No fue penalti a Saúl y no estuvo bien con algunas amonestaciones

Minuto 12. Luisinho vio la amarilla por una entrada a Carlos Isaac. A continuación, el canterano hizo una falta similar y también fue amonestado. Bien, aunque sean los primeros minutos.

Minuto 32. Saúl cae en el área ante Mosquera. Es el árbitro quien pita penalti, pero no hay nada. Es un forcejeo como muchos, el defensa deja disputar el balón. No debió señalar penalti.

Minuto 48. Dura entrada a Saúl de Muntari, que debió ver la amarilla. El árbitro se desentendió, justo lo que no se debe hacer.

Minuto 69. Albentosa golpea a Costa, falta de amarilla. Se la lleva el delantero en el momento por una acción menor.

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Tercer tiempo

La voluntad de estilo

Lo que pasó en Sevilla este sábado abre reflexiones de todo tipo, no sólo futbolísticas. En primer lugar, hay dos maneras de abordar una dificultad; una de ellas es mantener la voluntad de estilo para facilitar una solución. Y la otra es perder la paciencia. Lionel Messi, que entró en el campo para animar a los suyos (ya había tiempo para poco más), se impuso la primera de las actitudes y sacó al Barça del atolladero mayor de LaLiga, su primera derrota, en condiciones, además, calamitosas. El equipo había jugado con los pies cansados, triste y mediocre. La cara de Ernesto Valverde era una saeta llena de pesadumbre

Saeta de Rosario

A Alfredo Di Stéfano lo llamaban “La Saeta Rubia”, porque era rubio (y bastante calvo) y se incrustaba en el alma contrita del otro equipo como si viniera mandado por el mismo Dios del cielo. Al lado tenía a otra saeta, Francisco Gento, que no hacía las florituras de su compañero, pero tenía arrestos para burlar uno por uno a sus adversarios, centrar o tirar. Aquí comparó Relaño ayer a Bale con Gento, por el gol ese tan preciso con el que condenó a la Unión Deportiva. Pues ahora hay otra saeta, la saeta de Rosario. Fue convocado al campo y fue Di Stéfano.

El cantar ahogado

Estuvo tan acertado Messi que parecía haberse dibujado el partido antes de entrar. Observo bromas sobre sus bostezos. Es lógico, es como los nietos, si no juegan se aburren. Y el banquillo no se hizo para él. Cuando Argentina hizo el ridículo él dio tales muestras de aburrimiento que daba hasta pena verlo por televisión. Pero, en este caso, cuando salió a ponerse en su sitio, su cantar ahogado se hizo veloz como la saeta de Machado a la que Serrat le puso música. Y el partido fue inmediatamente otro, porque había entrado en el coro triste del Barça un solista tan eficaz como aquellos Paco y Alfredo del pasado.

Hacer historia

El Sevilla estuvo a punto de hacer historia. El fútbol tiene este vaivén musical, tienes que saber bailar entonado hasta el final, porque si no viene un muchacho de Rosario que canta mejor las saetas. Ya a estas alturas sólo Messi o Cristiano aseguran estas remontadas. El Madrid cabalga de nuevo, aunque sea tarde, y el Athletic lo intenta, pero tiene plomo en las alas. ¿La UD? Me da rabia y pena verla ahí, sacando sus uñas bellas, cantando folías, tristes folías, en medio de una zozobra para la que el árbitro no tuvo piedad.

Sombra de Isco

No vimos a Isco. Cuidado, ese muchacho es una joya, y por ahí hay tanto ojeador que sería bueno que el Madrid, que ostenta ese triunfo, empezara a hacerlo imprescindible. No lo cansen, no le cojan ojeriza sus jefes. Aspas, su compañero, jugó y empujó al Celta a las barbas bilbaínas, hasta hacerlo sucumbir. Está mal decir esas cosas, pero comenté en casa: “El Celta va a marcar”. Se veía venir, no hacía falta ser un zahorí. Lo peor de lo que le pasa al Athletic es que es previsible, sobre todo en lo malo.

