#LaRocheSurYon en la Ruta: la contrarreloj y sus tramposos

El Tour ha visitado cinco veces La Roche sur Yon, pero han pasado ya 80 años desde la última. Las dos primeras, en 1934 y 1935, tuvo el mismo vencedor: René Le Grevès. Un velocista ilustre. En su palmarés lucen 16 victorias en la Grande Boucle entre 1933 y 1939, un título de campeón de Francia y una plata olímpica en pista en Los Ángeles 1932. Ya retirado, tuvo un final trágico: murió el 25 de febrero de 1946 en un accidente de esquí en Saint Gervais.

Esa primera victoria de Le Grevès en 1934 aconteció en el primer sector de una jornada histórica, porque el segundo capítulo fue la primera contrarreloj individual del Tour: La Roche sur Yon-Nantes, sobre 80 km. Henri Desgrange introdujo esta especialidad inspirado en el éxito del Gran Premio de las Naciones, para dar oportunidad a los rodadores. La crono se celebró con mucha ceremonia: los 39 supervivientes, duchados, masajeados y avituallados en el velódromo, tomaban la salida cada dos minutos después de escuchar su himno nacional. Ganó Antonin Magne, que ya era líder desde hacía días y que terminó coronado en París.

Tanto le gustó a Desgrange el invento, que el año siguiente introdujo seis cronos. ¡Seis! Fueron un desastre. En la primera, Ginebra-Evian, saltó el escándalo. A mitad del recorrido, Maurice Archambaud llevaba dos minutos sobre Magne y cuatro sobre Raffaele di Paco, pero acabó por detrás de ambos, con victoria del italiano. En un trazado tan largo era imposible vigilar a todos los ciclistas, que se favorecieron de los vehículos intercalados en carrera. Hasta ocho recibieron penalizaciones. Desgrange decidió entonces cambiar el modelo y que la siguiente crono se celebrara por equipos, en algunos casos con una mezcla caótica de corredores de diferentes países. En total hubo tres cronometradas individuales y otras tres por escuadras.

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Nadal, contra el escudo y el saque del checo Jiri Vesely

Rafa Nadal se enfrenta este lunes (sobre las 17:45, Movistar Deportes 1) en octavos de final de Wimbledon a Jiri Vesely, un rival asequible pero peligroso en hierba por su capacidad defensiva y su buen servicio. El checo de 24 años y 93 del mundo, ha salvado 29 bolas de break en lo que va de torneo y ha colocado 47 saques directos. Solo se ha enfrentado una vez al español y salió derrotado. Fue en otra ronda de octavos, pero de Hamburgo, en 2015 (6-4 y 7-6 (2)). 

Nadal se entrenó ayer, en pleno Middle Sunday, el tradicional día de descanso del Grand Slam británico, con Francis Roig, su entrenador en el torneo en ausencia de Carlos Moyá, que está de vacaciones con su familia y se reincorporará en el US Open si Rafa acude. En unas instalaciones vacías de público, el balear continuó afinando el revés cortado que tan buen resultado le está dando como movimiento de aproximación en las pistas del All England Tennis Club. 

Vesely tiene un palmarés muy escaso, solo un título en Auckland 2015 sobre pista dura y otra final ese mismo año en Bucarest. En 2018 su balance es 13-12, a años luz del 33-2 de Nadal. Su mejor resultado, bastante reciente, son las semifinales de Antalya, en las que perdió contra Dzumhur. En Wimbledon ha eliminado a Mayer, Schwartzman y Fognini, los dos últimos, del top-20. El número uno del mundo, que lo mantendrá pase lo que pase, tiene suficientes armas para vencer a un rival cuyos ídolos son Federer y Berdych, que es fan del Slavia de Praga y que vivió 10 años en Alemania.

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Bahamontes cumple 90 años: “En el ciclismo actual no estaría quieto”

Como un clavo, Bahamontes aparece en el Miradero de Toledo a su cita con As. Baja con buen paso la cuesta donde él pidió que colocaran la estatua que le inmortaliza, y da una grata sorpresa a varios visitantes que en ese momento se fotografiaban con la escultura. También devuelve el saludo a todos los paisanos con los que se cruza y le lanzan un cariñoso “¡Vamos, Fede!”. Hoy 9 de julio cumple 90 años y de la tarta de la fotografía que ilustra esta página, le interesan más las velas que el dulce (“no siempre se cumplen 90 años”, bromea). Sigue manteniendo cierta picardía en el gesto, que ayuda a imaginarse aquellos episodios y leyendas de las que tanto se han escrito a lo largo de la historia. Él las reproduce con todo detalle, mezclando hazañas y anécdotas: “La cabeza todavía me funciona bien”. Son historias que hacen pensar lo impagable y mediático que hubiese sido contar con una estrella de ese carisma en el ciclismo actual. Pero a él le tocó ser héroe de una España mucho más necesitada de alegrías, protagonizando episodios como los que ahora nos recuerda.

