Rangers-Celtic: la rivalidad deja un gesto muy feo de Griffiths

El Rangers-Celtis es uno de los derbis de mayor rivalidad en el fútbol mundial. El equipo protestante recibió este sábado al católico en la liga escocesa y el encuentro dejó un detalle muy feo por parte de Leigh Griffiths.

El delantero anotó uno de los dos goles de la victoria del Celtic, pero fue en un saque de esquina cuando provocó a la grada del Ibrox Stadium al llevarse los dedos a la nariz para después limpiarse la mano en la bandera del Rangers que había en el banderín del córner.

Con esta victoria, el Celtic aventaja en ocho puntos a su eterno rival de la ciudad de Glasgow .

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Los agentes se pelean por Dele Alli y le prometen ir al Madrid

Dele Alli se ha consagrado como una de las estrellas de la Premier League desde que en 2015 fichara por el Tottenham. Desde entonces su progresión ha sido ascendente hasta el punto de ser uno de los objetivos de los grandes clubes de Europa.

El mediocentro ofensivo ha preferido seguir en el club londinense un año más, pero su idea es llegar a un club top el año que viene. El diario Mirror asegura que sus opciones preferidas son el Real Madrid y el Manchester United.

El internacional inglés rompió hace pocas semanas con la empresa que le representaba (Impact Sports Management) y desde entonces varios son los agentes que se han ofrecido a Dele Alli. Entre ellos, Jorge Mendes y Mino Raiola. Los dos superagentes del fútbol mundial se han acercado al jugador de 21 años y le han comunicado que sólo ellos son capaces de hacer su sueño realidad.

El representante portugués se encargaría de trabajar para que su futuro esté en el Santiago Bernabéu y el italiano lucharía por llevarle a Old Trafford.

El Tottenham no se fía y ya está trabajando en la renovación de su contrato. En la actualidad, Dele Alli conra unos 67.000 euros a la semana y la oferta del club inglés llegaría hasta los 110.000 euros semanales, cantidad superior a la de Harry Kane.

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10 afirmaciones que sustentan el independentismo catalán y no son verdad

El independentismo catalán se sustenta en unas afirmaciones rotundas y repetidas a menudo. Van desde las creencias históricas (en 1714 hubo una guerra de secesión que acabó con Cataluña sojuzgada) hasta las económicas (España nos roba, fuera de España seríamos más ricos). Todas ellas son falsas. El PAÍS recoge y analiza hasta 10 de estos mitos y falsedades que no se sostienen con un estudio pormenorizado. No es cierto, por ejemplo, y así está reflejado en los tratados europeos, que una Cataluña independiente ingresaría automáticamente en la Unión Europea. Al contrario: debería recorrer un periplo institucional e internacional complejo y azaroso, con la ONU de por medio como etapa. Tampoco es cierto que el Estado de las Autonomías haya fracasado, que votar siempre sea democrático (las dictaduras también organizaron referendos) o que la consulta convocada para el 1 de octubre sea legal (es ilegal por su contenido, por su tramitación en el Parlamento catalán y conculca además disposiciones de la Comisión de Venecia del Consejo de Europa). Asímismo, no es cierto que Cataluña pueda separarse legalmente de España apelando al derecho de autodeterminación, ya que ese derecho se reserva a “pueblos sometidos a dominación colonial”. Tampoco es verdad que la Constitución votada en 1978 sea “hostil a los catalanes”.

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Catalunya se consolida como el principal problema entre el PSOE y Unidos Podemos

El 20 de diciembre de 2015 un pletórico Pablo Iglesias comparecía ante los medios. Podemos y las confluencias entraban en el Congreso como tercera fuera política. En su primer mensaje tras los resultados, el líder del nuevo espacio político marcaba su posición sobre Catalunya: “Es una nación. Somos favorables a un referéndum“.

Una semana después, el Comité Federal del PSOE marcaba sus líneas rojas en una inminente negociación. Entre ellas destacaba el no a un referéndum. 21 meses, investidura de Rajoy, Vistalegre y caída y resurrección de Pedro Sánchez mediante, la crisis catalana se ha consolidado como el principal escollo para un entendimiento entre ambas formaciones.

Las conversaciones infructuosas que buscaron en el primer trimestre de 2016 un Gobierno alternativo al de Mariano Rajoy terminaban siempre en el mismo callejón sin salida: los vetos cruzados por la cuestión catalana. Pedro Sánchez, condicionado por su Comité Federal, no pudo ni quiso negociar su investidura, aunque fuera de forma indirecta, con los votos de ERC o PDeCAT. Ambos partidos habían ganado las elecciones catalanas unos meses antes con la independencia como un horizonte a conseguir en 18 meses. Una promesa que mutó luego en un nuevo referéndum, el convocado para el próximo 1 de octubre.

