Torres se despide del Atleti con su título y como 5º goleador

Fernando Torres retornó al Atlético en las Navidades de la 2014-15 y se va habiendo cumplido prácticamente todos los retos que se propuso. El más especial, el último de todos, la Europa League en Lyon, pero antes hubo más. Además, El Niño se despide como el octavo rojiblanco con más partidos (404, con el de esta tarde) y el quinto con más goles (127, a falta de lo de hoy).

En esta segunda etapa, Torres ha jugado 159 encuentros y ha logrado 36 tantos. Uno de los más recordados llegó el 6 de febrero de 2016: ante el Eibar, precisamente su rival de esta tarde, logró su gol 100 con el Atleti. Tras aquella diana empezó una racha que incluyó su gol en cuartos de Champions en el Camp Nou y acabó siendo titular en la final pérdida por penaltis ante el Madrid, duro revés para todos.

El 6 de marzo de 2016 disputó en Mestalla su partido 300 de rojiblanco (1-3, él marcó el segundo) y la reciente vuelta ante el Arsenal fue el 400.

Pero sin duda su mayor alegría fue levantar la Europa League en Lyon y celebrarlo en Neptuno: “Gracias, afición por hacerme sentir tan afortunado, nunca necesité un título para sentirme el jugador más querido del mundo, pero ahora os debo un poquito menos”.

 

 

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“¿Neptuno? Los sueños hay que perseguirlos, eso le repito a mis hijos: ‘No hay imposible”

En el estadio entro solo. Da igual el rival o la importancia del partido. Voy yo con mi música, yo y mis cosas, sólo yo. Hoy lo miro e inspiro, suspiro tal vez: soñé tanto tiempo con esto… Siete años. Dos mil quinientos cincuenta y cinco días entrando en otros estadios y pensando: «Ojalá algún día puedas volver, regresar a casa, luchar por el Atleti de nuevo». Y por fin estoy aquí, de vuelta. Es 27 de abril de 2016 y la música de la Champions está a punto de sonar, una semifinal comienza en dos horas. Se me anuda el estómago al pensar que para nosotros es algo más que un partido. Mucho más.

En el vestuario me siento entre Filipe y Koke. Aquí abajo nunca hay silencio, nunca del todo. Pero yo lo busco, yo lo necesito. Mis pensamientos, mis recuerdos, mi concentración… Esta noche Luis se me cuela. Al otro lado de la pared de azulejos está el Bayern de Munich y sé muy bien lo que ese nombre significa para uno del Atleti. Me lo enseñaron los relatos de mi abuelo: estará siempre unido a la final perdida en Bruselas, al gol de Schwarzenbeck, a esa Copa de Europa que tocamos y se fue. Luis también me lo dijo una vez. Qué fantasma, dolor insoportable.

Pero ahora estamos a ciento ochenta minutos de otra final, de la de Milán. El Bayern es la última barrera. Hoy es la ida. Ganar es una oportunidad de cambiar la historia.

Echo un vistazo a mi taquilla. Me da fuerza: la llenan fotos que me envían aficionados de todo el mundo. Hace no tanto yo era uno de ellos. Temporada 1993-94, grada lateral, un partido ante el Compostela, mi padre, mi abuelo, Aurelio, mi primera vez en el Calderón. Tenía diez años y un sueño: saltar esa valla, llegar al césped. Dos después, lo pisaría por primera vez: entré en el club, categorías inferiores, y siempre me ofrecía voluntario para ser recogepelotas. El Atleti vivía el doblete y yo procuraba que me tocara cerca del fondo sur, la zona más animada, pura energía, todo emoción. Veinte años después, estoy aquí abajo para jugar la ida de una semifinal de Champions y quiero matar ese fantasma que tanto dolió a mi abuelo, la mano que me trajo al Calderón.

De pronto todo se calla, hasta el rugido de fondo. Habla el Cholo. Es un entrenador de presente y se centra en este partido, no vale ayer ni mañana, sólo ahora. Remarca el trabajo de cada uno, todos tenemos los conceptos muy marcados: Griezmann y yo debemos salir a presionar a los centrales, Javi Martínez, Bernat, Alaba. Se mueven mucho y muy bien.

