mano a la meta recortando 17 segundos a Nibali, Zakarin y compañía. Británico y español se habían convertido en una pareja de hecho. Una pareja que no se separaría en toda la Vuelta.

11ª etapa. Lorca-Calar Alto / Pagó cara su ambición

Tras una primera semana cargada de puertos cortos y explosivos, la Vuelta cambió de tercio y se presentó en la 11ª etapa con final en Calar Alto. Y Contador volvió a ser protagonista. El Pistolero fue el primero en mover el avispero en la subida final, pero esta vez tuvo más compañía que en ocasiones anteriores, o no tantas piernas. Su ataque fue tímido y se vio superado por un pletórico Superman López. Nibali y Froome, que supieron dosificar mejor, llegaron a meta con 17 segundos de ventaja sobre el líder del Trek, que pagó su prematuro esfuerzo.

12ª etapa. Motril-Antequera / Incendió la Vuelta

Una etapa de locos. Pasó de todo, y buena parte de culpa tuvo Contador. El madrileño encendió una Vuelta que parecía sentenciada a favor de Froome. Lo hizo en el Torcal, a 21 km de meta y en una etapa que se presuponía -a priori- de transición para los de la general. El madrileño saltó del pelotón con Nicolas Roche. “Un ataque pactado”, reconoció. Ambos fueron compañeros en el Tinkoff y se conocen muy bien. El irlandés no fue un buen compañero de viaje; sus piernas aguantaron menos de lo esperado. Contador, ya enfrascado en batalla, siguió adelante. Mientras, en el grupo de los favoritos, Froome saboreaba el asfalto hasta en dos ocasiones en el descenso. Contador hacía cundir el pánico. Finalmente, con la ayuda de Theuns, que viajaba en la escapada del día, Contador recortó 22 segundos a Nibali y 42 al británico. Avivó la Vuelta.

14ª etapa. Écija-La Pandera / Falló la estrategia

Contador quería más. Pese a que no recortaba todo el tiempo que él quisiera, seguía intentándolo. Esta vez el movimiento llegó en La Pandera, a 3,5 km del final. Su compañero de viaje fue Nibali, que se afianzó a su rueda. El dúo hispano-italiano no pudo abrir hueco con Froome, que poco a poco y con la ayuda de su fiel potenciómetro recortaba tiempo con Superman a su lado. Hubo reunificación y el colombiano lo aprovechó: cruzó la meta con unos segundos de ventaja con Froome y Nibali. Contador, exhausto, cedió seis segundos en el arreón final.

15ª etapa. Alcalá La Real-Sierra Nevada / Duro castigo

Una nueva etapa con final en alto, y un nuevo aliado para Contador. En esta ocasión fue el colombiano Superman López, el hombre más en forma de la Vuelta. Ambos atacaron a 27 km de meta en el Purche. Consiguieron abrir hueco y llegaron a pie del último puerto de la jornada con una ligera ventaja. Pero Superman estaba imparable. El de Pesca incrementó el ritmo y Contador cedió. Se hundió. Pagó el esfuerzo de jornadas anteriores. Froome y Nibali lo engulleron y lo dejaron atrás: 40 segundos perdió con ambos. Pagó la ambición.

17ª etapa. Villadiego-Machucos / Al poste

Tan solo 28 segundos separaron a Alberto Contador del triunfo en Los Machucos. El culpable: el austriaco Denifl, que viajaba en la fuga y aguantó como un jabato. El pinteño demarró a 5 km de meta y nadie pudo seguirlo. Esta vez sí, era el más fuerte de los gallos. Además, Froome sufría como nunca. El líder del Trek se gustó, disfrutó en la bicicleta y con el apoyo del público. Abrió hueco con Nibali y Zakarin, que intentaron atraparlo sin éxito. Día grande para Contador. Resultado: 36 segundos a Nibali y 1:18 a Froome. Presentó su candidatura, al menos, para el podio.

18ª etapa. Suances-Santo Toribio de Liébana / Erre que erre

Contador volvió a probar otra gesta, pero el terreno no era suficiente para hacer daño al líder Froome. Un líder que vivía con incertidumbre la jornada post-desfallecimiento en Los Machucos. El de Pinto lo intentó en el Collado de la Hoz, pero -esta vez- la maquinaria Sky no le dejó marchar. Eso sí, en la subida final a Santo Toribio de Liébana siguió apretando el acelerador. Llegaron (Froome y Contador) por enésima vez en la Vuelta de la mano a meta. Arañaron 21 segundos al Tiburón. “Le dije a Froome que en tres días dejaré de tocarle los coj…”, confesó el líder del Trek.