Al otro lado del espejo, Podemos, En Comú y En Marea tampoco podían aceptar un acuerdo que incluyera a Ciudadanos. Por sus propuestas económicas y sociales, pero también porque la confluencia catalana liderada por Xavier Domènech rechaza las iniciativas recentralizadoras del partido de Albert Rivera. La candidatura catalana, hoy constituido en el partido Catalunya en Comú, aspira a que sus triunfos en las municipales y en las generales se traslade más pronto que tarde a unas autonómicas.

Su apuesta por un referéndum pactado y con garantías no fue hegemónica en septiembre de 2015. Pero confían en que lo sea en el corto plazo ante el agotamiento de las vías unilaterales. Tanto Podemos como Izquierda Unida, así como En Marea, asumen esta tesis como propia.

Las diferencias en la metodología esconden divergencias de fondo sobre el momento político y la forma de afrontarlo. Podemos nació en 2014 con la intención declarada de romper el “candado del 78” y abrir un proceso constituyente que incluyera una nueva estructura territorial del Estado. Una idea cuya formulación han construido y deconstruido desde entonces pero que, en esencia, se mantiene.

Pedro Sánchez y su apuesta por la “plurinacionalidad” 

El PSOE se encuentra cómodo en el marco constitucional de 1978 y aspira a una reforma que ponga al día el sistema. Tras triunfar en las primarias que le devolvieron a la Secretaría General del partido, Pedro Sánchez habló de “plurinacionalidad”. Un término que fue recibido desde el nuevo espacio político primero, con atención, y luego, con desilusión cuando fue rebajado a una cuestión “cultural”.

El triunfo de Sánchez en el Congreso Federal del PSOE le permitió reconstruir unas relaciones muy complicadas con Unidos Podemos y, especialmente, con Pablo Iglesias. El verano deparó una primera reunión de grupos parlamentarios en el Congreso de los Diputados en la que se pusieron las bases de un entendimiento político para intentar revertir algunas de las políticas puestas en marcha por el PP desde 2012.

Tras aquella reunión, que deparó una mesa de coordinación que liderarían las respectivas portavoces parlamentarias, Margarita Robles e Irene Montero, el punto discordante volvió a ser Catalunya.

El PSOE apuesta por una comisión de estudio sobre el modelo territorial que no tenga carácter legislativo y que sirva para abrir un diálogo que concluya en una posterior ponencia para reformar la Constitución. La iniciativa ha sido calificada esta misma semana por la Mesa del Congreso y todavía no se ha formado, pero ya cuenta con el rechazo de Ciudadanos y ERC.

Las diferencias entre Pedro Sánchez y Albert Rivera se agrandan mientras el PSOE ha optado por mantenerse cerca del Gobierno de Mariano Rajoy. Pese a los “vaivenes” denunciados por algunos de sus correligionarios, el PSOE está abierto a la aplicación del artículo 155 y, en público, ha secundado las iniciativas legales puestas en marcha por el Ejecutivo del PP.

En privado, sin embargo, denuncian el llamamiento a declarar, con amenaza de detención incluida, a 700 alcaldes. Tampoco respaldan la denuncia que el PP de Madrid planteó contra la cesión de un local del Ayuntamiento para una charla sobre el derecho a decidir. 

Por eso, aseguran fuentes de Ferraz, la maniobra del PSOE de Aragón para vetar a través de la Diputación de Zaragoza la asamblea de cargos electos convocada por Unidos Podemos ha molestado en la dirección socialista, donde están “sorprendidos y cabreados”, informa Irene Castro. “La libertad de expresión hay que respetarla. Nos preocupa cuando se salta la ley. Estamos quedando fatal”, zanjan desde Ferraz.

La Asamblea estatal de parlamentarios y alcaldes por la libertad de expresión, la fraternidad y el dialogo que se celebrará el domingo en Zaragoza contará con presencia de cargos de Equo, Mès, Compromís, Geroa Bai, PDeCAT, PNV, ERC y los convocantes: IU, En Marea, En Comú Podem-Catalunya en Comú y Podemos. No asistirá el PSOE, pese a haber sido invitados expresamente y pese a las grietas en el denominado “bloque consitucionalista”, que el coordinador federal de IU, Alberto Garzón, prefiere definir como “bloque reaccionario”.

El acercamiento del PSOE al Gobierno en la cuestión catalana y, sobre todo, su defensa pública de sus últimos movimientos ha causado estupor en Unidos Podemos. Desde la dirección de Podemos no creen que Pedro Sánchez haya permanecido ajeno a lo ocurrido en Zaragoza con el acto del domingo. Pero más le preocupa al espacio que representa el grupo confederal que lo que consideran una suerte de estado de excepción en Catalunya, con lo que consideran una intervención “de facto” de la autonomía catalana

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La Diada más larga: tres días de protestas masivas en Barcelona por la operación contra el 1-O

Sólo por las Diadas. Miguel se había movilizado los últimos años sólo por las Diadas. Hasta el pasado miércoles. Con cerca de 70 años, Miguel desayunó a mediados de esta semana con las detenciones de catorce altos cargos de la Generalitat. Indignado, llamó a tres amigos y bajaron a la calle. Se pasaron más de doce horas ante la sede de la conselleria de Economía. “Ni por la Diada, tantas horas”, ríe al día siguiente ante el Arc de Triomf. Como él y sus amigos, fueron miles los que se manifestaron por primera vez fuera del 11 de septiembre por el derecho a decidir.