“El hambre te hacía volar”

“El hambre tuvo la culpa de que fuese ciclista. Ahora nos puede parecer llamativo que en otros países más pobres coman cualquier cosa cuando en España se comían gatos. El hambre mandaba. Tuve que trabajar mucho, dedicarme al estraperlo (el mercado negro)… Cogía naranjas picadas que tiraban y yo las vendía. Cuando me dediqué al ciclismo, toda esa necesidad fue una motivación, como le ha pasado a otros deportistas sin recursos. El hambre te hacía volar”.

“La vida sobre ruedas”

“Siempre me gané la vida sobre ruedas, primero con la de la carretilla con la que repartía mercancías, y luego con la bicicleta que usaba también para el estraperlo. La primera que tuve me costó 30 duros (no llega a un euro actual) y se la compré a un herrero. No tenía cambios, pero me apunté a una carrera y la gané. Ahí empezó todo. Con ella viajaba a carreras por España y luego participaba en ellas. Mi vida giró en torno a la bici, pero cuando ya me retiré, decidí no montar nunca más”.

“Nadie podía seguirme en la montaña”

“Me han reconocido como el mejor escalador de todos los tiempos, y aún me lo siguen recordando. Fui único cuando la carretera se empinaba. Lo ganaba todo para arriba y las carreras llegaban a cambiar las ascensiones por cronos para que yo no las dominara. A mí me gusta decir que era el mejor ciclista en frío, porque era capaz de arrancar sin que nadie consiguiera seguir mi rueda. Siempre ganaba la clasificación de la montaña en las carreras que disputaba”.

“Esperé con un helado… por una avería”

“Mucho se ha escrito de aquello. ¿Que si esperé a mis rivales en la cima de La Romeyere comiendo un helado? Claro, porque tenía los radios de la rueda rotos y no podía bajar el puerto así. Un coche pasó al lado en la subida, hizo saltar una piedra y los rompió. A la cima llegué solo pero así no podía bajar. Vi aquel puesto de helados y me acerqué para rellenar los bidones. Yo escuchaba que hacían fotos a mi espalda y luego comprendí por qué llamó tanto la atención. Me llamaban el del glacée (helado)”.

“Coppi me aconsejó ir a por la general”

“Monté una cacería en Toledo y vino Fausto Coppi. Mientras almorzábamos migas, salió el tema de que tenía que fichar por su equipo, el Tricofilina Coppi. Y me dijo: ‘Déjate de pensar tanto en la montaña, tú puedes ganar la general del Tour’. Primero me hizo correr la Vuelta a Suiza: gané dos etapas, la montaña y acabé tercero en la general. Luego nos cedería al KAS para correr la Vuelta. Hubo líos, pero también fue el que me metió en la cabeza que podía ganar el Tour. Y lo logré aquella temporada”.

“En el Tour de 1959 me reía de todos”

“A aquel Tour llegué en una forma increíble. Y dominé. En la cronoescalada de Puy de Dome le metí tiempo a Gaul, tres minutos a Anglade, casi cuatro a Anquetil… Aquella edición se corría por selecciones y llegábamos tras la polémica con Loroño, que no acudió. Siempre he pensado que tendría muchas más generales en el Tour si hubiera contado con los equipos de otras estrellas como Anquetil o Merckx. Pero recuerdo todo lo que significó para el país y el recibimiento espectacular en Toledo”.

“Loroño no fue mi rival más duro”

“La rivalidad con Loroño fue más mediática que otra cosa. Un tema que hacía que los aficionados viesen ciclismo sólo por el morbo y lo que se encargaron muchos de meter cizaña. Pero en aquella época en cada país había un buen número de figuras (Bobet, Anquetil, Bartali, Gaul…) y se llegaba al Tour con 30 corredores que podían ganarlo. Yo siempre quise dejar de rueda al que se creía el mejor, por eso cuando me ofrecieron fichar por el equipo de Anquetil, yo preferí luchar contra él y atacarle”.