Estoy listo para la batalla, me pongo las espinilleras. En ellas nunca hay fotos de mi familia, de Olalla o los niños; aquí van las patadas y no me gusta que se las lleven por mí. Las de hoy son mi cara dividida en dos. En la pierna derecha tenía diez años y acababa de llegar al Atleti. En la izquierda, cuando volví después de irme, hace dos eneros. En ambas el Calderón está de fondo.

El Calderón.

A cada pie que pongo en los escalones que suben del túnel me va llegando su olor. Es hierba, es río; es pasión, esfuerzo y trabajo. Me grita esperanza, sueños. Es único. Lo sé bien porque lo añoré mucho. Cuando salgo, lo primero que hago es buscar el escudo del suelo. Lo veo y Luis vuelve. Luis y sus palabras: «Ese escudo no se pisa». Y yo no lo hago, por supuesto; es un credo. Después de esquivarlo, miro la grada, toda a la vez, como si con los ojos pudiera abarcarla. Fondo sur, norte, lateral y Preferencia: es la penúltima temporada que voy a verla, que este estadio estará en pie. En dos años no habrá nada, será pisos, una parte más de Madrid Río. ¿Adónde se irán sus cincuenta años de fútbol? ¿Lo que aquí hicieron Adelardo, Luis, Ayala, Futre o Kiko? La semifinal del Celtic, la Intercontinental o el doblete. ¿Adónde? El corazón guarda las fotos, pero sin marco es más difícil. Siempre terminan perdiéndose por los cajones.

Quizá, por eso, cada día que lo miro lo veo más bonito.

«Fernando Toooorres, lololo, Fernando Toooorres, lololo.»

Mi nombre recorre la grada, otra foto que se quedará sin marco cuando el Calderón no esté. La primera vez que lo oí fue en mi debut y aquella emoción se suma a mis piernas. Mayo de 2001, el Atleti en Segunda, primer año en el Infierno. Jornada 39, partido ante el Leganés, minuto 64, me faltaba saliva, me costaba tragar. Ahí estaba, al otro lado de la valla. El cuarto árbitro había levantado el cartelón con mi número, iba a entrar, a debutar. La ovación de la grada me tranquilizó. Qué diferente suena su rugido desde aquí. Esta noche de abril de 2016, al volver a escuchar mi nombre, agradezco de nuevo a Paulo Futre, director deportivo entonces, que creyera en mí. Y a Carlos García Cantarero, entonces entrenador, su valentía al ponerme: yo sólo tenía diecisiete años y en aquel momento nada era sencillo. ¿Y si querer un escudo por encima de todas las cosas no era suficiente para ayudar a mi equipo a huir del Infierno?

«Fernando Toooorres, lololo, Fernando Toooorres, lololo.»

A cada sílaba que canta la afición me llega un cariño infinito. Traspasa la piel y, debajo, se mezcla con responsabilidad y una obsesión: que éste no se disipe, que nunca se apague, que se mantenga hasta el último día que me aguanten las piernas. Pensar en mi debut me ayuda: si no sabes de dónde vienes, es difícil saber adónde quieres ir. Y yo siempre me lo repito. Compostela. Grada superior lateral. Mi padre y mi abuelo Aurelio. Mi primer Calderón.

Hoy está teñido de rojo, blanco y azul y con un grito: “Atleti, yo TE AMO”, contigo a la final, que me eriza la piel. El aire lo llena una ilusión distinta, especial. Entonces el árbitro pita y a mi cabeza vuelve el silencio. Lo necesito para jugar. Aislarme absolutamente de todo lo de fuera para concentrarme sólo en aquello que debo hacer, que tengo delante. Hoy, tres nombres: Javi Martínez, Bernat y Alaba; tres nombres y una red, la de su portero, Neuer.

No soy yo quien la encuentra, sin embargo; es Saúl. De pronto le veo arrancar en una jugada y miro el reloj del marcador: minuto 11. En el centro intenta librarse de un rival conduciendo el balón y, a medida que avanza, creo que hará una apertura a banda y, desde ahí, irá al centro. Pero no, nada de eso sucede. Ni apertura ni centro. Lo hace todo solo, sólo él. Regate a regate llega al área y dispara. «G-o-o-o-l-a-a-a-z-o-o», pienso, y para mí vale doble: lo ha hecho un canterano. Corro a abrazarle, nos abrazamos todos, y paro el mundo un segundo cuando estamos en piña. Necesito coger aire. Miro la grada. Este gol los ha liberado, eso siento. Lo grita también mi sangre. Ya le ganamos al Bayern 1-0.

