El PSOE y la caída de los graves por Jose Antonio Perez Tapias

Fuente: http://ctxt.es/es/20170517/Firmas/12809/psoe-primarias-sanchez-tapias-pedro-sanchez-susana-diaz.htm

Desde una perspectiva nietzscheana podríamos hablar del crepúsculo de los ídolos. Ha sido tal, que en la noche oscura del alma socialista se confirma que Felipe González hace mucho que dejó de salvar al PSOE. Pero ahí sigue, como gurú convocando a los que permanecen atentos a cualquier palabra que salga de su boca. Pero su reiterativo mensaje deja a sus seguidores en estado de melancolía. Buena parte de la militancia socialista dejó de reconocerle al otrora líder indiscutible la autoridad que antes tenía y que ha ido perdiendo hasta buscar refugio en la sombra de sí mismo.

La crítica situación a la que ha venido a parar el PSOE no tiene como exclusiva causa los avatares de Felipe González. Pero su figura ha marcado la historia del Partido Socialista en las últimas décadas. Y eso, teniendo que ver con los éxitos del PSOE, también está en la raíz de todo lo que le afecta últimamente. El Partido Socialista entró desde finales de los 70 del siglo anterior en una dinámica marcada por el peso de un liderazgo muy fuerte –al principio, contrabalanceado por el papel de Alfonso Guerra–, que empezó a funcionar como el vértice de la pirámide en un proceso de fuerte oligarquización interna, la cual implicaba al mismo tiempo tal jerarquización en los modos de funcionar que la base militante cada vez quedaba más lejos de la cúspide del poder. Con un personalismo mesiánico, el gran líder quedó como figura incuestionable, siendo punto de inflexión el momento en que dimitió de secretario general para volver después en loor de multitudes con un partido rendido a sus pies.

La homologación con la socialdemocracia europea –alemana para más señas– impuso el abandono del marxismo bajo la fórmula “hay que ser socialistas antes que marxistas”. Pero, abandonado el marxismo, tras ello no hubo nada. Quedó el partido a expensas de un pragmatismo político que, si bien estaba atareado con la tardía construcción de un Estado de bienestar que no existía, miraba a la modernización de España en los términos admisibles por los poderes dominantes, con cuidado de no sacar los pies del plato del régimen que se pactó con la Constitución para dejar atrás la dictadura.

QUEDÓ EL PARTIDO A EXPENSAS DE UN PRAGMATISMO POLÍTICO QUE, SI BIEN ESTABA ATAREADO CON LA CONSTRUCCIÓN DE UN ESTADO DE BIENESTAR QUE NO EXISTÍA, MIRABA A LA MODERNIZACIÓN DE ESPAÑA EN LOS TÉRMINOS ADMISIBLES POR LOS PODERES DOMINANTES

El pragmatismo político condujo al PSOE a articularse como potente maquinaria electoral, con las miras puestas en mayorías absolutas, pero descuidando la inserción en el tejido social, en parte por la unilateral dedicación de muchos de sus efectivos en puestos institucionales. El alejamiento de la base social, que además iría cambiando notablemente, quedó reforzado por el papel mediático de un líder al que querían las cámaras de televisión. Hasta que se rompió el hilo.

Aparecieron casos de corrupción y, aunque eran menores al lado de lo que la sociedad española vería después, jugaron un papel en el alejamiento de sectores urbanos distanciados de un PSOE incapaz de renovar su proyecto político y actualizar su discurso. El PSOE fue cayendo en lo que los laboristas británicos teorizaron e hicieron: echarse en manos del neoliberalismo al pretender seguir con políticas sociales, pero dejando a su libre despliegue el ámbito del mercado. La economía le iría comiendo el terreno a la política. Mientras las vacas fueron gordas no se notaba tanto la rendición de la socialdemocracia, tal como se fue dando en Europa sin que España fuera una excepción. Pero vino la época de las vacas flacas.