“Me gustó el apodo del Águila”

“Lo del Águila de Toledo fue un apodo que me pusieron los periodistas franceses. Cuando vinieron a Toledo a hacerme un reportaje, pasaron por la Puerta de la Bisagra de la ciudad y les llamó mucho la atención el escudo del águila que hay en ella. Así que empezaron a llamarme así. Y a mí era un apodo que me gustaba y la gente también empezó a utilizarlo, así que con el tiempo se me quedó. Hasta esta estatua que me han dedicado ahora refleja la figura de un águila en el suelo en homenaje a ese apodo”.

“Ahora nadie me sujetaría”

“Logré muchas victorias, pero creo que por lo que más se me va a recordar es porque era valiente. Yo no entiendo el ciclismo de ahora, donde apenas hay ciclistas que lo intenten de lejos. A mí me decía el director que ese día no atacara y yo le respondía: ‘¡De salida!’. Ahora es difícil ver eso, aunque luego se demuestra que esa actitud también vale. ¿No lo logró el inglés (Froome) en el Giro? Si yo corriese ahora tampoco estaría quieto ni me dejaría sujetar. Atacar, atacar y atacar. Ese fui yo en el ciclismo”.

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Vicente Trueba hubiera ganado el Tour de 1933 sin repescados

Federico Martín Bahamontes, que hoy cumple 90 años, ha pasado la historia como el primer ganador español del Tour de Francia en 1959. Pero este capítulo podría haberse escrito de otra manera si, 26 años antes, Henri Desgrange hubiera aplicado el reglamento a rajatabla. Sin repescados, Vicente Trueba ya se habría coronado en París en el Tour de 1933.

Trueba había llamado la atención de Desgrange en su debut en 1930. Dos años después, sin equipo español, le permitió inscribirse como turista-routier. Es decir: el cántabro corría solo y sin ayudas, a cambio de una dieta de 50 francos. Apenas nada. Las ganancias se las embolsó en los puertos: 2.000 francos por liderar el Aubisque, 1.500 por pasar segundo el Tourmalet… Ese menudo escalador de 1,58 metros y 50 kilos encandiló al patrón del Tour, que en una de sus crónicas comenzó a llamarle ‘La Pulga’. Y con ese apodo se quedó. Esa actuación le inspiró también la creación del Gran Premio de la Montaña en 1933, que ganó con holgura al coronar primero nueve de los 16 puertos. Fue el mejor escalador de aquella edición, pero su debilidad para rodar en solitario le impedía luego rematar con victorias.

Trueba acabó sexto en la general, a 27:27 minutos de Georges Speicher, pero los cinco corredores que le precedieron habían sido repescados en alguna ocasión. De hecho, sólo hubo cuatro ciclistas que nunca llegaron fuera de control. La etapa clave fue la décima, entre Digne y Niza, que se celebró después de cuatro duros días en los Alpes. El pelotón permitió una aventura de un quinteto sin opciones. Cuando Trueba vio que el tiempo aumentaba peligrosamente, saltó en solitario. Adelantó a uno de los fugados y llegó junto a otros dos, a 12:12 minutos del vencedor, Fernand Cornez. El pelotón apareció a 22:27, cuando el cierre estaba en 21:48. Tenían que haber sido descalificados, pero Desgrange no consintió quedarse con solo seis supervivientes a 13 días de París y aumentó el límite del 8% al 10%.

No ganó aquel Tour, pero se convirtió en un héroe en España. Y en un pionero: el primer gran escalador del ciclismo español. Eso que luego Bahamontes supo convertir en arte.

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Castroviejo: “Deseo ganar la crono por equipos con el Sky”

Jonathan Castroviejo cambió en 2018 el maillot del Movistar por el del Sky: “Necesitaba otros desafíos, salir, aprender otro idioma y disfrutar otras culturas. Si ya te resulta suficientemente complicado entrenarte día a día, hay que buscar nuevos retos y conservar la motivación”. ¿Eso significa que acabó mal en el equipo navarro? “No, para nada. Quería coger un rumbo distinto y necesario. Si encima dispones de una oferta del Sky entre las que manejas, tomar la decisión parece mucho más sencillo. Supone un paso adelante en imagen, organización y en la manera concienzuda y exigente de trabajar”.

