El primer sindicato de inquilinos y la segunda huelga de alquileres

Una huelga barcelonesa. La primera y –hasta este 2019– única huelga de alquileres, se inició en 1931 y duró hasta 1932. Fue una huelga bestia, dentro del canon barcelonés de huelgas bestias. Una veintena de muertos, presos detenidos en barcos/piolines anclados en el puerto, ausencia de diálogo por parte de la patronal, y alta participación en el lío de la policía, a su vez en modo huelga japonesa. Participaron, se calcula, hasta 100.000 inquilinos. Sin duda fue una huelga histórica e importante. No pasó a la historia porque en aquellos años la historia iba a toda leche y no le dio tiempo. La cosa partió de los Comités de Defensa Económica, a su vez relacionados con el sindicato de la construcción de la CNT. El 40% de los trabajadores del sector estaban en paro, y la situación habitacional estaba calentita. Alquileres altos, hacinamiento, crisis absoluta de la vivienda, hasta el punto de que la ciudad vio nacer extraños negocios, como las casas de dormir, habitaciones en las que pendía una cuerda en diagonal y en las que, pagando, podías dormir, apoyando ambos sobacos en la cuerda. En la huelga participaron inquilinos. Es decir, hombres, mujeres, niños, ancianos, vecinos, barrios. Se paralizaron desahucios y se dio para el pelo de manera formidable a los desahuciados. Los operarios que por la mañana iban a un domicilio a cortar las suministros, por la tarde volvían, como miembros de la CNT, a devolverlos. Los muebles sacados de un piso eran devueltos a la casilla de salida por los vecinos, o rotos por la policía, para impedir esa vuelta. A pesar de los desahucios oficiales, forzados y reales, las familias permanecían en sus pisos. Manel Aisa ha descrito aquel momento en La huelga de alquileres y el Comité de Defensa Económica (El Lokal, 2015). Nunca más hubo otra huelga de alquileres. Hasta este año. Puede ser que se inicie en febrero. Y la convoca el Sindicat de Llogaters / Sindicato de Inquilinos de BCN. El sindicat, ese comité de defensa económica creado hace menos de dos años ante la crisis de la vivienda en el área de BCN, ese estado de ánimo que supone más del 50% de la población cat, está cambiado la percepción sobre el alquiler y sus derechos.

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La ayudita mutua. Hola. Estoy en una asamblea del sindicat. Comparten local con una asociación de mujeres inmigrantes, en el Eixample. Pero estas asambleas, en domingo, las hacen en un centro público, más grande. Son, en este momento en el que les visito, un centenar de personas. De todas las edades. Muchas con lacito amarillo. Es decir, de clase media. Los participantes en la reunión aportan tonos e información que van desde el desánimo hasta la seguridad, incluso la autoconfianza, incluso el optimismo. Los participantes novatos explican situaciones desesperadas. Los menos novatos aportan su experiencia y soluciones. Frente a una subida en el alquiler desmesurada, por lo que veo, el sindicat aporta una dinámica. Seguir pagando la cantidad anterior, dialogar, negociar, facilitar información a los medios y, posteriormente, presionar vía protesta. Funciona. Diversas personas que llegaron a estar al borde del desahucio explican a otras cómo se solucionó su problema, con renovaciones ventajosas. El sindicat, de hecho, está participando, gracias a la presión, en la regulación de precios de un sector desregularizado, precisamente, por el Estado. Lo que es un algo muy importante, que habla de la importancia y los futuribles del sindicat. El carácter ejecutivo, dinámico, de esta reunión contrasta con la primera a la que asistí, hace más de dos años. Se trataba de la reunión fundacional. Muchas cosas han cambiado desde entonces. En aquella primera asamblea se presentaba el proyecto. Diversas personas llevaban carteles, con un título que aludía a un problema habitacional concreto relacionado con el alquiler. Los asistentes se reunían en torno al título que les parecía más próximo a su vivencia. Eran personas, mayormente, desesperadas, poseedores de problemas que no existían en los medios o en las conversaciones habituales. Habían hecho los deberes. Habían estudiado o trabajado. Habían respetado las reglas. Y, ahora, se les expulsaba de la clase media, mediante algo que iba más allá de la expulsión de la estabilidad salarial, como es la expulsión de sus casas. Empezaban a llegar cartas con subidas del 30% o, incluso, del 50% o más en el precio del alquiler. La PAH calculaba que llegaba una cada diez minutos en todo el Estado. Había cambiado algo, algo importante, sobre lo que no había diagnóstico ni descripción.