Llegó la grave crisis de 2008, la que obligó a un duro ajuste a partir de mayo de 2010 por parte del Gobierno socialista de Zapatero. El entonces presidente se ofreció en sacrificio ante el altar de los poderes económicos –por la salvación (evitar rescate) de España–, con el “cueste lo que (me) cueste” como factura para todo el Partido. Los logros en derechos civiles y avances sociales, más el encauzamiento de las cosas hacia el final de ETA, no evitaron la hecatombe. El PSOE empezó a perder votos cual hemorragia incontenible. Su electorado menguaba dada la pérdida de credibilidad de un partido metido en una fuerte autocontradicción y al que sus mismas estructuras impedían responder con agilidad a los hechos. Llevado por la vorágine sufrida por un poder político sometido a los poderes económicos y con una grave crisis de la representación política, el naufragio del socialismo español empezó a producirse. Para colmo, la actitud timorata ante la grave crisis del Estado español, al no atreverse a plantear con claridad la alternativa de un federalismo plurinacional, metía al PSOE, atando al PSC a su rueda de molino, en una paranoia política donde todo es verse atemorizado por el acoso del españolismo, ante el cual no se deja de sucumbir.

LA ACTITUD TIMORATA ANTE LA CRISIS DEL ESTADO ESPAÑOL, METÍA AL PSOE EN UNA PARANOIA POLÍTICA DONDE TODO ES VERSE ATEMORIZADO POR EL ACOSO DEL ESPAÑOLISMO, ANTE EL CUAL NO SE DEJA DE SUCUMBIR

Estando en ésas, unos resultados electorales a la baja, más la incapacidad de abrir vías de diálogo con los nuevos sujetos políticos aparecidos en el panorama español, provocan tales tensiones internas en el PSOE que producen simultáneamente el derrocamiento de quien era su secretario general, Pedro Sánchez, y la entrega del Gobierno de España al PP de la corrupción mediante abstención mayoritaria del grupo socialista del Congreso, la cual invalidaba al PSOE como alternativa política. El largo ciclo que se abrió con Felipe González en la Secretaria General del PSOE se cierra cuando, como chivo expiatorio, llevaron a Pedro Sánchez al borde del abismo y lo empujaron hacia el fondo. Los ídolos crepusculares no contaron con que allí, en lo hondo, estaba la militancia de a pie, la que quedaba que, al ver caer al defenestrado secretario general investido como mártir y héroe, lo catapultó de nuevo a la candidatura para el cargo del que fue arrojado. Galileo, con su teoría de los graves, podría ayudar a completar el diagnóstico: también en el planeta político hay cosas que caen por su propio peso, como es un partido en estado de decrepitud. Queda pendiente el pronóstico. Quizá haya un Galileo redivivo que pueda retomar las palabras del renacentista: “Eppur si muove”.

AUTOR

  • José Antonio Pérez Tapias

    Es miembro del Comité Federal del PSOE y profesor decano de Filosofía en la Universidad de Granada. Es autor de Invitación al federalismo. España y las razones para un Estado plurinacional. (Madrid, Trotta, 2013)

Artículo “Porque soy socialista”

Fuente: http://www.multiforo.eu/Colaboraciones/2017/PorqueSoySocialista.htm

 

Comparto sus palabras, del blog de Victor Arrogante, un blog que recomendo seguir, sin duda así no sentimos los que somos socialistas de corazón, huerfanos de representación.

Sin duda merece la pena leerlo.

Abandoné la militancia en el Partido Socialista Obrero Español hace unos años, después de treinta; aunque nunca la militancia socialista por la igualdad, la justicia social y la solidaridad. Desde que conocí estas ideas, enseguida me di cuenta que era algo por lo que merecía la pena luchar y ha perecido la pena.

La justicia social, la desigualdad y la solidaridad, fueron demandas del Partido de Pablo Iglesias y transcurridos más de cien años, en lo esencial, deben seguir siéndolo. Proclamas y reivindicaciones vigentes, para el mayor bienestar y dignidad de las personas. Por aquel entonces se consideraba que la sociedad era injusta, porque dividía a sus miembros en clases desiguales y antagónicas: los dominantes y los dominados. Los que lo tienen todo, recursos, dinero y poder; y los que nada tienen, salvo su fuerza vital para trabajar. Los privilegios de la burguesía estaban garantizados por el poder político y económico, del cual se valía para dominar a los trabajadores. Por superar estas contradicciones comenzó la lucha de los socialistas decimonónicos. Aquel análisis, vale para hoy. Las clases sociales siguen existiendo y la lucha necesaria.