El vizcaíno, de 31 años, consiguió su primer triunfo con la escuadra británica en el Nacional de crono: “Me hizo mucha ilusión, porque igualé el récord de los Campeonatos de España (suma cuatro, como Luis León Sánchez e Iván Gutiérrez) y poco después se comunicó oficialmente mi inclusión en el ocho para el Tour”. En la ronda francesa se presenta “fenomenal”: “Me siento en forma, con la misión de cuidar de Froome y currar en las jornadas de llano y en las partes iniciales de la montaña”. Como objetivo personal señala la contrarreloj por equipos de hoy en Cholet, 35,5 km “técnicos y ondulados”: “Deseo conquistar esta etapa y, si me quedan fuerzas, intentarlo en la individual”.

Castroviejo no ve a Froome descentrado ni por la polémica en torno a su absolución y mal recibimiento en Francia, ni por los 51 segundos perdidos el primer día: “Al resto de nosotros nos afectó de refilón, él lo pasó mal, como es normal. Sin embargo, el proceso se cerró y se encuentra listo para alcanzar su cuarta grande seguida. Como escudero de Nairo Quintana gané el Giro y la Vuelta. Me falta el Tour para completar la colección. Nos toca remontar, pero así funcionan las primeras semanas aquí”. ¿Y cómo valora el trato humano con Froome? “Exquisito. Le considero un tío elegante, cercano y entregado con la gente en el Sky. Ojalá logremos el maillot amarillo en París”.

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Pronósticos y corazonadas

Francia. No ha deslumbrado siempre, pero siempre ha dado una gran sensación de autoridad.

Bélgica. Perfecto en medias partes. Su segundo tiempo contra Japón y su primer tiempo contra Brasil, insuperables.

Inglaterra. Cuesta imaginarle derrotado.

Croacia. Me recuerda a lo que España esperaba ser.

El pronóstico más lógico. Francia-Inglaterra.

Mi corazonada: Bélgica-Croacia.

¿Quién nos engañó? El desenlace de muchos partidos del Mundial se ha producido en los últimos segundos, o por fallos estruendosos, con sobresaltos y vuelcos apasionantes. Sin embargo, aunque otros estuvieron cerca, los cuatro semifinalistas han mostrado argumentos sólidos para llegar. Los cuatro tienen grandísimos jugadores pero son piedras preciosas perfectamente engastadas en el conjunto. Las hasta ahora consideradas estrellas de segunda magnitud, un peldaño por debajo de los dioses (Griezmann, De Bruyne, Hazard, Modric) han asaltado el trono sin necesidad de caer en extravagancias. Todos se han tenido que emplear con una intensidad extraordinaria. Cada partido ha sido una batalla sin cuartel. Al ver a los semifinalistas, el recuerdo de nuestra Selección se me hace más penoso. Y me pregunto quién les engañó, o quién nos engañó, o cómo llegamos a engañarnos unos a otros para creer que éramos mejores que los demás y que podíamos ganar andando.

Demasiados elogios. Alfredo Relaño hacía suyo el comentario de Deschamps, el entrenador de Francia, referido a Mbappé, al que ambos vieron algo distraído y arrogante en su partido frente a Uruguay. Pero podría valer para los tres grandes astros apagados en el Mundial. En este fútbol disparatado e hiperbólico, de cifras escalofriantes, todo es tan desmesurado que ningún mortal puede mantener la cabeza en su sitio. Cristiano Ronaldo, Messi y Neymar son tipos en apariencia normales pero estoy seguro de que un buen psiquiatra encontraría en sus mentes particularidades muy interesantes. Tanto ellos, que viven sepultados bajo una montaña de elogios, como los que los cubren con paletadas y más paletadas de incienso, han perdido de vista lo que siempre tuvo claro Di Stéfano, el genio que nunca perdió la lucidez: el fútbol es un juego de equipo. Cristiano no lo sabe, a Neymar se le olvida, Messi lo ha aprendido a palos. Esperemos a ver cómo hacen la digestión de este fracaso. Elías Canetti escribió: “Sólo merece la alabanza el que la supera”.

Teatro del malo. El diario inglés The Guardian publica un artículo que merece ser leído con atención. Señala la gran mancha que en este Mundial, que califica de brillante y muy limpio, significan los gestos teatrales e histriónicos de algunos jugadores para engañar a los árbitros. Y que alcanzan su cenit en las últimas interpretaciones de Neymar, revolcándose de dolor como un torturado por una menudencia o desplomándose como abatido por un rayo en el área sin que nadie le toque. El artículo subraya que estas prácticas de simulación se han extendido tanto que ya forman parte de la normalidad del fútbol. Son comportamientos que la FIFA debería erradicar sin miramientos, como enfermedad maligna que es, ordenando sanciones fulminantes y muy severas. Michael Robinson lleva mucho tiempo predicando este mismo discurso. Entendió su gravedad cuando descubrió a niños de diez años copiando estas trampas en un campeonato infantil.