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Una descripción. “En el mercado de la vivienda de alquiler no se aplica la ley de la oferta y la demanda. A mayor oferta, sube el precio. Y todo ello gracias al papel del Estado en todo esto”. Les habla Jaume Palomera, el rostro público del sindicat y, sin duda, una de las personas que saben más sobre las dinámicas del sector del alquiler en España. “En BCN, el 40% de la población opta por el alquiler” –300.000 familias, 1 millón de personas–. “No es, por tanto, una ciudad de propietarios. Se trata de un sector importante de la sociedad que, al contrario de lo que ocurre en Europa, no está organizada frente al alquiler, y ello porque, en cierta manera, existía una suerte de vergüenza ante el hecho de no ser propietario. La razón: España es el lugar en el que el proyecto de propiedad ha ido más lejos, y el hecho de no ser propietario se puede llegar a leer como un fracaso vital”. Palomera explica la poética de ese mercado y de esa dinámica. “La vivienda es un mercado determinado por el Estado, a través de la Ley del suelo, hipotecaria y de alquiler, a través de la fiscalidad y de la intermediación, esto es, los agentes inmobiliarios. Todo empezó en los años ochenta. Hasta entonces, había un solo banco hipotecario”. El paisaje cambia con los procesos de privatización y de concentración financiera, acompañados, paulatinamente, del aumento de la promoción de la propiedad, iniciada ya en los sesenta, vía medidas fiscales y nuevos productos financieros, que acabaron posibilitando deudas de más del 100% del importe de la vivienda. Entre 1997 y 2007 se produce un récord en la disciplina no olímpica de la construcción. Se trata de una década en la que, por aquí abajo, se construye un tercio del total de lo construido en Europa. Una desmesura y un aumento de la oferta que, según la ley de la oferta y la demanda, debería haber repercutido en el precio. Pero el mercado de la vivienda no se rige por la oferta y la demanda. Todo estalla con la crisis de 2007. Se produce una primera crisis habitacional, la de la vivienda en propiedad, que da paso a un auge del alquiler entre 2007 y 2013. En ese periodo se intuye que la burbuja inmobiliaria, sustentada en la propiedad y la deuda, puede ser sustituida, hasta que vuelva, con una burbuja en el alquiler. El Gobierno ZP pone la primera piedra al respecto, en 2009, con la creación del trade-mark SOCIMI –sociedades anónimas cotizadas de inversión inmobiliaria–, una suerte de SICAVs orientadas a la adquisición y promoción de activos urbanos para su posterior arrendamiento. De esa forma y con la entrada de fondos de inversión como Blackstone y Lone Star en la cosa alquileres se reactiva la burbuja. En 2012, el Gobierno Rajoy le da entidad a ese vehículo de especulación denominado ‘Socimi’. Cambia su sistema tributario. Dejan de pagar impuesto de sociedades. Por otra parte, se reduce a tres años la duración del contrato de alquiler a particulares. Lo que no es una anécdota, pues esa es la duración legal de las socimis. Las socimis, por acuerdo del Estado, pasan a modular el mercado inmobiliario. Así como suena. ¿Qué podía salir mal?

