Mentiras al por mayor

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Después de las declaraciones de José María Aznar, el antiguo Presidente del PP., ante la Comisión parlamentaria, que investiga la posible financiación ilegal del Partido, que una vez más ha venido a hacer bueno, confirmándolo, el dicho popular que nos recuerda que “no hay nada más inútil que una Comisión parlamentaria”, ya no nos cabe ninguna duda sobre la citada financiación ilegal y sobre el soberbio empecinamiento del sr. Aznar, que, según él, no tiene que arrepentirse de nada, ni siquiera de su papel de monaguillo con el Presidente Bush, uno de los peores presidentes norteamericanos de los últimos tiempos, solo sobrepasado por el Presidente Trump. Son tantas las inverosímiles falsedades, acumuladas en las palabras del sr. Aznar, que invitó a la escurialense boda de su hija al sr. Correa, inculpado y condenado, al que dice no conocer, que no se las salta un torero, y dichas con esa cara de palo, que se le ha puesto con los años, probablemente por su costumbre de no decir la verdad nunca. Porque, ¿quién es ese J.M., que figura en los “Papeles de Bárcenas”, como receptor de un dinero? Quizá Jacinto Miquelarena, periodista, que ha vuelto del otro mundo a echarle una mano al PP, en el ABC, como es su obligación. O José Martí, que después de muerto ha traicionado los ideales de su vida y ha venido a cobrar el precio de su traición. O el gran pintor Joan Miró, que ha resucitado para cobrar una deuda de un alto burgués, fiel a su Partido. O simplemente Jaume Matas, ducho en engaños, ya imputado y condenado por otro delito semejante, y uno más ¿qué le importa al mundo? Y, ¿quién borró o mandó borrar de los ordenadores del PP, de la calle de Génova toda la información concerniente a la financiación del PP.? ¿Qué mano, suficientemente autorizada, eliminó las pruebas acusatorias? Porque, casualmente, misteriosamente, oportunamente, intencionadamente, felizmente, eficazmente, alguien de la casa, como quien hace la limpieza semanal, se dedicó a suprimir cualquier dato comprometedor sobre la financiación del Partido y se quedó con la conciencia tranquila. ¿De quién fue la idea? Porque no creo que la desaparición de unos datos tan importantes y tan peligrosos, fuera una idea de Dios, que, como todo el mundo sabe, es de derechas y no necesita del permiso del jefe para actuar.    

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El Malagón de hoy: Plazos de prescripción (24/09/2018)

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Sobre el oro

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De todos los elementos de la tabla periódica, sólo el helio y el hidrógeno fueron producidos en la Tierra. El resto de materiales se formó en el espacio. Entre ellos, el oro. El oro necesitó para crearse una ingente cantidad de energía. Se especula que fue el resultado del choque violento y lejano de dos estrellas. Sea como sea, llegó a la Tierra en el momento indicado. Tal vez en la forma de miles de meteoritos. Se estrellaron contra un planeta blando, permeable, y distribuyeron el oro por sus venas, que entonces estaban repletas de jugo. Luego, se solidificó, durmió millones de años. Hasta que fue despertado.

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Pero el oro, en todo caso, no es de este planeta. Por eso no lo comprendemos. No es de aquí. No tiene nada qué ver con nosotros. Crea, así, rostros y expresiones que no son nuestras. Las ves en la oficina bancaria, en la calle, en casa, en el espejo. Son rostros extraños, que nunca jamás hubieran sido posibles sin los meteoritos. Son caras de furia, de ira, de orgullo, de derrota, de no poder entender lo que estás escuchando, caras de una tristeza inaudita, o de una perplejidad que no existiría sin los meteoritos. Nunca fueron nuestras esas expresiones. Y aún no lo son. En cierta manera, llegaron también de fuera, en el corazón de los meteoritos, por lo que tampoco nos acostumbraremos a ellas.

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Como un mensaje divino y cruel y absurdo, el oro vino de los cielos. Es, por tanto, una brutalidad incomprensible.

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Sant Humpty

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1– En Alicia en el País de las Maravillasla única novela de la historia en la que todo el mundo, hasta el autor, es repelente–, se produce este diálogo. Ojo. Cuidadín. Ahí va:

“Cuando yo digo una palabra –afirma Humpty Dumpty– significa aquello que yo quiero que signifique; ni más, ni menos.

-La cuestión es –contesta Alicia– si uno puede hacer que las palabras signifiquen cosas distintas.

-La cuestión es –replica Humpty Dumpty– quién es el que manda, y se acabó”.

2– Hablo con mi gran amigote Pep Campabadal, libertario, y autor del libro CT, o la cultura de la Transición, para el que elaboró un capítulo fantástico sobre los límites de la política en Esp –1978-2011–. Spoiler: los límites son lo problemático. Hablamos de lo que voy publicando sobre La Cosa. Difiere en dos aspectos. Considera –ojo, lo que dice Pep, va a misa–, a) que en Cat no hay un Govern ni un Parlament. Es decir, hay un Govern y un Parlament tan acotado que no se le puede tratar como tal. Y que yo lo trato como tal, en lo que es un error. También considera que b) el Govern hizo lo que prometió, y que eso es la ruptura. Yo, pues no. Creo que emitió propaganda y lógicas internas con vida propia, que han acabado fortaleciendo –al menos por ahora–, al R’78. El hecho de que dos personas que se aprecian y respetan, y tienen lecturas similares de la vida, difieran tanto frente al mismo fenómeno, explica lo embrollado del fenómeno. Un fenómeno en el que las palabras significan cosas distintas en las discusiones, si bien, como siempre, suelen significar, fuera de ellas, lo que quiere el que manda. Que después de un año no exista no sólo un relato nítido de lo ocurrido, sino la capacidad de establecerlo de manera que el relato incluya a consumidores de diversos bloques políticos, explica, por ejemplo, que en Esp y Cat haya sendos Gobiernos, con capacidad de relato. Es decir, de propaganda. Es decir, de fijar “quién manda, y se acabó”.

3– La propaganda, la emisión de palabras demuestran quién es el que manda –“y se acabó”, dice Humpty Sumpty, con más razón que un santo–. Fuera de ella/cuando te ubicas fuera de ella, hace, en todo caso, mucho frío. 

4– Estamos a tope de propaganda en Cat. Un indicativo de que el mundo mundial va lleno de eso. La cosa, en Cat, durará hasta las elecciones de mayo, como poco. Para esas elecciones, ya se saben algunos candidatos. Comuns: Colau, PSC: Collboni, ERC: Ernest Maragall, C’s: Valls –no confirmado, pero como si etc, me dicen–, PDeCAT/Crida/como lo llamen eses día: Pilar Rahola –no está confirmado, pero como si etc, me dicen–. Pinta que la campaña puede ser un diálogo de palabras con dueño/quién es el que manda/se acabó. Al menos, hay profesionales para ello. Es decir, banderita rojigualda –la cat y la esp son rojigualdas, o como se llame– a tope, etc.

5– Josep María Brunet, desde La Vanguardia, ofrece un calendario más completito. El juicio a los presos puede iniciarse en diciembre-enero, y acabar después de las municipales. Posibilidad que acota y amplia este calendario de emisión de propaganda. Socorro. Importante: el juicio va lento porque se sabe que la sentencia final vendrá del TEDH (Tribunal Europeo de Derechos Humanos). Lo que explica la fragilidad del asunto, y lo que se juega la Justicia esp. Y, hay indicios, como no se lo monten bien, de que el TEDH puede hacer trizas la sentencia, y con ello, a la Justicia Esp. Diez años después, glups, de la emisión de condenas firmes de prisión para varias décadas. Sí, Rajoy la metió hasta el cuello, diría. Exempla de ridículo de la Justicia en Europa: no creo que sea tanto la no aplicación de la euro-orden en los exiliados –en Alemania , se la petaron, si bien, en ese trance, no dieron la razón en un solo punto a la defensa–, sino el caso Valtonyc, en el que el juez afirmó que no se trataba de un caso de lo que afirmaba la condena esp, sino de un caso de libertad de expresión. Toma, moreno. Estas cosas cambian la percepción de un Estado en Europa. Lentamente. Tan lentamente que, hace tan solo muy pocos días, la UE endiñó la primera multa a Hungría por política creativa.