Los alemanes acusan el golpe mientras nosotros alzamos alto la cabeza: historia, te miramos de frente.

Al descanso, en el vestuario, el ruido de la afición se queda de fondo, sobre nuestras cabezas. También dan fuerza, como las fotos de mi taquilla. Pero al volver al partido, el Bayern es otro: quiere hacernos el gol de Schwarzenbeck en cada jugada. Asedia, asfixia. Un balón de Alaba está a punto de lograrlo, pero se topa con la madera. El golpe hace temblar el hormigón del viejo Calderón.

«Ay, Calderón, qué poco has cambiado», recuerdo que pensé aquella mañana de enero de 2015 en que volví a pisarlo. Los recuerdos se agolpaban en mi corazón. Volvía, estaba en casa tras siete años fuera, tras jugar con el Liverpool, el Chelsea y el Milán. Era una mañana sin fútbol, sólo iban a presentarme, pero lo que ocurrió jamás podré olvidarlo, lo llevaré siempre conmigo. Mis compañeros ya me habían avisado antes, al terminar el entrenamiento en Majadahonda: «El estadio está casi lleno». ¿Lleno? ¿Lleno para verme a mí? ¿Lleno como si hubiera fútbol? Cuando pienso en la emoción extrema siempre me vuelve aquel día. Llegar, escuchar a la gente cantar, caminar por el túnel, pisar su hierba, estar de nuevo, de vuelta al fin, por Dios. Su olor.

«Algún día me tenéis que contar qué he hecho yo para merecer esto. ¡Qué bonito es volver a casa!», logré balbucear, porque me faltaba saliva, de nuevo me costaba tragar, como si nada hubiese pasado todavía, como si aún fuera 2001, el día que debuté. Eran nervios, era orgullo, era que la afición y yo le enseñábamos al mundo que lo nuestro va más allá del fútbol, que es algo entre hermanos. Eso soy yo, al fin y al cabo: uno de ellos que logró saltar a este lado.

Cuando me fui en 2007, ninguno de mis hijos había nacido. Y conocían el Calderón, los había traído al estadio en alguna visita a Madrid. Y tenían las equipaciones, cada año, los abonos al nacer. Sin embargo, que aquel día vieran lo que yo significo para la gente fue mucho, lo es todo. Como lo sería volver a marcar un gol sobre esta hierba. En cada estadio suenan diferente, y cuánto había echado yo de menos hacer uno en el Calderón. Logré muchos lejos, en otros escenarios grandes, muy importantes, pero con otras camisetas, siempre me faltaba algo, el escudo del Atleti al pecho, este estadio. Lo hice al poco de llegar, ante el Barça, en Copa del Rey. Lo hice y cuando la grada lo cantó, mi piel se rompió para dejar pasar los recuerdos en tromba.

«Goooooool

«De nuevo aquí, qué liberación.» 

La semifinal avanza, los minutos pasan, el Bayern intenta resucitar el fantasma, pero no puede, no le dejamos. No al menos aquí, en esta ida, en el Calderón. Cuando el reloj llega al minuto 90, Luis regresa a mi cabeza y no puedo evitar pensar en 2008, cuando él era el seleccionador nacional y España ganó la Eurocopa: lo estamos celebrando en Madrid, recorremos la ciudad en autobús con el trofeo cuando, de pronto, un aficionado me lanza una bandera del Atleti. No pregunto, no dudo: la coloco en la cabeza de la expedición para que nos guíe. Si algo me molestaba entonces era que se dijera que en esa Selección no había nadie del Atleti. Claro que lo había. Estaba yo. Yo, yo, yo. El rojiblanco es un escudo que se lleva en el corazón, por dentro, más allá de lo que diga otra camiseta por encima.