La operación del Estado contra el 1-O que se gestó este miércoles hizo escalar la movilización. Personas de todos los pelajes protestaron de forma masiva y pacífica. La espontaneidad de las primeras horas ante la sede de la conselleria de Economía de la Generalitat recordó incluso a la Diada de 2012, la que desbordó toda previsión, rompió moldes y dio el pistoletazo de salida al Procés. La calle volvió a dar un empujón al independentismo. Esta vez, el pastiche cobró vida bajo una consigna inequívoca: “Votarem”.

Pese a lo conflictivo del día, un miércoles laborable, con el paso de las horas la intersección de Rambla de Catalunya y Gran Vía se convirtió en un hormiguero. Los primeros en llegar, los mayores y los jóvenes. A mediodía ya eran miles –de todas las edades– los que habían salido del trabajo y se habían concentrado ante la conselleria.

Los hubo que incluso se acercaron a la hora de comer y, tras contemplar la protesta, ya no volvieron al tajo. Marc, de 27 años, está a favor de la independencia pero no había asistido a manifestaciones en favor de la secesión, como las últimas Diadas. Esta vez fue diferente. “Hay que responder en la calle”, aseguraba el joven. Mientras pronunciaba las palabras, Marc desentonaba en su grupo: no llevaba ninguna senyera ni zamarra del ‘sí’. El outfit general estos días de protesta en Barcelona.

La llamada de la ANC y de Òmnium Cultural a la movilización convirtió en intransitable la concentración a primera hora de la tarde. Sin quererlo, tras la ‘Vía Catalana’ (2013), la ‘V’ (2014), la protesta en la Meridiana (2015) y la manifestación descentralizada (2016), el 20 de setiembre se había convertido en una nueva imagen para recordar. Así lo recogió la prensa internacional. Las protestas en Barcelona tuvieron réplicas en varias ciudades catalanas y también recibieron solidaridad desde Madrid.

Con la entrada en escena de la ANC y Òmnium llegó la organización, y los voluntarios. Y las ensaladas y las aguas. Y la megafonía. Y Txarango y su canción por la independencia. Sólo cuando los presidentes de dichas entidades decidieron desconvocar la protesta, ya entrada la madrugada y con el objetivo de seguirla al día siguiente ante la sede del TSJC por la liberación de los altos cargos de la Generalitat, hubo algo de descontrol.

Los tres coches de la Guardia Civil que durante el día lucieron con claveles y adhesivos de “democracia”, en la noche acabaron con los vidrios rotos. Por ello, la Fiscalía ha tildado a Iñaki, a sus amigos, a Marc, y a los miles de concentrados bajo el “votarem”, de “turba”. Y ha considerado estos hechos como sedición. Hacia las 2 de la mañana, y con la policía que había elaborado el registro de la sede dentro, los Mossos cargaron puntualmente para dispersar la concentración, que murió totalmente con las primeras luces del día.

El signo de la segunda noche fue bien diferente. Ya ante las puertas del TSJC, hasta 60 tiendas de campaña montaron guardia improvisada. Hubo más jóvenes. Lo mismo pasó durante el día, que hasta 20.000 personas –de tez más manceba– secundaron a las entidades soberanistas. Llegaron a Barcelona desde más poblaciones que el primer día.

Jóvenes universitarios la mayor parte, pero también todavía más tiernos de bachillerato e instituto. Este fue el caso de los alumnos de ESO del Instituto Vila de Gràcia, que –como muchos de los que acudieron el jueves– hablaron con la directora y el profesorado, además de con sus padres, para sumarse a la protesta. “Ayer [por el miércoles] tuvimos un examen y no pudimos ir a la Gran Vía. No podemos votar, pero alguna cosa queremos hacer”, destacaba Emma, junto a un nutrido grupo de compañeros. “Nos queremos hacer oír igual”, añadía María.

Intercambios generacionales

Las músicas y los eslóganes han jugado un papel fundamental en los actos de la última semana. La mezcolanza de edades ha llevado a intercambios bidireccionales entre los concentrados. Así, los más mayores han vuelto a cantar ‘La gallineta’ de Lluís Llach, como ya hicieran en los últimos coletazos del franquismo; miles de personas nacidas más allá de 1975 también han entonado la mítica canción antirepresiva del ahora diputado de Junts pel Sí. ‘Els segadors’ también se ha convertido en el hilo musical de la capital de Catalunya las últimas horas.

A cambio, los más jóvenes han regalado nuevas consignas a las generaciones anteriores. Lluïsa, de 61 años, clamaba este jueves por primera vez, y junto a su nieta (brazos en alto), “las calles serán siempre nuestras”, un cántico emblema de la izquierda anticapitalista en la ciudad. También se convirtieron en transversales los eslóganes contra la policía: “Fuera las fuerzas de ocupación”, para la Guardia Civil; “No merecéis la senyera que lleváis”, para los Mossos d’Esquadra.