6– Bueno. Propaganda. Los ejes son la liberación de los presos políticos, la demanda de un referéndum y, más confusamente, la reivindicación del referéndum como un referéndum ya celebrado el 1-O. Es propaganda. Es un itinerario, antes que un decálogo. Es decir, no es suficiente con afirmar que los presos son políticos y no deberían estar encarcelados, o que debe  haber un referéndum pactado con el Estado. Tres cosas que, aquí el menda, tiene tatuadas en la frente. Sino que son palabras con dueño/debes asumir todo el relato propuesto por el Govern, tal y como te lo sueltan, o eres identificado como yuyu. Otro relato con las mismas afirmaciones, pero con serias matizaciones de lo ocurrido, no incide, en fin, en quién manda/se acabó.

7– La propaganda revolucionaria –“no aceptaremos una sentencia condenatoria”, etc–, se solapa, como siempre, con hechos que ilustran todo lo contrario. Reacción en otros puntos políticos y una cultura similar a la del R’78. Hay, así, diálogo intergubernamental, verbigracia. Precario, confuso. Pero lo hay. Algo imposible hace un año. Así, Maragall se queja de que Artadi habla mucho con el Gobierno. Podría haber un diálogo más frontal. La sensación es que el procesismo no se atreve. Exempla: tras un 11-S revolucionario –en la línea de siempre; una actividad pacífica, con una performance un tanto infantil; un güevo de manifestantes; una ceremonia más autoreferencial que desestabilizadora–, el grupo parlamentario del PDeCAT en el Congreso pactó con PSOE una resolución que reivindicaba el diálogo “dentro de la ley”. ERC anunció que se abstenía. PDeCAT, vía chincken game, pasó luego del boogie. Y eso que el GP PDeCAT es posibilista, no está en la órbita Puigde.

8– La propaganda del Estado es, por cierto, una ruina. Asumible en el interior, erosionadora, en un grado no previsible, en el exterior. Cuesta, en fin, vender en el exterior que la solución a un problema político –o de expresión; en ocasiones pienso que el procesismo, políticas sin políticas, sólo con expresiones y declaraciones, es un pack que debería estar amparado por la libertad de expresión, como debería serlo el rap, por ejemplo–. No es mono, vamos, solucionar esos problemas vía Inquisición. La penalización de la política está repleta de flecos terribles. Exempla: acaban de aparecer mails y chats de jueces opinando sobre La Cosa cat. No es gran cosa. Sus opiniones sobre La Cosa no difieren de las opiniones sobre el 15M y el cerco al Parlament emitidas, en su día, por el Ilmo. y Benemérito Cuerpo de Tertulianos Cat. Pero es que, glups, en nada. Aún así, esos chats son un mal rollete. Vendrán más. Es imposible someter a código penal la política sin despeinarse.  

9– Otro ejemplo de que, bajo el griterío hay ganas de pacto en algún sitio. Los medios más procesistas –radios y tele, si bien algún digital– han iniciado un plan Renove de opinadores, los franco-tiradores de la propaganda por aquí abajo. Han enviado a la jubilación a los post-enfants-terribles unilateraistas y, en su lugar, están poniendo personas más proclives al diálogo. La puesta de largo del nuevo staff comunicativo fue en torno al 11S, la Noche Nueva Cat.

10– ¿Qué es el diálogo dentro de la ley, por cierto? Supongo que una suerte de reconocimiento plurinacional y plurilingüístico del Estado, vía ley. Algo que, en fin, podría influenciar el redactado de la futura reforma consti. Y algo de pasta/financiación. Poco más. ¿Referéndum? Como que no. Y eso que hay mecanismos para hacerlo. Incluso hay mecanismos para que el Estado lo gane por KO, vía ley à la québécoise. Un referéndum, se ganase o se perdiese, es el fin del R’78. Vamos, que no tiene muchos fans en el Estado. Cat, por si sola –se vio el año pasado– carece de la capacidad –incluso, diría, de la vocación– de presión al respecto. Supongo que sólo se celebraría en caso de crisis mayor, que venga por otro lado. Por otro lado –el lado de una crisis económica y democrática mayor– la cosa está malita. Tanto que puede pasar. Vete a saber.

11– TV3 va a toda leche. No sé, la verdad, si iba así el año pasado. En aquel momento la descarté como fuente, y durante el día no paraba, por lo que la vi poco. Este finde, por ejemplo, estos ojos que se han de comer los gusanos vieron como el TN de mediodía se iniciaba con este notición. El exconseller Forn, en la trena, saca libro. Un off afectado leía fragmentos cursis –Gramsci escribe eso y hoy sería el antecesor de Paulo Coehlo, en vez de ser el antecesor de casi todo–, y otros en los que el exconseller se pelaba a ERC. Hala. ERC, en fin, es el pupas. Emite la propaganda al uso pero, a pesar de ello, siempre que pueden, le dan para el pelo. Ironía histórica: a ERC, en el reparto de bienes posterior al pacto post-electoral, le tocó TV3, pero como el Parlament está chapado hasta octubre por un pitote interno entre JxC y ERC no se ha podido hacer el relevo, por lo que ERC no ha podido incidir en el relato desde TV3, el medio más importante para el 48% de la sociedad. Sí, la cultura democrática cat se parece mucho a la esp. O a la guatemalteca.

12– La propaganda, si bien llamativa, está dividida por escuelas. En lo que es un fallo corregido por los medios acólitos –el R’78 esquiva, en fin, lo problemático–. ANC y Òmnium –cercana a ERC–, tienen estrategias diferentes. Si bien cuando les escuchas dicen lo mismo aparentemente, Òmnium va más a medio plazo, mientras que ANC va de unilateralismo. Dentro de ANC, a su vez, hay pitote. El anterior líder –hoy en el trullo– se ha asociado a la Crida –cacharro electoral con el que Puigde se puede comer el mundo electoral del 48% procesista; es la formación o concepto que, de hecho, más encaja con la propaganda emitida–, mientras que su actual líder posee un relato menos oficial sobre el procés, relato que no somete, por otra parte, a prueba en sus discursos. ERC, en este programa de festejos y fechas históricas del año pasado, pone su énfasis en el 3-O –“aturada de país”/paro de país–, mientras que el pack PDeCAT/Crida lo hará con el 1-O. Para ese día, las conmemoraciones también serán un lío. ANC, por ejemplo, apostó por la celebración del día en los municipios. Es decir, en colegios. Con ello, la celebración incidía en quién se jugó el tipo aquel día. Ajuntaments y votantes, a los que, en ocasiones, Piolín les dió –muy bien dados, por cierto– para el pelo. La cosa consistiría en la colocación de placas en colegios, la inauguración de plazas con el nombre de 1 d’octubre, etc. Pero, zas, de pronto la jefatura de ANC parece optar por pasar de los municipios y emitir un acto central y centralizado en la persona de Puigde. Ese pasar de ayuntamientos y coles es otra muestra de que las palabras/relatos ilustran quién manda. Ya veremos.

13– Informa El Periódico, que hay una propuesta a debatir por los all-stars de ANC, por cierto, en la que asumen que el procesismo es una disociación entre declaraciones y actos, piden actos, y piden a Torra que, si no los hace, convoque elecciones para el 21D. Ya veremos lo que hacen al final. A ningún político, en todo caso, le gusta que una asociación le diga lo que tiene que hacer. Por eso Perón jubiló a Evita. Está por ver –literalmente, no es un juicio de opinión–, cómo funcionarían, qué harían, en qué consistirían las asociaciones peronistas cat si se enfrentaran a su Govern. Nunca, de hecho, ha pasado eso en 7 años. Sí ha habido sombras y declaraciones. Poco más.