Cuando todo iba consiguiéndose y superándose lentamente, durante la Segunda República, llegó la guerra y con ella, la oscura noche de la dictadura. Muerte, dolor, exilio y sufrimiento para tantos compañeros y compañeras, que posiblemente no entenderían hoy la situación por la que atraviesa el Partido; sin un norte ideológico claro, o si lo tiene, peor todavía.

La historia del PSOE es larga en debates sobre ideas, estrategias y objetivos. En el Congreso de Suresnes (1974) comenzó el cambio de orientación política e ideológica, de la edad moderna del Partido; donde se acordó adaptar la idea y la acción a la lucha por la democracia y las libertades desde el interior. En el XVIII Congreso (1979), con aquel «hay que ser socialistas antes que marxistas» de Felipe González (y su maniobra de dimisión como secretario general), continuó la revisión ideológica y ya no se ha parado. Aquel día, que por cierto estaba yo en el servicio de orden, entendí lo que significaba aquel discurso: vaciarse, soltar lastre, entregar el método, la forma de la acción y algunos objetivos históricos, por el reconocimiento internacional.

Durante la Transición a la democracia, el Partido y su siempre leal y responsable política de Estado, entendió que lo primero era lo primero y por tanto prioritario. Con ello se volvió a perder algún que otro principio ideológico y seña de identidad: hay que ser socialista antes que marxista y además sin República y con monarquía.

Con los primeros gobiernos socialistas, todo fue diferente. Desaparecida supuestamente la lucha de clases, comenzó el avance hacia el bienestar: educación para todos, sanidad universal, prestaciones y derechos sociales; cultura, inversiones, hospitales y carreteras. Parece que podíamos convivir con el «capitalismo». El objetivo: la construcción del Estado del Bienestar, poco a poco, todo se fue frustrando. El bienestar con democracia, no era lo mismo que el socialismo democrático; el capitalismo estaba intacto y la ideología socialista en venta.

Y llegamos al estado actual. La ciudadanía se aleja de la política y entiende que los políticos son el cuarto principal problema de España. El pesimismo está instalado en cuanto a la situación económica y la coyuntura política, según el último barómetro del CIS. Para el 62,1% de la población la situación económica en «mala o muy mala» y para el 66,8% es «mala o muy mala» la situación política y con pocas esperanzas en el futuro. El 42,8% considera que dentro de un año la economía estará igual y para el 21,7% estará todavía peor. Sobre la coyuntura política la percepción de futuro es peor para el 47,8% y seguirá igual para el 23,6%.

Los votos han dado el poder a la derecha más reaccionaria. Los electores han dado la espalda al partido socialista y el partido se ha ido olvidando de sus votantes de siempre. La derecha tiene todo el poder y está haciendo uso de él para acometer reformas estructurales que han desvirtuado el propio Estado social y democrático de Derecho, así como bloquear las iniciativas progresistas que se presentan en el Congreso. Pese a que el Gobierno suspende estrepitosamente por su posición frente a la corrupción, la respuesta dada a la crisis de los refugiados y al procés soberanista en Catalunya, en la última encuesta publicada por El País, el PSOE se deja 3,7% de los votos con respecto a los malos resultados del 26-J, no se esperan avances y más parece que está invernando. Ante su desastrosa situación, el PSOE sigue facilitando el gobierno a Rajoy; hace una política a la zaga de la derecha, dicen que por responsabilidad.

No conozco los debates internos del PSOE previos al nuevo Congreso; solo las luchas por el poder que se observan a simple vista. Ni la una ni el otro ni el de más allá parece que tienen grandes propuestas estratégicas e ideológicas que abran nuevas alamedas. Ha habido demasiada renovación en la historia reciente del Partido que tiene que enfrentarse con su realidad ideológica y política, con las políticas hechas y valorar si esas políticas han sido las causas del alejamiento y el descenso del apoyo electoral y el rechazo social; y rectificar en el modo de ser y actuar para el futuro.