19ª etapa. Caso-Gijón / Agotando el cartucho

Una etapa, ésta, con final en Gijón, que se presumía plácida para los gallos. Pero ojo, a Contador le quedaban tres días como profesional. Y quería seguir desenfundando su arma. Con la victoria de etapa garantizada para la escapada del día, el madrileño lo probó en el Alto de San Martín, a 15 km de meta. Ya en la cima y con varios kilómetros hasta la llegada, el líder del Trek contó con la colaboración de Theuns (una vez más) que le había esperado nada más coronar el puerto. Sky, ayudado por el Sunweb y el Bahrain, dio caza al madrileño camino de Gijón a 2,5 km de la llegada. Lo seguía intentando, pero el premio no acababa de llegar. Por delante, el colosal Angliru: su despedida de la alta montaña.

20ª etapa. Corvera de Asturias-Angliru / En la diana

Y por fin llegó. El madrileño consiguió su anhelada victoria, esa que tanta había buscado en la Vuelta. A la undécima fue la vencida, quizá tiene algo que ver su madridismo, quién sabe. El de Pinto lo probó, como se esperaba en su despedida de la alta montaña. Pero no subiendo, sino en el descenso del Cordal y con Jarlinson Pantano como principal aliado. Quizá esa fue la sorpresa (bajando). Abrieron hueco y el colombiano le llevó hasta el pie del Angliru, donde contó con la ayuda de Enric Mas y Marc Soler, que quisieron ser partícipe de la gesta del madrileño. Contador se desinhibió. Era su último puerto, sus últimas rampas como profesional. Y la rompió. Nadie pudo atraparle. Disparó, dio en la diana y alzó los brazos en el colosal Angliru. Su despedida soñada. Entro en la leyenda. ¡Gracias por tanto, Alberto!

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Modestas Paulauskas, el MVP que esquivó una tragedia aérea

Con sólo 20 años, el lituano Modestas Paulauskas fue escogido MVP del Eurobasket de 1965 que la URSS conquistó como local. Con sólo 20 años, promedió 13,8 puntos. Fue el primero de los muchos éxitos que llenaron su carrera: ganó dos medallas olímpicas (entre ellas la histórica de Múnich en 1972), un Mundial y tres Eurobasket. Toda su carrera, sin embargo, fue posible gracias a un milagro. En 1964 se jugó el primer Eurobasket junior de la historia en Nápoles con estrellas que aún hoy son entrenadores como Bogdan Tanjevic (actual seleccionador de Montenegro). Por causas que nunca han sido aclaradas, la selección rusa perdió el avión que debía trasladarle a Italia. Aquel avión se estrelló y no quedaron supervivientes. Una generación de baloncestistas de oro salvó la vida.

Paulauskas fue elegido en 1991 como uno de los mejores 50 jugadores de la historia del baloncesto FIBA. Nunca quiso dejar al Zalgiris de Kaunas aunque el CSKA de Moscú y el Spartak de San Petersburgo, equipos hegemónicos entonces, le persiguieron durante su carrera. “No quería dejar mi club ni mi país. Fue mi elección y no me arrepiento”. Le llamaron el primer rey de Lituania y fue elegido mejor deportista de Lituania (perteneciendo a la URSS) en siete ocasiones, aunque él, que continuó su carrera como entrenador sin demasiada fama, mantiene que no hubo nadie como Sabonis.

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Jared Goff rinde como los Rams esperaban de un #1 del draft

La primera temporada de Jared Goff en la NFL fue decepcionante. O muy decepcionante. Los Angeles Rams, entonces recién llegados a su nueva ciudad, fueron un mal equipo de football y eso les llevó a la ignominia de tener que despedir a su entrenador, Jeff Fisher. En medio de todas las malas sensaciones, por supuesto, aparecía su quarterback. Siempre es el puesto más señalado, para lo bueno y para lo malo, sea exagerado o muy exagerado.

Más en el caso de Jared Goff por haber sido todo un número uno del draft por el que, además, tuvieron que dar un potosí de activos. En esas circunstancias, o se es el salvador, el mesías, o se es un fracaso. De nuevo, sea eso exagerado o muy exagerado. Goff no jugó bien el año pasado, qué duda cabe.