La mano invisible y sus bofetadas. “El sistema inmobiliario, lo dicho, no funciona por la oferta y la demanda, sino por expectativas”, Palomera me explica el funcionamiento de esas expectativas. “Las socimis han aumentado. No dejan de aparecer. Son fondos buitre, que deben de ofrecer un 6% de rentabilidad a sus accionistas, de manera rápida. Son un gran negocio. Se calcula que el 30% del capital financiero transita por el sector inmobiliario. Se trata de inversiones que superaran en beneficio a las que puede ofrecer la Bolsa. La dinámica especulativa afecta a núcleos urbanos de toda Europa, con ciuda*des enteras que están perdiendo el control público y la capacidad de planificación sobre sus núcleos históricos. Palomera me explica un caso radical, en el barrio de Sant Antoni, BCN. Blackstone se ha hecho con diversos inmuebles. Ha sometido sus propiedades a subidas superiores a la media del barrio. Pueden permitirse mantener pisos vacíos durante cierto tiempo, sacándolos del mercado, hasta que imponen sus precios-referencia. “Sin la actuación del Estado, el capital financiero invertido en inmobiliaria, no funciona. El resultado es una nueva forma de capitalismo sin precedentes”. Con beneficios sustentados, glups, no tanto en el consumo de productos, como en la subsistencia. Palomera me enumera otros factores que confluyen para crear una tormenta perfecta en la vivienda de alquiler, también modulados por el Estado, como la oferta de alquiler turístico, que extrae de los barrios un número importante de viviendas, que pasan a tener otra función, no habitacional, rompen el tejido y crean beneficios fabulosos sustentando en la afuncionalidad de cada vez más viviendas. “Me constan propietarios de pisos durmiendo en un sofá de la entrada, para poder alquilar el resto de habitaciones al completo”. El nuevo rol del agente inmobiliario, también desregularizado por ley, ha provocado la aparición de un nuevo factor. “En los últimos siete años se ha triplicado su número en BCN. Tienen un mercado cautivo e impiden la relación del inquilino con el propietario, dos sujetos que, si llegan a tener contacto, pueden establecer una relación mutua satisfactoria. Los agentes dominan todo el mercado”. Y, simplemente, por una cuestión de mayor beneficio personal, que no de beneficio para el propietario, pueden expulsar al inquilino.

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Regulación de la desregulación. Prosigue la asamblea del sindicat. Aparecen palabras como Blackstone y Goldman Sachs. Hablan personas con tercer aviso de desahucio. Llegados a ese punto del viacrucis del arrendatario del siglo XXI, los desahucios se denominan desahucios abiertos, una facilidad del desahucio ofrecida por el Estado, que no facilita al afectado la hora de ejecución, de manera que ello dificulta los actos de resistencia. Se habla de una empresa, Finques Amat, catalogada como ética por la administración. El 70% de sus viviendas pertenece a fondos buitre, que han notificado a sus inquilinos subidas del 56%. Se valoran varias acciones para presionarla ante problemas humanos y concretos. Parece ser que se opta por iniciar una campaña gráfica. Diversos inquilinos explican sus casos, y cuentan cómo han dado ya el primer paso para la solución de sus conflictos: conocer el nombre del propietario de su piso, en ocasiones un fondo, en ocasiones pequeños propietarios. Una mujer de Sant Antoni explica que le han notificado un aumento del 47%. Hala. Otra mujer le explica e informa que no haga contraoferta, que eso dificultará la negociación del sindicato. Una mujer de Sants explica su caso. Se le notificó aumento del 55%. No negoció. Negoció en todo momento el sindicat. Consiguió prolongar el contrato por otro año. Después, ya veremos, porque el sindicat volverá a negociar. Aplausos. Un hombre del Raval explica que ha cursado demandas al propietario de su piso por acoso y por agresiones. Desde el sindicat se le remite a los talleres que hacen al respecto.