Al llegar a Neptuno, recuerdo, pedí la copa para levantarla como si siguiéramos en Austria: en esa zona había muchos atléticos y a todos quería enseñársela, ofrecérsela. También a la fuente, por supuesto, a Neptuno. Al pasar por su lado volví a alzarla para contarle que España había sido campeona de Europa porque uno del Atleti había marcado el gol de la final. No es sólo piedra, lo sé: recordaría, recordará. También era mi manera de quitarme esa espina que tengo: no haber celebrado todavía un título del Atleti sobre ella. Pero he vuelto, aquí estoy. Es 27 de abril, ida de una semifinal de Champions y el acoso del Bayern ha terminado: el árbitro pita, el gol de Saúl valió. El único tatuaje de fútbol en mi cuerpo, el 9 del brazo, grita euforia, pero yo me sujeto: como futbolista he aprendido a ser más cauto de lo que era como aficionado. En el vestuario es lo mismo. Alegría, celebración, pero contenidas: nos queda la vuelta, en Alemania, un partido igual o más difícil que éste.

Sólo cuando salgo del estadio en el coche y me pongo la música vuelve todo. El gol de Saúl, esta noche, un fantasma que ya sólo es medio fantasma, aunque se siga llamando Bayern. «Neptuno, volveremos», me digo. Los sueños hay que perseguirlos, eso le repito siempre a mis hijos. «No hay nada imposible.» Nada. Antes de meterme en la M-30, el Calderón se refleja por última vez en el retrovisor mientras pienso en las fotos, los marcos y que en dos años este sitio no estará. «Ojalá en Alemania rematemos, te lo debemos», pienso. Luis sigue conmigo.

Y qué orgulloso estaría.

¿Cómo podían decir que en aquella Selección de 2008 no había ninguno del Atleti si en ella estábamos él y yo?

 

 


 

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Última tarde con Torres

Hace 22 años yo estaba por ahí, era un niño de 11 años y vine a ver al Atleti del 96. Les veía levantar la Copa y soñaba algún día estar aquí”.

Apenas 48 horas después de este discurso, parece imposible pensarlo, pero va a pasar. Torres colgará la rojiblanca. Nunca más se le verá pelearla sobre el césped. Se acabó, ésta de verdad. Como en el poema de aquella poeta uruguaya, ya no será, ya no será nunca más. El partido de hoy suponen noventa minutos para decir adiós. Será difícil. Hay despedidas que uno nunca quisiera que llegaran. La de Torres es de esas.

Ha pasado mucho tiempo y he ganado muchas cosas, pero sin duda ésta es la mejor”.

Así continuaba El Niño, hace 48 horas, en Neptuno. Justo después de ese momento en el que no pudo contener las lágrimas. No podía. Para él también será difícil, más que para nadie. Avisó hace nueve partidos que se iba. Por la afición, para que les diera tiempo a despedirse. Estos se han ido en un chasquido de dedos. Queda éste, queda hoy y todo será un homenaje. Simeone ya confirmó ayer que estará en el once inicial. También Vitolo, Filipe y Juanfran.

Enfrente, el Eibar, bonita casualidad. El Eibar de Gárate. Gárate, Ingeniero del área con ese 9 que Torres, años más tarde, heredó. Ese Eibar al que Torres le hizo su gol cien rojiblanco. Un equipo ante el que Simeone nunca perdió. Siete partidos, siete victorias. Para Mendilibar el partido también tendrá adioses. Él seguirá pero no Dani García ni Capa (Athletic) ni Inui (Betis), aunque el último no juega. El honor de ganar es la motivación. También del Atleti. Segundo ya será: el Madrid empató ayer en Vila-real. Se lo brindó matemático. Ganar por Torres.

Para todos los niños que tengan sueños, nada es imposible y si eres atlético menos”.

Hace 364 días el Atleti tuvo otra despedida, la del Calderón. Torres hizo dos goles. Un doblete que gritaba ese “Forza Atleeeti”, su última frase el jueves en Neptuno. Y eco de esta tarde, la última a su lado.

Parche conmemorativo en la camiseta y pack especial

Hoy todo girará en torno a Torres. Habrá diversos actos y homenajes cuando termine el partido. También durante: el club anunció ayer que los jugadores lucirán en sus camisetas un parche conmemorativo con la imagen de El Niño. Y no será la única sorpresa: habrá un mosaico, se le firmará en una camiseta gigante y el Atleti pondrá a la venta un pack especial por 139,95 euros que incluirá una camiseta firmada por Torres y el libro ¿Quién dijo rendirse?, escrito por Petón, con sus conversaciones con Carlos Matallanas, que también rubricará, a través de un sello con su firma.