Decía en el año 2012 en mi artículo «Algo por lo que merece la pena luchar» (y hoy no quito ni una coma), que los socialistas tienen que hacer una oposición seria y contundente, en un frente amplio de izquierdas; enfrentarse y dar respuestas a los nuevos retos que la sociedad demanda; dotarse de una organización fuerte, sólida y participativa, en la que la opinión de las bases sean tenidas en cuenta; leal con las ideas, principios y valores socialistas de siempre; representar los intereses de quienes tienen que trabajar para poder vivir y a los más necesitados socialmente; presentar un modelo social diferente y alternativo, por una sociedad justa, en la que la igualdad sea una realidad y la solidaridad una forma de ser y actuar. Tiene que recuperar la ideología socialista, con todas las consecuencias, como fondo y forma de hacer política.

Hoy no milito en el Partido ni en ningún otro y porque soy socialista me he impuesto luchar y difundir los valores y principios que identifican la justicia social, la igualdad y solidaridad, en una república laica y federal. La lucha sigue siendo necesaria. «Perder la esperanza no es una opción» (Recomiendo encarecidamente la entrevista a Bernie Sanders)

“Sólo” y la tilde de la nostalgia

Fuente:http://www.eldiario.es/zonacritica/Solo-tilde-nostalgia_6_601299895.html

15/01/2017 – 19:57

Más que la cebolla en la tortilla, más que los grumitos del Colacao, un cisma divide irreconciliablemente a las dos Españas: la tilde en sólo. Durante años la RAE recomendó usar la tilde cuando solo fuese equivalente a “solamente”, hasta que en la Ortografía de 2010 la desterró al rincón de las tildes demodés como ya pasó con fué, á y otros vestigios acentuales. Un reducto no despreciable ( incluyendo ilustres académicos) se declaró insumiso ante esta nueva disposición ortográfica. ¿La razón? Aseguraban que sin la tilde, solo pasaba a ser ambiguo. Lejos de ser una disquisición peregrina entre especialistas, la tilde en solo despierta ánimos encendidos en los no pocos hablantes que la defienden con pasión:

Seguiré escribiendo sólo con tilde hasta el día en que me muera y nadie podrá impedírmelo.

Hace unos días, El País titulaba así en su primera plana:

El gobierno tramitará solo las leyes que pacte previamente con el PSOE

Y al olor del titular no tardaron en salir las hordas de tildianos tradicionalistas para señalar con gran indignación que, ante ese solo destildado, era imposible interpretar el titular.

Hoy en la portada de El País: la importancia de la tilde en sólo.

¿Tramitaba el gobierno las leyes en soledad? ¿O se refería a que las leyes pactadas con el PSOE serían las únicas que el gobierno que tramitaría? A pesar de las lamentaciones de los nostálgicos de la tilde, con un poco de comprensión lectora y asumiendo que la interpretación más sencilla es la más probable, el titular de El País no resultaba ambiguo: si el gobierno pacta las leyes con el PSOE, entonces necesariamente no las tramita en soledad sino que solamente va a tramitar esas. Como casi siempre en lengua, el contexto nos permite interpretar adecuadamente el titular.

Pero el tildiano común es pertinaz y suele desplegar en cuanto surge el debate un arsenal de ejemplos con solo descontextualizados para intentar demostrar que esa tilde es irrenunciable. Estuve en casa solo una hora. ¿Estuve solamente una hora? ¿Estuve sin nadie más? Lo que los tildianos olvidan es que cualquier producción lingüística desprovista de contexto es potencialmente ambigua. De hecho, la propia palabra “solo” es ambigua en otros muchos contextos sin que haya tildes que lo resuelvan. Me tomé un café solo. ¿Sin leche o sin compañía? No se oye a la desnortada tildesía bramar por este caso.

