El Boca del Logo de hoy: Actualidad (23/11/2017)

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Lisboa pelea contra la gentrificación

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Desigualdad, injusticia, pobreza extrema, cambio climático. Los problemas a los que se enfrenta el mundo desde hace décadas siguen tan presentes como siempre. Ni los Objetivos de Desarrollo del Milenio de 2000, ni los discursos de jefes o ex jefes de gobierno ante cientos de delegaciones extranjeras, los premios Nobel de la Paz o los documentales de Al Gore, nada ha conseguido cambiar la jerarquía de dificultades a las que se enfrentan las sociedades modernas, desde las más ricas hasta las más pobres. Ahora, pasados más de dos años desde que, en septiembre de 2015, unos 150 jefes de Estado de todo el mundo aprobaran la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible (heredera de los Objetivos del Milenio), parece un buen momento para detenerse y hacer caja.

La Agenda 2030 se trata de un plan global, como no podía ser de otra forma viniendo de la ONU, con unos objetivos, una vez más, universales y de alguna forma homogéneos. Claro que, igual que le sucediera a su antecesor, los objetivos recogidos en la Agenda no consiguieron el estatus de jurídicamente obligatorios. Aun así, parece que esta nueva agenda pretende simplificar y afianzar el futuro de nuestras sociedades en tres grandes problemáticas: la sostenibilidad económica, la social y la medioambiental. 

En Lisboa, al hablar de sostenibilidad resulta difícil no hacerlo de gentrificación. Por cierto, que ya va siendo hora de que la RAE se pronuncie y nos ilumine con un término para designar este fenómeno a los castellanoparlantes. Nos van a echar a todos de nuestros barrios y no vamos a saber cómo insultar al culpable con una palabra patria: gentrificación, turistificación (aunque ésta no incluiría los barrios que, como en la madrileña Malasaña o el East End de Londres, el desplazamiento no es sólo culpa del turismo), elitización, desalojo a secas, lavanderización (como señaló José Mansilla en un artículo para El Diario, refiriéndose a la apertura de negocios tradicionalmente fuera de la lógica de la ciudad, como las lavanderías en Barcelona). En cualquier caso el proceso parece implacable, y en Lisboa aterrizó con una profundidad y una rapidez que pocos esperaban. 

Aquí estamos todos boquiabiertos, incluso los que han salido ganando con este proceso de modernización, aceleración, monetización y temporalización de muchos aspectos en la vida de los residentes en la capital. Los desalojos indiscriminados tanto de residentes como de comercios, sobre todo en barrios céntricos como Mouraria, Alfama, Santa Catarina o Anjos, no fue un problema temporal de la crisis económica internacional.

El procedimiento es sencillo: señor con cartapacio y boli se acerca a un céntrico edificio de paredes desconchadas; señor, a sueldo de un grupo inmobiliario, hace preguntas en el vecindario y confirma la posibilidad de negocio; grupo inmobiliario compra edificio; residentes del edificio tienen preferencia de compra, pero no capacidad; residentes no consiguen financiación de los bancos en los –cortos– plazos que da la ley para conseguirla; grupo inmobiliario se hace con la propiedad del edificio entero; grupo inmobiliario planea la reforma del edificio y en dos o tres meses el inmueble se vacía de inquilinos y se llena de obreros y maquinaria. En uno o dos años el edificio estará listo para los nuevos inquilinos, muchas veces extranjeros adinerados que sólo pasan uno o dos meses al año en estos nuevos apartamentos de lujo.

Aquí ya se habla de bullying inmobiliario. Parte de la culpa la tiene la propia Cámara Municipal (Ayuntamiento), que actúa más como un mero agente inmobiliario que como un gestor de barrios, vendiendo parte del patrimonio inmobiliario y guardando el resto sin usar para futuras ventas. En el barrio de Alfama, el 25% de las viviendas son usadas para alojamiento turístico, según las conclusiones para el Instituto de Geografia e Ordenamento do Territorio (IGOT) de la investigadora Ana Gago. Según declaró Ana Gago el pasado 17 de noviembre al diario local lisboeta O Corvo: “es imposible saber con seguridad cuántas personas han tenido que salir de Alfama o de cualquier otro barrio, porque no hay ninguna herramienta de cálculo para estos casos. Ni siquiera en los censos nos dan una respuesta”.

Según el Balcão Nacional do Arrendamento (Portal Nacional del Alquiler), el año pasado se decretó el desalojo de 1.931 familias en todo el país, casi el doble de los datos recogidos en 2013. Para las asociaciones de defensa de la vivienda, el número real de desalojos es bastante superior al contabilizado, ya que aún hay muchísimos casos estancados en los tribunales. 

Por supuesto hablar de habitabilidad y sostenibilidad en las ciudades no es posible si no existe una población urbana estable, y no esporádica, como está ocurriendo en algunos barrios de Lisboa invadidos por la lógica del sector turístico. Y es éste, sin duda, el problema más urgente a que se enfrenta la capital de Portugal. 

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Sólo en la Baixa de Lisboa existen 52 tiendas de souvenirs, todas con exactamente el mismo género de merchandising.

“> Sólo en la Baixa de Lisboa existen 52 tiendas de souvenirs, todas con exactamente el mismo género de merchandising.

Sólo en la Baixa de Lisboa existen 52 tiendas de souvenirs, todas con exactamente el mismo género de merchandising.

En este sentido, Luís Mendes, profesor e investigador en el Instituto de Geografia e Ordenamento do Território de la Universidade de Lisboa, asegura que “nadie hablaba de vivienda hace 5 años, aún diría que hasta hace dos años. Cuando se habla de turismo frente a habitabilidad, se habla del medio ambiente, se habla de economía, pero no se habla de la sostenibilidad social, que básicamente es permitir a las comunidades y a los barrios mantener su red de identidad y sociabilidad. Los territorios que tienen más éxito, en todos los niveles, son territorios resilientes, es decir, que pueden mantener viva su identidad”. 

Parece inevitable sugerir la idea de que, a diferencia de los grandes movimientos del siglo XX, donde se buscaba la acción prodigiosa, la batalla de todas las batallas que iba a solucionar todos los problemas mundiales de una vez y para siempre, el siglo XXI nos ha traído una visión más costumbrista de la realidad. En Lisboa, “accionado por una serie de mecanismos de atracción de inversión extranjera, y también por el propio viraje neoliberal en las políticas, nos lanzamos a la búsqueda internacional de una élite que podríamos denominar élite capitalista transnacional”, asegura Mendes. Una descentralización hacia fuera, la falta de habitabilidad y el momento en que “la vivienda dejó de ser una necesidad social y colectiva para tornarse en un buen financiero”: éste parece ser el enemigo que está detrás de todas las dificultades en el camino hacia un desarrollo sostenible en Lisboa.

Desde el “no nos representan” de las asambleas ciudadanas en España hasta los movimientos artísticos del Do it yourself, la economía compartida, los huertos comunitarios y la soberanía alimentaria, el nacimiento de monedas locales, la medicina complementaria, la democracia participativa o la filosofía del decrecimiento, todo apunta a una tendencia hacia el reempoderamiento de las personas y de los barrios. En definitiva, que la sostenibilidad económica, social y medioambiental pasa inevitablemente por una mayor autogestión. Y Lisboa no es una excepción, aún al contrario, como afirma Luís Mendes, “en los últimos cinco años está creciendo un movimiento asociativo de lucha por el derecho a la vivienda, y que a su vez se están congregando en movimientos de mayor escala con mucho peso mediático”.

En efecto, a pesar de la presión inmobiliaria que pugna por expulsar a estas asociaciones de sus sedes en los barrios más céntricos de la ciudad, discriminadas de forma natural por el hecho de que la capital “está siendo un aliado para estas geografías de finanza global”, existe ahora un movimiento social histórico y único en Lisboa. “Entre ellos está Morar em Lisboa (Vivir en Lisboa), del que formo parte (además de otros 30 investigadores y 40 asociaciones)”, afirma Luís Mendes, “y que, con una carta abierta firmada ya por más de 4.000 personas, consiguió colocar el derecho a la vivienda en la primera línea de la agenda política”. Según el investigador, “en Lisboa la industria turística se alía a la industria inmobiliaria creándose sinergias que las fuerzas de inversión canalizan hacia el alojamiento turístico, en detrimento de la vivienda habitacional”. 

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Asociaciones como Mora em Lisboa o Lusitano Clube (en la foto) son necesarias para dinamizar la vida de los barrios.

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Asociaciones como Mora em Lisboa o Lusitano Clube (en la foto) son necesarias para dinamizar la vida de los barrios.

Como ha ocurrido y está ocurriendo en otras ciudades como Barcelona, Londres, Berlín, París, etc., etc., “este modelo llegó en un momento en que el país estaba viviendo una crisis en el modelo capitalista, y en su momento resultó muy importante para garantizar la supervivencia de muchas familias. Lo que está ocurriendo ahora es diferente, ahora estamos en un momento de concentración de la propiedad, basta con analizar un poco la plataforma Airbnb”. Revertir, canalizar o aprovechar este proceso para los residentes es el reto al que la economía social, innovadora e inteligente tendrá que enfrentarse.

Desde hace unos cinco años, los ingresos por el turismo y la inversión extranjera que dinamiza el mercado inmobiliario han revolucionado por completo los procesos de desarrollo de la ciudad. Y lo cierto es que se han dado pasos para revertir estos ingresos en beneficio de los residentes. Uno de ellos ha sido el de poner a disposición de la ciudadanía parte de estos ingresos, ceder cierto grado de decisión en momentos y circunstancias concretas. Se trata de lo que aquí se conoce como orçamento participativo (presupuestos participativos). 

Lisboa fue la primera ciudad europea en implementar unos presupuestos participativos, cuando los lanzó por primera vez en el curso 2007/08, y hasta hoy la iniciativa se ha extendido a 27 gobiernos locales

Lisboa fue la primera ciudad europea en implementar unos presupuestos participativos, cuando los lanzó por primera vez en el curso 2007/08, y hasta hoy la iniciativa se ha extendido a 27 gobiernos locales y 4 juntas de freguesia (órganos de gobierno de barrios) de todo el país. Este año, la Câmara Municipal de Lisboa (gobernada por el Partido Socialista y el Bloco de Esquerda, una especie de versión local del pacto de gobierno nacional que mantiene al socialista António Costa como Primer Ministro), ha puesto a disposición de los ciudadanos 31 millones de euros para proyectos de decisión por voto. El 4% del total de 775 millones que la Câmara tiene de presupuesto para 2018, muy por encima de, por ejemplo, los presupuestos participativos de Madrid, cuyos 100 millones destinados a la ciudadanía en 2017 sólo significaron el 2.1% de los 4.700 millones del presupuesto total. Piscinas en la ribera del río Tajo, ciclovías, centros de actividades, creación de puntos limpios, restauración de cines míticos de la ciudad. Incluso un gran jardín en la freguesia de Penha de França, que el año pasado dio la campanada al ganar en votación contra el proyecto de construcción de un parking de estacionamiento. Todo un logro de la presión vecinal.

Aunque no todos opinan que los presupuestos participativos sean un bálsamo tan eficaz. Luís Mendes tiene una visión crítica ante estas iniciativas. “En este momento, aunque la democracia representativa está asumiendo en los últimos años formas muy populistas y muy asustadoramente reaccionarias, estas formas de democracia participativa (entre las que incluyo los presupuestos participativos) no están dando respuesta a las exigencias de los electores. Creo que de cierta manera no es estructural, y la única forma de que consigamos alterar la realidad es por la vía de la ley y del Estado, desde el punto de vista de la democracia representativa”. 

Lo que sí es cierto es que se trata de una buena herramienta para dar visibilidad a áreas tradicionalmente olvidadas por la Câmara Municipal y los grandes focos mediáticos, zonas y barrios que pocas veces son mencionadas como polos de inversión o de importancia en la planificación urbana. 

Por otro lado, para bien o para mal, la democracia participativa da cierta sensación de comunidad a los residentes, una sensación que en estos momentos de la historia de Lisboa parece casi necesaria para su supervivencia como ciudad habitable e integradora. Según Nuno Sequeira, miembro de la dirección de la Asociação Nacional de Conservação da Natureza Quercus, “lo que ha pasado en Lisboa, y en otras ciudades de Portugal, es que la ciudad ha aumentado hacia el exterior, y ha provocado que los centros urbanos hayan quedado despoblados. Gran parte de la población se desplazó hacia el exterior, comenzaron a construirse cada vez más infraestructuras, calles, carreteras, infraestructuras de electricidad, agua, gas, etc., con el enorme impacto medioambiental que conlleva este tipo de desarrollo”. 

Una vez más, esta vez desde el punto de vista medioambiental, la permanencia de los residentes dentro de los focos urbanos de Lisboa se hace necesaria para hablar de políticas integradoras y participación ciudadana. Como afirma Sequeira, “también el aumento de espacios verdes, de servicios en este sentido, son una razón más para que las personas comiencen a reaproximarse a las ciudades. Tenemos que hacer converger el desarrollo ambiental, el económico y el social, porque no es un buen modelo de desarrollo este aumento exponencial que hemos tenido de las ciudades hacia el exterior”.