El talismán

Isco Alarcón es un talismán. Su ausencia del equipo blanco es sustantiva, porque dura. Es como si a Rodrigo, que saca al Valencia de todos los túneles (ayer, del túnel de Leganés), Marcelino lo hurtara entre los armarios de la plantilla y lo sacara sólo de tapadillo. Igual sindiós está organizando Montella con Ben Yedder, que salvó al Sevilla de Mourinho, demostró además que es capaz de cantar a capella el himno de Nervión y ahora está en el banquillo, ausente como un alma en pena que hubiera cometido pecados en el campo. Los equipos suelen tener estas contradicciones. Terminan pagándolo.

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Nadal, la Davis, la tierra y la salud

Rafael Nadal regresa este lunes al número uno, 42 días después de haberlo perdido ante Roger Federer. El duelo eterno, incluso a distancia. La sorprendente derrota del suizo en el Masters 1.000 de Miami ante Thanasi Kokkinakis, el 175º del mundo, le devolvió la corona sin necesidad de jugar. Evidentemente, siempre es más épico auparse al liderazgo en plena competición, mucho más si alzas un trofeo, pero eso no quita mérito a la reconquista de Nadal. La clasificación de la ATP es muy justa, porque mide un año entero natural: es decir, Rafa ha sido mejor que nadie en la suma de los últimos 365 días. Más quisiera el español haber celebrado este honor con la raqueta en la mano, pero Nadal lleva ya más de dos meses sin competir por la lesión en el psoas ilíaco que sufrió en el Abierto de Australia.

El número uno coincide con la semana de su teórica reaparición. Será en la eliminatoria de Copa Davis de Valencia ante Alemania, que viaja con dos duros huesos: Zverev y Kohlschreiber. Escribo ‘teórica’ por precaución, porque en este mismo espacio ya anunciamos su retorno en Acapulco, y luego no pudo saltar a la pista por una recaída. Rafa inaugurará así la temporada de tierra de batida, donde defiende un cerro de puntos: 4.680. Si el físico le acompaña, tiene a su alcance hollar de nuevo ese Everest. Sobre arcilla sigue siendo el rey. Y Federer se ha vuelto a borrar. Pero tiene que acompañarle: esa es actualmente su mayor preocupación, más allá de su puesto en el ranking. En una reciente comparecencia, su tío Toni reveló que Rafael convive “con dolor y calmantes desde 2005”. Su Everest es la salud.

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Una Liga resuelta antes de la cuenta

Recuerdo que Luis siempre decía que en la Liga vendemos humo hasta las últimas jornadas, que es cuando se decide todo. En términos generales se puede decir que tenía razón. Los puntos valen lo mismo al principio que al final, pero es en el último tramo cuando se disputan de otra forma, porque más allá no hay enmienda. Por eso esta me parece una Liga rara. No recuerdo otro caso en el que a falta de ocho jornadas tuviéramos tantas cosas por resueltas. Casi todas las importantes. Empezando por el título. El Barça ya echa cuentas de cuándo caerá, y salta otra vez el morbo de si habrá o no habrá pasillo en el próximo Clásico.

Pero no es sólo el título. Tras él, van tres a la Champions y ya sabemos quiénes son. Este año, a diferencia de los pasados, el cuarto va directo a la Champions, sin eliminatoria previa, como el segundo y el tercero, de manera que en la práctica son puestos intercambiables. Del cuarto, el Valencia, al quinto, hay todo un barranco de quince puntos. Respecto al descenso, hay un corte de siete puntos entre Las Palmas, tercero por la cola y el anterior, el Levante. El próximo domingo juegan en Orriols. Todo lo que no fuera una victoria de Las Palmas allí, dejaría en la práctica cerrado el descenso como crónica de una muerte anunciada.

En realidad sólo está abierta la zona ‘UEFA League’, tres plazas (una para el campeón de Copa, que normalmente correrá al séptimo). Basta mirar la tabla para ver que a ese séptimo puesto pueden aspirar muchos, entre ellos el Girona, equipo revelación de la temporada. Sólo cinco puntos le separan del undécimo. Ahí, a esa zona tenida ‘por templada’ es donde se ha trasladado el calor de este campeonato, que ha ido desvelando todos sus demás secretos antes de tiempo. Una rareza. A cambio, tenemos emociones de alta intensidad en las dos competiciones europeas, a las que llegamos a cuartos con cuatro equipos.  