Y es que solo es una de las numerosísimas ambigüedades que tiene la lengua. Nadie se plantea tildar éntre, sóbre, cábe, bájo, pára, a pesar de que todas ellas son palabras en las que la preposición coincide con un verbo conjugado. El uso diario de la lengua está cuajado de frases potencialmente ambiguas que de facto no lo son porque las frases no se producen aisladamente, y la situación y el contexto suelen ser suficientemente explícitas como para que una de las interpretaciones resulte evidente, sin necesidad de poner tildes a lo loco: vi a la niña con el telescopio; te espero en el banco.

¿Y cómo sé yo que se refiere a una salida de emergencia y no a una mujer con ganas de mambo? Porque está en lo alto de una puerta.
¿Y cómo sé yo que se refiere a una salida de emergencia y no a una mujer con ganas de mambo? Porque está en lo alto de una puerta.

De hecho, los defensores a ultranza de las tildes diacríticas se olvidan de que esa tilde que con tanta pasión defienden en la escritura como imprescindible es inexistente en la lengua hablada, sin que ello conlleve mayor problema de comprensión. Cuando tenemos la mala fortuna de encontrarnos ante una frase verdaderamente ambigua en una conversación, lo habitual es que el interlocutor pregunte para salir de dudas. Los chistes son especialistas en explotar estos dobles sentidos que, más allá de la broma, no suelen plantear problemas reales de interpretación:

-Póngame un café. -¿Sólo? -Qué poder de convicción tienes Marisa, ¡Que cojones, que sean 2!

-Hijo, ¿quién te ha regalado toda esa ropa?
-Los zapatos y el pantalón, unos amigos del colegio y mamá, la chupa.
-Lo sé. ¿Y la cazadora?

Entonces, si solo no es más que otra palabra ambigua de tantas y no supone mayor problema que en los demás casos, ¿a qué tanto ruido? En último término, lo que las convicciones tildistas esconden en la mayoría de los casos es pura nostalgia de en mis tiempos lo hacíamos así, más morriña de los cuadernos Rubio que argumento racional. La tilde en solo es el pañuelo de tela o el reloj de bolsillo de la ortografía: poco práctico, conservador, desfasado, pero los nostálgicos que lo usan están convencidos de que les hace parecer más distinguidos.

Tildiano tradicionalista haciendo  proselitismo de "sólo". | Foto:  MEME TN (con licencia Creative Commons).
Tildiano tradicionalista haciendo proselitismo de “sólo”. | Foto: MEME TN (con licencia Creative Commons).

Vaya por delante que, lo diga la Academia o el papa de Roma, los hablantes somos soberanos y tenemos potestad total para escribir y hablar como queramos sin reconocer más autoridad que el entendimiento mutuo entre hablantes. Decidir tildar solo por nostalgia es tan válido como cualquier uso que un hablante quiera hacer de la lengua. Pero merecería la pena pararse a pensar en las consecuencias que nuestras filias acentuales tienen sobre el sistema ortográfico en general.

Cuando defendemos la tilde en solo, estamos engordando innecesariamente la pila de excepciones y casos especiales del idioma. Y cuantos más casos hay que memorizar para saber escribir de acuerdo a la norma, menos accesible resulta la lengua. Y es que nuestras preferencias ortográficas van más allá de lo individual: defender la tilde en solo es complicar innecesariamente el sistema de escritura a los que están por llegar y a quienes nuestras nostalgias ortográficas les dicen más bien poco (niños, hablantes de otras lenguas, analfabetos), haciéndolo además desde la comodidad de quien ya se lo sabe y no tiene que hacer el esfuerzo de aprendérselo.

Resistirse a eliminar la tilde en solo por nostalgia es como oponerse a que desaparezcan los bordillos de las aceras arguyendo que “en mi infancia nunca hubo rampas de accesibilidad”. Que la relación entre cómo se pronuncian las palabras y cómo se escriben sea transparente y que el sistema ortográfico resulte lo más racional y usable posible para todos no es solo una cuestión de estética o de obediencia a una norma. Es una forma de justicia social que construimos entre todos los hablantes.