Próximamente en esta sala, ¿huelga de alquileres? Palomera. “En 2018 iniciamos la campaña Ens Quedem –Nos Quedamos–, una especie de Stop Desahucios que inició la PAH en su momento, aplicada a los alquileres inasumibles. Ha sido una campaña exitosa. Vamos, que mucha gente decidió no irse, no resignarse. No había precedentes de ello. Y eso supone un gran cambio en la realidad. El resultado es que hemos participado en negociaciones, y, de facto, hemos regulado precios. Pero el Gobierno tiene que apostar por la regularación”. De hecho, el Gobierno parece ser la instancia. Los ayuntamientos tienen pocas herramientas. El de BCN, en esta legislatura y pese a ello, ha adquirido más de 20 inmuebles afectados por especulación radical, y ha legislado la posibilidad, aún no efectiva, de que el 30% de la vivienda nueva construida en la ciudad sea canalizada hacia la vivienda social. Esto es importante y, según me dice una concejala, puede provocar un cambio efectivo en 20 años en la situación del acceso a la vivienda. Lo que explica, a su vez, la orfandad de los ayuntamientos al respecto. El de la autonomía tampoco es una bicoca. La Generalitat, en la etapa Puigdemont, apuntó que haría una Llei d’Arrendaments Urbans/Ley de Alquileres Urbanos que, en opinión de Palomera, “no es posible, por ausencia de competencias. Parece que la voluntad era hacer algo testimonial, que fueran desmontado por el TC. Que la competencia del sector sea estatal no quita exigir a las CC.AA., y a los ayuntamientos que hagan un frente común pro-regularización”. Para 2019, el sindicat se propone un cambio cualitativo y de intensidad, focalizando, en ese sentido, la responsabilidad del Estado en el estado de la cuestión. Todo empezó en 2018 con el problema habitual de aumento desmesurado del alquiler en varios inmuebles concretos, pertenecientes a una misma titularidad, relacionada con diversas empresas, detrás de las cuales está Goldman Sachs. Se trata de varios edificios en BCN, Sant Joan Despí, Santa Perpètua y Rubí. “El 31 de diciembre finalizaron los contratos, que debían dar paso a un aumento abusivo en el precio. Pero hemos pagado hasta el 31 de enero. Siempre, en ese sentido, hemos velado por pagar, por seguir pagando el precio antiguo hasta encontrar una solución. En el caso de estos edificios, si para finales de febrero no la encontramos, haremos nuestro primer impago organizado: una huelga de alquileres, lo que supondría para la empresa unas pérdidas de 100.000 euros mensuales. Así se lo comunicamos al Gobierno en nuestra reciente primera reunión con el Ministerio de Fomento: si en un mes no vemos medidas, planificaciones, agendas que indiquen que trabajan por el control del precio del alquiler, se producirá la primera huelga de alquileres, y focalizaremos la responsabilidad gubernamental en la crisis de los alquileres”. Cómo fue la reunión, le pregunto, ya puestos. “Tensa. Dos horas”. Me explica que Podemos, Comuns, ERC y PDeCAT les han asegurado que están a favor de la regulación, y que el PSOE está creando un decreto que puede dar pie a ello, si bien, tal y como está la correlación de fuerzas, C’s y PP pueden eternizar la cuestión, vía interposición de enmiendas. “Es preciso asegurar el objetivo de la regulación y hay mecanismos para ello. Queremos contratos estables, control de precios y eliminación de beneficios fiscales a las empresas especuladoras. Queremos un modelo más próximo al francés, y alejado del modelo británico y norteamericano, en el que estamos”.

El negocio de la regulación de la desregulación. El Gobierno actual ha ampliado la duración de los contratos de alquiler de tres a cinco años. Lo que supone un problema burocrático para las socimis. Y, en cierta manera, un toque, un aviso de que la gran sintonía anterior ha desaparecido. O, al menos, ha dejado de ser tan explícita, como demuestra también la sentencia contra Ana Botella y su equipo. No obstante, el Gobierno ha declarado, por mediación del ministro de Fomento, que no prevé ir más allá en la regulación de alquileres, que siguen en manos de las dinámicas y sujetos creados, vía ley, por los gobiernos desde 2009, y que han modulado una crisis de la vivienda de alquiler sin precedentes recientes, si bien con unos beneficios de peli de Scorsese. La desregulación es una suerte de regulación. Es entregar de forma profunda y continuada la sociedad a empresas con expectativas de beneficio en modo  financiero. Algo muy propio de un Estado que ha unido su destino al del IBEX, esa extraña institución, que sólo se ha producido en su formalidad y determinación en España y en Corea del Sur. En España, el IBEX 35 integra a empresas en su gran mayoría reguladas. Banca, energía, combustibles… Un indicio de que el Estado, el sujeto que regula, es una parte del negocio de todos estos beneficios fundamentados. Que la elaboración de leyes es más importante en la consecución de beneficios que la competitividad, o que alguna suerte de inteligencia para los negocios. El beneficio, un beneficio colosal y desmesurado de los sectores regulados parece centrarse cada vez más en las necesidad básicas. Tan básicas como dormir bajo un techo. Es normal dentro de esa dinámica el nacimiento de sindicatos no laborales, sustentados en el consumo, como el Sindicat de Llogaters –que, por cierto, no puede ser registrado como sindicato–. Es normal, y tendremos que acostumbrarnos a su cotidianidad, también, la vuelta de las huelgas de consumo, una herramienta que, lo veremos, en breve. Y esta vez, para quedarse. Lo veremos, o no, en breve.  