14– En el momento en el que escribo con un canuto la “o” de la palabra canuto es 20S. El día en el que empezó, hace un año, todo el marrón. Sinopsis. Los hombres G entraron en Economía, practicaron registros y detenciones en un edificio rodeado por manifestantes por horas. Ese día, en fin, se vio que el Estado practicaría la violencia –que perseguiría un referéndum que, todo indicaba a ello hasta aquel momento, sólo seria una protesta–, y que el procesismo daría un paso atrás ante cada paso adelante del Estado, incluso a esas alturas del partido. Por los sucesos de ese día, recuerden, fueron empurados Sánchez y Cuixart –ANC y Òmnium–, bajo el cargo de rebelión, si bien lo que hicieron fue todo lo contrario, sin matices. Ese día, el procesismo dominaba la calle. Si había hambre de gol, ese era el momento. No obstante, al final del dia, los dos líderes se dirigieron a los concentrados, precisamente, para desactivarlos, para que volvieran la casa. Se fue todo-cristo, salvo unos manifestantes, a los que la poli –francamente, no recuerdo si mossos o piolines; encajarían las dos cosas– les dio hasta en los párpados. La policía –cat, esp, o la de Gandhi– no se fundó, en fin, para repartir magdalenas. Sinceramente, y así lo he hablado con algún poli-piolín y alguna autoridad esp, el delito de Sánchez y Cuixart es otro. Se les castiga por una exhibición de poder consistente en subirte en un coche y, mientras se aplicaban a desactivar un movimiento, con total éxito y contrariamente a lo supuesto o declarado anteriormente, sonreír. Es, vamos, una venganza del Estado por ser, durante esos segundos en los que quedó claro que el procesismo no se tiraría a la piscina, los únicos que podían hacer eso. Es, vamos, una venganza. Y no muy elaborada.

15– Mientras escribo, escucho los discursos del acto de conmemoración del 20-S. Queda resignificado. No es el acto descrito en el punto 12, sino un acto épico, de resistencia, democrático, etc.

16- Bueno. Ya les iré informando de las celebraciones de las próximas fechas. Supondrán su resignificación del procés, esa cosa que se irá resignificando durante los próximos 20 años. Hasta la fecha ya se han resignificado las jornadas del 6-S y 7-S del año pasado, un marrón para la creencia de que Cat tiene un carácter democrático innato que tira de espaldas. De manera que el 6-S y 7-S han sido omitidos, elididos, aparcados. Bajo la propaganda, en fin, la realidad transcurre en otro sitio. Y en otros jalones. Diría que, debajo de la propaganda, no viaja el proyecto anunciado por la propaganda, sino el a-ver-si-se-produce-diálogo, y a ver hasta qué punto –notorio o normalito– lo asume el grueso de ese 48%. Sin los sucesos del año pasado emitidos por el Estado –persecución de urnas y papeletas para algo que, sin presión del Estado, sólo hubiera sido una protesta; violencia policial; presos políticos–, no sería tan problemático. Esto, en fin, no va –o yo no lo veo, o aún no lo he visto– de liberar a presos, por otra parte, políticos, ni de pedir un referéndum, ni de una ampliación del concepto democracia. Por ahora va/sigue yendo de que “la cuestión –replica Humpty Dumpty– es quién es el que manda, y se acabó”. 

from ctxt.es http://ctxt.es/es/20180919/Politica/21840/guillem-martinez-postprocesando-Pep-Campabadal-Josep-María-Brunet-presos-catalunya.htm
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Elogio de la leyenda urbana

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Ahora que las fuerzas vivas de internet han comenzado a tomarse en serio la tarea de los desmentidos, ahora que atajar bulos es una modalidad noble de periodismo, permitidme que dedique unas palabras elogiosas al viejo arte de la leyenda urbana. No estoy diciendo, ni mucho menos, que sea permisible la calumnia o que retorcer la verdad merezca ningún aplauso ni recompensa. Al fin y al cabo, todos somos pasto de noticias fraudulentas y nadie está a salvo de contribuir a propagar algún infundio. La información cabalga a velocidad de caballo dopado en un hipódromo y no siempre disponemos del tiempo y los medios para discernir el grano de la paja y lo real de lo ficticio. Miles de historias improbables campan a sus anchas por aire, tierra y agua. Algunas desaparecen y resucitan años después como un Guadiana embustero y juguetón. A menudo solo nos queda confiar en la solidez de la fuente, y ni siquiera así estamos a salvo.

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Quiero dedicar un elogio a la tradición literaria de la leyenda urbana precisamente por su carácter ilusorio, con frecuencia conspirativo, casi siempre consistente y con una impecable apariencia de certeza. Porque la ficción, en una pirueta paradójica, nos proporciona las mejores herramientas para interpretar la realidad. Quienes degustan buenas novelas, quienes aman el cine con algún sentido crítico, están en mejor posición a la hora de desnudar el armazón narrativo que sostiene una mentira o una verdad de medio pelo. Todo el mundo conoce a alguien que desprecia las lecturas de ficción, que descarta las fantasías y asegura demorarse solamente en noticias verdaderas. Juraría que esas personas están más indefensas ante la maquinaria implacable de los bulos y acostumbran a creer a pies juntillas cualquier titular torticero o cualquier cabecera sensacionalista de los telediarios.

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La leyenda urbana violenta el pacto narrativo y nos fuerza a creer hasta la ceguera. Cuando el buen Miguel de Cervantes relata las aventuras y desventuras del hidalgo Alonso Quijano, aceptamos suspender nuestra incredulidad y en el tiempo que dura la lectura no nos atrevemos a poner en duda ni una sola anécdota del manuscrito por muy descabellada que sea. En el segundo libro de El Quijote, nuestro caballero andante accede a la cueva manchega de Montesinos y experimenta un episodio psicotrópico de visiones disparatadas que más tarde explica aún medio hipnotizado al pobre Sancho Panza. Al otro lado del papel, los lectores asumimos esa ficción inofensiva porque en el fondo nos gusta creer que es cierta. Dice Milan Kundera que en el primer libro de El Quijote todos los personajes coinciden en una venta por una mágica casualidad que nadie en sus cabales aceptaría creer. Es el ejemplo, añade, de un tiempo en que la novela aspiraba a asombrar sin más límite que la imaginación. Luego llegó Flaubert y la ficción, por desgracia, empezó a obsesionarse con lo real.

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Hubo un tiempo, aún ajeno a los medios de masas, en que las leyendas urbanas se prodigaban en las plazas y se reproducían de boca en boca con la solvencia renqueante de un teléfono estropeado. El contagio era tan eficaz que cada vez que alcanzaba una nueva víctima, la historia se enriquecía con alguna filigrana, algún pormenor insensato o truculento que engordaba el despropósito. El ingenio colectivo perfeccionaba los bulos e incluso generaba variantes geográficas de modo que todas las culturas a lo largo del mundo han terminado repitiendo las mismas historietas disfrazadas con colores y protagonistas locales. En el éxtasis de la transmisión oral, los cuentos infantiles han desarrollado el aspecto de las leyendas urbanas, muchas veces con el único objetivo de inculcar disciplina o alimentar el insomnio. Qué es, si no, el hombre del saco, que robaba niños quién sabe con qué propósito. Qué es el ratoncito Pérez, el cuento chino de Papá Noel, la trola despiadada de los reyes magos y el castigo del carbón. 

La llegada de la imprenta allanó la difusión del saber pero también multiplicó los bulos. Con el tiempo, los archivos históricos se han ido nutriendo tanto de rigurosas obras enciclopédicas como de libelos inocentes o malintencionados que forman parte inseparable de la condición humana. Ahí está, por ejemplo, la historia de José Bonaparte, hermano de Napoleón, que asumió el encargo de reinar en España después de la invasión francesa. La malicia popular, descontenta con la injerencia extranjera, le atribuyó un alcoholismo que nadie pudo demostrar y el monarca pasó a la historia con el apodo de Pepe Botella. Un conocido panfleto de la época lo retrata ahogado en licor bajo el lema “Cada cual tiene su suerte, la tuya de borracho hasta la muerte”.