La construcción de espacios verdes no sólo tiene una dimensión habitacional. Es un bien que, como parecen estar comprendiendo tanto la Cámara Municipal como los vecinos de la capital, contribuye a tener una ciudad más limpia, más respirable, un ecosistema lógico e incluso más seguro. “Por el hecho de que Lisboa está junto al río Tajo, ya de forma recurrente la ciudad sufre inundaciones en algunas zonas, y se prevé que éstas continúen y sean cada vez mayores. Por lo tanto, es necesario ir un poco más al frente con la reconversión de algunas zonas urbanas de la ciudad, precisamente crear espacios verdes para favorecer la extracción del agua”, asegura Nuno Sequeira. Ciertamente, las grandes lluvias que cayeron en la región de Lisboa a finales del pasado agosto provocaron más de 35 inundaciones graves, y eso que es una ciudad que toda ella cae hacia el río. 

Como en el Madrid de Carmena, Lisboa lleva cerca de tres o cuatro años apostando por una ciudad más limpia, menos contaminante y, como paso muy importante para esto, más libre de automóviles a gasolina. “Consideramos que Lisboa va en el buen sentido. A nivel de la calidad del aire ha habido un esfuerzo político de limitar el acceso de vehículos, sobre todo los más antiguos, a las zonas centrales de la ciudad, aunque también creemos que tiene que haber una mayor inversión en toda la red de transporte público”. No olvidemos que en Lisboa entran, diariamente, 370.000 automóviles a motor. 

Lisboa lleva cerca de tres o cuatro años apostando por una ciudad más limpia, menos contaminante y, como paso muy importante para esto, más libre de automóviles a gasolina

Esta política se nota de forma creciente en todos los barrios de la capital, y es, casi a la par que la vivienda, el tema más polémico que uno pueda sacar en la mesa de un bar. Las zonas de aparcamiento verdes, amarillas y rojas van avanzando desde el centro hacia el exterior de la ciudad como ondas en un lago. Luís Mendes, también muy activo dentro de los movimientos sociales, barriales y vecinales, confirma que, “después de algunas obras de rehabilitación, como en las Avenidas Nuevas (Avenida da Liberdade), el número de lugares de estacionamiento que queda no llega para los residentes, porque ha habido una auténtica masificación del automóvil durante las últimas décadas. (Esta política) está teniendo una reacción importante por parte de la población, aunque la Câmara ha hecho obras de regeneración del espacio público muy interesantes”. 

Se refiere a la reconversión de espacios dedicados a la circulación y estacionamiento de automóviles en zonas de descanso para peatones, parques infantiles, zonas verdes o ciclovías que cada vez son más frecuentes en la ciudad. El primer servicio público de alquiler de bicicletas, el Gira, puesto en marcha por la empresa municipal EMEL (Empresa Municipal de Mobilidade e Estacionamento de Lisboa), comenzó a andar el pasado octubre, apoyado por una creciente red de ciclovías que sobre todo recorren toda la zona marginal que acompaña al río Tajo. Aunque aún con numerosas críticas, y ciertamente nada infundadas, el camino tomado y el sentido de éste parece bastante claro. 

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El primer servicio público de alquiler de bicicletas, el Gira, comenzó el pasado octubre.

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El primer servicio público de alquiler de bicicletas, el Gira, comenzó el pasado octubre.

El pasado 1 de noviembre se reunieron en Lisboa varios agentes del mercado del transporte y la movilidad en la conferencia Mobility on the Move. Compartir y conectar fueron las palabras estrella que sonaron con más fuerza para que las grandes urbes puedan combatir los problemas de tránsito, estacionamiento y, sobre todo, polución. Hasta ahora han sido las empresas privadas de movilidad, como Drive Now, Ecooltra o el servicio mobi.me del dentro de investigación CEiiA, los que más han contribuido a sistemas de movilidad compartida en la capital portuguesa. Motos eléctricas, bicicletas, coches eléctricos o a gasolina, las pequeñas empresas y plataformas de economía y servicios compartidos crecen a pasos de gigante, tanto que no faltará mucho para que en una ciudad como Lisboa, de tan sólo 506.000 habitantes, las ubicadas en el centro comiencen a tocar techo y corran el riesgo de meterse en una burbuja. 

Todo indica que, según la tendencia actual, el desarrollo sostenible en las ciudades pasa indefectiblemente por devolver a un plano local, en la medida de lo posible, los métodos de producción, la prestación de servicios y la toma de decisiones. Esto implica unos costes no sólo por la naturaleza propia de todo cambio en los paradigmas, sino también porque el modelo que prioriza a los barrios cuenta con unos sobrecostes en comparación con la estructura, ya tradicional, en que productos, servicios y por supuesto leyes entran de forma masiva desde algún lugar allende los muros y las carreteras de circunvalación (mercados internacionales, decisiones centralizadas, baja representatividad electoral, sistemas financieros transnacionales).

También implica, y requiere, una sociedad civil más activa y comprometida, un dinamismo que muchas veces se hace imposible en ciudades/ suburbios dormitorio, en que el tiempo que los vecinos pasan haciendo vida de barrio es mínimo, además de poco gratificante. Lisboa ha sido siempre muy criticada por acaparar gran parte de las inversiones aprobadas a nivel nacional, ya lo decía en octubre de 2017 el Presidente de la Cámara Munipal de Coimbra, Manuel Machada: “El virus del centralismo es una dolencia crónica en Portugal”. Pero esta tendencia, tanto dentro del país como dentro de la propia capital, por suerte está cambiando. 

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Este reportaje se ha realizado con la colaboración de la
Unión de Ciudades Capitales Iberoamericanas.

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El lento final de las trampas hipotecarias

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Tarde y, probablemente, mal; con seguridad, sin toda la contundencia que el Ministerio de Economía que dirige Luis de Guindos tenía respaldo para aplicar. El Gobierno aprobó el 3 de noviembre –con más de dos años de retraso sobre el plazo que él mismo se dio a través del Congreso en 2014– una reforma de la Ley Hipotecaria que debía adecuar, aunque no lo hace por completo, los usos financiero-inmobiliarios locales a la normativa comunitaria. También se ha superado en año y medio el plazo para la transposición.  

El español no es un Estado comunitario cualquiera cuando se trata de hipotecas. Es el único a cuya banca, tras ser rescatada con fondos estatales y comunitarios en una operación de 56.865 millones de los que solo se han recuperado 3.783 (el Gobierno espera ingresar otros 9.798 al vender Bankia y BMN), y a la que hay que sumar otros 21.071 del Fondo de Garantía de Depósitos, le ha enmendado la plana el Tribunal de Justicia de la UE, al censurar las trampas que la mayoría de sus entidades hicieron durante años a los clientes a quienes concedían créditos para comprar viviendas. Por eso no resultó extraño que la Comisión Europea tardara poco, apenas unas semanas desde que en marzo de 2016 venció el plazo para transponer la Directiva 2014/17, en abrir un expediente sancionador a España por no adecuar las reglas españolas del negocio hipotecario a los estándares europeos.

Sin embargo, la respuesta del Gobierno fue una especie de ‘aquí mando yo y las cosas se hacen a mi manera’: nueve meses después, en enero de este año, emitía un decreto cuyos efectos prácticos han consistido en atrasar el pago de las indemnizaciones a los afectados y, en muchos casos, reducir las compensaciones que estos reclamaban y/o las cantidades que los bancos afrontaban por costas judiciales. Otra ayuda a la banca, en este caso frente a los consumidores, cuando la lista de aspectos sobre los que Europa reclama mejoras incluía la regulación de las ejecuciones hipotecarias, las cláusulas abusivas y los desahucios.

La adecuación a los usos comunitarios vendría a suponer en España todo un final de época, la del cachondeo (“falta de seriedad y rigor en un asunto que lo exige”) en la gestión bancaria a cuenta del cliente, primero, y de las arcas públicas después. A los clientes, las cláusulas abusivas les han costado entre 3.000 y 5.000 millones de euros en una década en la que bancos y cajas de ahorro presentaron en los juzgados 721.108 demandas de ejecución hipotecaria (casi 200 diarias, según los datos del Consejo General del Poder Judicial), mientras tinglados como las emisiones de preferentes y subordinadas sustraían a las familias 30.000 millones de sus ahorros. A las arcas públicas, que son de los clientes aunque haya quienes las gestionen como propias, la factura les supone hoy 74.153 millones, a expensas de cómo acabe la venta de Bankia-BMN.

Una ley para ir “más allá”

En junio de 2014, casi dos años antes de que Bruselas abriera el expediente al Estado español, el Congreso había dejado esta perla en forma de disposición adicional vigésima de la Ley de Ordenación, Supervisión y Solvencia de Entidades de Crédito: “En aras de mejorar la regulación en la protección del cliente bancario y, en particular, del deudor hipotecario, el Gobierno remitirá a las Cortes Generales en el plazo de un año (…) un proyecto de ley (…) sobre los contratos de crédito celebrados con los consumidores para bienes inmuebles de uso residencial y (…) asimismo, el Gobierno evaluará, de cara a incluirlas en el citado proyecto de ley, las posibilidades de mejora del actual sistema institucional de protección del cliente, y las alternativas para potenciar la eficacia de los actuales servicios de reclamaciones, defensores del cliente y servicios de atención al cliente”.

Guindos ya explicó hace unos meses en el Congreso las líneas maestras de la Ley Hipotecaria, cuyo espíritu, dijo, consistía en “ir más allá de la simple transposición de la norma europea”. Sí, pero ¿cuánto más allá? ¿A qué distancia y en qué dirección ha querido el Gobierno de Rajoy moverse de las líneas que marca la directiva? 

Para empezar, la nueva ley de créditos no hace referencias a algunos aspectos que sí recoge la directiva, como la obligación de utilizar el folleto comunitario estandarizado para las ofertas, la existencia de un plazo de varios días tras la firma para que el hipotecado renuncie al crédito sin penalizaciones o el criterio de que la dación en pago de la vivienda realmente lo sea; es decir, que entregar la casa salde con el banco la deuda contraída para comprarla.

Más de 6.000 hipotecas cada semana

Lo cierto es que las hipotecas vuelven a ser un buen negocio para la banca española. Los 146.605 créditos avalados por inmuebles del primer semestre del año pasado, que sumaron una cuantía de 15.816 millones cuando comenzaba el repunte, se dispararon entre enero y junio de 2017 a 220.611 contratos (un 50,4% más) por valor de 31.231 millones (a menos de tres décimas de duplicarse), mientras el préstamo medio pasaba entre esos periodos de 107.866 a 141.565 euros, según señala la Estadística de Hipotecas del INE (Instituto Nacional de Estadística). A un 1% TAE, los créditos formalizados entre enero y junio supondrán más de 300 millones de ingresos brutos anuales, durante varios ejercicios, para la banca española. 

Casi tres cuartas partes de ese volumen de contratos hipotecarios (158.993) y cerca de dos tercios de su cuantía (18.194 millones) eran para financiar la adquisición de viviendas, con una media de 114.432 euros. Esas cifras resultan alejadas de las registradas en el mes récord de septiembre de 2005, cuando 129.128 préstamos para adquirir viviendas llegaron a sumar un volumen de 16.911 millones (5.869 operaciones y 768 millones contratados por día laborable) con una media de 130.965 euros, aunque revelan una notable aceleración del mercado hipotecario. El ladrillo vuelve a rentar para los señores del dinero.

Aunque no todo el que compra una finca urbana lo hace con fondos prestados por el banco: las 212.917 hipotecas suscritas para adquirir propiedades de ese tipo, entre las que se incluyen locales, oficinas, solares, trasteros y plazas de aparcamiento, alcanzan para poco más de la mitad de las 411.717 fincas urbanas compradas y vendidas en el primer semestre de este año. El resto se paga con dinero, algo habitual tras el desembarco de los fondos de inversión que adquieren edificios enteros, y de la movilización de ahorradores que buscan unos rendimientos que los productos financieros de la banca ya no dan: los dos actores pretenden ahora centrar su negocio en un mercado del alquiler en el que comienzan a aflorar contraindicaciones como la gentrificación y el desahucio económico

Mayor exigencia para desahuciar por ejecución hipotecaria

“Vamos a incentivar y abaratar la conversión de las hipotecas a tipo variable en hipotecas a tipo fijo en la expectativa de que antes o después los tipos de interés acabarán subiendo”, anunció en julio en el Congreso De Guindos, que no habló de habilitar el camino de vuelta por si ese cálculo falla: hoy los tipos fijos son más gravosos que los variables por la política expansiva del Banco Central Europeo. 

A partir de ahora esas conversiones podrán realizarse con un coste menor que el actual para el consumidor. Uno de los objetivos de la norma consiste en “reforzar la transparencia en el ámbito hipotecario con incrementos de la información que el consumidor tiene derecho a recibir tanto antes como después de la firma del contrato”. Eso, en la práctica, supone que si el notario (cosas de la presunción de veracidad de los fedatarios) deja escrito que el hipotecado ha dicho que entiende los términos del contrato, después no habrá nada que discutir en la ventanilla del banco ni en el juzgado, aunque a partir de ahora recae sobre el primero la responsabilidad didáctica de explicarle con claridad los términos al segundo. 

La ley también contempla que la entidad financiera no pueda iniciar la ejecución de la hipoteca antes de que el cliente haya impagado entre el 3% del capital prestado en los diez primeros años y el 5% a partir de esa fecha. Es decir, que el banco no podrá desahuciar al titular de un crédito de 100.000 euros a veinte años salvo que este le adeude 3.000 euros de principal en la primera década o 5.000 en la segunda en cuotas, intereses al margen. La penalización por esa eventual demora, que irá por otra vía, ha quedado cifrada en el triple del interés general del dinero; es decir, un 9% anual al estar establecido en el 3% .