Tengo 91 años pero no soy gilipollas

Fuente: https://iniciativadebate.org/2017/01/15/91-anos-no-gilipollas/

A esta señora tan lúcida habría que hacerle un monumento, porque no se puede dejar más claro ni más en evidencia respectivamente, lo que es y lo que se hace en ese circo televisivo de La Sexta Noche. Un programa que se vende como debate político y que no alcanza ni la muy respetable categoría de comedia infantil.

Y merece doblemente el monumento, porque no solo dio una lección de sensatez, firmeza y claridad de ideas, sino que también consiguió esquivar las impertinencias y las interrupciones de la copresentadora del programa, mucho más interesada en mostrar las presuntas “soluciones” milagrosas que nadie había pedido y que por fuerza iba a ofrecer el economista invitado de turno, que por escuchar a la persona a la que, supuestamente, se había dado la palabra. Una insistencia reveladora, no obstante, porque resultaba evidente que importaba mucho más lo que esta señora estaba denunciando, que el monótono discurso de José María O’kean, el soporífero y moderadísmo profesor al que se suele invitar para aparentar un mínimo pluralismo inexistente cuando el programa acusa excesos de manipulación previa. O dicho de otra forma, cuando se les ha visto demasiado el plumero.

Por lo demás, si alguien pertenece a ese 94% de potenciales espectadores y subiendo que no vio el deprimente show, decirles que no se perdieron nada. Todo sigue igual, con Inda y el resto de paniaguados ‘sistemitas‘ en el mismo lugar y, eso sí, en esta ocasión, tras una semana en la que las críticas les han llovido, con el intento de justificación de su presentador. Una justificación que no es fácil que convenciera ni al que la redactó para que la interpretara Iñaki lópez.

Cuesta abajo y sin frenos.

Por qué el discurso de Meryl Streep es infumable y le alegró el día a Trump por Carlos Prieto

Fuente:http://blogs.elconfidencial.com/cultura/animales-de-compania/2017-01-10/meryl-streep-globos-de-oro-donald-trump_1314385/?utm_source=facebook&utm_medium=social&utm_campaign=ECDiarioManual

Hoy en Grandes Discursos de la Humanidad: ‘Apología’, Sócrates, 399 a. C. ‘Sangre, sudor y lágrimas’, Winston Churchill, 1940. ‘Donald Trump contra Hollywood’, Meryl Streep, 2017. El mundo libre es un clamor: el ‘speech’ de Meryl Streep en los Globos de Oro es la gran pieza de oratoria política de nuestra era, el revulsivo que todos necesitábamos, la soflama que ha puesto en evidencia la impostura de Donald Trump

Aunque hay otra manera de verlo pelín diferente: he aquí un discurso indulgente, elitista y contraproducente a más no poder. Un hito de la impotencia política. Lo progre en modo autoparódico. De todas las maneras posibles de atacar a Trump, que no son pocas, Meryl Streep ha escogido la más necia.

“Todos los que estamos en esta sala pertenecemos a dos de los sectores más vilipendiados: extranjeros y prensa“, arrancó la actriz, que destacó el cosmopolitismo de Hollywood y recordó a algunos de los actores extranjeros de la meca del cine. El trasfondo del discurso de Meryl Streep fue, por tanto, el siguiente: Hollywood es la gran víctima de Donald Trump. Ni los espaldas mojadas, ni las trabajadoras precarias, ni las minorías, sino los indefensos actores multimillonarios como Meryl Streep. ¡Atiza!

E. B.

Pero el momento más penoso del discurso fue el siguiente: Streep asegurando que si todos los extranjeros que trabajan en Hollywood fueran expulsados “solo veríamos fútbol [americano] o artes marciales” (sí, amigos, todos aquellos a los que nos gusta el deporte y las artes marciales somos infraseres culturales). No es difícil imaginar a Donald Trump dando palmas con las orejas tras oír estas palabras: “Gracias, Meryl, por convertir esto en un choque sobre gustos culturales”. Y es que la actriz acababa de resumir en una línea (y sin querer) una de las claves de la hecatombe de Hillary Clinton: la conversión de la pasada campaña electoral en una batalla en torno a las costumbres y los estilos de vida.

