El Jaén recibe al Movistar en su exilio forzado en Granada

EI Jaén disputa este lunes (21:30, Eurosport2) el segundo partido de las semifinales de Liga ante el Movistar con el objetivo de forzar el tercer choque. En el primero, los madrileños fueron muy superiores en Torrejón, aunque en las cuatro veces que se han enfrentado ambos equipo, los jiennenses han ganado en dos, incluida la final de la Copa de España de Madrid.

Lo hará como local, aunque a 100 km de su ciudad ya que su pabellón, La Salobreja, no cuenta con las condiciones para acoger las cámaras de televisión. Tal y como se recordó por parte de las instituciones locales cuando el equipo jiennense conquistó la Copa, hay proyecto para una nueva instalación, el Olivo Arena, con 6.000 asientos.

Por fortuna para el club, a pesar del exilio y de ser lunes por la noche, la afición, que ha mostrado su indignación en las redes, ha respondido. Se han vendido ya más de 4.000 entradas. “Es una pena que Jaén no esté capacitada para acoger un evento así, a nuestra afición no podemos estar más agradecidos”, dijeron fuentes del club.

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Rafa Nadal sale a por Court: 11 títulos en un Grand Slam

Rafa Nadal, rey de la tierra con 56 trofeos, un balance de 79 triunfos y solo dos derrotas (Soderling y Djokovic) en Roland Garros y un 91,9% de porcentaje de victorias totales en todos los torneos sobre arcilla (408-36), sale hoy en la Philppe Chatrier a la caza de otro récord histórico, el de Margaret Court, que entre 1960 y 1973 ganó 11 veces un mismo Grand Slam, el de Australia. Nadal suma 10 en París desde 2005 y puede igualar a la legendaria aussie, conocida tanto por sus hazañas como por su controvertida personalidad. El balear lo conseguirá si vuelve a levantar la Copa de los Mosqueteros como hizo el año pasado. La Undécima.

Para empezar su defensa del campeonato, que a la vez lo es del número uno mundial por el que lleva toda la temporada pugnando con Roger Federer (ausente en la campaña de polvo de ladrillo), Nadal se enfrenta hoy (no antes de las 17:00) al italiano Simone Bolelli, perdedor afortunado de la previa que sustituye a Dolgopolov, que anunció su renuncia al torneo el domingo por unas molestias físicas. Le ha ganado las cinco veces que han jugado y el balance de sets es 11-1 a favor del español. El 11 es el nuevo número preferido de Nadal, como lo fue el 10 en 2017. Es la cifra de títulos que suma ya en Montecarlo y Barcelona, algo que sólo ha hecho en una misma competición Martina Navratilova.

Nadal se entrenó ayer con su compatriota Pablo Andújar y el público haciendo lo imposible para verle en una pista sin gradas. Después, la Armada se estrenó con triunfos de Carreño ante Kovalik (4-6, 6-1, 7-5 y 7-6 (5) y Verdasco, contra Nishioka (6-7 (4), 6-4, 6-3, 6-7 (3) y 7-5). Se enfrentarán en segunda ronda a Delbonis y Andreozzi.

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Cristiano y Bale embarran una noche formidable

Cristiano y Gareth Bale empañaron la formidable noche del Real Madrid, empeñado en continuar su apasionado relato en la Copa de Europa, donde no admite comparación con nadie. Derrotó al Liverpool sin apenas dificultades. Le allanó el camino la lesión de Salah. El equipo inglés, que había comenzado la final con brío, se achicó de tal manera que no salió de la condición de resistente en la última hora del encuentro. Pocas veces la ausencia de un jugador ha provocado un vacío parecido. Casi a la misma hora, se lesionó Carvajal, que no es un cualquiera, y su baja no intranquilizó al Madrid. Nacho confirmó que es un cheque al portador.