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Dios los cría y…

Hace dos o tres semanas, el PP y Ciudadanos anunciaron un bonito Pacto de regeneración democrática, que al PP le hacía mucha falta, para lavarse la cara, que ni con lejía, y recuperar la credibilidad perdida, después de años y años de corrupción, que lo han convertido en el partido político más corrompido de Europa, con una larga lista de imputados y condenados, con un Vicepresidente, varios Ministros y un etcétera interminable de representación de todos los estamentos del organigrama de sus listas electorales, por lo que la regeneración política pareció un buen propósito de enmienda loable, que, ¡Ay!, se ha venido abajo, sin remisión, ni paliativos, con el contubernio, como se decía en tiempos del franquismo, andaluz, con los acuerdos firmados, naturales y presumibles, por aquello de Dios los cría y ellos se juntan, entre el PP, Ciudadanos y Vox, colaboración que se veía venir, por lo que respecta al PP y Vox, después de las declaraciones de Casado, el Presidente del PP, en el sentido que compartía muchos puntos del programa de Vox, que, gracias al PP, prolongan la sombra alargada del dictador Franco, cuya memoria siguen sacralizando y revitalizando, después de más de cuarenta años muerto, y perpetuando  su herencia de guerra civil permanente, adaptada a los nuevos tiempos. 

Estos vergonzosos pactos de gobierno, entre la derecha y la ultraderecha, le dan la puntilla a esos hipócritas buenos propósitos regeneradores, que apuntalaban y solidificaban el fondo antidemocrático de su razón de ser, al servicio del Mercado. ¿Cómo se puede ser demócrata y ayudarse de Vox, que, al menos son honrados y no ocultan sus intenciones ni las bases ideológicas de su programa antidemocrático, con sus propuestas de devolver a la mujer a su antigua situación de marginada, cercenar los derechos de los trabajadores, resucitar las viejas consignas franquistas de palo y tente tieso,  fortalecer el centralismo estatal, suprimiendo las aspiraciones de las Autonomías, yugular las libertades ciudadanas, con la obligatoria homogeneización ideológica y defender la implícita aceptación de la pena de muerte y la cadena perpetua? La cosa está clara. Pero lo peor es que “Ciudadanos”, que siempre ha jugado a despegarse del PP y de su corrupción endémica, también se ha pringado hasta los huesos, en esta operación Andalucía, para dar vida  al Trío de la Bencina, aunque todavía le queda la oportunidad de rectificar y salirse del bochorno, en espera de mejor y más feliz ocasión.

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¿Quién mató a Rosa Luxemburgo?

La historia política alemana del último siglo puede leerse como el relato de un crimen. Un asesinato político que anticipó un genocidio. Pero para eso hubo que aplastar, primero, la esperanza de una revolución.

El 15 de enero de 1919, Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht fueron arrestados en el piso donde se escondían y trasladados a la sede de la Guardia de Caballería de los freikorps (cuerpos paramilitares) en el aristocrático hotel Eden. Cuenta una testigo que Luxemburgo colocó algunos libros en una maleta, pensando que le esperaba una nueva temporada en la cárcel. Unas horas después, el capitán Waldemar Pabst se comunicaba telefónicamente con el ministro del Ejército del Reich, el socialdemócrata Gustav Noske, para pedirle indicaciones sobre cómo proceder con tan importantes prisioneros. Hacía días que la prensa lanzaba amenazas e insultos contra “Rosa, la sangrienta”, dirigente de la Liga Espartaco y del recién fundado Partido Comunista Alemán (KPD).

Los socialdemócratas se encontraban en el poder desde la dimisión del Kaiser. El levantamiento de los marineros y trabajadores de Kiel había sido el puntapié inicial de una serie de insurrecciones locales que culminaron con una huelga general en Berlín el 9 de noviembre.  Ese día, el socialdemócrata Philipp Sheidemann proclamaba la Republica alemana desde una ventana del Reichstag. Pocas horas después, Karl Liebknecht anunciaba –prematuramente– la creación de la Republica Socialista Libre de Alemania desde el balcón del Palacio. Se vivía una situación de doble poder, con la formación de consejos de obreros y soldados, siguiendo el ejemplo ruso. Para evitar que ese fuera el camino, el 10 de noviembre el Gobierno llegó a un acuerdo con el Estado mayor alemán: el objetivo era frenar la revolución y liquidar a los espartaquistas, su ala más radical. “¡Odio la revolución como la peste!” había declarado Friedrich Ebert.