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Modric dejará la huella de los grandes en el Mundial

El pequeño cuerpo y el gran ingenio de Luka Modric esconden la vieja verdad del fútbol: nada es más importante que el talento bien utilizado. Y el centrocampista croata lo utiliza como nadie. Es cierto que el destellante Mbappé ha impresionado al personal, pero no ha habido mejor futbolista en el Mundial de Rusia que Modric, cuya impronta es tan indispensable en Croacia como en el Real Madrid, donde ha ganado tanta trascendencia que se le puede catalogar sin problemas como un jugador de magnitud histórica, uno de los mejores que ha visto un club por el que han desfilado un buen número de luminarias.

Modric tiene 33 años, mide 1,71, viene de jugar varias temporadas agotadoras en el plano físico y también en el mental. Varias estrellas en su misma situación han pasado por el Mundial de puntillas, dejando algún apunte que otro en el mejor de los casos. En contra de una opinión bastante generalizada, no hay estrella que especule durante la temporada para reservarse su versión más pintona en el Mundial. Al contrario, las estrellas llegan más consumidas que los demás, lo que añade otra interesante perspectiva a un futbolista que debería estar más cerca del declive que del apogeo.

No es frecuente situar a Modric entre las grandes estrellas, aunque pocos jugadores son más apreciados por los aficionados, los del Real Madrid, por supuesto, pero también por los neutrales. Todos serían felices con el fenomenal croata en sus equipos. Modric establece perfectamente la divisoria entre el futbolista mediático, condición obligatoria para obtener ahora la condición de estrella, aun sin merecerlo, y el jugadorazo de toda la vida, el que deja una huella inolvidable por donde pasa. Es una característica que le ubica en territorio estrictamente futbolístico. Modric sólo se explica en el campo.

Apenas hay registro de su voz desde que llegó a España en 2012. Hay que escarbar bastante en las hemerotecas para encontrar una entrevista con él. En el campo sólo pretende pasar advertido por su juego. No hay ningún exceso, ni el menor afán populista. De vez en cuando una leve sonrisa se desprende de su rostro impenetrable. Su contrato es con el juego, relación cada vez más singular en el mundo del fútbol, donde la espuma parece que interesa más que el hueso.

No hay nada espumoso en el juego de Modric, a pesar de sus maravillosos recursos técnicos. Con sus habilidades podría vivir como un duque en el campo, pero su compromiso se lo impide. Sus habilidades siempre están al servicio de la causa general, cualidad que resalta a través de su tremendo despliegue. El pequeño y silencioso Modric no tiene fama de líder, pero lo es. Transmite su liderazgo con el ejemplo. Frente a Rusia, después de varios esfuerzos abrumadores en la prórroga, todavía tuvo arrestos en el último instante para desmarcarse, prolongar su carrera hasta el área y pedir un pase que no le llegó. Ni gritó, ni reprochó. Aceptó el error de su compañero y se derrumbó en el césped. Había entregado hasta la última gota del sudor. Fue uno de los momentos más emocionantes del Mundial, aunque no mereció ni una de la multitud de planos televisivos que se dedican a cualquier asunto intrascendente del juego.

Modric, el mejor interior derecho del mundo desde hace años, oficia en Croacia como el futbolista total. Es pequeño, ligero y camina hacia los 34 años. No debería tener sitio en un Mundial que, según la opinión general, deriva claramente hacia la vertiente física. Por fortuna, Modric lo desmiente, no por falta de condiciones atléticas. Hasta para eso es un prodigio de discreción, porque nadie corre más y con más inteligencia que Modric en los partidos. Esa admirable vertiente, importante en su arsenal de cualidades, está al servicio de un minucioso conocimiento del juego. En el ingenio de toda la vida. Ahí radica la diferencia que marca Modric en este mediocre Mundial.