Se percibió muy pronto la abismal diferencia de calidad en los dos equipos. El Madrid tenía los jugadores, el banquillo y la experiencia. Demasiado para el Liverpool, rival más débil que el Atlético de Madrid y la Juve, los dos últimos adversarios del Madrid en las finales de la Copa de Europa. El mérito del Liverpool fue alcanzar la final y explorar un territorio para el que todavía no esta preparado, no con estos jugadores y con gente como Karius, desdichado toda la noche.

El Madrid tiene fama de desordenado y desatento, pero en las finales ajusta las piezas con precisión siderúrgica. Varane y Sergio Ramos firmaron un partido imperial. Empequeñecieron a los delanteros del Liverpool y enviaron el contundente mensaje que necesitaba el equipo. No era una noche para extravagancias. El equipo sólo atravesó por ligeras dificultades en la media hora inicial. Es decir, mientras amenazaba Salah. El ingenioso delantero egipcio estuvo a la altura de su reciente prestigio. Comprometió a la defensa del Madrid en cada una de sus intervenciones. Después, el desplome.

Zidane no suele sufrir ataques de entrenador. Alineó al mismo equipo que ganó el pasado año la final de Cardiff. Eligió a Benzema en lugar de Gareth Bale. El jugador francés respondió con su mejor actuación de la temporada. Contribuyó en todas las facetas del juego, resultó indetectable para los defensas y centrocampistas del Liverpool, solucionó problemas y marcó el primer gol del partido. Fue un tanto de delantero astuto, de instinto afilado, el clásico gol que marcaría Cristiano Ronaldo, pero lo marcó Benzema. No desaprovechó el tremendo error de Karius.

Aunque varios jugadores alcanzaron una excelente nota (Modric, Varane, Ramos, Marcelo, Casemiro y Benzema especialmente), la noche perteneció a Gareth Bale. Marcó un gol de proporciones históricas y poco después multiplicó las miserias de Karius. Su acrobático remate, un prodigio de precisión y belleza, definirá para siempre la final de Kiev, como sucedió con el maravilloso gol de Zidane en Glasgow en 2002. Por complicado que pareciera, fue el típico gol de Gareth Bale, cuyo Top 10 de goles apenas admite comparación en el mundo.

Fue un gol para festejar por Bale, por el equipo y por el madridismo. Significó el tercer título consecutivo, el cuarto en cinco años. No se ha visto nada parecido desde una lejana hegemonía, la del Real Madrid que conquistó cinco finales en los años cincuenta. Si eso no merece celebrarse es que algo raro sucede en el fútbol. Pues algo raro ocurre. Un minuto después del partido, Cristiano habló en pasado de su relación con el Real Madrid y dio a entender que se iba. Poco después, Gareth Bale se sintió tan reivindicado por su golazo que disparó contra Zidane en la conferencia de prensa posterior a su designación como mejor jugador de la final.

Bale afirmó que estaba dolido por su ausencia en la alineación titular, que merece jugar siempre y que no le gusta nada su situación. Manifestó también que hablaría con su agente para aclarar su futuro. Pocas veces se han escuchado unas declaraciones tan inoportunas y lamentables. A Bale le pudo el egoísmo, se olvidó del equipo, atacó sin citarlo a Zidane y desmoralizó a compañeros como Lucas Vázquez o Asensio, héroes en París y en Múnich, imprescindibles para que el Madrid llegara a nueva final de la Copa de Europa.

Lucas Vázquez, que no fue convocado por Zidane en Cardiff, no jugó un minuto en Kiev. Asensio jugó unos pocos minutos, como en Cardiff. Los dos también son víctimas de las altivas declaraciones de Bale, que aprovechó su momento de gloria para pasar factura, colocar a Zidane en un aprieto y resituarse en el mercado. Su fantástico gol le devuelve a una posición mercantil que había perdido en los dos últimos años. A cambio, embarró una noche que merecía un festejo muy diferente.