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El Barça, a dos goles del 6.000

Además de la marcha de Iniesta, el Barcelona de Ernesto Valverde tendrá alicientes de cara al partido de la última jornada en Liga ante la Real Sociedad en el Camp Nou. El equipo blaugrana afronta el último encuentro de la temporada con la posibilidad de meterse de lleno en el selecto club de los 6.000, es decir, los equipos de las grandes Ligas que han marcado 6.000 o más goles.

Con los cuatro tantos que marcó ante el Levante, el Barcelona suma un total de 5.998 goles en la historia de la Liga, por lo que solo le faltan dos para llegar a los 6.000. El Real Madrid es el único equipo español que ha superado esta cifra, lográndolo esta misma temporada. Los otros equipos que han alcanzado y rebasado los 6.000 goles son ingleses. En concreto cinco: Manchester United, Aston Vila, Liverpool, Arsenal y Everton.

Se da la circunstancia única que un mismo jugador podría marcar el gol 5.000 y el 6.000 de Liga, ya que Leo Messi fue el autor del tanto 5.000: ante el Racing de Santander en febrero del 2009.No obstante, será difícil para el argentino porque no será titular.

Y también está a dos goles de alcanzar los 100 en Liga esta temporada. De hecho, el Barcelona, que acumula 98 tantos en 37 jornadas, lleva seis temporadas consecutivas marcando 100 o más tantos en el campeonato. El récord del equipo blaugrana en la Liga lo alcanzó la temporada pasada con 116 dianas, que no fueron suficientes curiosamente para darle el título. Así pues, el partido ante la Real Sociedad en el Camp Nou no solo pasará a la historia por ser el último de Andrés Iniesta vestido de blaugrana sino también porque puede acabar abriendo las puertas al FC Barcelona al exclusivo club de los 6.000.

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Samaris, opción para el pivote en la venta de Aarón al Benfica

Jornada de despedidas —como es natural, tratándose del último partido de la temporada— la que este domingo vivirá el Espanyol en San Mamés. A la ya confirmada salida de Pau López o el fin de cesión de Sergio Sánchez se unen otras como las de Gerard Moreno y de Aarón Martín, pendientes de oficialización. Y la venta del lateral zurdo, que se irá al Benfica por unos diez millones, puede comportar la llegada de algún fichaje en la misma operación.

En sus negociaciones, avanzadas hace algunas semanas por AS e intensificadas en la visita del martes de Chen Yansheng y Óscar Perarnau a Lisboa, el club de ‘las águilas’ ofreció una lista de descartes que pudieran cuadrarle al Espanyol en su planificación deportiva. Y uno de ellos es Andreas Samaris. El centrocampista griego, de 28 años, ha ocupado un rol secundario esta temporada, a la sombra de Ljubomir Fejsa, y desde Portugal insisten en que es una de las opciones para abaratar la compra de Aarón y, al mismo tiempo, comenzar a implementar el convenio de colaboración que pretenden desarrollar ambos clubes.

De prosperar la jugada, podría contar el Espanyol con un pivote afianzado, toda vez que Carlos Sánchez ha terminado ya su cesión (este sábado se le dio permiso para irse a Colombia) y que en enero el club perico ya traspasó a Javi Fuego. A Samaris le queda un año más de contrato, por lo que al Benfica también le interesa darle salida.

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Día temático de Iniesta en la explanada del Camp Nou

Además de dedicarle una espectacular y elegante despedida institucional en el antepalco del Camp Nou el pasado viernes, el Barça ha intentado cuidar los detalles para ofrecerle hoy el mejor adiós posible a Andrés Iniesta y hacer cómplices de tanto agradecimiento a socios azulgranas y aficionados al fútbol en general. Antes del partido, niños y grandes podrán disfrutar de actividades lúdicas en la explanada del Camp Nou dedicadas al capitán barcelonista. Además, todos participarán activamente en la elaboración del mosaico dedicado al icono culé. Con el lema ‘Infinit Iniesta’, el club y la afición homenajearán al jugador de los 674 partidos oficiales y 32 títulos.