Dicha mezcla se ha convertido en el gran activo de las entidades soberanistas y del Govern para conservar la imagen pacífica del derecho a decidir de cara al exterior. Está por ver cuánta de esta transversalidad puede perdurar con el paso de las horas. Tras la liberación de los altos cargos detenidos el miércoles, la ANC dio por desconvocada este viernes la concentración en Arc del Triomf. Por lo que son los jóvenes los que vuelven a tener la batuta de la protesta a estas alturas: unos 400 universitarios ocupan el edificio antiguo de la Universidad de Barcelona.

Sea como sea, está previsto que las concentraciones sigan en los próximos días. Las entidades independentistas han vuelto a convocar manifestaciones este mismo domingo. Esta vez deslocalizadas: en las plazas de cada pueblo. Ese ha sido precisamente el gancho por el que el Ministerio de Interior ha tomado el control de los Mossos. “La revolución de las sonrisas”, transversal y pacífica, ha sido entendida por el Estado como un motivo de preocupación en materia de seguridad.

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“Si el Gobierno se pasa de represivo me planteo ir a votar”

Javier Mariscal (Valencia, 1950), diseñador, responde a esta entrevista desde París. Por trabajo le toca viajar –dice con tono pausado– “mucho, mucho”. Y le gusta. Pese al movimiento en su vida, no es ajeno al proceso que vive Catalunya. De hecho, hace unos días decidió participar en él sumándose a un manifiesto contra el 1-O, firmado junto a 960 intelectuales que se autodenominaron de izquierdas. “El referéndum no es feina ben feta (trabajo bien hecho)”, dice una y otra vez, cambiando al catalán.

Los viajes, prosigue el creador de las mascotas olímpicas de los juegos de Barcelona 1992 desde el otro lado del hilo, incluyen discutir con personas “de todos lados” sobre la cuestión catalana. Sus amigos de Londres, por ejemplo, le comparan la secesión con el Brexit. “¿Dónde nos hemos metido?”, le dicen sus allegados británicos.

Él defiende el último intento por una Europa de pueblos. Todo ello mientras ve, con incredulidad, los últimos pasos del Gobierno Rajoy para frenar el referéndum. Si la cosa sigue igual, incluso él mismo podría llegar a salir el día 1 de octubre a depositar su papeleta en una urna. Lo haría, eso sí, “con las tripas deshechas”.

Firmó un manifiesto contra el referéndum la semana pasada que tildaba de “antidemocrática” la votación del 1-O. ¿Qué le llevó a darle apoyo?

Me preguntaron y firmé. Porque el referéndum no es un trabajo bien hecho. No tiene garantías y uno no sabe qué va a pasar con tu voto. Pero del manifiesto no me gustó que fuese tan propagandístico.

¿No le gustó el tono?

No me gusta que trate de convencer a nadie. Aunque sigo firme en mi posición: no me gusta votar en algo que no sabes quién lo está controlando.

¿A qué se refiere con lo de tratar de convencer?

Tal como luego salió publicado no era exactamente lo que yo firmé, figuraban otras palabras. El fondo era el mismo: tal como se han planteado las cosas, no hay ninguna garantía.

¿Por qué considera que no hay garantías?

Tal como está planteado no sabes nada… Ni listas, ni censos.

La Generalitat ya ha publicado los lugares de votación.

[La entrevista se realizó el mismo jueves de la publicación de la web de consulta de espacios electorales] De eso no me enteré. Pero luego, cuando metes el voto… ¿Quién lo va a contar? ¿Cómo? Tenemos un Govern que hace tiempo que son hooligans de la independencia. Se debería haber creado un espacio de negociación política, porque, pese a que no soy catalanista, hay mucha gente en la calle en Catalunya que valora la secesión como una opción.

¿Qué no ha permitido ese espacio de diálogo? ¿Cómo valora la interlocución con el Gobierno central?

Me toca tragarme a la gente que dice que no estar con el referéndum es darle alas a Rajoy, y no. Se ha llegado a un momento en que todo es tan exagerado que es un ‘o estás con nosotros o contra’. Y quiero dejarlo claro: el Govern de la Generalitat está haciendo mucho daño a Catalunya pero el primero que debería haber dimitido, porque no tiene ninguna autoridad moral después de todas las trampas que ha hecho con los casos de corrupción, es el señor Rajoy. Si me ponen entre la espada y la pared, mucho peor lo han hecho Rajoy y el Partido Popular. Pero el Govern, yendo hacia delante con todo, se ha cargado todas las razones de un referéndum.

¿Comparte dichas razones?