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Las leyendas urbanas, aún en el territorio de la estricta oralidad, han medrado en el campo fértil de la adolescencia y han cultivado con acierto el género de terror. Puede ser que en nuestros años tiernos de hormonas alborotadas somos más propensos a creernos todo tipo de patrañas, o tal vez que algunas bolas prosperan con mayor tino en las acampadas nocturnas, mejor si es alrededor de una hoguera y con una linterna iluminando desde la barbilla la cara desencajada del narrador. Repetid tres veces delante de un espejo el nombre de Verónica y la difunta despertará y os hundirá unas tijeras en la yugular. Sentad en el asiento del copiloto a la niña de la curva para que os muestre la cuneta exacta en que murió en un accidente. Buscad la casa abandonada, siempre hay una en cada pueblo, de aquella familia que cayó en desgracia y cuyos espectros aún merodean por las habitaciones en busca de jóvenes intrusos.

Fue por fin con la radio y con la televisión cuando las leyendas urbanas alcanzaron su mayoría de edad y proliferaron como setas indigestas en nuestra rutina informativa. Siempre fueron rudimentarias pero efectivas, como aquel perro hambriento de mermelada y aquel armario cerrado de ¡Sorpresa, sorpresa! donde se escondía Ricky Martin. La historia resultó tan convincente que tuvo que salir la mismísima Concha Velasco a desmentirla en una alocución que ya es historia viva de la televisión. “Hemos sido víctimas de un bulo. Nos han atacado en una especie de locura colectiva, un ataque en el que se hablaba de algo que nunca ocurrió y de protagonistas que nunca han existido. Se ha hablado mucho de eso y nosotros queremos hacerlo hoy, si ustedes me lo permiten, diciendo solo tres palabras: todo es mentira”.

Pero entonces llegó internet, las redes sociales, la vorágine viral de los memes y las invenciones torpes o ingeniosas se reprodujeron como conejos virtuales en interminables cadenas de correos, en powerpoints escritos en comic sans, en imágenes trucadas o en píldoras letales de whatsapp. El bulo de toda la vida comenzó a llamarse hoax, las milongas mediáticas se bautizaron como fake news y el tradicional mentirosismo galopante pasó a denominarse, no sin cierta pompa, la era de la posverdad. Por el camino, cosechamos joyas deslumbrantes y duraderas, como por ejemplo, el ungüento definitivo contra el cáncer que las multinacionales farmacéuticas no quieren que conozcas, el hombre que murió intoxicado con orina de rata al beber un refresco o el messenger que pasará a ser de pago si no reenvías este mensaje a diez contactos. 

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Me gustaría romper una lanza a favor de las leyendas urbanas y de los bulos de medio pelo aunque no esté dispuesto a aplaudir sus estragos. Muchas veces las historias falsas resultan dañinas, intoxican el debate público y alientan mensajes de odio. La culpa, sin embargo, no es del propio relato sino de quien lo fabrica con intenciones aviesas y de quien está predispuesto a morder el anzuelo. Con ese mismo mecanismo hacen fortuna los mensajes simplificados de los grandes medios, las consignas unánimes y prefabricadas que nos invitan a la obediencia y al consumo. Me gustan las leyendas urbanas precisamente porque desnudan ese mecanismo, porque una vez descartada su verosimilitud nos ayudan a diseccionar el engranaje demoledor de las narraciones y por extensión, la dimensión más emotiva e irracional del ser humano.

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Algún día, si el sistema educativo no termina reducido a un apéndice ganancial de las grandes corporaciones, las escuelas nos enseñarán a identificar y a examinar los bulos. Para ser más exactos, nos enseñarán a lidiar con la ficción. Nos ejercitarán en el sentido crítico. Aprender a descifrar la intención de los mensajes. Reconocer que no existen verdades absolutas ni mentiras definitivas sino que convivimos con terrenos movedizos donde se confunden la luz y la sombra. Somos vulnerables a las leyendas urbanas porque nos fascinan y porque sentimos un impulso innato por creer en algo. Nos gustan las leyendas urbanas porque nos gustan las historias, no importa lo reales o falsas que sean sino cuánto estamos dispuestos a creerlas. Podemos desactivarlas, dudar siempre de ellas, pero sobre todo tenemos el deber de comprenderlas. Al fin y al cabo, para descifrar la realidad es necesario conocer bien la ficción.

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‘Prins’ y el drama de la escritura

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El Escritor (protagonista y narrador de Prins), consagrado a la novela gótica, siente que tiene que abandonar su labor. Le ha vencido la fatiga porque la literatura popular es siempre profusa en cantidad y escasa en calidad. No pudiendo revertir la calidad (o solo al precio de abandonar el género), decide atajar la cantidad dejando de escribir para siempre. Enseguida descubrirá que la escritura le daba a su tiempo un espesor particular o, más bien, que era lo único que levantaba acta de la existencia efectiva del tiempo y, por tanto, lo que le permitía organizar la causalidad, la actividad y la continuidad, de las que podemos despedirnos.

Descubre también que lo otro que tiene como Escritor, todo lo demás que puede decir sobre su oficio, es el espacio en el que habita: una casa gótica que compró con el dinero que le dieron sus libros y de donde extrae el material literario. El hecho de que la casa (a) sea parte indisociable de su condición de escritor y la fuente de su escritura y (b) la comprara después de ser ya escritor, sería solo una contradicción si aceptamos las constricciones perceptivas del tiempo, que han quedado en entredicho desde el momento en que Prins comienza cuando el Escritor deja de escribir. Estoy yendo muy deprisa, pero apunto ya la tesis que quiere, no demostrar, sino producir la novela: que el tiempo y el espacio no son solidarios, sino contradictorios y mutuamente excluyentes.

Todavía, de hecho, estamos lejos del presente circular y avariento que, en algún momento, hará coincidir sus límites con los de la casa en su constante devenir castillo, pero el Escritor ya ha dado el primer paso hacia allí al abandonar la escritura que saturaba el tiempo hasta identificarse con él: «Si dejaba de escribir se abría un vacío».

De la misma forma que solo la pintura puede mostrar el trazo que constituye la escritura, solo la novela puede explicar la suspensión del tiempo, que para la pintura es constitutiva. O, mejor dicho, la novela puede actuar para suspender el tiempo aunque esta sea una meta irrealizable; sin embargo, que los tiempos de la escritura y la lectura no puedan coincidir pero dependan el uno del otro (no puedo decir que estoy escribiendo «aquí y ahora» y que sea verdad aquí y ahora) señala esa imposibilidad y, al señalarla, nos permite leerla. Por mucho que el Escritor desarrolle métodos para vivir exclusivamente el espacio (y dejar de habitar el tiempo), su voz seguirá produciendo una novela, que, por su naturaleza, avanza haciendo tiempo

Y esta colisión entre la voluntad del Escritor y la verdad de la escritura anuncia no pocas catástrofes. En Prins, la linealidad causal convoca concentraciones narrativas absolutamente conmovedoras (frases-acontecimiento) que trastocan los principios de organización del relato y obligan al Escritor a intentar explicarlo todo otra vez («La llave está en el centro del opio. Hay que consumirlo todo para liberarla»). En su avance, la escritura fuerza las transformaciones y la acumulación de sucesos que el Escritor tiene que emplearse en intentar colocar por su casa para construir un presente sólido y creíble. La escritura como actividad material, expulsada de la casa, aparece como el agente externo que fuerza la actividad mental (las explicaciones) del Escritor. Y es lo mismo decir que, en Prins, (a) la escritura (como tema novelesco) está dramatizada que (b) la escritura (como acción del novelista) tiene efectos dramáticos en la vida del Escritor; la coincidencia entre las formas de producción del relato y la peripecia narrativa se vuelve sistémica. 

Pero todavía estamos en la página 15, y el Escritor decide que la forma que tendrá de ocupar el tiempo, y que será la clave para abolirlo, es el opio. Antes de eso, Prins sigue pareciendo una novela normal. Con esto quiero decir que respeta un principio sustancial: da por válidas las formas a priori de la sensibilidad; y otro principio subsidiario o técnico: recurre a la evocación, que parte de una línea temporal de referencia y no implica un desplazamiento efectivo en un tiempo espacializado. Evocando, el Escritor nos recuerda su profunda aversión hacia la incertidumbre del sentido, que, cuando escribía, tenía su propia manifestación técnica: el rechazo al uso de sinónimos y la búsqueda obsesiva de términos unívocos. 