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Inglaterra, Harry Kane y el fútbol de siempre

Si este Mundial me llega a pillar en plena adolescencia, cuando se forjan los ídolos que te van a acompañar toda la vida, creo que me habría fijado en Harry Kane. Veo en su estampa de oficial de la Marina Real británica la verdad del fútbol de siempre. La inteligencia puesta al servicio del esfuerzo, el talento para hacer fácil lo difícil, la calidad sin adornos absurdos, el respeto al rival y el ensalzamiento sincero del equipo por encima de su actuación individual. Inglaterra vuelve a semifinales 28 años después con una selección con poco nombre. No hay nadie como Gascoigne, Lineker, Beardsley, Barnes ni Platt. Tampoco como Shearer, Adams, Fowler, Owen ni McManaman. Ni como los más recientes Beckham, Gerrard, Lampard, Scholes o Rooney. En el combinado de Southgate, todos jugadores de la Premier, sólo Kane es estrella de primerísimo nivel y referente absoluto de un club importante. Dele Alli, Sterling, Lingard o Henderson son jugadores importantes de grandes entidades, pero en un escalón inferior, o dos, respecto a los cracks de la liga inglesa. Sin embargo, esta Inglaterra ha conseguido lo que perseguían todas las anteriores y lo que ansía todo equipo de fútbol: que el grupo rinda mucho más que lo que a priori le suponíamos a la suma de sus miembros. Es un equipazo en el sentido más colectivo del término. Sería conseguir la segunda estrella lo que encumbraría a unas individualidades con, hasta ahora, discretos palmareses internacionales. Y sería muy merecido y una gran lección para todos los amantes del deporte rey. Es el estilo Kane.

Escarmiento. Neymar es el tipo de futbolista contrario al capitán inglés. Su histrionismo perjudica la maravillosa calidad de su juego. Que el planeta entero se esté burlando de su tendencia a la exageración puede ser el primer paso para que corrija su actitud. El 10 brasileño empezó a descarrilar el día que decidió romper su alianza con Messi. Veremos cómo prosigue su carrera tras la dura derrota ante Bélgica.

Paradas. Los cuatro semifinalistas tienen algo en común, sus porteros han tenido varias intervenciones fabulosas en momentos cruciales del campeonato. Es la posición más ingrata, señalada cuando no está a la altura del resto del equipo. A cambio, cuando se muestran en estado de gracia, sus compañeros se sienten todos mejores futbolistas. Benditos locos con guantes.

Campeón. Ya sabemos que el título se quedará en Europa y que tendremos una final inédita. Hay un 50% de posibilidades de que algún país se estrene como campeón del mundo. Pero, pese a haber caído todas las selecciones favoritas, al ganador le quedará muy bien la nueva estrella. Francia dio el salto de prestigio con Zidane y compañía y la joven selección actual es digna heredera de aquella. Inglaterra siempre la merecerá por ser el lugar donde el ser humano inventó el juego más bonito imaginable. Bélgica posee una generación tan impresionante que no pasaría nada si se queda como flor de un día y no vuelven a alcanzar tan altas cotas jamás. Todos recordaríamos este equipo como se recuerda a la Hungría de los 50, aunque aquella perdiera una final contra pronóstico. Y si gana Croacia, sería una recompensa histórica para los Balcanes, esa encrucijada geográfica donde tanto se ha sufrido, pero donde siempre se ha competido a un nivel altísimo en todos los deportes de equipo. Incluido el fútbol.

Picardía. El excelente civismo de Japón, tanto de su selección como de su afición, nos ha removido las conciencias a todas las sociedades del primer mundo. Lo paradójico es que, detrás de esa pulcra educación y decoro, se esconde un defecto para jugar mejor al fútbol. Sólo se explica así su candidez ante Bélgica. Un equipo ostensiblemente más bajo que el rival y que goza de un córner en la última jugada de una eliminatoria que va empate no puede subir a sus centrales y sacar directo al área, encima a las manos del portero. Arruinó lo que había sido un partido excelente. Es mucho más fácil enseñar civismo que picardía. Esta sí que es patrimonio exclusivo de determinadas culturas. Como bien sabemos aquí.

Carlos Matallanas es periodista, padece ELA y ha escrito este artículo con las pupilas.

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“Incluso ‘Parque Jurásico’ puede verse como un documental”

Para Apichatpong Weerasethakul (Bangkok, 1970) crear es ante todo un ejercicio de memoria: “Es como una terapia, siento que es mi manera de recordar, de archivar las cosas”. Rememoremos entonces que, para cuando en 2010 Tim Burton otorgó una de las Palmas de Oro más excéntricas de la historia del festival de Cannes a su sexto largometraje, “Tío Boonmee recuerda sus vidas pasadas” –una fábula budista animada por inesperados quiebros argumentales, reencarnaciones y fantasmas zoomorfos-, el suyo ya era uno de los grandes nombres del cine asiático y queer gracias a cintas tan originales como Blissfully Yours (2002) o Tropical Malady (2004).

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