La ley, que proscribe los productos vinculados como domiciliaciones de nómina y seguros de vida y de hogar, incluye, por otro lado, un modelo estándar de contrato que, cuando menos, permite modular la confianza en el banco conforme este vaya complicando su contenido. Y, por último, limita las penalizaciones al hipotecado por amortizaciones anticipadas (0,25% los tres primeros años, nada a partir del quinto año) y por convertir los préstamos a otras monedas. 

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“Todos debemos participar en un proceso revolucionario que nos aleje de la locura del capitalismo”

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David Harvey, legendario geógrafo y teórico marxista, es el primer entrevistado de la serie. De su mano, Qué Hacer se embarca en un viaje tras la estela de los flujos del capital en el planeta. Harvey encuentra en dichos flujos los orígenes de las crisis que nos afectan  — la social, la climática y la política– incluido el ascenso político de Donald Trump. Pero el profesor emérito de la City University of New York también observa puntos de tensión en el sistema que origina esas crisis. Tan implacable en su métodos como ecléctico al elegir dónde poner la lupa, el académico británico, Harvey ofrece un análisis totalizador, que nos invita a pensar qué nos trajo hasta aquí para así poder afrontar cómo salimos de esta. 

Esta serie arranca con una premisa para enfocar soluciones políticas a tiempos convulsos: ‘Qué hacer?’Usted ha dicho alguna vez que si la energía que se emplea hoy en día en la ayuda humanitaria se dedicase a desarrollar modelos para superar el capitalismo nos iría mucho mejor como sociedad. Partiendo de esa base, ¿cómo respondería a la pregunta ‘Qué hacer?’

La revolución es un proceso. No es un acontecimiento, y es un proceso que tarda mucho en salir adelante y tiene que avanzar en diferentes frentes. Supone transformaciones en conceptos mentales sobre el mundo, las relaciones sociales, las tecnologías y también en estilos de vida. Ahora bien, cada uno de nosotros tiene una posición en nuestra sociedad, donde puede contribuir en alguno de estos frentes. Yo soy académico y puedo intentar influir en los conceptos mentales del mundo, pero sé que no es lo único que hay que hacer. Así, todos tenemos que emplear nuestras habilidades para lograr un proceso revolucionario que nos aleje de la locura del capitalismo contemporáneo para crear una sociedad cuerda en la que cada uno de nosotros tenga una vida decente y unas condiciones de vida decentes y conceptos razonables sobre un futuro decente.

Ha dedicado gran parte de su vida al estudio y la difusión de la obra de Marx. Muchos críticos del marxismo hoy en día –tanto en la derecha como en la izquierda– señalan que si bien esas ideas pudieron ser útiles para el siglo XIX, han dejado de ser relevantes. Usted no tiene inconveniente en abordar asuntos aparentemente dispares, según el mundo que le rodea cambia, desde el desarrollo tecnológico a la crisis climática. Para quienes no conozcan la obra de Marx o no la hayan leído, ¿por qué sigue teniendo valor, en pleno siglo XXI, dados los retos a los que nos enfrentamos, y el mundo en que vivimos?

Hay una historia del marxismo que es problemática, y tiene cosas muy buenas y cosas muy malas. Es como el capitalismo. Es como todo. Después están los escritos de Marx, que me impresionan particularmente. Lo que hacía era abstraerse de las actividades cotidianas de una economía y trataba de contribuir al entendimiento del modo en que funciona el capital. El capital tan solo es la producción de valor y plusvalías a través de una serie de configuraciones y actividades, y en la época de Marx, ese sistema de llevar el pan a la mesa y todo ese tipo de cosas, ese sistema existía sólo en un relativamente pequeño rincón del mundo. Ahora, el mundo entero está atrapado es el modo de producción capitalista. Si vas a China, lo ves. Si vas a India, lo ves. Si vas a Brasil, lo ves. Vayas adonde vayas, lo ves.

De modo que no escribía sobre el siglo XIX. Escribía sobre algo llamado capital y sobre cómo funciona el capital. El capital sigue con nosotros, y sigue haciendo cosas muy perjudiciales y sigue haciendo algunas cosas muy fascinantes, y Marx tiene un modo de analizarlo que examina sus contradicciones. Por una parte, desarrolla tecnologías nuevas. Por otra parte, observamos cómo estas nuevas tecnologías no se emplean para liberar a los seres humanos y emanciparlos, sino para generar más riqueza y poder para unos pocos. La economía contemporánea tiende a evitar las contradicciones. No le gustan las contradicciones, así que finge que no existen. Ahora bien, Marx va y dice que el capital por definición es contradictoria, y si quieres un análisis sobre el funcionamiento de las contradicciones, tienes que ponerte y tienes que estudiar a Marx.

Ha desarrollado en su trabajo la idea de que el modo en que salimos de una crisis –la manera en que nos enfrentamos a las contradicciones que nos arrojaron a ella– determina la siguiente crisis. Me pregunto, una década después de la última gran crisis financiera, ¿ha observado algo en la manera en que salimos de ella que le ayude a explicar la situación política en EE.UU. y el resto del mundo?

A toda crisis que ha tenido lugar desde la década de 1980 le ha seguido lo que llamamos una recuperación sin empleo, que es como se encuentra la clase trabajadora que no se ha recuperado de la crisis. El capital se ha recuperado, pero la gente no. En 2009, las estadísticas oficiales mostraban que nos habíamos recuperado, pero todo el mundo sabía que no había trabajo. No había trabajos decentes. Las crisis son una de las maneras que tiene el capital para renovarse, de modo que no suponen el final del capitalismo. En realidad son un modo de reconfigurar el capitalismo, y creo que cabe preguntarse si 2007, 2008 era el modo en que iba a reorganizar el capital. Bien, en múltiples aspectos no se reorganizó en absoluto. Mi interpretación del neoliberalismo fue que desde el principio fue un proyecto político acerca de la consolidación y la creciente concentración de la riqueza y el poder dentro de la clase capitalista, y que la concentración ha continuado.

Algunos leímos la elección de Trump, de la mano del Brexit y otros fenómenos, como una señal del fin de la era neoliberal. Como, entre otras cosas, historiador del neoliberalismo, ¿la leyó usted del mismo modo? Me refiero en concreto a su decisión de sacar a EEUU de acuerdos comerciales como el TPP o el NAFTA, sus promesas de crear puestos de trabajo, etc. Un año después de su elección, ¿cómo interpreta el ascenso político de Trump y su encaje con el proyecto neoliberal? 

Los únicos que verdaderamente se han beneficiado de la crisis de 2007-2008 fueron el 1% más rico y el 0,1% más rico, mientras que todos los demás perdían. Una de las cosas que ha cambiado es que después de 2007-2008 ya no era posible alegar ideológicamente que los mercados lo resolverían todo. El neoliberalismo era inestable y era probable que evolucionara en algo que se haría muchísimo más autoritario. El neoliberalismo generó una gran desilusión. Las poblaciones cada vez se sentían más alienadas en sus puestos de trabajo. De modo que los trabajos dignos cada vez eran más difíciles. La vida cotidiana cada vez era más agobiante, y la política no hablaba de esa alienación.  Entonces apareció Donald Trump y habló de ello de un modo u otro, de forma que las poblaciones alienadas no necesariamente votan a la izquierda. Pueden volverse neo-fascistas. Pueden ir en cualquier dirección y creo que existía cierto anhelo, en muchos sectores de la población alienada, de que se produjera una alteración de algún tipo.

Lo que Donald Trump prometió fue alteración y lo que por supuesto ha proporcionado ha sido alteración. Creo que es significativo que haya recurrido a Goldman Sachs para sus nombramientos económicos y que Goldman Sachs haya controlado el Departamento de Tesoro de EE.UU. desde aproximadamente 1992. Trump ha eliminado normativas que detenían la concentración de mayor riqueza y poder, de modo que no ha adoptado ninguna medida en absoluto en ese sentido. Solo ha continuado el proyecto neoliberal porque él es la quintaesencia del hombre neoliberal en persona. Hay un estancamiento general, y, a la vez, la continua acumulación de riqueza y poder por parte de los que cada vez se están convirtiendo más en una especie de oligarquía global. Entonces surge la pregunta: ¿de quién es la culpa?

Ahora bien, se puede echar la culpa al capital. Yo culparía al capital, pero a los capitalistas no les gusta que les culpen de las crisis. Les gusta echar la culpa a otros, de modo que los inmigrantes son el problema o la deslocalización es el problema desde las décadas de 1970 y 1980.La pérdida de empleo en la fabricación se debe al cambio tecnológico, no a que se envíe a China, no a que se envíe ahora. Si te presentas a unas elecciones y dices que estás en contra del cambio tecnológico mira lo lejos que puedes llegar. Si te presentas y dices que esa pérdida de empleos tiene que parar, que tenemos que impedir la entrada a los inmigrantes y tenemos que culpar a alguien más, ¿a quién culpamos? A China, y así tenemos ahora mismo las políticas en contra de los inmigrantes y las políticas en contra de China. Ahora bien, esto es interesante. China, dijo Trump, el primer día que suba al poder, me encargaré de eso. ¿Ha sido capaz de encargarse de ello? En absoluto. ¿Quién posee la deuda de EE.UU.? China. Y ese fue un momento interesante en la crisis, que es cuando aparecen Fannie Mae y AIG, las dos grandes compañías aseguradoras. El 60% de las acciones de estas instituciones pertenecían solo a los chinos y a los rusos, y en 2008 los rusos fueron a los chinos y les dijeron: “Vendamos todas nuestras acciones, colapsemos el mercado de Estados Unidos”.  Si lo hubieran hecho, habría sido un desastre. Los chinos no lo hicieron porque no tenían ningún interés en arruinar la economía de EE.UU. porque esa economía es su mercado principal. A los rusos les da igual el mercado de EE.UU. porque no es importante para ellos. Pero esta es la situación: si Estados Unidos intenta presionar demasiado a China en cuestiones comerciales, China tiene mucho poder sobre la economía estadounidense. Si EE.UU. empieza a dejar de vender sus productos en el mercado, entonces los chinos dirán, está bien, no tenemos razón alguna para mantener tan precipitadamente el mercado de EE.UU. Vamos a deshacernos de toda la deuda, y entonces veremos qué le pasa con el endeudamiento de Estados Unidos.

El imperialismo es un concepto al que ha dedicado gran parte de su trabajo, incluido un libro completo. Sin embargo, últimamente ha dicho que ya no le parece un concepto útil para entender el mundo. ¿Por qué lo cree así? ¿Tiene algo que ver con su análisis de los flujos del capital y el advenimiento de una clase rentista global?

No creo que la explotación de la gente en una parte del mundo por alguien que está en otra parte del mundo haya cesado en absoluto. De hecho, se realizan enormes transferencias de valores principalmente en tiempos de crisis. Ese 1% de más ricos en realidad ha alcanzado ese puesto gracias a transferencias masivas de riqueza de la población mundial general a dicha clase, y de este modo, se trata más de una cuestión de clase que del hecho de que una parte del mundo domine a otra. 

¿Puede la gente conservar su patrimonio? ¿Puedes obtener ingresos sobre las rentas, sobre alquiler de propiedades, de inmuebles? Y, cada vez más, por supuesto, en los últimos 50 años, se imponen los ingresos sobre la propiedad intelectual. Hay muchas corporaciones capitalistas que creen que unos ingresos sobre la propiedad intelectual es lo único que han de tener y que no tienen que producir nada. De modo que hay organizaciones como Google o Facebook u otras parecidas que son la base de fortunas tremendas que acumulan unos pocos basadas en el cobro de réditos. Cuando se observa la estructura de los activos del 1% o el 0,1% de los más ricos, dos tercios de los activos son en propiedad o similar. La gente muy, muy, muy rica está empezando a dedicarse a este proceso de acumulación de tierras. Un gran pedazo de la Patagonia pertenece a una sola familia. 

Deteniéndonos por un momento en el medioambiente, ¿cómo relaciona la emergencia de esa oligarquía global con la crisis climática a la que nos enfrentamos? Pareciera que la decisión de Trump de sacar a EEUU del Acuerdo de París no hará más que ahondar en esa crisis. ¿Comparte el diagnóstico?

El contexto de esto es que hay algún tipo de relación con la naturaleza, una relación metabólica con la naturaleza. Marx se refiere a esto como regalos de la naturaleza, y para que el capital sobreviva tiene que haber un caudal de estos regalos de la naturaleza, lo cual supone que tiene que estar en posición de apropiarse o si se quiere emplear otro lenguaje, saquear los regalos que ofrece el entorno natural que entonces se puede incorporar en el sistema de circulación.

Por ejemplo, hemos hablado de por qué Trump no organizó un vasto proyecto de infraestructura. ¿Quién organizó un enorme proyecto de infraestructura en 2007, 2008? China. Los chinos consumieron en dos años más cemento, un 40 % más de cemento que los Estados Unidos en 100 años. Necesitaban resolver el problema del desempleo. Resolvieron ese problema descargando en el entorno, y el resultado ahora es un desastre medioambiental en muchos sentidos. Ahora bien, los chinos son conscientes de ello y ahora están diciendo que muy bien, vamos a tener coches eléctricos y a reorganizar la sociedad porque ahora tenemos que solucionar el problema medioambiental. A esto me refiero cuando digo que el capital traslada sus problemas. Tenían un problema de desempleo. Lo solucionaron, pero ahora tienen un problema medioambiental. ¿Y cómo lo van a resolver? Bueno, lo harán con otra cosa y  probablemente descubriremos que hay dificultades financieras. Esto está conectado con el hecho de que el capital como sistema tiene que crecer. No puede ser siempre el mismo.