El término «Antigüedad» es la prueba perfecta de que el lenguaje es la mejor herramienta para hipertrofiar el presente

Sus pesquisas le indican que el mejor lugar donde conseguir opio es Antigüedad, un barrio porteño. Este término, «Antigüedad», tendrá efectos revulsivos que se concretan con otra evocación con la que el Escritor recuerda su paso por la universidad, en la que acabó abandonando la carrera de Historia al verse vencido por el desafío de imaginar cómo podrían vivirse los cambios de un año a otro en la era antes de Cristo. Desde ese momento, la «Antigüedad» designará, de pronto, (1) un barrio de Buenos Aires, ciudad inmersa en un caos primigenio cronificado y que solo conoce la contemporaneidad, y (2) una masa de tiempo informe que abarca todo menos lo contemporáneo. 

El término «Antigüedad» es la prueba perfecta de que el lenguaje es la mejor herramienta para hipertrofiar el presente. El Ujier vende al Escritor todo el opio de la ciudad, que está condensado en un gran bloque blanco difícilmente manejable, y se ve forzado a ayudarle para llevarlo a la casa-castillo. Cuando llegan, el Ujier revela que no puede regresar a Antigüedad porque «una vez que se salía no se podía volver a entrar». La sospecha del Escritor de que el Ujier «abusaba de la metáfora» tiene un efecto mágico sobre el término, que empezará desde ese momento a denotar a la vez siempre sus dos referentes. «Antigüedad» significa cada vez y simultáneamente dos cosas incomponibles: un tiempo pasado y un espacio presente.

Este triunfo de la escritura sobre las intuiciones puras implica una transformación del verosímil de Prins y de paso denuncia la connivencia del resto de las otras novelas con la realidad, de la que asumen servilmente elementos estructurales. Pero además es el comienzo de una forma de organización del contenido que va a privilegiar la distribución en el espacio por sobre la rampante linealidad impuesta por la escritura/lectura. Queda muy poco para que el Escritor descubra que las imágenes que convoca el opio se suceden a un ritmo que excede y rebasa el tiempo, que revela aquí otra deficiencia. La única solución que le permite asimilar esas imágenes es ordenarlas en el espacio, para lo cual el Escritor elige el orden alfabético, que aparentemente depende del lenguaje, pero que en verdad lo anula al prescindir de los agentes lingüísticos de la temporalidad: los verbos. En una nueva confluencia de lo particular y lo general el opio provoca lo que la novela está haciendo: «la traducción al presente de todo lo que en el estado normal se encuentra en los distintos estados del tiempo».

La preeminencia de lo alfabético-emblemático por sobre lo verbal tendrá rápidos efectos sobre el sistema de la rememoración hasta transformar su sentido y desbaratar su lógica. El Escritor nos habla, por ejemplo, de la otra habitante de la casa, Alicia, la sirviente; Alicia es una antigua compañera de facultad con la que se reencuentra después de muchos años en un autobús y que pasa a trabajar a su servicio. En una página de lustroso melodrama nos cuenta que Alicia «se había dejado vencer por los embarazos no deseados, la bancarrota de los sueños, el cretinismo de la hornalla y la batea». Alicia se subleva contra el relato y denuncia que se trata de una amalgama de vidas dispares, pues el Escritor usa el nombre «Alicia» para todas las mujeres que ha conocido. Por supuesto, esta demanda de individualización no puede revocar el hecho de que «Alicia», como emblema al que una enunciación particular consigue actualizar, pero no singularizar, sea desde ese momento capaz de denotar de golpe sus referentes múltiples. Este nuevo término permite acumular una cantidad enorme de contenido recurriendo, eso sí, a las explicaciones que sean precisas para que el presente no se derrumbe en la inverosimilitud, y rechazando la retrospección o la prolepsis como formas de organizar los flujos del tiempo. 

La estructuración del contenido es espacial, y por eso transforma la casa. Y los movimientos en ella de sus tres habitantes (el Escritor, el Ujier-dealer venido de Antigüedad y Alicia, la sirvienta-amante de juventud) la explican y delimitan. La casa sigue creciendo y las necesidades narrativas, que podrían haberse refugiado en nuevas líneas de relato, fuerzan a abrir nuevas habitaciones. Que el Escritor introduzca estas habitaciones como a) olvidadas y redescubiertas; b) mencionadas por primera vez en la escritura pero quizás siempre ahí, o c) completamente nuevas o aparecidas (por alucinación opiácea o ensanchamiento de la casa) es anecdótico, pues el Escritor se limita a recurrir a las explicaciones disponibles en un Presente todavía en expansión y no le importa seguir usando las lógicas temporales que el vigor creciente del Presente acabará por invalidar. 

Por ejemplo: estamos en un desván donde el sexo con Alicia adopta tintes góticos al asimilar la aparatosa utilería que el Escritor usaba para escribir sus novelas. El imaginario novelesco, que ahora ocupa una estancia de la casa, nos fuerza a concebir la escritura como una tarea de organización parecida a la que se puso en marcha para controlar el flujo de imágenes opiáceas que rebasaban el tiempo. Ejemplo 2: páginas después se abre un sótano donde lo que se hace material es la rememoración (en cartas remotas y malos recuerdos), que exige para efectuarse, no una acción mental y el surgimiento de una nueva línea narrativa, sino descender a un lugar físico que es, en toda su magnitud y en su tamaño exacto, el «infierno de mi sexualidad».

La estructuración jerarquizada de la psique en el freudismo es metafórica, y alimenta una de las metáforas rectoras del pensamiento occidental (lo ascensional), pero aquí ya no; en la casa del Escritor, la metáfora se ha hecho espacio puro y su estructura arquitectónica es ahora la de una alegoría, porque tiene el tamaño exacto y ocupa el espacio justo de lo que representa, hasta sustituirlo por completo (tanto, que es imposible enunciar o explicar qué sustituye). La casa está adoptando los contornos precisos que impone la acumulación progresiva de Presente a la que obliga el avance lineal de la escritura.

Mientras tanto, los efectos del opio han coincidido plenamente con lo que le está pasando a la novela, la novela con lo que le pasa a la casa y la casa con lo que le pasa al espacio en su proceso tortuoso de emancipación del tiempo. Y el tiempo es todo lo que está afuera. De hecho, recordemos, afuera no queda opio porque todo el opio estaba contenido en el gran bloque blanco del Ujier, y, sabemos que no es exactamente por la falta de opio, pero quizás sí por la cadena de coincidencias/sustituciones alegóricas que el opio inició para el Escritor (opio > Presente en expansión > Casa > Espacio > lo otro de lo real > la literatura), pero, sin opio, afuera no se está adensando el tiempo hasta hacerlo perder su textura e invalidar la forma en que organiza nuestra percepción de lo real y, así, lo real mismo. 

Quizás siguiendo la lógica de la mutua exclusión sistémica (si hay opio dentro, no lo hay afuera), se diría que afuera transcurre un tiempo sin espacio; un tiempo medido y pensado exclusivamente en la sucesión de acontecimientos: lo que llamamos lo histórico y/o lo político («la inseguridad, la inflación, las huelgas promovidas por un sindicalismo agresivo, la lucha por la supervivencia»). Mientras la casa-castillo sigue adoptando los contornos del Presente, un Buenos Aires en constante ebullición se hincha y degenera hasta iniciar su propia línea monstruosa de sustituciones alegóricas (lo que pasa > lo político > lo histórico > el tiempo > lo real >…). En términos de peripecia, el Escritor amplía la casa para poder explicarse, mientras que en Buenos Aires esto se convierte en un desbarajuste inmobiliario.