Me parece positivo plantear otra manera de gobernarnos, plantear una república. Es incluso higiénico, pero que haya un debate. Hay muchas fórmulas posibles. Antes de una votación así, se tiene que hacer un debate de qué implica. El Govern debería haber tenido la cabeza más fría y haber sabido elaborar un plan bien hecho y fascinar a todos los socios, a España.

¿Lo que plantea el Govern no fascina?

No, porque se ha arrancado siempre, y es una percepción personal, desde el sentido que nos tratan mal, nos roban, no nos hacen caso… Mira, mi idea siempre es sumar. Y aquí se han creado cada vez más fricciones. Yo puedo entender que Gandhi se salte las leyes. Pero no somos la India. ¿Por qué se ha llegado a tanto mal rollo y tanta crispación? La única solución será que la gente se calme y que los profesionales de la política hagan debate de ideas. Acabará pasando como con el Brexit.

¿A qué se refiere?

Tengo muchos amigos de Londres y me comentan que está pasando lo mismo que aquí: unos hooligans apostaban por la separación y que ahora dicen ‘¿dónde nos hemos metido?’. Yo tengo muchos amigos en la movida independentista y ya la ven como una cuestión para joder a Rajoy, pero es mucho más serio un cambio de este tipo. Yo me siento agredido por las dos partes, y me da mucha pena todo. Yo siento muy buen rollo en Catalunya, España y Europa, ¿por qué sacar tantos trapos sucios de todo cuando hay cantidad de cosas maravillosas que nos unen?

¿Hay camino todavía para buscar aquello que une al Estado?

Yo no creo que España deba ser ‘una, grande y libre’. Yo siempre he soñado con un país que sea Europa. España, Francia… solas, pierden mucho. La unión hace ganar sensibilidades. No creo en más particiones ni fronteras.

En los últimos días han habido movilizaciones masivas como respuesta a las detenciones de altos cargos del Govern por el 1-O. ¿Cambia eso las cosas?

Me parece un nuevo error del Gobierno central, como lo de los alcaldes, que es de locura. Es todavía más leña al fuego, insisto que existe una carrera hacia no se sabe dónde por parte del Govern de la Generalitat, pero la respuesta nunca debe ser la represión. Vamos a llegar a un acuerdo aunque sea de última hora.

¿Si no se llega a un acuerdo y la situación se va al extremo, se plantea ir a votar?

A mí me encantaría votar en un referéndum que esté bien planteado, pero en un extremo en el que realmente viera que el Gobierno de Madrid se está pasando de represión –y que no quiere entender qué se está pidiendo desde Catalunya– igual sí, igual a última hora cambiaría de opinión e iría a votar. Aunque lo haría con las tripas deshechas.

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“El Gobierno en vez de diálogo ha preferido la confrontación con Catalunya”

Diálogo, política y acuerdo es la receta básica de José García Molina, vicepresidente segundo de Castilla-La Mancha, para Catalunya. El político no habla desde la teoría o el conocimiento lejano, sino como catalán nacido y crecido en L’Hospitalet y en la lengua de Pompeu Fabra. El dirigente de Podemos ha venido a Catalunya en estos días políticamente convulsos para “aportar su granito de arena” y tratar de abrir una vía al diálogo, explica. Este viernes se vio con el vicepresident Oriol Junqueras y el sábado con la alcaldesa Ada Colau. El domingo estará en Zaragoza en la asamblea convocada por Podemos para hablar de Catalunya.

García Page le ha pedido que venga a este encuentro con Junqueras como líder de Podemos y no como vicepresidente de Castilla La Mancha. ¿Por qué cree que ha ocurrido esto?

No se trata de que el presidente me lo haya pedido. Esto fue una iniciativa común, viendo cómo estaba el escenario político, venir a Catalunya simplemente a dialogar, a ver las posiciones y a dar nuestro punto de vista. En este sentido vengo casi a título personal, es verdad que soy el secretario general de Podemos en Castilla-La Mancha y que soy el vicepresidente segundo de Castilla-La Mancha, pero no venía en representación del Gobierno, sino como persona preocupada por lo que está pasando por un lado en Catalunya y por otro una deriva del Gobierno del PP que está poniendo en riesgo principios democráticos básicos.

Surgen sensibilidades en su Gobierno por verse con Junqueras, hace dos días la diputación de Zaragoza vetó el acto pro-referéndum de Podemos… ¿es la cuestión nacional lo que más separa hoy a Podemos y al PSOE?

En Castilla-La Mancha, no. Somos una coalición de gobierno que nos asemejamos en temas sociales o en la idea de la recuperación de una región que se vio muy perjudicada por el Gobierno de Cospedal. Preferimos poner por delante lo que nos une. Es verdad que nosotros hemos tomado una posición respecto de lo que está pasando con la cuestión nacional en general y por el derecho a decidir en Catalunya y en cualquier sitio, porque nos parece un elemento central para una democracia avanzada, y quizás veo al PSOE más titubeante. Pero no creo que haya diferencias insalvables y esperamos que el PSOE acabe poniéndose del lado de lo que llamamos el bloque de los demócratas, porque sinceramente creo que a día de hoy el verdadero reto para la democracia se llama Partido Popular.