En 2017 la cosa pintaba muy diferente de inicio. Un nuevo entrenador, Sean McVay, con unas ideas muy diferentes a las de Fisher, con la idea de correr mucho, de defender y de tener una estructura mucho más asentada que la de esperar a la genialidad de un chaval. Y, además, con la suma de Sammy Watkins y Cooper Kupp, llamados a dar una velocidad más al cuerpo de receptores.

Y, en el primer partido de la temporada, Jared Goff, de repente, rinde como el chico que merecía ser el número uno del draft y que lleva sobre sus hombros la ilusión de la renacida afición a los Rams de la ciudad de Los Angeles.

El partido de los Rams contra los Indianapolis Colts fue un chiste. Por parte de estos últimos, me refiero. Pocos equipos con tan poco que aportar, con tan poco espíritu, con tan poco talento y con tan pocas soluciones desde la banda se pueden ver en la NFL. Los Angeles ganaron por 46 a 9 como pudieron ganar por lo que les diera la gana.

Todo funcionó. La defensa se zampó al ataque rival, empezando por la línea ofensiva y acabando por un Scott Tolzien que tuvo que ser sustituido por Jacoby Brissett en la segunda mitad, aunque eso no añadiese ni quitase una coma al bochorno general. Por el medio, forzó jugadas para anotar casi sin necesitar a su propio ataque. Éste, en el apartado terrestre apareció con cuentagotas, y no hizo falta más.

Porque, por encima de todo, Jared Goff se notó suelto en el pocket y con agallas. Completó 21 de los 29 pases que intentó, sumó 306 yardas y un touchdown.

Y las sensaciones. Las sensaciones de verle con la confianza por las nubes y divirtiéndose con sus compañeros. Enfrente, la nada, que quede claro, porque los Colts fueron un equipo de juguete en esta primera semana. Y, en sus espaldas, el futuro de la franquicia. Porque, por primera vez desde que fue elegido en el draft, en efecto, Jared Goff pareció un número uno legítimo.

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El buen samaritano

El Madrid, que siempre ha sido equipo con colmillo, se ha ablandado con el Barça, víctima de un verano atroz, pero líder de la Liga ahora mismo. Es un gobierno temprano, inestable para su hinchada, que abandonó el Camp Nou pidiendo la dimisión del presidente Bartomeu. Fueron muchas las heridas que abrió el caso Neymar, y eso no se arregla con tres victorias, empujadas por Messi, automático con el gol. Messi le ha comprado tiempo a la directiva del Barça. El Madrid le ha dado un margen impensable de tranquilidad a su gran rival. Frente al Levante repitió el empate que alcanzó contra el Valencia, pero con menos juego, menos goles y menos recursos en el campo. Es un gran equipo sometido a dos graves problemas: la ausencia de un segundo ariete de garantías y el vacío que ha dejado Pepe en una defensa que dependerá en muchas ocasiones de Nacho, que deberá acometer un desafío casi imposible: cambiar el don de la versatilidad por el de la ubicuidad.

Al equipo no se le puede acusar de condescendencia o vagancia. Se exprimió y encerró al Levante, pero no le aterrorizó. No le hizo sentir el efecto Bernabéu. El Levante se defendió con orden y bastante soltura. No entró en pánico nunca. Cuando la cosa se volvió fea, se puso en las buenas manos de Raúl Fernández, aquel portero que Marcelo Bielsa intentó promocionar en el Athletic. No lo consiguió. Raúl no estaba maduro para guardar una de las porterías más exigentes del fútbol español. Ahora es toda una garantía en el Levante.

Sin Cristiano Ronaldo y sin Benzema, lesionado en la primera parte, Zidane tiró de Bale. Mayoral no estaba convocado. Este tipo de situaciones no serán anormales durante la temporada. No es raro que coincidan una sanción y una lesión. En ese caso, el Real Madrid se verá en la misma situación que frente al Levante. Y nadie sabe cuándo pueden darse circunstancias de este pelaje. Ahora, en el comienzo del campeonato, suena a aviso. Más adelante, en el fragor de la Liga o de la Copa de Europa, esta situación invitará al pánico.