Recuerden la cantinela repetida hasta la saciedad durante la campaña en periódicos, redes sociales y programas satíricos de televisión: el votante de Trump es un paleto de gustos estéticos (fútbol, carreras de coches) y políticos disparatados (discurso subyacente: menos mal que estamos los progres urbanitas para salvar los muebles con nuestros gustos culturales sofisticados y nuestras opiniones políticas razonables).

El tufillo elitista de discursos como estos, repletos de superioridad moral, no hace más que reforzar a un Trump que, no lo olvidemos, ganó las elecciones gracias a su perfil ‘antiestablishment’. O lo ‘antiestablishment’ como gran moda política de 2016. Si a usted le resulta incomprensible que un promotor inmobiliario ultramillonario haya podido pasar por ‘antiestablishment’, aquí tiene una explicación: además de sus andanadas contra la globalización, lo que hace ‘antiestablilshment’ a Trump es su enfrentamiento con el ‘establishment’ cultural. La aplastante mayoría de las ‘celebrities’ culturales se posicionaron contra Trump y el Brexit, pero el votante no urbanita les hizo poco o ningún caso porque para ellos las ‘celebrities’ culturales son parte de las malvadas élites; es decir, parte del problema, no de la solución.

2016 fue el año en el que un magnate impresentable, demagogo y xenófobo que no contaba ni con el apoyo de su partido le ganó las elecciones a la gran maquinaria centrista y moderada del partido demócrata. O el hundimiento ante un candidato ridículo debido a la falta de respuestas políticas a la crisis más allá del achicharrado recurso a la batallita costumbrista. Pero parece que el trompazo no ha generado una reflexión sobre la inutilidad política de lo progre en tiempos convulsos: 2017 ha empezado con doble ración de discurso cultural elitista. Y con Trump dando saltos de júbilo.

Artículos de Otros “¿’And the andará’ la indignación? por Jordi Evole”

DOMINGO, 8 DE ENERO DEL 2017 – 18:34 CET

De pequeño me grababa en VHS el especial de fin de año de Martes y Trece, y con los amigos lo veíamos tantas veces repetido que nos aprendíamos los diálogos de memoria. Así nos pasábamos el año hasta el siguiente fin de año. Porque durante mucho tiempo Martes y Trece solo hizo un programa al año (el sueño de cualquiera que haga televisión, menos si eres Ferreras). Ahora mi locura no llega a tanto, pero no me pierdo el programa especial de José Mota.

Este año la trama era de un grupo de políticos españoles que desaparece tras un accidente de avión. De ahí el título: ‘And the andarán’. Como nadie sabe por dónde andan, el Rey reacciona: pide a Mota que suplante a los desaparecidos unos días para evitar la alarma social. Mota imita tan bien al monarca que propongo que lo suplante cada 24 de diciembre en el mensaje de Nochebuena. Nos reiríamos y nos ahorraríamos discursos previsibles que parecen escritos por el partido que gobierna.

Mota se preguntaba ‘and the andarán’ los políticos desaparecidos. Pero hay más cosas en este país que yo no sé ‘and the andarán’. Por ejemplo, ¿’and the andará’ la indignación? A lo mejor también ha desaparecido. Ves los informativos y parece que ya nadie protesta. ¿Ya no hay problemas? ¿Ya no hay crisis? ¿Ya no hay desahucios? ¿Ya no hay recortes? A ver si volvemos a estar en la Champions League de la economía y no me he enterado. De los únicos problemas de los que oigo hablar a la oposición es de los suyos. Ahí están los socialistas: en vez de ser una alternativa al PP, lo que hacen es abrir sedes alternativas. En una misma calle, Ferraz, ahora hay dos sedes: la de los críticos y la oficial del PSOE. Y en Podemos también están dedicados a destruirse entre ellos en vez de construir una alternativa creíble al PP. A este paso, sería más coherente que su próxima asamblea ciudadana cambiara de nombre: en lugar de Vistalegre que se llame Cortosdevista.