Vean también que lo-otro-de-lo-Real, que es la casa-castillo en la que estamos, adquiere más y más consistencia con cada colapso del verosímil, que anula elementos estructurales y formas de percepción de lo real, que son válidos solo para el exterior y revelan que, al comenzar Prins, los aceptamos demasiado deprisa. Por ejemplo, llegados a un punto, veremos que las leyes de la causalidad son poco más que azarosas fórmulas explicativas: aparatos novelescos y recursos discursivos que el Escritor usa con creciente independencia respecto a la lógica temporal. Por ejemplo: la soledad en que quedó el Escritor cuando se marchó Alicia fue también la «fuerza centrífuga que la había expulsado»; a la Alicia del pasado puede contarle que fue investigador del CONICET mucho antes de que este se fundara si eso le ayuda a hacer más creíble su relato; las reflexiones sobre las distorsiones del presente («que una vieja maldición condenó a ser provisorio y equivocado») a las que le conduce el opio son, a su vez, las mismas que le «llevaron a una conclusión inescapable»: tomar opio. En el Presente, si se hacen los movimientos precisos, todo puede ser efecto y causa de sí mismo.

Pero voy muy deprisa, porque Alicia apenas se ha instalado todavía cuando un día llega a la casa la encarnación más siniestra de lo real-político: dos policías, que vienen a rogar al Escritor que les ayude a encontrar al asesino que anda por ahí suelto matando según los tópicos de la novela gótica. ¿Quién mejor que el Escritor para resolver ese misterio?

Se abren para el Escritor dos líneas de especulación: a) la historia es inventada; los policías son en realidad Alicia y el Ujier disfrazados, que se lo han inventado todo para echarle de la casa; b) la historia es real; los policías vienen de afuera y ese asesino son sus ghost writers, autores de todas sus obras, que cuando él abandonó la labor de la escritura se quedaron sin trabajo, salieron afuera y se dedican a hacer la literatura realidad (o suceso). Colapso de un verosímil particular: el Escritor empezó a tomar opio al buscar una ocupación que sustituyera a la de la escritura, pero ahora resulta que «nunca ha escrito». En el lenguaje impuesto por lo real, puede que mintiera (que sea un narrador poco fiable), en términos arquitectónicos, aún no disponía de materiales narrativos para explicarse mejor («cualquiera que lo haya intentado sabrá lo difícil que es anudar de modo convincente los cabos sueltos que dejan los hechos, sobre todo si los ha dejado la realidad en su transcurso accidentado e imprevisible»); pero este colapso particular tiene también su correlato general: en el tamaño actual del Presente, el Escritor gótico que, al abandonar la actividad comenzó a ampliarlo, puede ser ya un escritor gótico universal, autor de todas las grandes obras del género (para las cuales hay suficiente utilería en el desván), intemporal y como tal ágrafo, para lo cual no puede, ahora (en este Presente), haber escrito nunca.

Y aún se anuncia otro colapso general: (a) y (b) son ciertas a la vez, así que en el espacio caben tesis lógicamente contradictorias. Ambas, además, tienen para él el mismo efecto (lo que las hace ocupar menos): le impulsan a irse afuera y, aunque todavía no va a ocurrir, pueden ir imaginando el precio novelístico que habría que pagar por salir de casa. Antes de eso, el espacio aún se va a ampliar varias veces; en una de ellas, la casa se desdobla en otra casa, un edificio neogótico cuya construcción no terminó nunca, en la que el Escritor está acompañado de Alicia en su juventud (la estudiante universitaria). Aquí el verosímil para ampliar las estancias es más sencillo: el Escritor intenta impresionar a Alicia guiándola por los andamios entre los que se ha instalado; y las estancias le obligan a darle nuevas explicaciones cada vez (entre ellas, por qué tiene embalsamados a los cadáveres de sus padres en una sala; obviamente, para seguir cobrando sus pensiones). Aquella Alicia tiene, a su vez, un propósito, que durante un cierto espacio parece sustituir (alegorizar) las maquinaciones del Escritor: convertir lo cóncavo en convexo.

Al volverse a desplazar a la casa-castillo, el proyecto de conversión de Alicia parece transferir toda la tensión de su imposibilidad a la relación de exclusión mutua entre el espacio/casa y el tiempo/afuera, que amenaza con ser insostenible. Además, la coincidencia entre el opio y el presente es ya exacta, así que las expansiones y conquistas del Escritor dentro de su casa tienen que salir al exterior: la potencia del opio tiene que ejecutarse plenamente… A medida que la casa ha sustituido a lo real, la novela ha avanzado en la abolición del tiempo. Pero que la solución sea avanzar es, claro, un problema, porque la novela misma es un agente de la temporalidad (el efecto de una actividad, el fósil de una escritura), por lo que tiene que ser abandonada, y para eso solo hay un método: que el Escritor (que es quien la cuenta) salga de la casa, que es también la novela. La tarea que va a emprender adopta también una enunciación particular, con la que termina Prins: «consistía en tomar un hecho ya sucedido, en toda la perfección de lo que pasó tal como pasó, y calcar sobre él, o más bien, dado que la realidad es tridimensional, usarlo como molde sobre el que vaciar lo nuevo».

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En una entrevista para El Cultural (25 de abril de 2018), César Aira hacía estas declaraciones: «Las dos categorías mentales básicas son el espacio y el tiempo. El espacio es la categoría feliz: uno vive, camina, respira, ama, come en el espacio; el tiempo, en cambio, es la categoría triste porque es donde envejecemos, morimos». No hay duda de que Prins está escrita para que seamos felices.

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“No tenemos ninguna relación con el Ibex. Es un infundio”

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A tenor de su biografía, Juan Carlos Girauta (Barcelona, 1961) ha dado tantos tumbos políticos como vitales. Abogado, rockero, doblador de películas, columnista… Esto último duele bastante porque en algún lugar he leído que se sacaba una pasta juntando letras y un servidor es muy envidioso y bastante pobre. También he sabido que en algún momento fue doctorando, aunque tuvo el buen criterio de no ponerlo en su currículo. 

El bloqueador de Twitter más rápido al oeste del río Pecos no es tan fiero en persona. Si uno fuera un buen periodista le hubiera preguntado si la lámina de ‘El abrazo’ de Genovés que cuelga en su despacho del Congreso es anterior a los arrumacos de Albert Rivera con Pedro Sánchez o consecuencia de ellos. Girauta cree que habrá elecciones lo más tardar en marzo del año que viene y que lo de pactar para Ciudadanos forma parte de su cultura. Conocerán la frase de Simone de Beauvoir: “Es lícito violar una cultura con la condición de hacerle un hijo”. Con eso está todo dicho.

¿Qué es más importante en política? ¿Los principios o adaptarse a las circunstancias y surfear las olas de las encuestas?

Hay una política en la que se puede jugar a surcar bien las olas pero no es la que me interesa. Arriba de la jerarquía coloco los principios. Sin ellos, ¿para qué hacemos política? 

¿Es injusta por tanto esa etiqueta que les tilda de veletas, de cambiar de opinión y de valores según les conviene?

No considero que la adaptación a la realidad sea un defecto.

Pero es que ustedes no dejan de adaptarse. Le pongo el caso de su pronunciamiento solemne de no apoyar nunca un Gobierno de Mariano Rajoy…

Es un ejemplo vistoso. Yo como portavoz he asumido el coste de ese discurso. Pero tiene su lógica. Dijimos que nunca bajo ningún concepto íbamos a apoyar al señor Rajoy y nos encontramos con que el PP gana las elecciones y vamos a unos segundos comicios en los que es el único partido que sube y todos los demás bajamos.  En unas terceras elecciones, el PP habría seguido subiendo –era nuestra convicción– y todos los demás hubiéramos bajado. El proyecto de Ciudadanos se podía haber ido ir al garete por una sucesión de infortunios que tienen que ver con la imposibilidad de formar gobierno.

Es decir, que apoyar a “quien cobró de Bárcenas”, como se referían entonces a Rajoy, era para C’s una cuestión de supervivencia.