En cuanto termine el partido ante la Real Sociedad, Iniesta se despedirá de la afición con una fiesta de celebración que servirá para conmemorar el doblete y poner el punto final a la temporada. El Barça estuvo ultimando los preparativos el viernes por la noche. El acto incluirá vídeos conmemorativos y también podría tener discursos aunque, como suele pasar en este tipo de eventos, la improvisación estará a la orden del día. “Intentaré disfrutar del día, pero es difícil asimilar todo esto, saber que se acaba”, ha dicho Iniesta, que ayer invitó a compañeros y técnicos a una barbacoa antes del entrenamiento.

Iniesta, además, podrá irse levantando la copa que acredita al Barça como campeón de LaLiga Santander. Luis Rubiales, flamante presidente de la FEF, hará su premiere en el Camp Nou para entregar el trofeo: “Iniesta es eterno. No sólo en el Barça, sino en nuestro fútbol”. Además, el club azulgrana tiene preparado también un reconocimiento al realista Xabi Prieto, que esta noche se retira del fútbol profesional.

 

 

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Messi contactó con Griezmann para pedirle que vaya al Barça

El Atlético ha hecho varias ofensivas para convencer a Antoine Griezmann de que se quede en el Atlético. Desde el FC Barcelona se ha reconocido públicamente, desde Guillermo Amor pasando por Luis Suárez hasta el presidente Bartomeu, y se ha filtrado que el internacional francés es el objetivo número uno para la próxima temporada. El Atlético esperaba que Griezmann le diera una respuesta antes del mes de mayo y esa contestación no se ha producido por lo que ha intentado de nuevo retenerle al menos un año (le ofrece cinco años de contrato pero le mantiene la cláusula de 100 millones de euros) con una nueva oferta que le hizo llegar el pasado viernes a través de Gil Marín y Simeone.

¿Por qué Griezmann parece que sigue prefiriendo marcharse al Barça a pesar de que la oferta que le ha hecho el Atlético es superior económicamente a la que tendría del equipo azulgrana? El principal motivo, según fuentes próximas al francés, es que Leo Messi ha contactado con Griezmann para decirle que le esperan con los brazos abiertos en el vestuario del Barça. La llamada del, para muchos, mejor jugador del mundo ha hecho que Grizi considere la opción de iniciar su etapa de azulgrana como la mejor posible.

Es cierto que Griezmann está dudando mucho sobre si se va o se queda en el Atlético de Madrid. En ese sentido informó L’Equipe la semana pasada. Antoine había dado por finiquitado su ciclo en el Atlético y quería iniciar una nueva etapa en el Barça de Messi, pero la insistencia de los dirigentes rojiblancos y de Simeone para que se quede le han hecho al menos pararse a reflexionar sobre si daba marcha atrás, pero la llamada de Messi y el mensaje público de Luis Suárez (quien también ha podido contactar con él, según estas fuentes) le mantienen más próximo a ser el fichaje estrella del Barça para la próxima temporada.

En Can Barça esperan que la contratación de Griezmann esté resuelta antes de que empiece el Mundial. Para que eso se produzca no queda otra que los dirigentes del club catalán negocien con los del equipo madrileño porque la cláusula de rescisión de Griezmann es de 200 millones de euros hasta el 1 de julio que vuelve a ser de 100 millones, por ello debe haber una negociación que el Atlético no acepta porque no quiere vender al francés.

Messi quiere a Griezmman en el Barça y así se lo ha hecho saber. Pero resulta que Cristiano también le gustaría contar con Antoine en el Madrid al igual que con Jan Oblak y así se lo ha hecho saber a Florentino Pérez. La diferencia es que el portugués no ha contactado con con el francés. En este caso, Messi le lleva ventaja a Cristiano. Y el Barça lleva meses negociando con Griezmann para ficharle. Ahora sólo le queda pagar la cláusula de rescisión al Atlético. Y si quiere cerrar el fichaje antes del Mundial deberá pagar 200 millones de euros. Si es después del 1 de julio tendría que pagar 100 millones de euros. Pero si el Atlético accediera a negociar lo podría contratar antes del inicio del Mundial por 150 millones de euros.

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Cuarta final de la Euroliga para Pablo Laso en seis años

EI Real Madrid disputará esta tarde en Belgrado su 18º final de la Euroliga (incluyendo también las de la Copa de Europa), la cuarta en los últimos seis años, todas estas con Pablo Laso en el banquillo.