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La nueva plenitud de Bale y el precio de la memoria

Hay jugadores que invitan a una interpretación que excede lo futbolístico, como ocurre con Gareth Bale, futbolista con un punto misterioso. Nunca se sabe si está bien, mal o regular. A veces está tan bien que parece el jugador perfecto, pero esos momentos son escasos y, de algún modo, frustrantes. Pocos jugadores ofrecen señales tan prometedoras y pocos contradicen con más frecuencia las expectativas que generan. Por desgracia, Bale suele caracterizarse por las promesas incumplidas. Sin embargo, no conviene retirarle el saludo, porque dispone de una capacidad sorprendente para renovar sus promesas. Puede que las cumpla algún día.

En el Insular, Bale ofreció buena parte de un repertorio que podría ser ilimitado. Nunca se sabe qué conjunción de astros le permite pasar de la decepción a la explosión. Frente a la UD Las Palmas, le favoreció todo, incluido el ambiente exterior. Fue una tarde veraniega, luminosa, saludable, una de esas tardes que derrota a la tristeza. Conviene atender a estar cuestiones cuando Bale está por medio. Parece que necesita sol y buena temperatura. Su frágil musculatura se ha resentido demasiadas en los meses invernales, por raro que parezca en un galés de pura cepa.

Bale necesita que todos los astros estén perfectamente alineados. Rara vez ha sido el jugador que se rebela contra los elementos. No tiene madera de líder, al menos en el Real Madrid, donde sobra carácter a la mayoría de los futbolistas. Una larga trayectoria de lesiones le han convertido en un jugador con tendencia al ensimismamiento, preocupado, probablemente con razón, por la respuesta de su cuerpo a la exigencias competitivas, una vigilancia que muchas veces le ha restado naturalidad, confianza y energía. Sus incumplidas promesas suelen derivarse de la desconfianza que le merece su musculatura.

Es curioso que uno de los físicos más imponentes del fútbol actual funcione de manera tan desigual. En su mejor condición, Bale es arrollador. Su exuberancia apenas tiene rival en el fútbol. Hasta Cristiano Ronaldo parece terrenal en comparación con el delantero galés. Uno de los grandes problemas de Bale, el otro es su dificultad para entender las sutilezas del juego, es el plazo fijo de su vigor. Tarda en encontrarlo y le cuesta mantenerlo. Cuando alcanza la plenitud invita a un entusiasmo que no tarda mucho en disiparse.

Después de tres meses igual de irregulares que la mayor parte de su carrera en el Real Madrid, en Balaídos regresó como un trueno de su larga lesión muscular, pero después aflojó tanto que no fue titular en ninguno de los dos partidos con el PSG, Bale ofreció una actuación insuperable en el Insular. El campo se le quedó pequeño y los rivales también. Le favoreció la debilidad de la UD Las Palmas, pero ese Bale apabullante sobresale a la vista en cualquier escenario.

Quedó claro que Gareth Bale se sintió feliz y confiado, dos características menos habituales de lo que deberían en el galés. Fue un jugador rotundo, imparable y animado. En días así, Bale invita a soñar. Le mejora todo, incluido la toma de decisiones, tantas veces discutibles. Ahora llega la fase decisiva, la que no ha conseguido arreglar durante sus casi cinco años en el Real Madrid. Le toca marcar las mismas diferencias de el Insular a un gran partido y mantenerse firme de aquí al final de temporada. Después de su exhibición en Canarias cuesta verle fuera del equipo titular frente a la Juve, pero su trayectoria invita a la duda, no sólo entre los aficionados y el periodismo, sino para Zidane, que finalmente le ha retirado la condición de titular indiscutible.

