¿Se puede amar a un asesino?

Ya ha empezado la segunda temporada de Killing Eve y no podría haber empezado en un momento más oportuno. Justo cuando cada político intenta delimitar los territorios del bien y del mal (para situarse ellos en el bien y dejar el mal fuera de sus lindes) viene una serie que juega a confundirlos desde el desquicie y la hipérbole. Es el mismo tema de la peli El tercer hombre: ¿se puede admirar e incluso amar a un ser malvado? ¿A un asesino? Si debemos elegir entre castigar a ese villano o salvarlo porque nos gusta, ¿qué hacemos?

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Por qué jugar a ‘Fortnite’ es bueno (o no tan malo) para tu hijo

Los fusiles de asalto son buenos a media distancia. Escopetas, subfusiles y pistolas, a corta distancia, y los francotiradores, a larga distancia”. En boca de mi hijo David, de 11 años, esta explicación sobre armas de fuego suena inquietante. También el objetivo para el que utiliza tanto conocimiento: matar y sobrevivir hasta que solo quede uno, algo que a los más mayores nos recuerda a Los inmortales, y a los más jóvenes, a Los juegos del hambre. Pese a ello, y a los titulares alarmistas que ligan Fortnite a la adicción, le dejo jugar, aunque con cierto resquemor, compartido con la mayoría de padres consultados para este reportaje. Pero, ¿y si el videojuego de moda no solo no es perjudicial, sino que es bueno para que niños y adolescentes desarrollen habilidades?

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Avon vuelve a llamar a la puerta de las españolas

Yolanda Fernández hizo un pedido a Avon hace un año. Ofrecían muestras gratuitas en una página de Facebook. “Introduje mis datos y sin saberlo me había dado de alta como distribuidora. En ese momento tenía 46 años, no encontraba trabajo, pese a llevar toda la vida como dependienta. He sido comercial de tejidos, de productos de limpieza, hasta de la Thermomix”. El lote le encantó. “Era para mi consumo, me pareció superimportante que la empresa no testara en animales. Me gustó mucho la calidad”. Siguió haciendo encargos de entre 200 y 300 euros para vendérselos a personas cercanas de su pueblo, Alegría de Oria (1.700 habitantes), en Guipúzcoa. Ha extendido su labor comercial a toda la comarca: hace directos en Facebook, tiene su propio canal de Youtube y ha llegado a clientas en Asturias. “Hay meses en que me gano medio sueldo, pero ahora veo el momento de dedicar más tiempo para llegar a ingresar entre 1.000 y 1.500 euros al mes a final de año”. Como Yolanda hay 35.000 vendedoras registradas en Avon, la mítica marca de cosméticos norteamericana que desembarcó en España en 1965 con la distribución puerta a puerta y que vive horas bajas.

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El ‘Cohousing’: la revolución ‘viejenial’ contra la soledad

Maribel e Ignacio viven en un chalet de dos plantas, con un jardín interior donde corretea su perro, en Valencinas, a las afueras de Sevilla. Una casa espaciosa donde, a priori, cualquier matrimonio a las puertas de la jubilación querría pasar sus años de retiro. Una idea que, sin embargo, no entra en sus planes. El matrimonio aspira a vivir esta nueva etapa de su vida, lo que se ha bautizado como madurescencia, junto con otros amigos, cuidándose los unos de los otros, compartiendo e intercambiando aficiones, manteniendo una vida activa y garantizándose su autonomía personal en un lugar diseñado por ellos de acuerdo con sus necesidades. “Nos negamos a ser una carga para nuestros hijos y no queremos acabar viviendo solos o en una residencia que no nos podemos permitir, queremos estar rodeados de gente que nos entienda, con la que compartamos intereses y que juntos podamos atendernos entre todos”, explica Ignacio desde el sofá de su salón.

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¿Se puede amar a un asesino?

Ya ha empezado la segunda temporada de Killing Eve y no podría haber empezado en un momento más oportuno. Justo cuando cada político intenta delimitar los territorios del bien y del mal (para situarse ellos en el bien y dejar el mal fuera de sus lindes) viene una serie que juega a confundirlos desde el desquicie y la hipérbole. Es el mismo tema de la peli El tercer hombre: ¿se puede admirar e incluso amar a un ser malvado? ¿A un asesino? Si debemos elegir entre castigar a ese villano o salvarlo porque nos gusta, ¿qué hacemos?

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Los domingos en España ya no son para descansar

Es sábado, son las 17.30 y la temperatura ronda los 20 grados. Mientras cientos de personas llenan las terrazas de Madrid, Carmen García (46 años) mira a la calle a través del escaparate de una tienda de artículos de bebé. Hace cuatro años que empezó a trabajar en este local, pero son más los que lleva siendo dependienta, por lo que dice que está acostumbrada a que sus jornadas laborales incluyan el fin de semana. “No creo que valga la pena, apenas se vende más. Un poco por las mañanas, pero por la tarde no ha entrado nadie”, relata.

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La interminable guerra del camembert en Francia

El general Charles de Gaulle decía que era imposible gobernar un país con más de 300 quesos. Desde la época del primer presidente de la V República, Francia ha quintuplicado el número de quesos, aunque uno era ya, y sigue siendo, el preferido de los franceses: el camembert. Pero ni este buque insignia de Francia ha logrado traer la paz. Grandes y pequeños productores llevan una década enfrentados por el derecho a usar una marca sinónimo de prestigio internacional pero que con su masificación corría peligro, según sus defensores, de perder su identidad y calidad. Los hay quienes incluso han declarado al Camembert en peligro de extinción por el abuso de su marca para vender quesos hechos con leche pasteurizada, una aberración para los puristas. Una decisión casi salomónica busca ahora poner fin a la “guerra del Camembert”. El acuerdo, largamente negociado y aún no firmado, no gusta a los sectores más estrictos, que prometen seguir batallando. La lucha ha saltado también al ruedo político.

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