Vegetación y arquitectura, una convivencia necesaria

“Una pérgola ligera permite que la vegetación se emparre y proporcione sombra durante los meses más calurosos del año. Las glicinias tamizan el paso de la luz y el aire y así garantizan cierta intimidad. En los meses de invierno, la protección vegetal desaparece porque es de hoja caduca y el sol baña toda la terraza”. Es la descripción del patio de un hotel en el corazón del ensanche barcelonés.

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Cómo debe desinfectar el móvil después de llevárselo al baño

Revistas, libros, periódicos o las etiquetas de los distintos productos de belleza que hay en el baño son algunas de las cosas que usamos para entretenernos mientras estamos sentados en la taza del váter. Y también, el móvil. Lo dice una encuesta realizada por la marca de papel higiénico Renova: el 92% de las personas entrevistadas reconoció haberlo utilizado estando en el baño. El problema es que es una forma de que acumulen millones de microorganismos.

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Jazz Jennings, “una chica normal que resulta que es transgénero”

Hace 11 años, cuando Jazz Jennings tenía seis, ya contó su historia en un programa de televisión. Dos antes había sido diagnosticada de disforia de género —discordancia entre su identidad y su sexo anatómico—. Desde que aprendió a hablar dejó muy claro a su familia que ella era una niña, no un niño. En su quinto cumpleaños ya se presentó ante sus familiares y amigos como una niña vistiendo un colorido bañador de cuerpo entero. Tras aquella entrevista, siguió compartiendo en las redes sociales sus experiencias, hasta que en 2015 se convirtió en protagonista de un reality que sigue su día a día. DKiss estrena este miércoles (21.45) la tercera temporada de Yo soy Jazz.

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El Prado: a 15 obras maestras por hora

Más o menos como en los sueños, el tiempo en los museos pasa muy rápidamente. En la noche de la pintura, los ojos se mueven en fase REM constante mientras el sol resplandece ahí afuera, cociendo el asfalto. Fue Orhan Pamuk quien escribió que los museos de verdad son los sitios en los que el tiempo se transforma en espacio. El premio Nobel turco había construido el suyo propio, El museo de la Inocencia, un gabinete de las maravillas que nace de un libro y termina como un aleph de todos los museos del mundo.

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Aquí hace frío

Me despierto y lo primero, desde hace meses, es manotear el teléfono o el control remoto de la televisión para saber a cuánto está. Dicen que es dañino abrir los ojos y enfrentarlos a una pantalla; que debería desayunar yogur y granola al sol, acariciar a mi gata, usar la cafetera italiana. No tengo el humor de nada parecido, no puedo fingir bienestar. Hace frío, el sol no alcanza a atravesar la humedad helada de agosto en Buenos Aires y lo que quiero saber a cuánto está es el dólar. Es una tara nacional intraducible para la mayoría del globo pero aquí cuando sube el dólar y sube la inflación de manera galopante -eso está pasando ahora, aunque algunos calificarían la subida de “trote”- significa que se avecina una crisis, otra más, y no estoy preparada para otra crisis. Se trata simplemente de desgaste de materiales: crecí con la crisis de 1982, mi padre despedido del trabajo, la guerra de Malvinas, mi madre tratando de compatibilizar un empleo precario con su depresión; atravesé la hiperinflación de 1989 con cortes de energía programados, una adolescencia a oscuras, escuchando casetes en equipos con baterías que se agotaban, iluminada con velas en las escaleras de los edificios. Vi exiliarse a mis amigos y el horrible final de los años 90 lo pasé en casa de mi madre, en los suburbios de Buenos Aires, bebiendo cerveza en la cocina, sola, por la noche. En 2001, el olor de los gases lacrimógenos llegaba a mi lugar de trabajo y trabajé por dólares de cualquier cosa: hasta fingí ser traductora de italiano para un documentalista que había venido a registrar la crisis. Los 2000 tuvieron sobresaltos y malhumores pero la debacle que se avecina me paraliza en la cama, ni bien despierto cada mañana: el noticiero dice que el dólar está a 29 pesos. Mañana estará a 30. Solo queda esperar algún anuncio que detone la catástrofe. Alguna renuncia. Algún anuncio de default. Ya viví todo esto. El déjà vu es insoportable. Oscilo entre congratularme de mi resiliencia y compadecerme por mi destino sudamericano, todo al mismo tiempo; como soy una sudamericana criada en una familia de izquierda, también siento culpa porque obviamente hay países del continente que la pasan peor que nosotros y entonces me arranca de la cama un grado mínimo de optimismo.

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Teodor Currentzis: “Hablo con ese sordo loco que era Beethoven”

Desde la periferia todo se contempla con más claridad. Esther Kinsky lo plantea en Hain (Suhrkamp, 2018), su reciente “novela de descampados”. Un hipnótico relato de viajes donde la escritora alemana revisa la esencia de varias ciudades italianas. Evita lo convencional para subrayar lo recóndito. Y el resultado es revelador. Esa misma idea subyace en las grabaciones del director de orquesta Teodor Currentzis (Atenas, 1972) para Sony Classical, como la trilogía de óperas de Mozart y Da Ponte: Le nozze di Figaro, Così fan tutte y Don Giovanni. Las registró entre 2013 y 2015 y se refiere a ellas como tatuajes aparentemente inalterables. “Mi intención ha sido crear un nuevo arquetipo para cada ópera”, afirma. Para ello, el director grecorruso deja a un lado las opciones interpretativas habituales y pone el foco en aspectos insospechados que considera más relevantes. Sus legendarias exigencias artísticas apuntan hacia la esencia de cada compositor. Incluso obligó a su sello discográfico a repetir toda la grabación de Don Giovanni: “No pretendía encontrar la perfección, sino el espíritu de Mozart. Saber lo que realmente quería. Y la intuición es superimportante para comunicarme con él”, aclara.

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Facebook veta la ultraderecha paranoica. ¿Es una buena noticia?

De pronto, alguien puso un límite. La línea roja de lo que se puede decir en las redes sociales parece estar trazada en Alex Jones, conductor de Infowars, un informativo que hace honor a su nombre. El pasado 6 de agosto, Youtube, Apple, Facebook y Spotify purgaron de sus servicios todo el contenido producido por Jones, un enloquecido y jadeante locutor que lleva años propagando las teorías más tóxicas de la ultraderecha de Estados Unidos. La decisión fue celebrada por un lado, pero por otro abrió en canal uno de los debates más trascendentes de la era de la política digital. Quién decide qué se puede decir y dónde.

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