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Luka Modric llega ‘al dente’ al partidazo de Turín

Tras haber pasado un considerable bajón de juego de cuatro meses, de noviembre a febrero, el ‘motorcito’ del Madrid parece llegar a punto a los dos últimos meses de competición. La hora en la que se decide realmente lo bueno. Estamos ante una de las temporadas en las que menos ha jugado. La sobrecarga de partidos con Croacia y las lesiones han mermado su rendimiento y el equipo ha tenido que sobrevivir sin su maestría. Una de las causas del bajonazo blanco en la Liga ha sido el mal estado prolongado de Lukita Modric. En la eliminatoria ante el PSG tampoco estuvo y, sobrepasado físicamente en la ida, se vio justamente relegado a la suplencia en la vuelta. Desde entonces, ha mejorado mucho. En los partidos en Eibar y Las Palmas se le ha visto de nuevo imperial y luminoso, recuperando balones como el que más y distribuyendo juego, hasta dar el pase definitivo de gol, como sólo él sabe. Llegado a este nivel, aunque en París fuera sustituido más que aceptablemente por Kovacic, la total recuperación del crack croata es la mejor noticia que podía recibir el equipo. En la nube de piernas que va juntar la Juventus a su alrededor, con Khedira, Bentancur, Matuidi y alguno más, Modric va a tener que estar fresco de pies y cabeza para encontrar la mejor y más rápida salida. La Vecchia Signora tiene grabado a fuego el segundo tiempo de la final de Cardiff, en el que una lección de mando del pequeño rubio llevó al Madrid a zarandearles como si fueran un equipo de juveniles.

Aquel enorme repaso recibido va a condicionar esta eliminatoria porque Allegri, técnico de los bianconeri, sabe que si funciona Modric la llegada del Madrid arriba será imparable. No es descartable que Luka tenga una vigilancia especial que le impida recibir el balón con comodidad. A ver cómo gestiona el turco Cakir la intensidad. El canal Netflix está emitiendo estos días el documental First Team: Juventus. Está muy bien, pero Modric saldrá en Turín jugando con el Madrid…

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Un muy mal chiste arbitral

El Deportivo regresa del Metropolitano con la cartera vacía y a ocho puntos de la salvación. Y lo hace después de jugar el mejor partido de la era Seedorf. Tanto por lo visto en el partido, como por la entidad del rival y el escenario. Los coruñeses no fueron nunca un equipo angustiado por la sombra del descenso. Fue un grupo valiente, bien plantado y superior en muchas fases. Como otros días, tuvo ocasiones, pero el gol parece haber abandonado para siempre a un Lucas que crea ocasiones pero no las define.

Todo en un partido marcado por un error arbitral de los gruesos; de los que duelen mucho; de los que sirven para explicar lo que es pitar a un grande y a un pequeño. Fue un muy mal chiste de Trujillo Suárez, porque el ‘agarrón’ de Mosquera a Saúl es eso, un chiste. Es evidente que el Depor no va a descender por eso, porque son 15 partidos seguidos sin ganar. Quedan otros ocho por jugar con la esperanza de ver más veces a este Adrián, a este Çolak, a este Luisinho… Lo de salvarse, ya es otra historia.

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San Oblak no falla nunca

¡De penalti y gracias! El Atlético sacó los tres puntos ante el Depor gracias a San Oblak y San Lucas en el peor partido de los colchoneros en su nuevo campo. Los gallegos pusieron el fútbol y las ocasiones, pero sin premio. Un penalti absurdo a Saúl posibilita al cholismo seguir segundo, aunque con la mosca detrás de la oreja. La habitual fortaleza defensiva del Atlético quedó en entredicho. Sus errores en ataque, con un Correa calamitoso, y en el medio, posibilitaron unas contras deportivistas que merecieron mejor suerte.

 Para esta semana el mosqueo es generalizado. El jueves llega el Sporting y el domingo, el derbi. Y el Atlético, tras el suplicio de anoche y el fiasco ante el Villarreal, está lejos de su mejor cara. Tienen que tranquilizarse, recuperar efectivos y confianza. Esta temporada se está regalando en exceso y la suerte se está vistiendo de rojiblanca. Quien no falla nunca es San Oblak. En su partido 150 volvió a demostrar que es el mejor del mundo y que Gil Marín debe asegurar su continuidad a cualquier precio.