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Enhorabuena, madridistas

La leyenda blanca

Estuve el viernes hablando con Juan Cueto, leyenda del periodismo y la cultura de la que procede casi todo lo que sé de casi todo. El creador del mejor fútbol en televisión evocaba épocas pasadas del fútbol y hacíamos cábalas sobre la continuidad de las hazañas madridistas. En el lugar donde estábamos un vocalista cantaba pasodobles de ánimo para el equipo que este sábado iba a enfrentarse en Kiev a los herederos de Michael Robinson y de los Beatles. Podía pasar cualquier cosa, pero ninguno de los dos ocultaba que la leyenda hace la fuerza. Y eso pasó: el triunfo del Madrid es un precipitado lógico de su historia.

El color del césped

Fue Juan Cueto el que dijo, y lo repetía el viernes, que la televisión se inventó para que un día se viera fútbol en ella. O viceversa. Ese rectángulo verde en el que disputan los jugadores leyendas o majaderías se corresponde con la propia apariencia del aparato: también un rectángulo que retransmite ilusiones y desgracias. El sábado Madrid era un hervidero de televisores escondidas tras los ventanales de los bares, de los que salieron cuatro gritos que alegraron las calles. Uno de ellos fue fuera de juego. Fue la noche de los televisores. El silencio siguió al empate. La afición se recuperó pronto.

Mimos y susurros

En la conversación con Juan Cueto aparecieron, recordando, tres leyendas de nuestros tiempos: Ladislao Kubala, Alfredo Di Stéfano y Luis Suárez, el gallego de oro. En Kiev se enfrentaban leyendas actuales: una consolidada, Cristiano Ronaldo; otra en cuestión, por lesiones o desgana, Gareth Bale, y una en alza, Salah, que acabó su partido llorando como un niño egipcio, lesionado. De aquellos legendarios cánones del fútbol queda la memoria de la amistad que los juntó. De los nuevos queda la constancia de que dependen, como individuos, de los mimos de sus directivas. Lo demostraron nada más acabar el partido.

“Ya me voy”

No lo dijo así exactamente, pero Cristiano Ronaldo puso en marcha la máquina de los mimos en cuanto acabó el partido. Bale hizo lo propio: juego poco, a ver cómo me lo arregla el agente. El caso de Cristiano Ronaldo es para prolongar el estudio psicológico que merece. Mientras los jugadores, sus compañeros, la afición, en Kiev y en España, tras los ventanales de los bares y en la calle, ante el televisor o escuchando la radio, gritaban de júbilo, el genio portugués creyó oportuno hablar de los nubarrones de su propio futuro. Vaya por Dios. Esos jarros de agua se calientan en otro sitio o en otro momento.

El futuro perfecto

En aquella conversación con mi maestro, y maestro de tantos, hablamos del futuro como una entelequia, pues no existe, ya este mismo instante es pasado. Lo que pasó con las palabras de Cristiano es que mezcló de tal manera el presente potente del Madrid de Kiev que sus palabras sobre el futuro llegaron tan a destiempo que hasta él mismo, asustado de que su ego le hubiera jugado una mala pasada, le dijo a Manu Carreño en El Larguero que quizá no estuvo bien que lo dijera esa noche de fiesta. Pero no retiró ni una palabra de su apelación al futuro. Y él quiere un futuro perfecto.

Porvenir de la leyenda

Relaño, discípulo también de Cueto, dijo en el mismo espacio, sobre la invectiva de Cristiano: “¿Y dónde va a estar mejor?” Según él mismo Cristiano le dijo a Carreño, no es cuestión de dinero. Él dice que se saluda con el presidente, y nada más. Neruda tiene dicho que hay cosas que se rompen porque se rompieron. Y en el discurso extemporáneo del gran futbolista había, pareció, un resentimiento que se parece mucho al desamor. Haberlo dicho en la noche de la decimotercera gloria es consecuencia de su ego insaciable. Ya sabrán decirle amor. De momento, enhorabuena, madridistas, Cristiano incluido.

