El adiós de Elton John o la apoteosis de las grandes ocasiones

Las canciones tristes, ya lo decía el clásico de nuestro protagonista, cuentan un montón de cosas. Y las que el ilustre Reginald Kenneth Dwight interpretó ayer en el WiZink Center madrileño fueron un prodigio de vigor con trasfondo melancólico. Muchas de las dos docenas de composiciones que incluye invariablemente la gira de despedida de Elton John sobrevivirán de largo a su autor y a cuantos durante tanto tiempo hemos podido disfrutarlas, pero pronunciar un adiós en teoría irreversible siempre constituye un mal trago. Y así, entre la emoción evidente y el resignado desconsuelo, oscilaron anoche los ánimos para los más de 12.000 espectadores que agotaron el papel en el único concierto español del autor de Your Song. Una fecha para la historia: la noche en que el adiós al camino de los ladrillos amarillos se convirtió en un hasta siempre.

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