¿El Gobierno de España debería permitir, o haber permitido, el referéndum del 1-O?

Yo creo que el Gobierno de España debería haber, y todavía debería, negociar. Ponerse en modo política, y eso siempre significa debate, también divergencia, conversación, diálogo y acuerdos. No lo ha hecho nunca, y por eso creo que es el artífice de que hayamos llegado a esta situación tan complicada.

¿Más que la actuación del Govern de la Generalitat?

En el choque de trenes cada uno, seguramente por intereses partidistas, han jugado más al conflicto que al diálogo. Pero el Gobierno central en lugar del diálogo ha preferido a una deriva de imputar alcaldes, detener a miembros del Govern, registrar sedes hasta de medios de comunicación… yo pensaba que esto ya no lo iba a ver. Y en vez de abrir una vía de diálogo ha hecho todo lo contrario, se ha tirado por la pendiente de la confrontación.

¿Cree que debería el Govern desconvocar el 1-O?

Creo que hablar desde otros territorios de lo que deberían hacer otros gobiernos es muy osado y muy poco prudente. Yo sé lo que deseo y lo que proponemos desde Podemos, que es que las dos partes se sienten a negociar. Si una de las partes no quiere negociar, no hay negociación, esto es evidente. Lo que más me preocupa de este conflicto, aparte por supuesto de sus posibles consecuencias para la ciudadanía, es que la vía de la política fracase. Que solo nos quede la vía de la judicialización y el conflicto enconado, o la vía del unilateralismo para defender una postura. Creo que ambas cosas nos alejan de la política como un espacio en el que los diversos pueden resolver sus diferencias.

¿La asamblea de electos de este domingo puede resolver algo antes del 1 de octubre o está más pensada para después del 2 de octubre?

Hay que pensar en ambos escenarios. No hay que tirar la toalla antes del 1-O. Y una asamblea es precisamente un lugar para debatir, para poner sobre la mesa posiciones con matices y me gustaría pensar que alternativas a la situación actual. Después del 1-O, pase lo que pase, llega el día 2, que para mí es tan importante como el 1. Aquí solo pueden pasar dos cosas, que nos pongamos a buscar una solución o que tengamos un nuevo problema más difícil de solucionar que el actual. Por tanto, pensar en ambos escenarios, y pensar en el antes y en el después del 1-O.

¿Teme que un impedimento físico de la votación el 1-O legitime al Govern para declarar la independencia?

A mí me gustaría pensar que todo el mundo en democracia ha entendido que poner las urnas no puede ser un delito. Ese escenario no nos conviene, ahí deberá ser el Gobierno del Partido Popular quien debería dar marcha atrás. Pero yo observo que el independentismo no ha hecho más que crecer en los últimos años, y eso tiene mucho que ver con la prohibición. Yo soy pedagogo y sé que cuando a los niños o a los adolescentes les prohíbes algo solo le queda o una frustración muy grande y traumática o la rebeldía. Esta norma pedagógica se aplica a la vida. Según esa lógica, no es descartable que en este choque de trenes mucha gente acabe decantándose y dando legitimidad a uno de los dos lados. Es posible que ante un momento de represión y prohibición mucha gente crea que el lado correcto es el otro.

En Podemos se aprecian dos grandes posturas sobre el referéndum catalán: los que dicen que puede hacerse sin reformar la Constitución y los que dicen que no. ¿Usted que opina?

No creo que sea incompatible del todo. La pregunta es qué tipo de garantías y de formalidad jurídica queremos dar a la consulta. En Castilla-La Mancha nos pasa lo mismo cuando queremos legislar, que nos planteamos si queremos hacer una ley o un decreto. Una ley tarda mucho más pero genera una solidez que es más difícil volver atrás y un decreto agiliza. Creo que las dos son posibles dentro de la legalidad. Lo primordial es que haya garantías, que lo que finalmente se pueda hacer sea vinculante, y que no nos llevemos a frustraciones ni a engaños de que se da la voz a la ciudadanía pero luego lo que dice no tiene efecto. Yo, por la experiencia que he tenido, me gusta que aunque las cosas vayan un poco más lentas sean más sólidas.

Cuando explican su proyecto plurinacional a veces cuesta distinguirlo de la España de las autonomías. Para usted, ¿es Castilla-La Mancha una nación?

Es una pregunta muy complicada porque deberíamos hacer una tesis sobre lo que significa nación, si es solo un territorio geográficamente determinado o de un sentimiento. Cuando hablamos en política de nación o nacionalismo hablamos de un conglomerado de elementos que a veces tienen que ver con una forma de entenderse en el mundo, que tiene que ver con delimitaciones históricas, culturales etc. Es verdad que Castilla es el germen de lo que luego ha acabado entendiéndose como un Estado que casi siempre, se haya reconocido más o menos, se ha hecho con diferentes nacionalidades, entendidas como elementos culturales, de lenguas o tradiciones muy diferentes pero que han encontrado su forma de entenderse.