Creo que el Acuerdo de París era sumamente deficiente. Intentó resolver el problema del cambio climático recurriendo a las fuerzas del mercado, y creo que en realidad las fuerzas del mercado son el problema y no la solución. No estoy particularmente molesto con que Trump se saliera de él. 

Cómo idear una transición en la que la mayoría de nosotros no pase hambre  me parece que tiene que ser parte de lo que consista cualquier revolución o transformación. Creo que sigue habiendo una tendencia en la sociedad que establece esta distinción cartesiana entre humanidad y naturaleza o cultura y naturaleza, y economía y naturaleza como si fueran dos compartimentos separados, pero soy tristemente célebre por decir que no hay nada antinatural en la ciudad de Nueva York. Las hormigas construyen hormigueros. Los seres humanos construyen ciudades. Es decir, que … los castores construyen presas. Todos los organismos a cierto nivel transforman sus entornos de manera que se suponen positivos para ellos. En lugar de verlo como un conflicto entre cultura y naturaleza, lo veo como un conflicto entre posiciones, si se prefiere o entre poblaciones, que están discutiendo que deberíamos estar yendo en otra dirección.

La cuestión es a quién beneficia todo esto. Ahora mismo, las transformaciones medioambientales son esencialmente las que dicta el capital, que no se está organizando para el bienestar de la población. Aquí en Nueva York, por ejemplo, hay un enorme boom inmobiliario en el que todo son estructuras de inversión para ingresos altos. Tenemos una crisis de vivienda asequible. Estamos construyendo para los multimillonarios de los estados del golfo y Rusia y de allá donde se pueda invertir, de modo que puedan tener un lugar para venir come y quedarse dos semanas al año en las que van de compras o lo que sea. Es una locura. Es una economía demente, y sigo pensando para mis adentros que es tan demente que no entiendo por qué la gente lo sigue tolerando. Esto se debe al hecho de que el proyecto neoliberal de concentración de la riqueza y poder está cambiando la forma de nuestras ciudades convirtiéndolas en ciudades para invertir, no en ciudades para vivir. 

Hay un concepto que usted desarrolló mucho antes del ascenso de Trump, y que tiene especial resonancia en el momento político actual: la alienación universal. ¿En qué consiste esa idea, qué manifestaciones tiene, y cómo puede ayudarnos a entender el presente e imaginar el futuro?

Es interesante, muchas de las revueltas que han tenido lugar en el mundo en los últimos 15 o 20 años han sido en torno a problemas urbanos. El parque Gezi en Turquía, las revueltas en ciudades brasileñas en 2013, etcétera. Mucho descontento en zonas urbanas, incluso sobre asuntos como la vigilancia policial y demás… Estamos viendo muchos disturbios urbanos, y tiendo a pensar que se trata de una de las zonas clave de organización y reflexión, el lugar donde realmente podemos cambiar la naturaleza del capitalismo. No solo luchando por los problemas en el lugar de trabajo, algo que sigue siendo tremendamente importante, pero también luchando por unas nuevas condiciones en el espacio vital donde todos podamos tener un hogar decente y un entorno decente e imaginemos una vida cotidiana decente.

Cuando la gente empieza a decir qué sentido tiene mi vida, qué sentido tiene mi trabajo, y las encuestas indican que aproximadamente el 70 % de la población en Estados Unidos bien odia su trabajo o bien le es absolutamente indiferente de lo que trata… Cuando piensas en las novedades que ahorran tiempo en el hogar, pero si vas por las casas y preguntas: “¿tienes mucho tiempo libre?”, la respuesta es que no tenemos tiempo libre en absoluto. Una de las genialidades de Marx fue sugerir que el tiempo libre es señal de una gran sociedad, pero el hecho es que incluso la vida diaria en la ciudad te absorbe. Que si llevo la televisión a arreglar e invito a alguien a casa… y las frustraciones de hacer frente al seguro médico… y lo que se te ocurra. El papel de la maquinaria no es la de facilitarte el trabajo. El papel de la maquinaria es establecer una situación donde el capitalista puede obtener más plusvalía. Por este motivo la maquinaria no revertirá en beneficio del trabajo. Siempre se utilizará bajo el capitalismo para beneficiar al capital.

Lo mismo se aplica a los procesos culturales de consumo. Todos hemos visto esa especie de pequeños robots que merodean por el suelo y lo limpian por ti y ese tipo de cosas, pero ¿cuál es propósito de todo eso? ¿El propósito es darle tiempo libre a la gente o en realidad es llevarla a una situación en la que cada vez es más consumista? De modo que el consumismo consiste en liberar a la gente de las labores domésticas para que puedan salir y comprar. Es decir, la gente no tiene tiempo de tumbarse ni el derecho a vaguear. Eso provoca mucho estrés y mucha alienación, porque ves que estás sumamente ocupado, pero ¿con qué propósito y para el propósito de quién? Y sabes que no es tu propósito. Es el propósito de otro. ¿El propósito de quién? Creo que es probablemente uno de los problemas más serios que subyacen en gran parte de las turbulencias políticas que estamos viendo.

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Hackers rusos, ciberguerra y el conflicto en Cataluña

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En octubre de 2014, diversas cuentas de correo de trabajadores de la Casa Blanca y del Departamento de Estado de EEUU recibieron un mensaje que adjuntaba un vídeo humorístico en Adobe Flash. Mostraba una oficina en la que los ejecutivos eran monos vestidos con traje y corbata permanentemente de fiesta y un único humano resignado a trabajar para semejantes sujetos. Era imposible evitar que se compartiera un contenido que se ajustaba tan bien a las reglas de la memecracia. Con poco esfuerzo, la pieza cumplió su propósito: esparcirse rápidamente… y propagar por las redes internas un programa espía (spyware) que se ejecutaba inadvertidamente mientras se reproducía el vídeo y que acabó comprometiendo seriamente las comunicaciones del Gobierno estadounidense. 

Los ‘hackers rusos’

Meses después se supo que el ataque procedía de unos de los actores paraestatales vinculados a Rusia: el grupo denominado Cozy Bear (o ‘Cozy Duke’ o APT29). Este agente, junto con el conocido como Fancy Bear (o APT28 o Sofocy) estarían detrás, según las investigaciones de algunas de las principales empresas de seguridad informática (como Kaspersky, FireEye o F-Secure), de las operaciones de ciberguerra de Rusia (en concreto, del GRU, los servicios de inteligencia de su ejército), entre ellas, la posible interferencia en las elecciones norteamericanas de 2016 y otras consultas posteriores en Europa a través del robo de información sensible y de elaboradas campañas de intoxicación informativa.

Estos grupos no han actuado en España para llevar a cabo algún tipo de ciberataque contra equipos o sistemas durante la crisis catalana, según ha constatado el CNI. Aunque sí lo han hecho en el pasado, según se recoge en memorias de años anteriores de este organismo.

¿Qué evidencias existen de la actividad ofensiva rusa en el ciberespacio? ¿Se han reproducido estas operaciones en España aprovechando el conflicto en Cataluña? ¿Cómo funcionan estas campañas de ciberpropaganda? ¿Qué buscan y qué impacto real tienen? ¿Es posible ‘hackear’ unas elecciones? ¿Sobre qué deberíamos estar verdaderamente alerta y prevenidos? (spoiler: todo apunta a que puede ser peor el remedio que la enfermedad). 

Y, finalmente, ¿por qué es tan complicado saber con certeza lo que está ocurriendo?

Es cierto que algunas incertidumbres en torno a estas cuestiones estarían justificadas; por ejemplo, las que se deben a la dificultad de atribuir con precisión cualquier ataque en el ciberespacio. Sin embargo, otras son menos aceptables, al tratarse claramente de campañas interesadas que buscan imponer una determinada narrativa.

No debería sorprendernos: la máxima que afirma que “la primera víctima en una guerra es la verdad” aquí se cumple siempre.

1. La actividad de Rusia en la ciberguerra

Aunque con frecuencia los titulares periodísticos destacan el riesgo que representan los ciberterroristas o ciberdelincuentes, en realidad, según el CNI, “la mayor amenaza para la ciberseguridad nacional son las acciones de los Estados, muy especialmente aquellas que tienen su origen en los servicios de inteligencia”.

Aunque con frecuencia los titulares destacan el riesgo que representan los ciberterroristas, en realidad, según el CNI, “la mayor amenaza para la ciberseguridad nacional son las acciones de los estados

Numerosos países vienen invirtiendo “importantes recursos para dotarse de capacidades de defensa y, también, de ataque”. Todos los indicios apuntan a que España no es una excepción. Estados Unidos, China, Rusia y Corea son las potencias más activas en este terreno.

Las acciones que se atribuyen al Kremlin no son nuevas y abarcan desde lo que se considera el primer ataque con ‘bots’ (máquinas zombies previamente ‘secuestradas’) a un país entero, Estonia, en 2007, hasta las diversas ofensivas contra infraestructuras críticas de Ucrania en 2015 y 2016, que parecen haber servido de banco de pruebas para una ciberguerra a mayor escala.

Por supuesto, el Gobierno ruso siempre ha negado su implicación en estas operaciones. Lo más cerca que ha estado de algún tipo de reconocimiento fueron las declaraciones de Putin el pasado 1 de junio, cuando, en un encuentro con periodistas se refirió a “hackers patrióticos” que habrían actuado por su cuenta. Un día después tachaba de “histeria” las acusaciones.

2. ¿Quién hizo qué? El problema de la atribución de ataques en el ciberespacio

Si en el terreno de “la inteligencia” (del espionaje) todo es, por definición, incierto, cuando estas campañas se libran en el ciberespacio la complejidad aumenta inevitablemente. Y es un error notable no tenerlo en cuenta.

Como advierte el experto en seguridad Bruce Schneier, “las operaciones militares clandestinas no son una novedad, particularmente en los límites turbios del terrorismo de Estado. La novedad en el ciberespacio es lo fácil que resulta para un atacante enmascarar su identidad, y la gran cantidad de gente e instituciones que pueden atacar anónimamente y que están usando las mismas herramientas y las mismas armas”.

Incidentes como el del virus ‘Stuxnet’, conocido como el primer ‘ciberarma’, no fueron reconstruidos hasta años después, cuando se logró determinar con bastante certeza la autoría de Estados Unidos e Israel.

La novedad en el ciberespacio es lo fácil que resulta para un atacante enmascarar su identidad y la gran cantidad de gente e instituciones que pueden atacar anónimamente

¿Cómo se realiza, entonces, la atribución de un ataque? En general, a través de indicios como la configuración del teclado del equipo empleado para programar un malware, el idioma en los metadatos; el horario de trabajo de una determinada zona del mundo, o por patrones del comportamiento de atacantes ya identificados y que se repiten.

Las pruebas, por tanto, se consiguen acumulando el mayor número de indicios sólidos posibles y siendo transparentes con los hallazgos, de modo que puedan ser rebatidos o contrastados por el resto de la comunidad de inteligencia o ciberseguridad.

Como puede suponerse, la atribución de un ciberataque se encuentra con serios problemas en el caso de las frecuentes operaciones “de bandera falsa”: aquellas en los que, a propósito, se dejan pistas erróneas apuntando a un tercer país.

Además, la atribución se complica aún más si tenemos en cuenta las recientes advertencias de investigadores de Kaspersky, presentadas en la última Virus Bulletin Digital Security Conference de Madrid, el pasado 4 de octubre, y que fueron recogidas, entre otros medios, por The Intercept.

“Cuando los investigadores forenses ven los mismos algoritmos de cifrado y certificados digitales reutilizados, por ejemplo, en varios ataques, tienden a suponer que los ataques fueron perpetrados por el mismo grupo. Pero esto no es necesariamente así”, advertían; el boletín explicaba que habían detectado hackers paraestatales usando “herramientas” (malware, exploits…) robadas que habían sido previamente empleadas por piratas de otros estados.

Un método más completo de atribución es el que propone el experto y académico Thomas Rid, del King’s College de Londres, basado en un análisis por capas: estratégico (qué busca el ataque, a quién beneficia, qué se ataca), operacional (cómo se realiza) y táctico-técnico (con qué instrumentos –tipo de malware…– se ha llevado a cabo).

3. El supuesto ‘hackeo’ ruso a las elecciones de EEUU 

Que hay actividad rusa en la Red para interferir en procesos políticos de otros países es un hecho que se encuentra respaldado con cada vez más pruebas, en particular en el caso de las últimas elecciones norteamericanas, donde, presumiblemente, se produjo una acción combinada de robo de información y acciones de intoxicación informativa.

Además, hace apenas unas semanas, la agencia Associated Press presentaba nuevos hechos: el 2 de noviembre revelaba quiénes habían sido objetivo de las operaciones de espionaje de los hackers rusos. Entre otros: “Oficiales ucranianos, figuras de la oposición, contratistas de defensa de los EE.UU. Y otros miles de adversarios del Kremlin”, desde el representante del Papa en Kiev a las Pussy Riot.

Para AP, esta lista aporta “la más detallada evidencia forense hasta el momento del estrecho alineamiento entre los hackers y el Gobierno ruso”.

La información de AP muestra cómo los hackers se abrieron paso en el equipo de la campaña de Clinton hasta llegar a robar los correos electrónicos del presidente John Podesta

Dos días después, el 4 de noviembre, AP reconstruía en detalle, a partir del análisis de una base de datos de 19.000 enlaces maliciosos (los usados en la campaña de phising lanzada por los atacantes que habrían quedado al descubierto por un error al dejar pública su cuenta en la herramienta para acortar enlaces bit.ly), cómo se había producido el ataque a los sistemas del Partido Demócrata. 