No. Fue una cuestión de aceptar un Gobierno del PP con más votos todavía, quizás con mayoría absoluta, o ceñirlo con un acuerdo de investidura. Esta última fue nuestra opción. Hay un componente en la política que no se puede negar: el realismo, el sentido práctico. Al final, sujetamos a ese Gobierno, y conseguimos introducir en dos Presupuestos Generales del Estado algunas políticas que para nosotros eran cruciales. Con una parte del acuerdo que era la regeneración pudimos insistir una y otra vez, y el día de la sentencia de la Gürtel dimos el acuerdo por roto y dijimos que Rajoy se tenía que marchar. Cuando vimos que en la parte de regeneración nos estaban tomado el pelo, rompimos con el PP.

Se les acusa de ser el partido del Ibex. ¿Cuál es la relación del partido con el mundo del dinero y las grandes empresas?

Ninguna. Es un infundio, un cliché insistente que conviene a alguna gente.

El dinero mueve montañas y también principios. Le recuerdo cómo justificó Albert Rivera la alianza de Ciudadanos con Libertas, esa plataforma eurófoba y bastante xenófoba, en las Europeas de 2009: “Cuando se pone encima de la mesa esa cantidad de dinero, te lo piensas”.

¿Pronunció esa frase?

La pronunció.

No sé el contexto pero no me imagino a Albert Rivera diciendo una cosa así. Ahora bien, lo que sí puedo explicar respecto a la decisión de acudir con Libertas es que mi entrada se produce después de esas elecciones con una reflexión de Albert Rivera reconociendo el error y el principio de una nueva etapa. Recuerdo una reunión con Francesc de Carreras pegando un chorreo a la ejecutiva del partido sobre el dislate que había cometido. No he visto en muchos partidos semejante autocrítica. Es bueno reconocer cuándo uno ha metido la pata. 

De ese error quizás sea el origen de otras acusaciones que se les hace: que son un partido de ultraderecha y neofascista.

No. Eso viene, en el caso de Cataluña, de la identificación del nacionalismo con lo bueno, y la de quien se enfrenta al nacionalismo con el estigma de la extrema derecha. Me sabe mal decirlo porque es un tipo que me cae bien pero Josep Piqué, cuando era presidente del PP en Cataluña, recibió la aparición de Ciudadanos tildándolo de extrema derecha. Hay un cierto marco mental, un cierto prejuicio, que es completamente absurdo. Fíjese usted si no hay jacobinos en el PSOE o si no hay un sentido de la nación en Paco Frutos, que fue secretario general del PCE. En Cataluña el ambiente está tan sesgado y todo se distorsiona tanto que plantarle cara al nacionalismo se interpreta como extrema derecha. 

¿Dónde está Ciudadanos? ¿En el centro, a la derecha, a la derecha del PP?

Somos un partido liberal progresista. Hombre, a  la derecha del PP hay poca cosa.

Está Vox.

Esta Vox, sí.

Esta frase es suya: “No sabría decir qué nos separa de Vox”. ¿Sigue sin saber qué les separa?

Lo sé perfectamente. Vox fue creado por Alejo Vidal-Quadras para unas elecciones europeas y después se marchó. Alejo es un señor que plantó cara al nacionalismo, que fue parte del PP y que es un liberal conservador. Montó Vox, entre otras razones, porque no quería seguir en el PP.

Yo no diría que Vox es ultraderecha porque nunca uso esa expresión. Es una derecha muy derecha. 

Y porque el PP le fulmina.

Después de que él les critique durante años de manera continuada. Vox era un partido a su medida. Luego otros personajes dentro tomaron más poder y el propio fundador hubo de marcharse. En un momento dado, con Vidal Quadras y un partido cuya definición ideológica era la que tenía él, pues lógicamente digo que no sabía qué nos diferenciaba. También lo dije de UPyD. Hay que situar la frase en su contexto. Aquel partido no es el de hoy. 

¿Entonces Vox es la ultraderecha?

Yo no diría ultraderecha. Es una derecha muy derecha. ¿Con ultra sabe lo que pasa? O se lo aplicamos a todo el que está muy allá o no se lo aplicamos a nadie. Si usted le quiere llamar ultraderecha hablaremos de ultraizquierda para referirnos a Podemos. Yo nunca uso esa expresión. 

Usted dice que fue maoísta, antes de ser afiliado primero del PSOE y luego del PP. ¿Acabó en Ciudadanos porque se presentó a tres elecciones como candidato del PP sin éxito?

Yo fui candidato del PP por piedad. Una vez porque Alicia Sánchez Camacho me pide el favor de que la asesore en una campaña de unas autonómicas en las que ella va de número uno por Gerona y me pone de cuatro sin posibilidades de salir. Y se lo hago, viajando diariamente a Gerona durante un mes y pagándolo de mi bolsillo. Luego vienen unas generales y se me pide que cierre la lista en Gerona, y vuelvo a aceptar. Ciudadanos aún no existe. Finalmente, llegan unas municipales y uno de los amigos que hice allí me dice que me pone de relleno en la lista de Castelló d’Empúries. Es decir, les hago un favor las tres veces. Pues bien, el PP me lo echa en cara 14 años después. Una gente que está apestada en ese momento en Cataluña, que en Gerona tiene las peores opciones y tiran de mí y me usan, al correr de los años me lo afean.

Aznar ha pedido un reagrupamiento del centro derecha. ¿Es viable una fusión de PP y Ciudadanos?

No. Eso no va a pasar nunca porque además no es sano. El PP de Aznar fue un partido que aglutinó a todo lo que no era izquierda y ese fue su éxito. Pero es muy anómalo. Sucede después de 14 años de felipismo y de los escándalos diarios del final de ese período. Nosotros no somos de izquierdas porque somos liberales, liberales progresistas, y tenemos nuestro espacio. El PP es un partido de derechas, conservador, que tiene dentro un abanico de dirigentes con sus matices.

Nunca habrá una fusión de Ciudadanos y el PP. No sería sano. 

Le leo otra frase suya: “Esperanza Aguirre es un referente para los liberales estén en el partido que estén”. ¿Sigue siendo Aguirre uno de sus referentes?

Lo fue, sí. ¿Por qué? Pues porque no había muchos más liberales. Esperanza Aguirre jugó ese papel en su momento, pero es que ha habido una transformación brutal. Un liberal gobierna en Francia y en Europa estamos a punto de tener un Partido Liberal Europeo donde mandan los países mediterráneos. Si el liberalismo cuaja, como ahora mismo va cuajando en países muy grandes, estaremos ante un fenómeno nuevo, con mucha gente y muchas voces –algunas procedentes de la izquierda– que se han desplazado al espacio liberal. 

Esperanza Aguirre fue uno de mis referentes en una época en la que no había muchos más liberales

¿Cómo es su relación con Albert Rivera? Se lo pregunto porque no hace mucho se dijo que no se dirigían la palabra.

Fantástica. Le doy mi palabra de honor de que aquello era completamente falso.

¿Fue una casualidad que Rivera exigiera a Pedro Sánchez en el Congreso que hiciera pública su tesis y al día siguiente el ABC publicara que estaba llena de plagios? ¿Han participado ustedes en la fabricación del escándalo?

El escándalo es mayúsculo pero no ha habido ninguna coordinación. Sucedió algo muy grave, y eso no era por la tesis de Sánchez sino porque el Gobierno vetó una ley por primera vez. Y esa ley tenía que ver con la transparencia universitaria y, lógicamente, a nosotros, que tenemos una fijación con la cuestión de la Educación, nos indignó. Queremos erradicar esos cenáculos universitarios, las camarillas, las endogamias y las oscuridades de sus tribunales. Uno de los puntos de nuestra ley de Transparencia era la obligación de que los trabajos de final de carrera, de final de máster y las tesis fueran públicos. El día antes de que Rivera dijera eso en el Congreso yo conté a la prensa que la tesis de Sánchez era muy misteriosa.

No nos coordinamos con el Abc para ‘fabricar’ el escándalo de la tesis de Pedro Sánchez

Pero ahora se acabó el misterio…

Ahora es cuando se produce el escándalo. El presidente de la empresa de software que detecta los plagios ha afirmado que a él le sale un 21% de coincidencias. Nosotros no somos jueces, pero lo que decimos es que en un país pulcro y democrático un presidente o un ministro que ha plagiado una tesis tiene que marcharse. 