¿Y el Partido Popular? Pues sin estudiar mucho, se ha convertido en el más listo de la clase política. Y con diferencia. Entre otras cosas está consiguiendo lo mejor que le podía pasar: que la gente se conforme. Los ciudadanos que hasta hace dos telediarios estaban indignados ahora empiezan a dejar de estarlo. Pero, ¿cómo no nos vamos a conformar si baja el paro, si sube el salario mínimo y hasta hablan de pobreza energética, que hasta hace nada ni existía?

FIESTA DE DESPEDIDA

Y cuando te conformas, los que mandan hacen una fiesta. La fiesta de despedida de tu ilusión para que cambien las cosas. Vuelve la anestesia. Vuelve el conformismo. Me huelo que nos quieren hacer creer que conformarse es ser realista. Y realista es aceptar un trabajo precario porque hay que vivir. Y celebrar las cifras de paro, aunque tú no llegues a mitad de mes. Y me pregunto: ¿’And the andará’ la indignación? Me parece que ni está ni se la espera.

Artículos de otros “Salvador Sabría- autónomos y pocos independientes”

Fuente: http://www.elperiodico.com/es/noticias/opinion/autonomos-poco-independientes-5729257

DOMINGO, 8 DE ENERO DEL 2017 – 19:33 CET

Resulta que Catalunya es una de las zonas de Europa que tiene uno de los mayores porcentajes de trabajadores autónomos. A primera vista podría pensarse que esta circunstancia responde al llamado espíritu emprendedor, a la voluntad de tirar adelante por cuenta propia, a la gran capacidad de iniciativa. Cuando se entra al detalle, el dibujo es mucho más triste. De hecho se trata de otro modelo de lo que podría llamarse nueva explotación laboral o recorte de derechos. Porque lo que sucede es que buena parte del más de medio millón de autónomos que hay en Catalunya lo son solo a la hora de cotizar, sin los mismos derechos laborales que el personal que realiza la misma labor que ellos en la plantilla de una empresa. En definitiva, que se trata de “falsos autónomos”, trabajadores a los que la compañía en la que estaban empleados los ha forzado a plantarse por su cuenta, para ahorrarse así muchos costes salariales.

El Consell de Treball Econòmic i Social de Catalunya (CTESC) ha realizado un estudio para cuantificar y valorar este tipo de empleo en Catalunya y su conclusión de que esconde mucha parte de fraude a los trabajadores ha hecho que la Generalitat se comprometa a incrementar las inspecciones y la persecución de las empresas que apliquen este sistema de rebaja de costes. Aunque, a pesar de las buenas intenciones expresadas por la ‘consellera’ del ramo, Dolors Bassa, de momento han tenido poco éxito a la vista de los datos.

No se trata solo de un caso catalán. La Unión de Profesionales y Trabajadores Autónomos (UPTA) calcula que hay unos 300.000 autónomos dependientes (que solo fabrican o dan servicios para una empresa) que trabajan a diario en España sin ningún tipo de protección. El Gobierno de turno creó la figura del contrato de autónomo dependiente, que incrementa los derechos de este tipo de trabajadores, pero actualmente solo hay registrados 10.000.

Es una de las tantas trampas que esconde el milagro de la reducción histórica del desempleo en España en los últimos años. Otra causa es el uso cada vez más extendido de los contratos temporales para realizar actividades habituales, con el objetivo de evitar el pago de los fines de semana, por ejemplo, o las vacaciones. Hay miles de contratos que duran menos de una semana. En Catalunya, en el 2016 se realizaron entre enero y diciembre casi tres millones de contratos. De estos, solo 376.000 fueron indefinidos y del resto de temporales, más de un millón tuvieron una duración inferior a un mes. Dicho de otro modo, uno de cada tres contratos del 2016 duró menos de un mes. Si a estos datos se les suman suman los de los falsos autónomos, la conclusión es que, si no se actúa, se está consolidando, pese a la recuperación, un mercado laboral cada vez más precario y con menos derechos.