La información muestra cómo los hackers se abrieron paso en el equipo de la campaña de Clinton hasta llegar a robar los correos electrónicos del presidente John Podesta en marzo de 2016. 

También ayuda a explicar un dato que probablemente en el futuro tenga mayores consecuencias: cómo un intermediario vinculado con Rusia presumía ante un asesor de Trump, un mes después, de que el Kremlin tenía “miles de correos electrónicos” que valían la pena sobre Clinton. Los correos robados se publicaron posteriormente, enmascarando la filtración como la acción de un hacker solitario, Guccifer 2.0.

Esta operación se combinó con una campaña masiva de propaganda orientada a alimentar la polarización de la opinión pública y también, según documentos internos de la NSA publicados por The Intercept, con otros ataques a organismos relacionados con el proceso electoral. 

A pesar de las dudas iniciales, las informaciones vienen a corroborar el análisis de los servicios de inteligencia norteamericanos sobre esta ofensiva rusa contra la campaña de Hillary Clinton. Otra cuestión es determinar su impacto concreto en los resultados electorales, teniendo en cuenta que la estrategia demócrata tampoco fue la más acertada para conectar con su electorado o que los movimientos de última hora del FBI contra la candidata pudieron ser igualmente decisivos.

Existe la sospecha de que este mismo patrón de ataque combinado se ha producido en otros procesos electorales, como en las pasadas votaciones en Francia. ¿Y en España? El martes 21 de noviembre, el CNI descartó que haya ocurrido algo similar en el caso del conflicto catalán y ha asegurado no haber detectado ningún ciberataque del gobierno ruso durante la crisis.

4. Qué se sabe (y qué no) sobre la supuesta campaña rusa en Cataluña

Hasta el momento, la tesis de una supuesta injerencia rusa en Cataluña a partir de operaciones de intoxicación informativa en redes sociales se apoya principalmente en los datos aportados por el Instituto Elcano. Por el momento son escasos: que “el hashtag #Catalonia generó más de 150.279 tweets y retweets, y que alrededor de 40.000 de esas interacciones vinieron de la cuenta de Twitter de Julian Assange, mientras que 8.198 tweets y retweets surgieron de la cuenta de Edward Snowden”; y que “que las cuentas de Twitter favorables al Kremlin han aumentado en un 2000% sus menciones a la crisis catalana (detectada por la herramienta Hamilton 68), mediante el uso del hashtag #Catalan en dichas cuentas”.

Faltan datos relevantes sobre la supuesta intervención “de hackers rusos” en Cataluña. En cambio, muchas informaciones contenían errores, algunos de bulto.

Por ejemplo, confundir el número de interacciones de los tuits de Assange con el de los mensajes que realmente había publicado, o considerar un hecho significativo el porcentaje de seguidores falsos de la cuenta en Twitter del creador de Wikileaks, cuando esto es un hecho que se repite en cualquier perfil, como explicaba El Salto desmontando esa información que, además, se apoyaba en una cifra antigua sin actualizar.

Algunas de estas informaciones son meras distorsiones interesadas, que tratan de atribuir a campañas externas el indudable apoyo popular hacia la causa independentista y, en particular, el de su comunidad hacker (incluyendo algunas figuras históricas destacadas) que replicaron masivamente la web del referéndum cerrada por orden judicial o hicieron posible el ‘censo universal’. O que se intente presentar como una campaña orquestada las críticas internacionales por la violencia policial del 1 de octubre.

Tampoco debería causar extrañeza que activistas de los derechos digitales, como Snowden, se manifestaran en contra del cierre de webs en Cataluña. Organizaciones independientes como la EFF también lo censuraron.

En cuanto al origen geográfico de supuestos “tuits falsos” con mensajes polémicos sobre Cataluña, hay que tener en cuenta que, mediante análisis de redes, solo hay dos formas de establecerlo, como explica la profesora Mari Luz Congosto: o por el origen declarado en el perfil (suponiendo que sea cierto lo que se afirma) –el 65,4% de las cuentas lo incluyen– o porque sean tuits geolocalizados. El dato más fiable es la IP del usuario, una información que sólo conoce Twitter. Por lo tanto, es otra acusación que también conviene tomar con precaución.

Tampoco debería causar extrañeza que activistas de los derechos digitales, como Snowden, se manifestaran en contra del cierre de webs en Cataluña

Por otro lado, el crecimiento abrupto de un hashtag como indicador de que una campaña es inducida no tiene por qué implicar que se trata de una maniobra exterior, como demuestran cientos de acciones de ciberactivismo. 

En cuanto a la implicación del líder de Wikileaks, es cierto que se observan indicios llamativos, como su desproporcionado interés de por la cuestión catalana o algunas de sus acciones para alimentar la discusión (genialidades del arte del ‘trolleo’, que tan bien domina el hacker australiano) como polemizar con Pérez Reverte. Pero, naturalmente, no pueden considerarse pruebas de algún tipo de acción coordinada si no hay una investigación con evidencias sólidas que les diera contexto. 

Y estas pruebas no parece que vayan a lograrse, al menos en lo que se refiere a una acción combinada con ciberataques para robar información o comprometer equipos, que no se ha dado en España según los datos del CNI.

5. Cómo funcionan las campañas de ciberpropaganda

El éxito de las acciones de ciberpropaganda se basa, al igual que las ataques por phising en un gran conocimiento sobre cómo funciona Internet y sus usuarios. 

No son acciones que busquen prosperar por sí mismas, sino que se suman a olas que ya existen para acentuarlas, y se aprovechan de las dinámicas previsibles de la red. Por ejemplo, del hecho de que un porcentaje elevado de la población se informa a través de las redes sociales (el 67% según Pew Research); o de la pericia para las polémicas de nidos de trolls como ‘4chan’, o de la tendencia a los bulos tendenciosos entre los afines a ideologías extremistas.

Expertos como el analista @thegrugq destacan que, en el caso de las campañas de desinformación de supuesto origen ruso, el objetivo no sería tanto apoyar una determinada causa sino fomentar la polarización de la opinión pública y sembrar dudas sobre lo que es cierto y lo que no.

Para ello, estas campañas se sirven de “granjas” de cuentas automatizadas, bots, trolls, fakes y perfiles influyentes.

En el caso de las acciones de intoxicación rusa en la campaña electoral norteamericana, se ha identificado el papel de la Internet Research Agency (IRA), una oficina en San Petersburgo que emplea a cientos de personas para postear contenidos falsos y conflictivos en la red.

Nadie duda tampoco del papel de las grandes empresas tecnológicas. De hecho, han publicado sendos informes (aquí el de Facebook y aquí el de Twitter) sobre cómo han podido ser utilizadas en las presuntas campañas de desinformación rusas y, hace unos días, han tenido que someterse al agresivo interrogatorio de senadores y congresistas en las respectivas comisiones de investigación que analizan la presunta ofensiva rusa contra las elecciones de 2016.

En cuanto a Europa, desde 2015 existe una unidad especial destinada a identificar bulos e información falsa sobre la UE, la European External Action Service East Stratcom Task Force , como recordaba Público en una información reciente.

Según este servicio europeo, las noticias falsas sobre el conflicto catalán que tienen identificadas se refieren a temas como que el español se enseña como lengua extranjera en Cataluña o que la Unión Europea apoya la violencia policial durante el referéndum.

6. Y, ¿ahora qué?

Para empezar, podemos esforzamos por comprender cómo funcionan estas campañas de intoxicación para no seguir alimentándolas incluso cuando pensamos que las estamos combatiendo; debemos exigir datos verificables y total transparencia sobre el alcance de estas operaciones en caso de que realmente se hayan producido; y sobre todo, tenemos que vigilar de cerca las “soluciones” que se están tomando o se vayan a tomar, porque todo apunta a que van a terminar afectando a nuestras libertades. Adivinen quién gana siempre.

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Yolanda Quintana es periodista. Autora del libro Ciberguerra (editorial Catarata).

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Alejandra Kollontai, el amor camaradería

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A fines del siglo XIX, una mujer rusa de 26 años abandona su San Petersburgo natal para dirigirse a Zurich. Desde el tren escribe una carta a una amiga: “Aunque mi corazón no aguante la pena de perder el amor de Kollontai, tengo otras tareas en la vida más importantes que la felicidad familiar. Quiero luchar por la liberación de la clase obrera, por los derechos de las mujeres, por el pueblo ruso”. Con esta decisión, en 1898 su vida cambia radicalmente. Alejandra Kollontai resuelve dedicarse al estudio del marxismo y a la lucha por la emancipación de las mujeres y la clase trabajadora. Veinte años después se convertirá en Comisaria del Pueblo para la Asistencia Pública del flamante gobierno revolucionario ruso, un cargo de nivel ministerial. 

Nacida en una familia acomodada bajo la Rusia zarista, una visita a la fábrica de Krengoln en 1896 sacude su visión del mundo y la vuelca hacia la militancia. Se incorpora al partido socialdemócrata ruso en la fracción moderada de los mencheviques. La represión del zarismo la obligará a un largo exilio en Europa y en Estados Unidos durante casi una década, desde 1908 hasta los comienzos de la Revolución rusa en 1917. Poco antes, en medio de la guerra imperialista, se une a las filas bolcheviques por su posición internacionalista. 

Kollontai retoma las elaboraciones de Federico Engels sobre la cuestión de la familia, la propiedad privada y el Estado, analizando cómo se produce la separación entre la esfera doméstica y el ámbito público. En particular, analiza la situación de las mujeres en la sociedad capitalista. Mientras el ingreso masivo de las mujeres al trabajo asalariado sienta las bases para su independencia económica, las obreras mantienen la carga del trabajo doméstico, lo que genera una doble jornada laboral. Kollontai se interesa especialmente por la “crisis sexual” de la humanidad y denuncia el matrimonio como una renovada esclavitud. Es partidaria de una “renovación psicológica de la humanidad”, una revolución de las relaciones afectivas, superando las trabas impuestas por una concepción del amor como propiedad. Con sus trabajos sobre la “mujer nueva” y la historización sobre las diferentes formas de amor, anticipa debates críticos sobre el amor romántico, que propone superar con el “amor camaradería”. 

En marzo de 1917, Kollontai regresa a Rusia. Junto a numerosas militantes bolcheviques como Somoloiva, Krupskaia, Bosch, Armand y Stal reeditan el Rabotnitsa(periódico especial dedicado a las mujeres), promueven huelgas de las trabajadoras y su organización en los soviets.

La Revolución Rusa de 1917 otorgó conquistas para las mujeres que hasta entonces no se habían logrado en ningún país capitalista: la igualdad ante la ley, el divorcio libre, el derecho al aborto y la despenalización de la homosexualidad. La creación de guarderías, comedores sociales y centros de alfabetización eran un camino para arrancar a las mujeres de la esclavitud del trabajo doméstico, socializando estas tareas como una rama más de la producción. Las dificultades de la guerra civil, el aislamiento internacional y la miseria económica, impusieron trabas materiales al proyecto emancipador, que se profundizaron con la consolidación de la burocracia estalinista a la cabeza del estado y del partido. 

En los últimos años de su vida hasta su muerte en 1952, Kollontai se relegó al trabajo diplomático en varios países europeos y continuó escribiendo sobre cuestiones relativas a las mujeres, aunque guardó silencio frente a los grandes retrocesos de la revolución y el avance de la represión interna a los opositores. Aún con este final contradictorio para su biografía política, sus aportes a la tradición del feminismo revolucionario son indudables.

En 1927 se publicaba en Rusia su libro de ficción, La bolchevique enamorada. Su personaje, Vassilissa, encarna a miles de mujeres “nuevas” que se hicieron revolucionarias en aquellos años, “heroínas anónimas de la revolución” como las llamó Kollontai, hablando también de ella misma.

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Poderes secretos

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Una rama del pensamiento político ilustrado sostiene que la información pública es útil porque promueve un debate racional que beneficia a la república y, por tanto, los informantes o delatores sirven para fortalecer el interés público porque sacan a la luz hechos incómodos, en muchas ocasiones con un gran sacrificio personal. Sean cuales sean sus méritos, esta es una historia conocida. La idea de que revelar información supone inevitablemente un bien para la sociedad, aun a riesgo del martirio del mensajero, o quizá más por eso, está muy arraigada en nuestra cultura, ya sea el caso de Prometeo, Jesucristo o de Todos los hombres del presidente. Sin embargo, ese relato debe ser contrastado con la historia; al hacerlo, podemos descubrir que nunca mereció la pena conservar lo que salta por los aires, y que lo que sigue siendo secreto es más valioso. 

Las filtraciones siempre tienen una motivación política, nunca son desinteresadas. Los ejemplos bien documentados de filtraciones con este fin en Washington son bastante numerosos: la filtración como globo sonda que se utiliza para calibrar la reacción pública; la filtración que se usa para llamar la atención de los de arriba cuando fallan los canales oficiales; la filtración ideada para debilitar a un rival; la filtración que se utiliza como forma de presión para obtener una mayor financiación del gobierno, etc. Aunque las filtraciones de información reservada hayan acabado asociándose con la izquierda libertaria y antibelicista gracias a Daniel Ellsberg, Chelsea Manning y Edward Snowden, también pueden ser utilizadas para apoyar la guerra. Esta era sin duda la intención de la filtración de los cinco mil documentos confidenciales que entregó Charles Radford, un joven asesor del Consejo de Seguridad Nacional, al almirante Thomas Moorer, el retrógrado Jefe del Estado Mayor Conjunto de Nixon, cuyo propósito era dar marcha atrás en la retirada de Vietnam. Del mismo modo, las filtraciones antibelicistas pueden tener incluso una motivación profascista. Entre 1939 y 1940, el joven empleado del servicio diplomático de EE.UU., Tyler Kent, con amistades en grupos antisemitas y profascistas, filtró información confidencial para forzar que Roosevelt cambiara de idea sobre su intención de entrar en guerra. 