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Jon Rahm selló el quinto top-5 de 2018 y se impuso Justin Rose

Jon Rahm salió agresivo en el campo Colonial de Texas pero no pudo hacer la remontada en el Fort Worth, que se llevó Justin Rose de manera inapelable. El vizcaíno tenía que recuperar hasta seis golpes al inglés, que no tuvo fisuras en su juego. Rahm, al verse obligado a ir al ataque, no estuvo tan fino como el tercer día en el que selló 64 golpes.

El español hizo 68 en los últimos 18 hoyos y terminó en -10 firmando su quinto top-5 de la temporada tras los logrados en las dos victorias del Open de España y CareerBuilder, el segundo del Sentry y el cuarto del Masters de Augusta. Esta semana Rahm descansa y la próxima disputará el US Open, segundo major de 2018.

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La sincronizada estrena sus bañadores Ruiz de la Prada

La sincronizada española ha sido protagonista este fin de semana en Madrid, en la última jornada del FINA World Series Trofeo Infantas 2018, una de sus competiciones programadas antes de la celebración del Europeo de Glasgow, en agosto, la gran cita de la especialidad de la temporada. Las nadadoras españolas, ataviadas con sus bañadores de Agatha Ruiz de la Prada, interpretaron las coreografías de la seleccionadora Mayuko Fujiki, en esta nueva etapa al frente del equipo desde septiembre.

Sin Ona Carbonell, que está teniendo una temporada con más descanso después de los últimos ajetreados años, el joven equipo español se adjudicó todas las pruebas ante países de menor nivel, con la ausencia de las grandes potencias. El acuerdo con Ruiz de la Prada por los bañadores se engloba en este ciclo olímpico y expira en Japón 2020. Lo estrenaron en la rutina de Combo: de color amarillo y con una franja roja simulando la bandera española.

La sincro quiere seguir su progresión después del estreno del nuevo equipo en el Mundial de Budapest, en el que destaca Paula Ramírez, quien nadó el dúo con Carbonell, y Berta Ferreras, que hace lo propio con Pau Ribes en el dúo mixto. El objetivo de este ciclo olímpico es ganar experiencia internacional y clasificarse en la rutina de equipo para Tokio 2020, después de que quedaran eliminadas en Río 2016. No obstante, el objetivo a largo plazo es regresar al podio en París 2024.

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La Cultural gana su primera final y hunde a los de Anquela

La necesidad pudo con el deseo en un Reino de León atestado en el que la Cultural volvió a ganar su particular final. Se sobrepuso a su último partido con el habitual repertorio de pases que, en la primera jugada, colocó a Señé en el camino del gol, pero Herrero sacó una mano providencial.

El portero visitante evitó más, como un cabezazo de Albizua en el área pequeña después de que el palo desviara el remate de Rodri, en posición forzada, pero con la portería a placer tras otra pelota a la espalda de la zaga que mereció mejor final.

Anquela insistió con su defensa de cinco sin demasiado éxito. Zagueros adelantados, pero poseedor de balón sin marcaje permiteron las ocasiones que la Cultural tiró por la borda. Un claro remate de Johannesson fue la mejor ocasión de un Oviedo que protestó amargamente la acción clave cuando en el descuento Señé cayó ante Forlín en boca de gol. El asistente decidió por Eiriz y el catalán no perdonó. No le quedó más remedio al técnico visitante que poner toda la carne en el asador para terminar con un arsenal de puntas sobre el césped. Tras su rácana primera parte, la reacción se quedó a medias, con muchos centros sin remate y un golpe franco de Saúl que despejó Palatsi. Como amenaza.

Las verdaderas señales de peligro llegaron en el otro área donde Forlín mereció la expulsión. La Cultural se asentó con Yeray reforzando la medular y buscando la contra mortal. De la agonía se pasó al largo descuento en el que Rodri arrancó en solitario y batió el marco para delirio de un estadio que tiene motivos para creer.

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