El primer millón de Jesús Gil y todos los demás

Un solar en Doctor Esquerdo, una calle de Madrid, fue el primer negocio importante de la vida de Jesús Gil. Había trabajado ya en un taller de repuestos y vehículos en Legazpi, “donde entonces estaba el dinero”, dice un hermano de Gil en El pionero, la serie documental de Enric Bach y Justin Webster cuyo primer capítulo estrena HBO España este domingo; en esa empresa Gil terminó vendiendo cerca de cien camiones viejos a los que pintaba, los ponía bonitos de chapa y luego esos camiones dejaban tirados a los conductores en las primeras rampas. Pero ese solar de Doctor Esquerdo le procuró el primer millón, y no hay rico en el mundo que no recuerde su primer millón. Lo cobró en billetes de mil pesetas, lo tiró por los aires al llegar a su cuarto y así se durmió, con los billetes aplastados por su cuerpo. ¿Sueñan con dinero los que duermen sobre él?

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El Tour vuelve a ser el rey del verano en TVE y Eurosport

A lo largo de tres intensas semanas, con dos días de descanso, los corredores del pelotón buscarán el triunfo en el Tour, la segunda de las tres grandes vueltas, que tiene a Geraint Thomas como vigente campeón. El evento ciclista más esperado de la temporada arranca este sábado en Bélgica en una edición que se prolongará hasta el domingo, 28 de julio, con la llegada a los Campos Elíseos parisienses.

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A ver quién se atreve a cocinar arroz en Valencia

Astérix en Córcega es el único álbum asterixiano que lleva un preámbulo firmado por los autores. Es una enumeración de las virtudes que adornan la isla y a sus habitantes que concluye que la verdadera justificación del texto es que los corsos, además de valientes, leales, hospitalarios, etcétera, son, sobre todo, susceptibles.

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El 5G se impone al wifi para conectar los coches europeos

Un total de 21 sobre 27 países de la UE rechazaron ayer la propuesta de la Comisión Europea de apostar por un estándar basado en wifi para los coches conectados, abriendo paso así a que el sistema que se imponga sea otro basado en el 5G. El asunto ha desatado una cruda batalla entre la industria automovilística. De una parte, fabricantes y firmas tecnológicas como Renault, Toyota, NXP, Autotalks y Kapsch apuestan por wifi. Frente a e ellos, BMW, Daimler, Ford, PSA, Telekom, Ericsson, Huawei, Intel, Samsung y Qualcomm quieren 5G.

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Las compras con tarjeta de crédito se dispararon en el primer trimestre

El dinero en efectivo todavía tiene una presencia importante en los bolsillos de los españoles, pero las compras a golpe de tarjeta de crédito crecen a un ritmo imparable. En el primer trimestre del año, los españoles hicieron 1.015 millones de pagos con ellas. Es un 15,27% más que en los primeros tres meses del año anterior.

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La guerra de los gigantes del chocolate

En la recepción del hotel se sirve, por supuesto, chocolate caliente; y en la sala, abierta después de horas de conversaciones, se respiran tensión y decepción. Los representantes de las grandes multinacionales y los brokers del chocolate se han esfumado y los máximos responsables del sector del cacao en Ghana y Costa de Marfil comparecen apagados. “Les hemos contado nuestro mecanismo y ellos lo han entendido”, intenta explicar vagamente Yves Kone Brahima, director del organismo marfileño que regula la distribución de cacao, el Consejo de Café y Cacao. Pero no hay acuerdo.

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España escala al cuarto puesto en el ránking de los mejores países para vivir si eres expatriado

España es el cuarto mejor país para vivir y trabajar según los expatriados, los trabajadores a los que sus empresas trasladan a otro país por motivos laborales. Esa es la conclusión de la Clasificación Anual de HSBC Expat publicado este jueves por la entidad británica. Este resultado es el mejor que ha conseguido el país ibérico desde el inicio de estos informes 12 años atrás, y ha supuesto un enorme salto respecto a 2018, cuando España ocupaba el puesto número 13. Suiza y Singapur se han posicionado en los primeros puestos de la lista, mientras que Baréin y Suecia salieron del top 10 

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La UE y Mercosur

Desde que Donald Trump tomó posesión como presidente de EE UU en enero de 2017, las noticias sobre comercio mundial han sido para hablar sobre medidas proteccionistas y para analizar los efectos del frenazo que han sufrido las exportaciones globales. El pasado fin de semana, en la Cumbre del G20, los países europeos y latinoamericanos tuvieron el protagonismo al firmar el tratado de libre comercio entre la Unión Europea y Mercosur.