Después de su conversación con Gustav Noske, el Capitán Pabst dio las órdenes y el teniente Vogel dirigió el comando de ejecución. Rosa Luxemburgo fue arrastrada escaleras abajo, pateada y golpeada en el estómago. Cuando cruzó la puerta, el soldado Otto Runge destrozó su cráneo con la culata del fusil. Agonizante, la subieron en un coche donde el oficial Hermann Souchon le dio un tiro final en la sien. Su cuerpo fue arrojado en el Landwehrkanal donde apareció flotando cuatro meses después. Karl Liebknecht había sido fusilado unas horas antes en un parque cercano. La primera versión “oficial” fue que habían sido asesinados por una “turba” furiosa cuando intentaban escapar. Pero el bulo no resistió la menor pesquisa. Leo Jogiches, quien había sido compañero de Rosa Luxemburgo durante muchos años y dirigente de la Liga Espartaquista, investigó y expuso quiénes eran los responsables del asesinato. El 19 de marzo de 1919 Leo Jogiches fue asesinado en la cárcel “intentando escapar”; miles de espartaquistas y obreros revolucionarios fueron fusilados en los meses siguientes. El cineasta alemán Klaus Gietinger prueba todos estos hechos en un riguroso trabajo de investigación que se publica por primera vez en inglés este año por editorial Verso.

Ya sabemos quién mató a Rosa Luxemburgo. La pregunta más importante ahora es por qué

En 1962, el capitán Pabst hizo alarde de su responsabilidad en el asesinato de los dirigentes revolucionarios: “Yo participé, en aquel entonces (enero de 1919), en una reunión del KPD, durante la cual hablaron Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo. Me llevé la impresión de que los dos eran los líderes espirituales de la revolución, y me decidí a hacer que los mataran. Por órdenes mías fueron capturados. Alguien tenía que tomar la determinación de ir más allá de la perspectiva jurídica … No me fue fácil tomar la determinación para que los dos desaparecieran… Defiendo todavía la idea de que esta decisión también es totalmente justificable desde el punto de vista teológico-moral”.

Pabst tan solo contó lo que la cobarde socialdemocracia no se atrevió a confesar. El capitán volvió a tener protagonismo durante el golpe de Estado de Kapp (Kapp-Putsch) en 1920. Más tarde colaboró en la organización de grupos paramilitares de ultraderecha en Austria. Si bien nunca se afilió al partido Nazi, formó parte de grupos ultraderechistas hasta su muerte, en 1970. Nunca fue juzgado por sus crímenes.

Ya sabemos quién mató a Rosa Luxemburgo. La pregunta más importante ahora es por qué. Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht se habían opuesto a la traición de la socialdemocracia que apoyó los créditos de guerra en el Reichstag el 4 de agosto de 1914. El Partido Socialdemócrata Alemán se había transformado en la organización más poderosa de la Segunda Internacional: un bloque de 110 parlamentarios, más de 4 millones de votos, 90 periódicos propios, numerosas asociaciones juveniles y de mujeres. Pero ese monumental aparato fue puesto a disposición del Imperio alemán cuando comenzó la guerra, justificando con la idea de la “defensa nacional” que los trabajadores alemanes se mataran en las trincheras con los franceses.

Luxemburgo representaba la lucha contra la guerra imperialista, el combate contra el militarismo y la denuncia de las capitulaciones de la socialdemocracia

Luxemburgo y Liebknecht representaban la lucha contra la guerra imperialista, el combate contra el militarismo alemán, la denuncia de las capitulaciones de la socialdemocracia, la defensa de la revolución rusa y el ala más decidida de la revolución alemana. Como escribió Karl Liebknecht el mismo 15 de enero de 1919, unas horas antes de morir:

“«Espartaco» significa fuego y espíritu, significa alma y corazón, significa voluntad y acción en favor de la revolución proletaria. «Espartaco» significa toda la necesidad y el anhelo de felicidad, significa toda la determinación a luchar del proletariado con conciencia de clase. «Espartaco» significa socialismo y revolución mundial”.