El Madrid ha perdido a Morata, delantero titular de la Selección española, y Mariano, un ariete que agita los partidos con su optimismo y su potencia. O Mayoral rompe definitivamente, algo que por ahora no se adivina en el horizonte, o el Madrid pensará con melancolía y fastidio en el desaprovechado mercado de verano. El problema defensivo tampoco es manco. Varane se lesiona con frecuencia, Carvajal no tiene un sustituto natural tras la salida de Danilo y Vallejo no terminó de convencer en el verano. Cualquier contratiempo obligará a Zidane a tomar decisiones poco naturales. Contra el Valencia, Casemiro tuvo que retrasar su posición hasta el centro de la defensa.

Aunque el partido reiteró la tesis que se manifestó frente al Valencia, el Madrid añadió algunas razones más para el empate. Por una vez, la portería le quedó lejos. Dispuso de varias ocasiones, pero no fue el tambor batiente que suele intimidar a sus rivales. Bale contó con las ocasiones que Cristiano no perdona. Bale perdonó. Hace goles, pero no es un goleador. Hace jugadas, pero le cuesta jugar. Deslumbra en alguna ocasión, pero no transmite. No es un líder, ni nunca lo será. Esta clase de partidos, muy habituales en el Bernabéu, los suele ganar Cristiano con dos zarpazos. Curioso lo suyo: es crucial cuando juega, pero su prestigio sigue creciendo cuando no juega.

Sin Modric para establecer un plan y sin Casemiro para imponer disciplina, el Madrid tuvo un aire experimental. Nueve de los once titulares -todos menos Benzema y Kroos-, habían pasado por el primer equipo antes de cumplir 20 años, un dato que invita a la cohesión y al conocimiento de la enorme exigencia que supone jugar en el Real Madrid. Es un proyecto grande, alentador, que se inició el sábado con los típicos desajustes y blanduras que caracterizan a todos los planes incipientes.

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Un problema que ya se veía venir

No es por ser ventajista, pero lo sucedido con el ‘9’ se veía venir después de lo constatado durante toda la pretemporada. Fiar todo a Benzema para una posición que exige plenitud física, entrega mental absoluta y una especialización máxima, suponía un riesgo cuyas consecuencias empezamos a ver ahora. Para ser el delantero centro del Madrid tiene que salirte sangre cuando te cepillas los dientes. De niño vi a Santillana, de adolescente a Hugo Sánchez, de joven a Zamorano, de hombre a Raúl y Suker, de padre con las primeras canas a Ronaldo y Van Nistelrooy. Y ahora…

Con Karim es curioso el sentimiento. Todos los madridistas asumimos su grandísima calidad como delantero, pero nadie le reconoce como un ariete nato. Me dio por mirar ayer las tablas de goleadores de la Premier y de la Ligue 1. En Inglaterra, Morata marcha segundo con tres goles, sólo superado por los cuatro de Lukaku. En Francia, Mariano va también segundo con cuatro goles (¡empatado con Neymar!), sólo por detrás de Cavani y Falcao (7). Los dos pertenecían al Madrid. Y digo yo, ¿no hubiera sido necesario quedarse al menos con uno de ellos?

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La pirámide de Bezos: así funciona la estructura laboral en Amazon

Amazon apostó desde el comienzo por quedarse en el centro de Seattle, muy cerca de la icónica aguja espacial o el museo de la música financiado por Paul Allen, cofundador de Microsoft. Google y Facebook han abierto oficinas a su alrededor, haciendo del centro de Seattle una ciudad tecnológica sin signos aparentes de ello. En total Amazon cuenta con 31 edificios. Cuando tomaron la decisión de expandirse en el centro de la ciudad, en 2005, contaban con 12.000 empleados. Hoy suman más de 40.000. John Schoettler, que lleva 17 años en la compañía y es el responsable último de los 225 centros que poseen en todo el mundo entre oficinas y almacenes, explica que la decisión de permanecer en el centro urbano “obedece al tipo de empleado que queremos atraer, alguien urbano, dinámico, que quiera ir paseando al trabajo y hacer vida cerca de su oficina”.

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Nadal aplasta a Anderson y alza su 16º Grand Slam

Siempre está ahí. Desde hace doce años. Desde ese 2005 en el que asombró al mundo con 19 primaveras en Roland Garros. Entonces, Rafa Nadal comenzó una carrera contra todo. Contra las previsiones de que solo era un jugador de tierra. Contra los augurios de que su físico no aguantaría una carrera larga. Contra Roger Federer, que ya había ganado cuatro ‘grandes’ entonces… En lucha frente a la predicción de que no volvería arriba después de dos campañas sin alzar un Grand Slam, triunfó en junio en París. Y otra vez, un 10 de septiembre de 2017 y con 31 años, firmó ayer su 16º Grand Slam. Diez Roland Garros, dos Wimbledon, un Abierto de Australia y tres US Open después de talar al gigante Kevin Anderson: 6-3, 6-3 y 6-4 en 2h:27.