¿Cree que sus conciudadanos castellano-manchegos, como en general el resto de españoles, aceptarían asimetrías en el modelo territorial para poder encajar a Catalunya?

Depende de qué asimetrías. En Castilla-La Mancha no queremos ser más que nadie pero tampoco menos que nadie. Si estamos hablando de reparto de los bienes comunes, deberíamos tender a una proporcionalidad. Y eso no entiendo que sea necesariamente una asimetría, entendida como desigualdad. Allí donde hay una determinada población u otros factores, debe hacerse un reparto proporcional que responda a las características de cada uno.

Esto lo podemos pensar al revés. ¿Cuánto cuesta sostener un hospital en Castilla-La Mancha, en un lugar geográficamente muy amplio, de 80.000 kilómetros cuadrados, con poblaciones muy pequeñas? No es lo mismo que sostenerlo en ciudades de un millón y medio de personas. Yo creo que igual que fuimos capaces de hacer un fondo común sanitario, creo que deberíamos pensar en la financiación autonómica desde ese criterio. Ahora bien, si hablamos de la asimetría no como desigualdades sino como diferencias, es evidente que hay elementos propios y hay que poner en valor esos hechos diferenciales.

En Catalunya muchas veces se habla de una supuesta catalanofobia, el famoso “nos odian”. También allá se dicen cosas similares. Usted que es catalán y castellano-manchego, ¿cuánto de verdad tiene eso?

Yo me he encontrado de todo en todos los lados. Es evidente la existencia de muchos clichés y muchos tópicos. Pero la mayoría de los castellano-manchegos que han visitado Barcelona vuelven prendados de la ciudad. Siempre habrá quien te encuentres que haya tenido experiencias menos satisfactorias. Del otro lado ocurre parecido. Mi padre era de Córdoba y mi madre de Granada, y uno ha tenido la experiencia de estar en Catalunya y ser el charnego, y de irse de vacaciones a Córdoba y ser el catalán, y tener la sensación de que no se es de ningún sitio. Pero creo que, más allá de los clichés, cuando rascas en él uno a uno con la gente, todo el mundo acaba entendiendo que no somos tan diferentes, que nos parecemos bastante más de lo que parece.

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El sistema educativo español es incapaz de reenganchar a los alumnos que suspenden curso tras curso

La tasa española de Abandono Escolar Temprano (AET) duplica a la de la Unión Europea y el porcentaje de alumnos de nuestro país que repiten algún curso es tres veces mayor que la media de la OCDE. El sistema educativo español tiene un problema para combatir la exclusión educativa y reenganchar a los estudiantes que van encadenando asignaturas suspensas: Unicef ha advertido recientemente que los programas de enseñanza inclusiva no están siendo “eficaces”.

“Cuando comencé a suspender y repetir ningún profesor se sentó conmigo. En el instituto nadie me ayudó a organizarme, ni me preguntaron qué me estaba pasando”, cuenta Salma. A esta joven de 20 años, residente en el barrio madrileño de Carabanchel, nunca le había quedado una asignatura pendiente, hasta que llegó a tercero de la ESO. En ese momento se encontró una barrera tanto emocional como educativa que no supo abordar.

Al comenzar el curso notó el cambio de contenido del currículum educativo, empezó a tener problemas para estudiar y de repente se desenganchó. “Me empezaron a costar las asignaturas, al principio era una, luego se convirtieron en dos, tres, cuatro… Al no pillar el truco, me dejé llevar por los compañeros”, relata.

Así entró en una dinámica que hasta entonces había sido desconocida para ella: ya no le importaba suspender asignaturas. La conexión que durante el colegio en Primaria tuvo con los docentes, había desaparecido. Ya no quería ser la alumna favorita de la profesora, ya no le hacía ilusión sacar buenas notas y que le mandasen a por tizas cuando había que reponer las de la pizarra. Comenzó tercero “sin hacer nada” y así también lo terminó, arrastrada “por el cachondeo” que se respiraba en clase.

“Era habitual que los profesores nos dijesen: ‘Si no venís a atender, dormíos un rato’. Esa ha sido la frase que más he escuchado en todo el instituto”. Aunque no solía ser una alumna absentista, se pasaba las clases “mirando al techo”. El relato de Salma es muy parecido al de los jóvenes en riesgo de abandono escolar entrevistados por Unicef para elaborar un análisis sobre los factores de la exclusión educativa en España.

Grupos de repetidores

Algunos explican que sus problemas en clase comenzaron en Secundaria, cuando pasaron del colegio al instituto. Yurena tuvo esa sensación cuando comenzó Secundaria Obligatoria. Suspendió primero y en vez de repetir, empezó junto a varios compañeros un programa de diversificación curricular que les dejaba sacarse el graduado y hacer una Formación Profesional.