Ese anhelo de felicidad volvió a resurgir en Alemania en 1921 y en 1923. La historia de aquellos intentos revolucionarios ha sido invisibilizada por la historiografía, pero la esperanza de un mundo nuevo renació desde las cenizas una y otra vez en el corazón de Europa occidental. Solo después de sucesivas derrotas, debidas en gran parte al rol conservador que jugaron las grandes organizaciones obreras como la socialdemocracia y más tarde el estalinismo, pudo imponerse el nazismo.

Cuando Rosa Luxemburgo escribió en 1916 el Folleto de Junius acerca de la disyuntiva de “socialismo o barbarie”, la barbarie se hacía carne en las dramáticas postales de la Primera Guerra Mundial. Ella no podía imaginarse el horror que estaba por venir.  

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La ultraderecha europea y su amor al patriarcado

En el contexto de Europa Occidental la idea de igualdad de género es hegemónica. Según esta, hombres y mujeres seríamos (o deberíamos ser) iguales, esto es, tener las mismas oportunidades y derechos. Pero, entonces, ¿por qué los partidos de la extrema derecha europea siguen pensando que las vidas de las mujeres no valen lo mismo que las de los hombres? A pesar de las múltiples diferencias existentes entre ellos, desde la sofisticación pragmática de una Marine Le Pen a la tosquedad cuñada de un Santiago Abascal, todos comparten al menos cinco posiciones políticas dirigidas a frenar las propuestas emancipatorias de las luchas feministas.

Primera confluencia: defensa cosmética de la igualdad

Los partidos de ultraderecha escandinavos son la vanguardia en este aspecto. Demócratas de Suecia (SD), por ejemplo, presumen de la cultura europea como líder en la equiparación en derechos entre hombres y mujeres. (De hecho para ellos, es la demostración de nuestra supuesta superioridad respecto a otras culturas.) En general, las fuerzas políticas no pueden sustraerse, o no tan fácilmente, a avances en derechos convertidos en “sentido común”. Menos aún cuando el sujeto que los ha hecho posibles, el feminismo, sigue siendo un agente político de cambio poderoso, una fuerza social capaz de arrancar nuevos derechos al poder –tanto social como institucional–. Por eso todos los partidos de extrema derecha de Europa Occidental hablan de igualdad y de respeto a las mujeres.

Ahora bien, más allá de sus bondades discursivas, las nuevas derechas europeas no solo no se caracterizan por presentar propuestas que traten de paliar las desigualdades existentes, sino que acostumbran, por el contrario, a tratar de impedir medidas sociales o institucionales encaminadas en esa dirección. Así, uno de los objetivos de Vox como hemos visto es acabar con la Ley Orgánica de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género. Y en su práctica política parlamentaria, la francesa Agrupación Nacional (antiguo Frente Nacional) ha votado de forma sistemática contra propuestas legislativas destinadas a reducir la desigualdad. Por ejemplo, para impedir proyectos como el de la ley de igualdad profesional, que recogía medidas como la ampliación del permiso de paternidad, la puesta en marcha de garantías ante el impago de las pensiones alimentarias o de dispositivos de protección para las víctimas de violencia machista doméstica.

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Segunda confluencia ideológica: la etnización del feminismo

Es muy difícil encontrar en estas formaciones un argumento en defensa de los derechos de las mujeres –ya sea en un discurso, un artículo, un tuit, o en los programas políticos– que no vaya seguido de un prejuicio racista. Este uso del discurso de la igualdad entre mujeres y hombres como herramienta de ataque a personas de origen inmigrante, extranjeras o simplemente construidas como “otras” (por motivos de color, etnia o religión) se denomina etnización o racialización del feminismo. En el contexto europeo, se trata de una práctica de contenido principalmente islamófobo.