Y también los que han falseado un currículo, como ustedes mismos se autoimponen.

Los plagios de las tesis tienen que ver con un estado de la Universidad. Que haya sido posible que en tu tribunal de tesis hayas colocado a amigos que se sacaron la tesis el año anterior, que los materiales procedan de otro amigo que está en el Ministerio de Industria, todo eso conforma algo, que es contra lo que nosotros luchamos. Cuando Albert Rivera saca el asunto no lo hace en su primera intervención sino después de que preguntara por el veto y el presidente del Gobierno se pusiera agresivo y se mofara de nosotros. Mintió y dijo que la tesis estaba colgada en Internet y perdió los papeles. Y después nos amenaza el ministro Ábalos con su “quien me busca me encuentra”, como si estuviéramos a la puerta de una taberna. Eso no se puede acabar aquí. Sánchez tiene que dar explicaciones. 

¿Les ha explicado Carina Mejías, la principal dirigente de Ciudadanos en Barcelona, por qué su currículo era falso?

Ha contado que su currículo estaba bien en la web del partido y en su perfil de Linkedin. Y que estaba mal en la web del Ayuntamiento porque una persona, que ya no trabaja en el partido, lo introdujo así.

Y le han creído, claro.

(Silencio y gesto).

¿Su objetivo con la denuncia sobre la tesis era conseguir que Pedro Sánchez convocara elecciones cuanto antes?

No hay relación causa-efecto. Estamos pidiendo elecciones anticipadas desde antes de que llegara a la presidencia. Al margen de las meteduras de pata, antes incluso de que pudiera empezar a equivocarse, Sánchez estuvo rogando a Rajoy en la moción de censura que dimitiera para retirarla. Luego dice que quiere la presidencia para convocar elecciones. Eso era lo lógico cuando se tienen 84 diputados y te tienes que apoyar en todo lo que no es constitucionalista en el Congreso para mantenerte. En ese todo está Podemos con su proyecto populista bastante más a la izquierda que el PSOE; hay dos partidos que están metidos en un golpe de Estado –ERC y los convergentes-; y tienes hasta a Batasuna. Debes complacer a un mosaico alarmante. ¿Es legal? Sí. ¿Legítimo? Sí. ¿Tenemos derecho nosotros a decirle que se vaya porque estamos en mitad de un proceso que vuelve a repetir el golpe contra la democracia y que además obliga a depender de un señor que quiere gastar masivamente y que nos quiere subir los impuestos cuando empieza la desaceleración? Pues también.

Hablando de Podemos. ¿No se sentaron ustedes con ellos cuando sus votos eran imprescindibles para materializar su pacto de Gobierno con el PSOE? ¿No suponía entonces una hipoteca?

Nos sentamos una vez con Podemos, pero no para pedir sus votos. Nosotros ni intervinimos.

Era obvio que se trataba de pedirles el voto.

Estuve en esa única reunión. Sólo habló el PSOE. Se les enseñó el documento del pacto de Gobierno y se les preguntó si tenían algo que añadir.  Y ellos dijeron: “Para que Pedro Sánchez sea presidente lo primero que vamos a hacer es romper este acuerdo; después vamos a decidir cómo nos repartimos el Gobierno porque aquí nos estamos delante de las cámaras y el poder es el poder”. Y los socialistas, no nosotros, les dijeron que el pacto era ése.

Un pacto que sólo hubiera salido adelante con los votos de Podemos.

Por eso les decían que lo votaran y que si no gobernaría Rajoy. ¿Y qué escogió Podemos? Que gobernara Rajoy. Esa es la prueba de que no hubo ningún acuerdo con Podemos.

Le insisto. ¿No habría sido una hipoteca que Podemos hubiese apoyado aquel pacto?

No hay ninguna hipoteca en la medida en que no se comprometió nada con Podemos. La prueba es que prefirieron que siguiera Rajoy. 

¿Y ustedes no prefirieron que siguiera Rajoy votando no a la moción de censura?

Eso no es justo. Nosotros hicimos con el PSOE un pacto de Gobierno y con Rajoy un pacto de investidura. Nuestra confianza en ese momento era mayor hacia el PSOE que hacia el PP. Y debo decir que, a pesar de que ahora los puentes están rotos con el PSOE, hubo una época en la que nos entendimos muy bien y que en todas las áreas había un espacio común enorme. Aquel PSOE no era este PSOE. 

Un pacto de Gobierno en el que Rivera iba a ser vicepresidente…

De eso no se habló jamás.

¿Está usted seguro?

Jamás se habló de eso.

Ahora que parece han sumado al PSOE a su aspiración de eliminar los aforamientos, ¿es compatible eliminar este privilegio y mantener que el Rey siga siendo inviolable?

Nosotros planteamos eliminar el aforamiento de los políticos porque creemos que es lo que  tiene más relación con la corrupción. En el clamor de regeneración que hemos detectado y articulado, hay un amplio rechazo a que los políticos seamos tratados con ese privilegio.

Pero es que el Rey puede atropellar ancianitas en un paso de cebra sin que le ocurra nada o disfrutar de las bondades del secreto bancario suizo, aunque sea por tradición familiar.

Podemos discutir eso, pero si sacamos el comodín del Rey cada vez que hablamos de reformar algo en la Constitución no la reformaremos. Si se toca el Título II de la Constitución, que es de la Corona, hay que ir por la vía de la mayoría reforzada del artículo 168, disolver las Cortes, volver a aprobarla por mayoría de dos tercios y someterla a referéndum. Si te sacan al Rey lo que te están diciendo es que no quieren reformar nada. Empecemos con esta reforma y hablemos luego de todo lo demás.

Si sacamos el comodín del Rey cada vez que se habla de reformar la Constitución, jamás lo haremos 

¿La única solución para Cataluña es aplicar un 155 duro y meter en la cárcel a los independentistas o eso es lo que más les conviene a ustedes electoralmente?

Yo nunca diré a quién hay que meter en la cárcel o a quién no. Del tema cárcel, lo que digan los jueces. Por lo que respecta al otro punto y después de la experiencia que ha habido, me parece que es necesario un 155 que se extienda a los Mossos d’ Esquadra, a TV3 y a Catalunya Radio y que controle bien las cuentas de la Generalitat.

¿Indefinidamente?

No, durante el tiempo suficiente.

¿Qué es el tiempo suficiente?

El tiempo suficiente es no decirle a los golpistas y a sus adláteres que van a ser 50 días u 80. El PP permitió durante la aplicación del 155 que los lugares físicos donde estaba el gobierno de la Generalitat estuvieran tomados por simbología separatista. El problema se ha visto luego. Ha pasado el 155 y se vuelven a abrir embajadas, TV3 sigue siendo una máquina de propaganda separatista, la Generalitat sigue diciendo que va hacia la independencia, se sigue tratando a Cataluña como si fuera sólo de los independentistas y los demás no existiéramos, y el Parlamento continúa cerrado. En nuestra visión de las cosas –y de Cataluña algo sabemos porque nacimos ahí– es la hora de un 155 que se extienda a los Mossos y a TV3. 

Existe el riesgo de un enfrentamiento civil en Cataluña

¿Hay riesgo de enfrentamiento civil?

Hay una quiebra de la sociedad catalana muy profunda, sí, y en el ambiente existe ese peligro. 

¿Y no contribuye a aumentar ese riesgo su campaña de retirada de lazos?

Esa pregunta es comparable a quien le dice a una mujer maltratada que no agrave su situación denunciando porque la pegarán más. Nosotros no podemos ser ciudadanos de segunda. No lo hemos aceptado cuando teníamos tres diputados ni lo vamos a hacer ahora que somos el partido más votado de Cataluña. Nos corresponde articular la formulación constitucionalista de la ciudadanía catalana. Eso no quiere decir echar a los otros del espacio público; quiere decir que los espacios públicos no son suyos y que los edificios de la Administración son neutrales. Aquí ni una broma, ni un lazo, ni un cartel.

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La Boca del Logo de hoy: Congreso de los Imputados (22/09/2018)

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