“En clase decíamos que allí nos metían a los que no sabían qué hacer con nosotros, solo había un profesor que consiguió motivarnos, nos daba jardinería”, cuenta. A los 16 años abandonó, se quedó embarazada con una gestación compleja. Dos años después se reenganchó a un centro adultos y en junio, con 21 años, ha conseguido el graduado escolar.  

La tasa de Abandono Escolar Temprano incluye a aquellos jóvenes entre 18 y 24 años que no obtienen la ESO o que una vez finalizada no continúan con sus estudios. En España, este colectivo supone el 20% frente al 11% de la media de la Unión Europea. Por su parte, el 31% de los jóvenes han repetido algún curso, una cifra elevada si se compara con la media de los países de la OCDE, el 11%, según datos del 2015 del informe PISA.

Tras repetir curso dos veces en tres años, y con la mayoría de edad recién cumplida, Salma “hizo click”. Vio que sus amigos ya habían salido del instituto y que ella seguía en Secundaria. “Me puse las pilas y me saqué 20 asignaturas en junio. Las que arrrastraba de tercero y cuarto completo”, responde. Así consiguió reengancharse al sistema educativa y sacarse dos años después un grado de Formación Profesional de administración.

El responsable de Educación de esta organización, Ignacio Guadix, asegura que tras los recortes que ha ido sufriendo la inversión en enseñanza durante la crisis, en las clases se ha establecido “un canon de normalidad” en el que “la diferencia no tiene cabida”. Por su parte, Rebeca Seijo, trabajadora social de YMCA, una organización a la que acudía Selma, que cuenta con centros que ofrecen refuerzo escolar a familias en riesgo de exclusión, alude a que los apoyos no están adaptados al perfil de los jóvenes, ni al porcentaje de alumnos con necesidades, se basan en las ratios.

“Se está retrasando el aprendizaje no solo de esas personas, también del resto de la clase, porque los docentes se vuelcan en que toda la clase intente mantener el ritmo. En cuanto uno se desengancha, se queda apartado”, apunta Seijo.

Unicef destaca que los niños y adolescentes que sufren estas consecuencias pertenecen a familias de un bajo estatus socioeconómico y cultural, así como aquellos que pertenecen a ciertas minorías étnicas o grupos migrados, “muchos se quedan atrás o directamente fuera del sistema educativo”, apuntan en el informe.

“El porcentaje de alumnos que no aspiran a seguir estudios secundarios postobligatorios y cuyos padres no tienen ninguna titulación es casi del 40%. Para sus contemporáneos con padres con estudios universitarios superiores, poco más de un 5%”, recuerdan.

El sistema segrega a estos alumnos

En el análisis, explican que las políticas y programas educativos tienden a “agrupar y segregar” al alumnado por motivos conductuales o de “nivel educativo”. Guadix incide en las presiones académicas a las que hacen frente los docentes, “con entornos saturados” en los que tienen que conseguir buenos resultados en las pruebas periódicas promovidas por la administración que sirven para elabora ránkigs educativos.

Estas dos jóvenes encontraron la motivación para seguir estudiando en recursos educativos a los que iban por las tardes y gestionados por entidades sociales. En estos espacios intentan no centrarse solo en la enseñanza teórica y personalizar un poco más el refuerzo que les aportan.

Seijo explica que los jóvenes pasan de un ambiente muy controlado como el colegio, a otro, el instituto, en el que no se trabajan los asuntos emocionales. “El profesor de Matemática es licenciado en ese tema, tiene un Certificado de Aptitud Pedagógica (CAP), se ha sacado una oposición y ya está. Puede dar muy bien clase pero no tiene herramientas para trabajar la relación con un adolescente”, explica esta trabajadora social.

“Cuando llegué a YMCA y les conté la primera vez que había repetido me dijeron lo mismo que mi madre. Es como una familia, ellos se daban cuenta de que iba a suspender, trataban de subirme el autoestima y animarme a esforzarme”, explica Salma. Una vez que terminó la Secundaria, también fue en este recurso donde le explicaron las posibilidades que tenía para estudiar, si no quería cursar Bachillerato.

Yurena explica que en AMEJHOR, una entidad social centrada en la atención a menores y jóvenes del distrito de Hortaleza (Madrid), encontró un espacio en el que podía exponer sus problemas y recibía apoyo para seguir estudiando. “Hay gente muy cercana que me conoce desde que soy una niña y con los que tengo más confianza que con profesores del instituto”, reseña.

Solicitan aumentar la inversión educativa

La falta de recursos para acompañar a los jóvenes que ya han cumplido los 16 años, es otro de los problemas que ha identificado Unicef. Guadix asegura que “no hay institución que les quiera acompañar”. “Si no se les estimula durante el aprendizaje, la posibilidad de encontrar empleo son escasos”, cuenta el responsable de Educación de la organización.

Desde Unicef proponen cuatro medidas para combatir la exclusión educativa. Apuestan por incrementar la inversión educativa; diseñar un sistema educativo flexible y diversificado que les permitan reincorporarse y continuar la formación y mejorar el acompañamiento de las transiciones educativas.

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