El deseo de arrojar luz sobre aquello que está oculto puede ser bienintencionado y, sin embargo, la transparencia por la transparencia es una política risible e inadecuada

El deseo de arrojar luz sobre aquello que está oculto puede ser bienintencionado y, sin embargo, la transparencia por la transparencia es una política risible e inadecuada. En muchas ocasiones no pasa de ser un formalismo vacío que persigue unos objetivos definidos o, peor aún, acaba desatando todo tipo de antipatías con la única excusa de buscar el conocimiento de forma desinteresada. Tomemos como ejemplo a Julian Assange, cuya página de WikiLeaks ha publicado gran variedad de “contenidos”, como por ejemplo los correos privados de científicos climáticos, que los medios de comunicación de derechas acabaron destrozando con acusaciones de conspiraciones fraudulentas; el regalo que hizo Chelsea Manning de los documentos sobre las guerras de Irak y Afganistán, que sirvió para realizar un muy necesitado escrutinio sobre esas guerras; los datos de contacto de miles de mujeres turcas o los correos privados del Comité Nacional Demócrata durante la campaña electoral. Todas estas filtraciones estaban justificadas porque los documentos y archivos que se divulgaron eran auténticos, y con eso basta. “Nihilismo” sería una palabra demasiado grande para describir esa inocencia deliberada, ya que no es más que un intento por llenar una ausencia de creencias políticas sustanciales con una ambición interesada por seguir siendo noticia cueste lo que cueste.

La verdad no será desvelada

La religión de las filtraciones inculca la creencia de que las verdades importantes atesoran un poder mesiánico, aunque esta verdad sea a menudo políticamente irrelevante. 

No importó la verdad en 1215 cuando Simón de Montfort suplicó al Papa Inocencio III durante el Concilio de Letrán que suspendiera la Cruzada albigense porque se había iniciado contra una herejía Catarista inexistente. A pesar de todo, la amenaza ficticia para la Cristiandad proporcionó la justificación que necesitaba el Papa para conquistar y absorber el feudo de Montfort, que a su vez sirvió como pretexto para que el Vaticano relajara la ortodoxia de su doctrina. 

Ni tampoco importó la verdad en 1594, cuando se hizo pasar a un desdichado pastelero por Dom Sebastião, el rey de Portugal desaparecido dieciséis años atrás en una fallida campaña militar contra Marruecos. A primera vista la impostura era ridícula, pero consiguió durar mucho tiempo porque convenía a los poderosos intereses dinásticos de la península ibérica.

Incluso hoy en día, en esta culta sociedad de clase media que finge aspirar a una igualdad formal y a unos derechos ciudadanos, a menudo la verdad se elude, ignora o instrumentaliza. En su esclarecedor aunque inquietante libro, La inteligencia y la política exterior de EE.UU., el analista de la CIA Paul Pillar estudia doce crisis de la política exterior de EE.UU. que tuvieron lugar durante la posguerra, y concluye que, en todos y cada uno de los casos, las aportaciones de las agencias de inteligencia no dieron como resultado una política más afinada, sino que supusieron una inteligencia más politizada. Lógicamente, muchos senadores estadounidenses que votaron a favor de la guerra de Irak se han excusado a sí mismos (y entre ellos) echando la culpa a la “mala inteligencia” que recibieron, pero con eso no es suficiente. Si hubieran leído la Apreciación Nacional de Inteligencia, a disposición de los senadores en aquella época, se habrían dado cuenta de que los vínculos operativos entre Saddam Hussein y Al Qaeda eran inexistentes. Hubo uno que se molestó en hacerlo, Bob Graham (senador por Florida), y acabó cambiando su opinión y votando en contra de la invasión. 

 En esta culta sociedad de clase media que finge aspirar a una igualdad formal y a unos derechos ciudadanos, a menudo la verdad se elude, ignora o instrumentaliza

En muchas ocasiones, la verdad es totalmente impotente. A comienzos de 2003, cerca de un 70% de personas de EE.UU. creía que Saddam Hussein había ayudado a cometer el atentado del 11-S, y que la inminente invasión de Irak estaba justificada, cuando menos, como venganza. Sin embargo, el informe que realizaron los servicios de inteligencia británicos sobre las armas de destrucción masiva que ocultaba Irak, y que Colin Powell acababa de presentar ante Naciones Unidas, demostró ser (se descubrió antes de que Powell abandonara el edificio) un cutre ejercicio de corta y pega realizado a partir de otros documentos que se podían encontrar fácilmente en internet. 

MacGuffins fallidos

En las películas de suspense o espionaje, la información (sobre todo si se trata de un secreto) está revestida de una magia simbólica y narrativa, que vendría a ser el material con que se fabrican los MacGuffins. Pensemos por ejemplo en el fax mágico que envía el virtuoso agente de la CIA de Joan Allen al final de El ultimátum de Bourne; o, si se prefiere algo más ambivalente, el final abierto de Los tres días del cóndor, cuando se ve a Robert Redford enviar pruebas al New York Timesdel caos homicida de las agencias de inteligencia de EE.UU. En estos casos, la trama no es más que la revelación de otra trama, un oscuro entramado o una conspiración. 

En la historia de verdad, los secretos filtrados son a menudo MacGuffins fallidos. En 1958, el sensacional relato que hizo Henri Alleg sobre los actos de tortura que cometían las fuerzas de seguridad francesas en Argelia no sirvió de nada para frenar la opresora contrainsurgencia de la madre patria. También en 1979, los miles de archivos de la CIA publicados por los revolucionarios iraníes que tomaron las oficinas de la agencia en Teherán no sirvieron de nada para disuadir a los responsables políticos estadounidenses de seguir practicando un imperialismo de intervención en Oriente Próximo. 

Los secretos están habitualmente sobrevalorados, en detrimento del conocimiento público. Es un consuelo creer que la revelación gloriosa de algún tipo de secreto de estado nos librará de la injusticia, o al menos de este letargo despolitizado. Sin duda, es una idea muy halagadora para los intelectuales, porque los sitúa a ellos en el centro de la historia como proveedores del fuego y portadores de verdades catalizadoras y hasta volátiles, aunque también sirva para salvar el honor “del pueblo”, porque los intelectuales creen que las personas acudirían en masa del lado de la justicia si solo supieran los secretos adecuados. 

Esta actitud secretista puede dar como resultado una fe entusiasta, aunque errónea, en la transparencia, y ese protagonismo puede convertirse en una distracción. Pensemos en cómo la crítica dominante contra los ataques con drones de Washington se centra en la “falta de transparencia” que rodea a su planificación y ejecución. De acuerdo, Washington debería ser más comunicativo con respecto a su comportamiento general en un número creciente de campañas de contrainsurgencia. Pero, ¿tenemos motivos para pensar que una mayor transparencia cambiaría la política estadounidense de ataques con drones, teniendo en cuenta lo populares que son entre los votantes republicanos, independientes e incluso demócratas? ¿No tenemos ya la suficiente información como para tomar una decisión sobre la imprudencia moral y estratégica que representan los ataques con drones? En la práctica, esta obsesión con la transparencia sirve para postergar decisiones que deberían tomarse ya, al desviar hacia cuestiones relativas al procedimiento de divulgación las conversaciones importantes (sobre violencia, intereses materiales, moralidad y objetivos estratégicos) que nos resultan más difíciles. 

Esta actitud secretista puede dar como resultado una fe entusiasta, aunque errónea, en la transparencia, y ese protagonismo puede convertirse en una distracción

Frente a esta cruda realidad, la fe en el poder salvador de las filtraciones públicas halaga la vanidad de aquellos que conciben la verdad como una cámara de los secretos. De acuerdo con la tradición filosófica occidental, se suponía que el hombre sabio (casi siempre era un hombre) había obtenido un acceso privilegiado a alétheia, una de las palabras que se usaba en griego clásico para decir verdad, y cuya etimología indica algo manifiesto, algo sacado literalmente del Leteo, del olvido. Alétheia es una cuestión económica: tiene que existir un valor de escasez vinculado a la información que solo conocen unos pocos, incluso si el número de esos “pocos” que disponen de la acreditación de seguridad para acceder a la información confidencial en Estados Unidos asciende a la increíble cantidad de 1,4 millones de personas. Alétheia también es una cuestión de erótica: retirar lentamente el velo a los secretos que se hacen de rogar.

Para ser justos, no todos los intelectuales han adoptado ese hábito mental, al menos no desde que Diógenes caminaba por las calles con una lámpara encendida durante el día.

Y los intelectuales no son los únicos que se obsesionan de forma morbosa con el conocimiento de lo secreto. Hannah Arendt diseccionó en Los orígenes del totalitarismo el hambre humana por las excentricidades del estilo de lo que publica la página Infowars:

“Como los primitivos líderes del populacho, los portavoces de los movimientos totalitarios poseyeron un firme instinto para todo lo que la propaganda partidista ordinaria o la opinión pública no prestaba atención o no se atrevía a tocar. Todo lo oculto, todo lo que fluía en silencio, se convirtió en tema del más relevante significado, al margen de su propia importancia intrínseca. El populacho creía realmente que la verdad era todo lo que una sociedad respetable hipócritamente había pasado por alto u ocultado con la corrupción. […] Las masas modernas […] no creen en nada visible, en la realidad de su propia experiencia. […] Lo que convence a las masas no son los hechos, ni siquiera los hechos inventados, sino sólo la consistencia del sistema del que son presumiblemente parte”.(1)

No es solo el populacho de Arendt: los autoritarios también son fetichistas en relación con el poder de los secretos de estado y la insaciable pasión que producen puede ser más dañina para su soberanía que cualquier tipo de filtración. El ilustre informador Daniel Ellsberg hirió de gravedad a Nixon, pero no por el contenido de los Papeles del Pentágono (que se circunscribían a las irregularidades en Vietnam de los gobiernos de Kennedy y Johnson), sino más bien por sugerir la idea de que el presidente y sus matones estaban cometiendo excesos delictivos. Las torpes ilegalidades de Nixon, como robar la oficina del psiquiatra del informador, conspirar para drogarlo y que perdiera credibilidad en público u ordenar al FBI que intentara sobornar al juez del juicio contra Ellsberg, no podían ser ignoradas y el resultado fue que el juicio se declaró nulo. Pero si no hubiera sido por la criminalidad del equipo de Nixon, Ellsberg seguramente habría sido condenado como consecuencia de sus filtraciones por delitos tipificados en la Ley de Espionaje de 1917, de la misma manera que se condenó a Chelsea Manning cuarenta años después. 

El actual presidente se vuelve loco a diario con las filtraciones que alteran su influencia sobre el ciclo político informativo. “James Comey filtró INFORMACIÓN CONFIDENCIAL a los medios. ¡Qué ilegalidad tan grande!”, tuiteó.  La constante lluvia de pequeñas filtraciones desde dentro de la Casa Blanca, o desde su entorno: ¿agentes del FBI, miembros del gobierno, Jared?, le está provocando muchos dolores de cabeza. Que sigan ocurriendo, que un valiente filtre la declaración de la renta de Trump o el informe íntegro de las torturas de la CIA. Aunque la verdad sea normalmente un gas inerte, en ocasiones puede acabar saltando por los aires y hacer descarrilar alguna política lesiva. Mientras tanto, no nos engañemos: harán falta más que algunas revelaciones para que llegue nuestra salvación. 

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 (1) Traducción de Guillermo Solana. Grupo Santillana de Ediciones. Madrid, 1974

Chase Madar es abogado de derechos civiles en Nueva York y autor de un libro sobre Chelsea Manning (The Passion of Bradley Manning: The Story behind the Wikileaks Whistleblower) @ChMadar

Traducción de Álvaro San José.

Este artículo se publicó en The Baffler. CTXT lo publica en español gracias a un acuerdo de intercambio de contenidos con la revista 

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Gramsci y su circunstancia

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Aparece, publicado por la editorial Hoja de Lata y traducido por Mara Meroni, esta biografía coral escrita por Antonio Gramsci Jr., nieto del gran Antonio Gramsci, uno de los pensadores políticos más importantes del siglo XX. La historia de una familia revolucionaria es mucho más que un estudio del peculiar entorno familiar que rodeó al líder comunista italiano: es una excelente herramienta para conocer, de la mano de los Schucht, mil y un detalles sobre el desarrollo de la conciencia revolucionaria rusa entre 1860 y 1890, así como también una fuente inagotable de detalles sobre la historia del marxismo italiano. 