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Los Rockets revientan la historia: 1.184 triples, récord histórico

Siempre se dice que en toda competición hay equipos buenos, malos y regulares. Pero cuando contemplas a estos San Antonio Spurs versión 2017-18 tienes la sensación de que no caben dentro de ninguno de esos estereotipos. Los texanos son simple y llanamente unos supervivientes, que tras vencer este domingo a los Houston Rockets (100-83), están a tiro de certificar su 21ª aparición consecutiva en unos playoffs. Hace menos de un mes estaba desahuciados con 37 victorias en 66 partidos. Un 56% de triunfos y un ritmo nefasto: 3-8 desde el 1 de febrero hasta el 8 de marzo antes de iniciar un descenso a la locura: Golden State Warriors, Oklahoma City Thunder y Houston Rockets en tres duelos seguidos. Tres derrotas y Kawhi Leonard fuera de la disciplina del equipo. Pero todo cambió. Como si nadie hubiera pasado.

Los texanos se levantaron y con trabajo estajanovista sumaron seis triunfos seguidos, ocho en los diez últimos encuentros. Completaron el círculo contra estos Rockets sin Chris Paul y sin ritmo ofensivo: solo anotaron 7 de 30 en triples. Promedian 15,4 por encuentro. Esos siete, de todas formas, les permitió romper nuevamente la historia: suman ya 1.184 aciertos desde el perímetro, la mayor marca de siempre en la Liga norteamericana. Detrás dejan sus propios 1.181 del año pasado, los 1.077 de los Warriors en la 2015-16 y los 1.067 de los Cavaliers de la temporada anterior. Es el nuevo baloncesto, amigos.

Ese 23,3% en triples (34,7% en tiros de campo) fueron una losa demasiado grande frente a unos Spurs, que como decíamos, se han levantado de la tumba al ritmo que marca Gregg Popovich. Sin él, este equipo, esta plantilla huérfana de Kawhi Leonard, ni soñaría con rozar la postemporada… pero así es la magia de uno de los mejores entrenadores en la historia de la NBA, que cogió a una franquicia sin anillos, les regaló cinco y una presencia eterna en los playoffs. El resultado lo dice todo del partido. Ese 100-83 en 48 minutos de juego muestran lo poco espectacular de un encuentro muy parado, sin grandes alardes y que vio como Harden llegaba a los 25 puntos sin gracia y a LaMarcus Aldridge a los 23. Aunque realmente los que lo dinamitaron todo fueron Patty Mills, Rudy Gay y Danny Green en un lapso de seis minutos en el último cuarto. Parcial 17-6 del 11:07 al 5:00 para el +20 (94-74). Pau Gasol hizo dos puntos y ocho rebotes en once minutos.

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Mosquera: “Se nos fue el partido por un penalti inexistente”

Pedro Mosquera, centrocampista del Deportivo de La Coruña, destacó este domingo, tras su derrota con el Atlético de Madrid, que su equipo ha jugado “bastante bien” y ha tenido ocasiones “incluso para ganar”, pero apuntó que se les ha ido el partido “por un penalti inexistente” suyo sobre Saúl Ñíguez.

“Hemos jugado bastante bien, hemos hecho un gran partido, hemos generado muchas ocasiones y al final se nos ha ido el partido por un penalti inexistente. Es un forcejeo entre Saúl y yo. Primero me agarra él a mí. Estamos forcejeando, le agarro un poco, pero insuficiente para pitar penalti”, valoró en zona mixta.

Mosquera, a la vez, expresó que su equipo “cree al máximo” en lograr la permanencia. “Quedan ocho partidos y ninguno va a ser más complicado que el de hoy aquí con el Atlético de Madrid. Hoy el equipo ha dado la cara, ha buscado el empate, hemos tenido ocasiones incluso para ganarlo y si jugamos así vamos a conseguir bastantes puntos, pero es cierto que no podemos vivir de sensaciones y tenemos que conseguir resultados”, declaró.

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