Antes de la llegada del técnico vitoriano a la casa blanca, el Real Madrid pasó años de sequía. En 1995 había levantado en Zaragoza su último cetro europeo (ante el Olympiacos con Zeljko Obradovic al frente y Sabonis y Arlauckas en la pista), aunque años después (2007) se coronó como campeón de la ULEB (ahora ­Eurocup), la segunda competición más importante del baloncesto europeo.

Los últimos dos títulos del Real Madrid en la élite del baloncesto continental los ganaron en España (Zaragoza y Madrid 2015). Hay que remontarse 38 años para ver una Copa de Europa ganada a domicilio. Fue en Berlín, en 1980 ante el Maccabi Tel Aviv.

(89-85), con Rafa Rullán como héroe (27 puntos). De los jugadores actuales de la plantilla, solo Felipe Reyes había nacido por aquel entonces. Y el capitán del Madrid tenía solo once días.

 

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De Bale y Benzema al adiós al Niño

El Madrid compareció en Vila-Real con un equipo con aires de titular para Kiev salvo en la portería, donde Zidane puso a su hijo Luca, una decisión sorprendente, y a mi juicio injusta. Sin duda le tiene por un portero de gran futuro, y es justo que un padre vea las virtudes de su hijo, pero hay algo que rechina en una decisión así. No en preservar a Keylor, que se entiende, pero sí en hacer saltar hasta ahí al propio hijo. A la hora de la verdad, no tuvo mucho trabajo, hizo una parada lucida, encajó dos goles y Sergio Ramos le sacó uno de la raya. No se le puede culpar de nada, pero tampoco justificó en absoluto este salto tan brusco al primer plano.

El resto del equipo tenía aires de titularísimo, con Bale por Benzema. Ahí queda la duda. Benzema es exquisito, combina bien con Cristiano, pero Bale está en un punto de forma sensacional y se le caen los goles. Marcó al poco de empezar. Le siguió Cristiano, con un buen cabezazo. El Madrid hizo un gran primer tiempo, concentrado, estupendo. En el segundo se fueron Modric y Cristiano por Lucas y Benzema, pero no hay que culpar a estos, sino a una caída general de interés, que coincidió con el alza del Villarreal, muy mejorado con los cambios. Fue justo por ello que empatara el partido, que por lo demás resultó de guante blanco.

Eso deja al Atlético segundo y hará más feliz la fiesta que hoy se espera en el Metropolitano, con exhibición de Europa League y Liga Iberdrola y despedida del Niño Torres. Será una tarde singular para este estadio nuevo, en el que se echan en falta ecos, porque no puede haberlos todavía, pero la aventurada y con frecuencia venturosa vida del Atlético los va creando. Los niños que vayan hoy al fútbol agarrados de la mano de su padre a ver despedirse al Niño guardarán en el mejor rincón de la memoria ese recuerdo. Ese estadio que a muchos les huele todavía demasiado a nuevo va fabricando su propia leyenda, como no podía ser de otra manera.

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El Real Madrid, a por el reto de ganar en fútbol y baloncesto

Este 2018 podría convertirse en el primer año en el que el Real Madrid de fútbol y de baloncesto reinan en Europa al mismo tiempo. Los de Laso disputarán hoy la final de la Euroliga ante el Fenerbahçe y los hombres de Zidane tienen una cita con el Liverpool el próximo sábado 26 en Kiev, en la final de la Champions. A pesar de tratarse del club más laureado de la historia, con 12 Copas de Europa y 9 Euroligas, nunca ha logrado levantar los dos títulos en un mismo año. Sí que han coincidido ambos en la final en tres ocasiones: 1962, 1964 y 2014.

Estos tres años se resolvieron con un título para el baloncesto (1964) y uno para el fútbol (2014, el año del gol de Sergio Ramos en el minuto 93). En 1962 el Madrid perdió en fútbol (Benfica, 5-3) y baloncesto (Tiblisi, 90-83).

El Madrid de baloncesto viajó a Belgrado con el objetivo de cumplir su parte. “Vamos a pelear por conseguirlo, sería algo histórico”, decía Sergio Llull. “Ni el Madrid ni ningún otro club ha ganado el mismo año el título en fútbol y baloncesto. Nuestra afición se lo merece”.

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