La primera parte del libro se centra en la figura patriarcal de la familia, el viejo bolchevique Apollon Alexandrovich Schucht, amigo personal de Lenin y prototipo de virtudes soviéticas: hombre culto y sufrido, progresista sincero. De su matrimonio nacieron cinco hermanas: Nadine, Tatiana, Eugenia, Asya y Giulia. Esta última fue la que se casó con Antonio Gramsci. Pero la cuestión no fue nada sencilla: todo apunta a que Antonio mantuvo una relación amorosa antes con Eugenia Schucht, personaje histórico que realmente cruza la obra y se perfila como el enigma central de la vida de Gramsci. Al parecer, a través de la documentación familiar exhumada por el autor, Giulia era un espíritu artístico que Antonio Gramsci no siempre supo apreciar. Esto no significa que la admiración mutua en el matrimonio no fuera fuerte. Giulia vivió con pésima salud el proceso carcelario de su marido, desde Rusia. Eugenia era muy diferente de su hermana Giulia: parece que podría representar mucho mejor el papel de revolucionaria estalinista tipo. Eran dos caracteres muy distintos, ambos con debilidad por la personalidad de Antonio Gramsci. Sin embargo, Eugenia evolucionó de manera extraordinariamente peculiar: tomó para sí con exclusividad la crianza del hijo mayor de Gramsci, Delio, mientras abandonaba manifiestamente al otro hijo, de carácter más apocado e inclinado a la música. Eugenia hizo cuanto le fue posible para alejar a Giulia de Antonio, seguramente por despecho. Y al viejo Apollon, en un primer momento, aunque declaró que su obligación era respetar el criterio de su hija, no vio con buenos ojos el enlace.

Como fuera, en los pocos años que la familia pudo estar unida, la convivencia fue más bien difícil. Militar de profesión, Apollon solicitó pasar a reserva en 1884 para crear, al año siguiente, en San Petersburgo, una sociedad de estudios de obras revolucionarias ilegales. Allí se leía a Marx y se hacía propaganda entre los estudiantes. La policía no tardó en descubrirles, y la familia se instaló en Moscú. El 28 de febrero de 1887, Apollon fue detenido junto a Alexander Ulianov, el hermano de Lenin. Pero en lugar de ser ahorcado, fue enviado a la ciudad siberiana de Tomsk, donde no lo pasó nada mal. Se hizo traer un piano de cola, y nació allí, en 1889, su hija Eugenia. Poco después, en Samara, los Schutch entablaron amistad con el joven Lenin. En 1893, Lenin salió de Samara y se instaló en San Petersburgo. Había sido expulsado de la universidad de Kazán por participar en una manifestación. Junto a Ulianov, viajaron los Schutch. En esa época, Lenin publicó el folleto Quiénes son los “amigos del pueblo” y cómo luchan contra los socialdemócratas (1894). Lenin fue el padrino de Asya, una de las hijas de Apollon.

Por razones que no se han llegado a aclarar, hacia 1895, Apollon se trasladó a Suiza. Allí vivió en Ginebra y Zúrich, y formó parte del grupo de Plejánov. En sus viajes suizos, Lenin mantuvo una actitud risueña y jovial que contrasta con su imagen tradicional de hombre duro y unidireccional. Como fuera, cuando este proclamó sus Tesis de abril, en 1917, Apollon ingresó inmediatamente en el Partido Bolchevique. Tras la revolución de Octubre, trabajó ayudando a nacionalizar la banca. A partir del 12 de marzo de 1918, Moscú volvía a ser la capital del Estado. 

 por una carta enviada a Krúpskaya, sabemos que la familia Schutch, en 1920, no tenía zapatos, y se los tenía que fabricar con harapos

El libro aporta innumerables detalles sobre la vida cotidiana en el joven estado soviético. Por ejemplo, por una carta enviada a Krúpskaya, sabemos que la familia Schutch, en 1920, no tenía zapatos, y se los tenía que fabricar con harapos. Parece ser que los funcionarios que habían torturado y asesinado durante los brutales años treinta, envejecieron entre pesadillas y locura. Ni siquiera la propia esposa de Lenin (luego asediada por la GPU estalinista) podía echarse un terrón de azúcar en el té. El viejo Apollon, pese a ser un funcionario modelo del sistema, pasó un hambre inenarrable hasta que no fue superada la destrucción de la guerra civil. En octubre de 1924, Apollon escribía al Partido para suplicar que se le proporcionara botas, ropa interior y abrigos. Si un amigo personal de Lenin vivía así, ¿cómo viviría el resto de población? Las condiciones eran terribles. Sin embargo, las privaciones no hacían más que exaltar la fe de la familia en los logros del socialismo. Su entusiasmo no decayó nunca, más bien se acrecentó, aunque es muy posible que los orígenes nobles de Schutch le impidieran hacer carrera en el nuevo sistema. A su vez, su discreción y su insignificancia para el poder preservaron a la familia de las maquinaciones de Stalin. 

Apollon y Antonio se conocieron en Rusia en 1922. Por orden directa de Lenin, Gramsci viajó a Viena en 1923 con el encargo de prepararse para sustituir a Bordiga a la cabeza de los comunistas italianos. Lo cual no quiere decir que Gramsci no admirara hasta el límite a Bordiga. Delio, el primer hijo de Gramsci, nació también en 1923. Gramsci jugaba mucho con su hijo, el poco tiempo que pudo pasar con él antes de que Mussolini lo encerrara, el 8 de noviembre de 1926. También gustaba de cantar arias y operetas. Sin embargo, fue incapaz de valorar el talento musical de su esposa, que era una gran violinista. Parece que Gramsci no tenía un gusto artístico muy desarrollado. Sin embargo, los artículos de análisis internacional que cierran el volumen solo pueden ser producto de un genio: son chorros de profecías. Por ejemplo, fue el primero que se dio cuenta de que no se podía desligar el proceso revolucionario de Octubre de las consecuencias insoportables de continuar en la Guerra Europea. Lo vio en el mismo 1917, cuando cien años después esta idea aún es novedad: “Uno tiene la impresión de que los maximalistas han sido, en este momento, la expresión espontánea, biológicamente necesaria, por la que la humanidad rusa no ha acabado en la ruina total, por la que la humanidad rusa, absorbida por completo por su enorme trabajo, autónomo, de su propia regeneración, ha podido detener los ataques del lobo hambriento y por la que Rusia no se ha convertido en una jauría enorme donde las fieras se devoran entre sí”.

Mientras Gramsci se iba apagando en la cárcel, donde únicamente Tatiana Schutch se ocupaba de él, el Partido Comunista Italiano sufragó algunos de sus tratamientos más costosos

Giulia volvió a Moscú en junio de 1926, y pronto enfermó de gripe y epilepsia. En agosto de ese mismo año, nació Giuliano, padre del autor del libro, un hijo que no pudo llegar a conocer nunca a su padre. Mientras Gramsci se iba apagando en la cárcel, donde únicamente Tatiana Schutch se ocupaba de él, el Partido Comunista Italiano sufragó algunos de sus tratamientos más costosos. Esto contraviene la teoría tradicional de que Togliatti quería deshacerse rápidamente de Gramsci. Si quiso hacerlo, no se dio prisa. Durante décadas, el partido también se apropió de las obras y cuadernos y manuscritos del pensador. Por esta razón, las hermanas Eugenia y Giulia Schutch escribieron nada menos que a Stalin para exigir la devolución de los escritos de Gramsci. Este fue siempre un hombre incómodo para los ortodoxos de los años veinte. Aun así, el biógrafo sostiene que el Komintern ni lo condenó ni lo abandonó durante los compases finales de su vida. Aun así, cuando Sraffa pudo reunirse con Grasmci en 1936 y le relató lo que estaba ocurriendo en Moscú con los presuntos “trotskistas” y “traidores”, Antonio no hizo más que callar, herido e indignado. 

Giulia solo pudo vivir su matrimonio por correspondencia, sobre todo a partir de 1931. Era Tatiana, que vivía en Roma, quien más contacto pudo mantener con el preso. Los niños también escribían a su padre: le pedían su opinión sobre los clásicos rusos, sobre Gorki y Tolstói, o sobre las características del auténtico bolchevique. Giuliano lo aprobaba todo, incluso con notables y sobresalientes. Y de paso nos informaba de cuáles eran sus asignaturas en 1937: aritmética, escritura, lectura, ciencias naturales y educación física.

La obra, por lo tanto, se zambulle en las entrañas de una familia destrozada y presa de un destino fatal. Difícilmente la música y la cultura, siempre patrocinadas con entusiasmo por el viejo Apollon, hicieron de bálsamo a tanta desgracia. Los Schutch eran una familia que, careciendo de zapatos, se hacía importar violines de París. Este es el retrato de una familia italorrusa que sobrevivió gracias a la música y su fe en el mundo que se iba a borrar en 1990.

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La historia de una familia revolucionaria. Antonio Gramsci Jr. Editorial Hoja de lata. 

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Cine y Revolución: la mirada enamorada

Así comenzó el mundo tal y como lo conocemos. Como una explosión, como un big bang: el siglo XX forjado delante de una cámara de cine. Después de esa revolución en la Rusia de 1917 nada volverá a ser igual, aunque esa nada anterior haya durado cientos de años.  Las bombas de la Primera Guerra Mundial –la primera guerra filmada de la Historia– sirven de prólogo a esta superproducción que es la Revolución rusa. Retratada por el cine será, sobre todo, épica: puro espectáculo. La Revolución, siempre tan fotogénica. 

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Octubre
(Serguei Eisenstein, 1927)
De todas las artes, el cine es para nosotros la más importante. Debe ser y será el principal instrumento cultural del proletariado” (Lenin)

Aunque Potemkin (1925) se lleve toda la gloria, Octubre (1928) es el documento fundacional de la Revolución. De Octubre, por supuesto.

“En referencia a El Nacimiento de una Nación (1915, Griffith), Octubre podría haberse llamado El nacimiento de una revolución”dice Javier Hernández, decano de Comunicación de la Universidad San Jorge y profesor especialista en narrativa audiovisual. “Dziga Vértov revoluciona el cine con  su idea de ensamblar imágenes a través del intervalo y el collage, un lenguaje al servicio de una nueva realidad. Los vanguardistas  rusos inventan hasta el grafismo del siglo XXI, el de internet. A su lado las vanguardias europeas eran pajas mentales de la clase privilegiada, con sus manifiestos vacíos. Los rusos pusieron toda su energía en el cambio de la sociedad”. 

Los años previos e inmediatamente posteriores a 1917 estallan de creatividad en todos los ámbitos: las vanguardias se extienden a toda velocidad por Europa como vainas marcianas y llegan a Rusia en el momento justo, cuando el viejo régimen zarista agoniza. El tren de Lenin y sus bolcheviques inauguran la modernidad frente al apolillado régimen imperial: quieren cambiarlo todo, empezando por la sociedad de su tiempo. El Arte se convierte en la punta de lanza revolucionaria y no solo por sus inspiraciones políticas –¿qué fue antes? ¿Quién inspiró a quién?– con un testigo nuevo y excepcional: el cine nace como siamés inseparable de las vanguardias artísticas del siglo XX, incomprensible sin los movimientos que sacuden a la fotografía, la poesía, la música, la pintura, la arquitectura, el grafismo o el diseño en todo el mundo occidental. Los artistas contemporáneos son muy conscientes de ello: 

“En 1915 el pintor Kazimir Malevich expone en Petrogrado treinta y nueve obras abstractas que suponen no sólo una ruptura con su trabajo anterior sino además una apertura a un universo nuevo” dice el artista plástico Rubén Rodrigo (Salamanca, 1980). Y añade: “Blanco y negro, secuencialidad, parece que estuviéramos hablando de cine… Malevich desarrolla los límites de la pintura, los límites de la luz, el límite de nuestra mirada como espectador. El fundido a negro no es el fin de la pintura. Es vivir en la frontera de la percepción, es ampliar nuestra mirada hacia el tiempo, exactamente de lo que trata el cine”.

Estilos, escuelas corrientes, neo-primitivismo,  suprematismo, constructivismo, cubofuturismo… ¿Alta y baja cultura? Picasso reconoció que Apollinaire y él mismo perseguían con pasión las películas de Charlot allá por los albores del siglo pasado. Y Chaplin fue uno de los pocos amigos de Serguei Esenstein durante su breve paso por Hollywood.

En la lejana Rusia, la apabullante tradición artística del país se vuelca en los nuevos movimientos. Pintores como Malevich, Kandinsky, Marc Chagall y muchas, muchas pintoras: Liubov Popova, Varvara Stepanova, Olga Rozanova o Natalia Goncharova; en músicos y coreógrafos como Diaguilev y Nijinsky; en el Teatro del Arte de Moscú con Stanislawsky  y Meyerhold; y en los escritores, de Gorki a Bábel o Bulgakov y poetas –no se entiende Rusia sin sus poetas– como Anna Ajmátova y Boris Pasternak. Serguei Eisenstein forma parte de esa vanguardia inmensa, junto a otros “inventores” del cine como Vertov, Pudovkin, Kuleshov o Medvedkin. La lista de nombres contagiados por la Revolución es apabullante. ¿Cómo no caer rendidamente enamorados de este nuevo mundo que nos prometen? 

Hoy, las imágenes plateadas de El acorazado Potemkin, vaciadas por el tiempo de su carga ideológica, mutan en icono pop y motivo de camiseta, quizá a causa de la infinidad de homenajes y parodias del cine comercial a la célebre secuencia de la escalera de Odessa.

Pero también, seguro, porque el padre del diseño moderno, el escultorpintordiseñador gráfico y fotógrafo Alexánder Rodchenko estaba ahí. Junto al poeta futurista Maiakovsky fundaron en 1923 una agencia con la que revolucionaron –también– el concepto, aun en pañales, de publicidad. 

Para Mar Quintana, ilustradora especializada en diseño y animación: “Las vanguardias artísticas de principios del siglo XX tienen una misión clara: la ruptura con lo anterior. Ruptura con lo figurativo, con el elitismo de la clientela burguesa, con la propia noción de obra de Arte. En Rusia, inspirándose en técnicas artesanas y humildes, como los grabados de madera y linóleo, el uso de la tipografía como forma abstracta, las formas y colores básicos. Un lenguaje nuevo, liberador, moderno, mecánico que conjuga los mundos del Arte plástico, la artesanía, el cine, la política, la poesía, la arquitectura…Sus obras son democratizadoras, el medio ideal para la propagación del mensaje obrero. El cartel propagador, la Propaganda, es el origen del diseño gráfico actual”. 