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Fusaro como síntoma

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En Italia tenemos la sensación de que desde fuera nos miran mucho pero nos entienden poco. Nos pasó con Silvio Berlusconi, predecesor de Donald Trump en tantas cosas. Mientras aquí sufríamos sus políticas y, sobre todo, su capacidad para controlar el marco mental colectivo a través del monopolio mediático, su imagen exterior a menudo se reducía a la caricatura de un viejo verde. Y lo es, pero también ha sido quien ha pactado con la mafia y ha embarrado de corrupción todo lo público; quien ha elevado a categoría de orgullo nacional ser menefreghista y furbo –qué me importa la colectividad, lo que cuenta es tener dinero y ser más vivo que los demás–. Y, por supuesto, es el padre de todos los nuevos populistas de derecha y extrema derecha: sin su apadrinamiento, Matteo Salvini no hubiera podido reconvertirse en ultranacionalista italiano y aún estaría atrapado en el micromundo de la Padania –una entidad que tiene de real lo mismo que Tabarnia.

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Con el Movimiento 5 Estrellas (M5E) pasó lo mismo. Coincidir en el tiempo con Podemos hizo que erróneamente se les comparase. Tienen poco que ver. “En España, quien más se nos asemeja es Ciudadanos”, dijo un diputado grillino. El M5E es un partido-empresa, y su fundador y propietario, el excéntrico multimillonario Beppe Grillo, lo define como “ni de derechas ni de izquierdas, ni fascista ni antifascista”. Y, lógico, Grillo tendió los brazos a los neofascistas de CasaPound. “He visto su programa y tenemos muchas cosas en común, si quieren unirse al Movimiento los acogeremos con los brazos abiertos”, dijo allá en 2013. A los autodefinidos como “fascistas del tercer milenio” les gustó tanto que, entre una paliza en grupo a un inmigrante y otra, colgaron un banner en su web con la frase. Pero una vez llegaron al poder, tocó mojarse, y la supuesta ambigüedad se desvaneció: los grillini votaban y pactaban con la derecha. Su líder político, Luigi di Maio, quien definió las ONG de salvamento marítimo como “taxistas del mar al servicio de las mafias”, incluso ha elogiado la política económica de Rajoy.

El pacto entre el M5E y la Liga de Salvini (un Frente Nacional a la italiana) era lo más natural del mundo. Pero solo hubo dos personajes que presionaron públicamente para que se llevase a término. Uno era Steve Bannon, que había venido a Italia como asesor de la campaña de Salvini. El otro era un aspirante a Steve Bannon: Diego Fusaro. En realidad, Fusaro podría haber quedado más satisfecho, ya que su propósito era que el partido posfascista Fratelli d’Italia también entrase en el gobierno. “¡Qué bonito sería un gobierno de las tres fuerzas populistas!” dijo. No es, pues, que “algunos salvinistas no están en desacuerdo con sus ideas”, como se decía en la entrevista que se publicó en El Confidencial: es que él mismo apadrinó el Gobierno de Salvini.

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Por ello en Italia extrañó mucho la presentación que se hizo de Fusaro, y que indujo evidentemente a un error a la hora de situar al personaje. Aquí se le conoce como “el filósofo de los talk-show”, un chico siempre bien vestido, telegénico, que se toma muy en serio a sí mismo, de voz aguda y actitud pedante, que se pasa día y noche repitiendo su mensaje contra la izquierda y el antifascismo y a favor de la política migratoria del Gobierno en cualquier rincón donde le inviten.

En la entrevista que le realizó el periodista Esteban Hernández, aparte de los típicos juegos de prestidigitación argumental, habla de su proyecto: el “populismo soberanista, socialista, patriótico, antiglobalista e identitario”. ¿Han presenciado alguna vez una reunión de neofascistas en Italia? Pues si lo hacen, oirán exactamente las mismas palabras. De haber asistido al último congreso nacional de CasaPound, además, podrían haberlas escuchado de boca del mismo Fusaro, que fue el ponente estrella y el más aplaudido. 

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Fusaro, que fue muy precoz (a los 22 ya publicaba), ha ido perfeccionando su discurso reaccionario con los años. A principio de 2014 hizo su primer intento de participar en un acto de CasaPound. Pero, listo como es, lo canceló asegurando, hiperbólico y fantasioso como de costumbre, que ¡la izquierda lo había amenazado de muerte si iba! Ahí inició su relato victimista. “Yo estoy convencido de que hay que dialogar con los fascistas”, dijo entonces en otro acto. “Los que no quieren dialogar con los fascistas son los que van de antifascistas cuando en realidad no hay fascistas [justo tras hablar de ellos] para disimular que no son anticapitalistas”. Es su mantra.