Nadal sí estaba, presto a volver a conquistar Nueva York tras sus triunfos en 2010 y 2013, mientras Andy Murray, Novak Djokovic y Stanislas Wawrinka curaban en casa lesiones y ordenaban su mente frente a a la resurrección del español y de un Roger Federer que cayó frente a Juan Martín del Potro en cuartos antes de que Nadal laminara al argentino.

Kevin Anderson, favorecido por las ausencias por su lado del cuadro, se plantó en la final de un Grand Slam desde el número 32º del mundo (sube al 15º), apoyado en su saque (más de 5.400 aces acredita en su carrera) y su 2,03 de altura. Pero, compañero de quinta de Nadal, sólo luce en su palmarés los torneos de Winston-Salem, Delray Beach y Johanesburgo. Tenía ante sí una tarea titánica.

Porque enfrente se encontró un titán, sí. Al número uno, que ha sostenido su posición en Queens y se marcha con 1.820 puntos más. En el primer parcial, Nadal se aculó casi en el fondo para descifrar los saques y sometió a una tortura al sudafricano. A la quinta bola de break, rompió para 4-3. Y después para 6-3. Anderson, que sólo había cedido cinco veces su servicio en todo el US Open, ya tenía dos mordiscos en 58 minutos. En el segundo parcial, el español fue elevando más su nivel. Rápido de piernas, contundente con el drive, agresivo. Fue diluyendo a Anderson. Bastaron 38 minutos. Y 50 en el tercero. Acabó con sólo 11 errores no forzados y no cedió ni una bola de break. La diferencia fue mucha.

En el puerta de entrada del National Tennis Center, donde el balear cerró el círculo del Grand Slam conquistando los cuatro en 2010, se puede leer una frase de una estrofa de New York, New York, de Frank Sinatra: “Quiero despertarme en la ciudad que nunca duerme siendo el rey de la colina, el número uno. Si lo puedo hacer aquí, lo podré hacer en cualquier sitio”. Nadal lo hizo aquí. No ganaba un torneo en pista rápida desde hace casi cuatro años, en Doha 2014. Y lo puede seguir haciendo en cualquier sitio. Dieciséis veces grande ya.

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El año de Rafa Nadal asombra: cinco títulos y el número uno

El año 2017 está siendo magnífico para Rafa Nadal. El español recuperó las buenas sensaciones ya en enero y en mayo volvió a ganar un Grand Slam, Roland Garros, tres años después del último. Anoche lo adornó aún más con su triunfo en la final del US Open ante Kevin Anderson. Se ha hablado mucho del regreso de Roger Federer, pero Nadal puede terminar siendo el mejor del curso. Con cinco títulos, es el que más ha ganado empatado con el suizo y Alexander Zverev, pero dos de sus trofeos son majors. Nadie ha jugado más finales (8) ni sumado más victorias (56), es el número uno del mundo y el líder de la carrera al Masters, para el que ya está clasificado. A la altura de sus mejores años.

En diciembre todo eran incógnitas sobre cómo respondería tras el descanso que se tomó desde Shanghai (octubre de 2016). En Melbourne ya se vio que volvía al máximo nivel. Tuvo ganada la final contra Federer con bola para el 4-1 en el quinto set y aunque la perdió, salió reforzado. Luego explotó en tierra: décimo título en Montecarlo y Barcelona, y quinto en Madrid antes de la Décima en Roland Garros (ver gráfico). Wimbledon y la gira estadounidense no le fueron bien, pero le sirvieron para agarrar el número uno y llegar en forma al US Open.

“Está jugando mucho mejor. Ha mejorado su revés y su saque. No sé si en el futuro le podré ganar”, dijo Del Potro tras perder contra el balear en semifinales. John McEnroe alucina: con él “Cuando le vi en Australia pensé, guau, cómo se mueve”. Y el propio Federer se rinde: “Está muy concentrado, tanto en entrenamientos como en partidos, juega ensimismado”.

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