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Cartel de El acorazado Potemkin (A. Rodchenko)

Y entonces llega el fin. En 1928, el estreno de Octubre tuvo que retrasarse cinco meses para suprimir todos los planos de León Trotski, caído en desgracia. Como anticipó Dostoievski en Los demonios (1872), los más fanáticos de estos revolucionarios no tardan en desencadenar un terror que hará caer la primera víctima de muchas: la libertad creadora. Pensadores, poetas, escritores, artistas tachados de hacer arte burgués y/o antirrevolucionario. La dictadura bolchevique impone el realismo socialista, el suyo, a pesar de que representa una fantasía más propia de la ciencia ficción. 

“Tal vez sólo haya una revolución, desde siempre. La de los buenos contra los malos. La pregunta es… ¿quiénes son los buenos?” (Los Profesionales, Richard Brooks,1966)

Ese corte estético –con ejecuciones, gulag o censura– tiene como protagonista al cineasta Alexánder Medvedkin en la película de Chris Marker El último bolchevique/La tombeau d’Alexandre. Genial tratado sobre el cine como objeto revolucionario, ensayo sobre la memoria del pasado suspendida en el tiempo, Marker – compañero de Resnais, Vardá y Tarkovsky– traslada su propia decepción ideológica como militante de izquierdas a la defección de su amigo Medvedkin, su paso de vanguardista revolucionario a cineasta al servicio del totalitarismo. 

Antonio Weinrichter, crítico de cine y autor de “Mystère Marker” sobre la obra del cineasta francés, valora la mirada de Marker, el narrador de las revoluciones, sobre sus antecesores de la vanguardia rusa: “En más de un sentido, el trabajo de Chris Marker enlaza con la era de las vanguardias históricas en su vertiente soviética: un experimentalismo fulgurante, promovido por un estado naciente que patrocinó una forma artística de expresar un optimismo social. Todo muy fugaz, claro: enseguida lo reemplazó una forma de populismo artístico llamada realismo socialista. La obra de Marker representa quizá la mejor confluencia de esas dos vanguardias que postula Peter Wollen desde las cenizas otra revolución, la del mayo del 68: la política y la formal. “El fondo del aire es rojo” titula Marker su balance de esa otra derrota”.

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El último bolchevique/La tumbeau d’Alexandre (1993)

Revolución y vanguardia nacen juntas, viven apasionada y brevemente, y mueren de la misma enfermedad. Pero, ¿desaparecen del todo? A pesar de todo, el legado de los cineastas rusos permanece: de forma directa en el cine de la Nouvelle Vague –como el propio Marker– y todos sus epígonos, pero no solo. En realidad, es casi imposible  encontrar una sola película actual en la que no estén presentes las técnicas de montaje cinematográfico de Vértov, Kuleshov, Eisenstein o Pudovkin. Las vanguardias rusas perviven implantadas en el seno de la sociedad capitalista, como si se hubieran pasado al enemigo para sobrevivir. Para ello, han tenido que abandonar por completo su objetivo ideológico original: la implantación del comunismo. En las postrimerías del siglo XX, los cineastas europeos comienzan a contar el terror estalinista: “La confesión” (Costa Gavras, 1970); “Quemado por el sol” (N. Mihalkov, 1994); “Papá está en viaje de negocios” (E. Kusturica, 1985)  o “Vor, el ladrón” (P. Cukhrai, 1997) señalan de forma brillante la brutalidad de los tiempos del genocida “Koba”, pero la Revolución no aparece en su celuloide sino de manera fantasmal, como el del mito o la leyenda. ¿Dónde está la Revolución?

Pues en Hollywood, claro. Patrón del verdadero imperio de la apropiación anarco, el de las narraciones, no podía dejar de hundir sus garras capitalistas en la Revolución rusa. Guerra fratricida, amor y muerte: los ingredientes perfectos para un melodrama. Y nada de experimentos vanguardistas; si hay que gastar millones de dólares en una revolución de cine, la industria sabe que hay que llamar a un especialista y, de estar disponible, al mejor: David Lean. (De altura no comparable a la de Beatty en Reds/Rojos, 1981). Va a contar con un libreto de altura, “Doctor Zhivago” de Boris Pasternak, una novela casi autobiográfica sobre la vida de un poeta durante la revolución bolchevique, prohibida en la URSS hasta la llegada de la Perestroika. Su editor, el millonario italiano Giangiacomo Feltrinelli, tiene una historia capaz de competir con la del propio Pasternak: expulsado del todavía prosoviético PCI por la publicación de “Dr. Zhivago”, fundador y comandante del grupo paramilitar Gruppi di Azione Partigiana (GAP), morirá en los “años de plomo” durante una acción terrorista, a causa de un fallo en los explosivos con los que pretendía sabotear una línea de alta tensión de Milán.

El rodaje de Doctor Zhivago (1965) en España está plagado de anécdotas de toda una generación de artistas y técnicos del cine que trabajaron con “los americanos” y alguna famosa, como la secuencia de la manifestación en la que 2000 figurantes cantan la Internacional, para estupor de los habitantes del madrileño barrio de Canillas donde se levantaban los estudios. Estamos en pleno franquismo: la policía secreta fichó a los extras que  por lo visto, entonaron “A las barricadas” (en español) de forma espontánea, imbuidos de euforia libertaria.  Esto, detrás de la pantalla; dentro de ella, el idealista Pasha Antipov se convierte en el cruel Strelnikov: la Revolución –y sus demonios– hecha carne ante Zhivago. Los ojos de Omar Sharif registran la historia como una cámara: el actor egipcio se quejaba de sus pocas líneas de diálogo. Puede que Lean le estuviera haciendo un homenaje a Vertov y a su cine-ojo: la Revolución retratada como un reflejo en los ojos de un artista. (Y si es un poeta represaliado, mejor)

La muerte de Zhivago, fulminado de un ataque al corazón –no podía ser de otra manera– al ver pasar a Lara, la pasión inalcanzable de tres hombres distintos, es un final glorioso para jugar a la metáfora: el amor perdido, la causa perdida. El artista, el poeta, solo será amado por la Revolución durante un breve momento –breve encuentro–, porque de una manera u otra, ella acabará con él. Y solo sobrevivirán los Komarovski –los Fouché de otra revolución–, cínicos que no arriesgan su corazón. 

Mucho antes de que la policía franquista detenga a extras en un rodaje, en 1930, Eisenstein viaja a México para rodar la accidentada e inconclusa Que viva México. El eco de la Revolución de Octubre estaba en otro continente; el americano; pero su reflejo en “la Bola”, resulta también un rotundo fracaso. Salvo en su legado cinematográfico. Ni mil ensayos históricos pueden competir en posteridad con un solo primerísimo primer plano del rostro de María Félix Enamorada  (1946) de un revolucionario villista, en una película puesta en pie por Gabriel Figueroa y Emilio “el Indio” Fernández, el gran director de la época de oro del cine mexicano. Fernández revisó el material filmado por Eisenstein para Que viva México una y otra vez, hasta obsesionarle, como una alucinación y una epifanía; a su vez, Figueroa aprendería del trabajo de Eduard Kazimirovich Tissé, el gran fotógrafo que llegó con Eisenstein: la sombra del cine ruso es alargada. 

 Imagen relacionada

Enamorada (Fernández, 1946)

Y de nuevo, en los EEUU: desde los inicios del cinematógrafo, cuando Griffith produce The life of general Villa (Raoul Walsh, 1914) el México revolucionario representa un hito romántico para los gringos –viejos o no–, empeñados en encontrar allá donde esté el material del que están hecho los sueños. Ese espíritu  romántico crea un personaje nuevo: el desengañado de la Revolución atrapado en la nostalgia de un fracaso, casi una herejía en el país de las oportunidades. Hollywood no ama el fracaso, así que el looser, para serlo, tiene que tener una buena razón: una derrota en una guerra. En el western clásico será el vencido de la Guerra de Secesión y en el western moderno, el de la Revolución mexicana. Buena muestra de ello está en “Los profesionales” (Brooks, 1966), western contemporáneo del melodrama Zhivago. Los mercenarios –Marvin, Lancaster, Ryan y Strode– dispuestos a luchar por dinero contra su viejo compañero de ideales revolucionarios –Jack Palance–, intentan rescatar a una esposa secuestrada interpretada por Claudia Cardinale, hasta que descubren que todo es un engaño: ella es una revolucionaria enamorada de un revolucionario. Perdedores de todo, ya solo les da sentido una pasión imposible. 
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Cartel de Los Profesionales (Brooks, 1966) y “Cruz Negra” (Malevich, 1925)

“Tú la ves tal como es. La Revolución no es una diosa sino una mujerzuela; nunca ha sido pura, ni virtuosa, ni perfecta. Así que huimos y encontramos otro amor, otra causa, pero sólo son asuntos mezquinos, lujuria pero no amor, pasión pero sin compasión, y sin un amor, sin una causa, no somos nada. Nos quedamos porque tenemos fe, nos marchamos porque nos desengañamos. Volvemos porque nos sentimos perdidos. Morimos porque es inevitable…” (Los Profesionales, Brooks, 1966) 

La revolución siempre resulta fotogénica, como el amor romántico. Una y otro son bellos, subversivos y viven en permanente conflicto con la realidad; por eso están condenados a permanecer en el territorio de los sueños. En el cine.

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Uno de cada cinco jóvenes españoles sufre pobreza laboral

Espacio realizado con la colaboración del
Observatorio Social de “la Caixa”.

La juventud española es uno de los colectivos que más has sufrido el impacto de la crisis en los últimos años. Esta situación ha afectado a muchos aspectos de la vida de los jóvenes: inclusión social, ocio, participación política, emancipación… También al ámbito laboral: la tasa de paro se ha disparado hasta porcentajes de entre el 40% y el 50% para menores de 25 años. Pero la situación no solo es complicada para los jóvenes desempleados, sino que muchos de que han encontrado trabajo también se ven abocados a la precariedad: según el informe Tendencias mundiales del empleo juvenil 2017, publicado recientemente por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), uno de cada cinco jóvenes españoles empleados está en riesgo de  pobreza.

En comparación con los países del entorno, la situación en España es de muchas gravedad: el porcentaje de jóvenes con pobreza laboral es ocho puntos superior a la media de la UE, situada en el 12,5%. El informe de la OIT advierte del “desafío especialmente grave” que afronta el país, al que sitúa –junto con Grecia– como el que más complicaciones impone a los jóvenes en la región para mantener un nivel de vida digno a pesar de disponer de un empleo.

El informe de la organización adiverte que, pese a la mejora “lenta pero gradual” del empleo joven en el conjunto de la Unión Europea desde 2013, año en el que se alcanzó el techo de paro regional (23,3%), hay que tener en cuenta los altos niveles de temporalidad y precariedad presentes en la creación de puestos de trabajo, así como el importante componente estructural que afecta al desempleo juvenil.

Esta situación se enmarca, según la OIT, en una tendencia global de drástica disminución de la participación de los jóvenes en la fuerza de trabajo a lo largo de los últimos 20 años. Entre 1997 y 2017, la participación laboral de la juventud disminuyó en 35 millones de personas en todo el mundo, a pesar de un aumento general de la población joven de cerca de 140 millones. De esta forma, se estima que a día de hoy en torno a 71 millones de jóvenes están desempleados a nivel global, lo que sitúa la tasa mundial de desempleo juvenil en el 13,1%. Además, en términos cualitativos, se destaca que más del 76% de los jóvenes que trabajan ostentan empleos informales, es decir, sin ningún tipo de protección ante despido improcedente, impago o baja por enfermedad, frente al 57,9% de los empleados adultos. La posibilidad de que los jóvenes obtengan un empleo temporal es del doble con respecto al resto de trabajadores.

El informe también pone especial énfasis en destacar la relevancia de la relación entre empleo y cualificación en el mercado laboral actual. En este sentido, el documento apunta que, en promedio, el tiempo transcurrido entre el final de los estudios y el primer empleo es 1,6 veces más largo para los jóvenes con estudios primarios que para aquellos que terminaron la secundaria, 1,7 veces más para los jóvenes con estudios secundarios que para los que disponen estudios terciarios, y 2,6 para los jóvenes con estudios primarios con respecto a aquellos con estudios terciarios. Este período tiende a ser más breve en los países desarrollados que en aquellos que aún están en desarrollo. 

Las previsiones del informe ponen especial énfasis en la trasformación que actualmente sufre el mercado laboral en cuanto al requerimiento de habilidades y conocimientos de los trabajadores. Hay un incremento sustancial de la demanda de destrezas relacionadas con la ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, al igual que de habilidades de carácter trasnversal que incluyan formación en diversas áreas de conocimiento de forma complementaria. De esta forma, los trabajadores jóvenes educados como “nativos digitales” deberían, según el informe, disponer de un posicionamiento más adecuado a la hora de acceder a aquellos empleos de nueva creación, así como un mayor nivel de adaptación a los cambios tecnológicos.

Además, se prevé una tendencia hacia la polarización del empleo en los próximos años a causa de la creciente demanda de las empresas de contar con empleados tanto de alta como de baja cualificación, dejando a los trabajadores semi-cualificados en una posición de indefinición laboral que podría favorecer un potencial incremento de las desigualdades ya existentes actualmente.

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Espacio de información realizado con la colaboración del Observatorio Social de “la Caixa”.

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