Actualmente Fusaro mantiene una rúbrica muy apreciada por los neofascistas en el demencial periódico orgánico de CasaPound, Il Primato Nazionale, un panfleto lleno de fake news e insultos contra inmigrantes, personas gitanas, feministas y colectivos antifascistas, donde es fácil encontrar citas y elogios a Mussolini. Un artículo del 25 de abril firmado por la redacción se titula: “Mussolini y el puente tendido a los socialistas contra el capital”. Explica que los socialistas antifascistas no supieron apreciar el gesto del generoso Duce de unirse a la lucha contra el capital. Este es su relato: quieren seducir a la izquierda. Como hicieron Mussolini y Hitler.

Pero la izquierda no aprende. Considerar que en la extrema derecha y en el neofascismo no hay cabezas pensantes es un grave error. Las hay, y saben detectar los puntos débiles de sus adversarios. Que la izquierda europea que ha gobernado se ha sometido a los mercados y que poco se diferencia ya de la derecha moderada conservadora o liberal es un hecho. Como lo es que la izquierda se ha apoltronado, alejándose de las calles y dejando campo abierto a que estos espacios los ocupara la extrema derecha. 

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Las periferias italianas están llenas de militantes de CasaPound que hacen voluntariado, recogen alimentos solo para italianos, abanderan el ecologismo y el civismo y limpian los parques, aprovechando para criminalizar la drogodependencia y montar comités para echar de los barrios a inmigrantes, refugiados o personas de etnia gitana. Son neofascistas que de noche amenazan y agreden a colectivos vulnerables mientras de día intentan ir de enrollados. En sus sedes tienen un busto de Mussolini al lado de un póster del Che Guevara. Reivindican a Gramsci y a Pasolini. El nuevo fascismo, el que tiene éxito, y por tanto el que debería alarmar, es este. El que, como viene haciendo desde hace cuarenta años la extrema derecha, sabe apropiarse de Gramsci y Marx. El que consigue confundir a la izquierda, hacerla dudar de sí misma.

La extrema derecha en Europa tiene hoy por hoy dos grandes objetivos. Ambos se encuentran en el eje del discurso de Fusaro. Uno es contraponer los derechos sociales a los civiles: si los trabajadores sufren malas condiciones laborales es porque la izquierda solo se ocupa de los derechos de las mujeres y la comunidad LGTBI. El siguiente paso es suprimir estos derechos. El segundo objetivo es contraponer los últimos (inmigrantes) a los penúltimos (clase trabajadora). “Vienen a robarnos el trabajo” y “la inmigración es un complot de las élites para sustituir los europeos blancos y cristianos por africanos musulmanes”. Pero ¿defienden los intereses de los trabajadores cuando tienen el poder? En Italia se ha demostrado que no. Por cierto, a quienes orbitan alrededor de la extrema derecha no les oirán hablar nunca de sindicatos, de trabajadores autoorganizados. Di Maio y Salvini coinciden en que “los sindicatos son un obstáculo y no defienden a los trabajadores”.

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El tratamiento que ha recibido en España ha sorprendido al propio Fusaro, que ni de lejos ha vivido algo parecido en Italia ni en ningún otro país. Él mismo publicó un vídeo en YouTube para hablar del éxito que había tenido la entrevista, dar las gracias al “valiente periodista” y pavonearse de que Alberto Garzón lo hubiese tenido en cuenta. Y se lamentaba, en el tono victimista habitual, de que la “izquierda fucsia arcoiris” le tilde de fascista. “¿Cómo pueden?”, se preguntaba. “¿No ven que hago referencias a Gramsci, al Che Guevara (patria o muerte), Pasolini y a la democracia socialista?”, decía, sin ningún pudor.

La reacción de la izquierda española ante Fusaro ha sido muy sintomática. El diagnóstico es confusión aguda y bajísima autoestima. Si la extrema derecha te adelanta, copiarla es siempre un mal negocio. Lo hizo la izquierda en Italia, se la comieron con doble ración de patriotismo y ¡fuera buenismo! Porque, como enseñó el maestro Berlusconi, cuando compras su marco mental es que ya te han vencido. ¿Y si en vez de eso la izquierda volviese a hacer de izquierda, sin complejos?
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Alba Sidera, corresponsal en Italia del periódico El Punt Avui desde el 2012. Colaboradora, entre otros medios, de Media.cat y La Directa

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