Los partidos de extrema derecha escandinavos –como SD, el Partido del Progreso, el Partido de la Libertad o los Verdaderos Finlandeses– suelen pasar de presumir de los avances de la civilización europea en materia de derechos de las mujeres, a señalar a parte de sus propias poblaciones como culturas refractarias a dichos avances, cuando no como auténticas amenazas para los mismos. Principalmente, a sus vecinos de origen africano y de religión musulmana. Marine Le Pen escribe en Twitter que las mujeres ya no pueden vestir a su antojo cuando pasean por determinados barrios de algunas ciudades, o que su integridad física no está asegurada en dichos lugares. Pero cuando habla de “mujeres”, Le Pen se refiere exclusivamente a las mujeres blancas, y cuando alude a las amenazas para los cuerpos y vidas de las mujeres (blancas), apunta exclusivamente al peligro representado por los hombres no blancos y musulmanes, como si los hombres blancos estuvieran vacunados como agresores sexuales. Florian Philippot –exvicepresidente del Frente Nacional y fundador del partido Los Patriotas– acuñó el concepto de “apartheid indumentario”. “La mujer sublimada por la civilización francesa es Brigitte Bardot y no las mujeres que se visten como dicen los hombres”, dijo.

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Tercera confluencia ideológica: la vuelta del rosa y del azul

¿Acaso las fuerzas de la ultraderecha europea se sorprenden al oír a la ministra de Familia brasileña cuando dice que los niños visten de azul y las niñas de rosa? No demasiado, teniendo en cuenta que todas ellas difunden la verdadera ideología de género: la ideología patriarcal. Según esta idea, las múltiples diferencias entre cuerpos, identidades y deseos de la especie humana deben constreñirse imperativamente a dos géneros: el masculino y el femenino. Y esto debería ser así, argumentan, por motivos religiosos. Gilles Lebreton, eurodiputado del FN, recuerda que según la Biblia “hombres y mujeres deben aceptar su complementariedad para su desarrollo mutuo”. Y también por motivos biológicos. Therese Borg, del SD, advierte, por su parte, de que no tener en cuenta las “diferencias biológicas reales” es perjudicial para la sociedad.

Por consiguiente, este asunto del rosa y del azul, que podría interpretarse como una inocua preferencia estética, se dirige directamente al eje central de la ideología de género patriarcal: esto es, la diferenciación obligatoria de funciones sociales entre hombres y mujeres. Las mujeres volveríamos a estar determinadas por nuestra capacidad de procrear, valoradas principalmente por nuestro rol de madres. Las consecuencias de esta vuelta a los papeles tradicionales son muchas y graves. Por supuesto, conlleva un ataque explícito a la libertad sexual y reproductiva de las mujeres. No hay ni un solo partido de ultraderecha que no lleve en sus programas, si no una ilegalización directa, sí, al menos, restricciones claras del derecho al aborto y desde luego, a su gratuidad. En sus declinaciones más nacionalistas y racistas, esta exaltación de la procreación alcanza tintes de “ecología racial”. Es decir, de vuelta a la identidad nacional de sangre, para preservar, en versión Amanecer Dorado, la continuidad de la raza desde los antiguos griegos hasta los griegos contemporáneos. En palabras de Andreas Wild, de AfD, la “unidad étnica en lo universal”. Y ya barriendo para casa, la organización española de mujeres Edelweiss se declara defensora de la perfecta unión hombre/mujer para la preservación de la raza blanca.

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Cuarta confluencia ideológica: la alergia a la diversidad

Los roles trascendentes de género, que se componen tan armónicamente con las misiones trascendentes de la nación, dejan fuera todo lo que se mueva de la foto fija de la identidad de género patriarcal y de la norma heterosexual. En este sentido, la LGTBIfobia está al orden del día. Beatrix von Storch, diputada de AfD, lo expresa en estos términos: “Queremos una política que defienda los intereses de nuestro país y no cambiar nuestro lenguaje porque alguien se sienta discriminado por no considerarse ni hombre ni mujer”. Para Marion Maréchal Le Pen, nieta de le Pen padre y sobrina de Marine, toca “suprimir las subvenciones a las asociaciones politizadas como las de planificación familiar o las LGTB”. Algo que Vox recoge en su programa, proponiendo la creación de un Ministerio de Familia y la promulgación de una ley orgánica de protección de la familia natural que la reconozca como institución anterior al Estado. Así como la supresión en la sanidad pública de las intervenciones quirúrgicas “ajenas” a la salud (de cambio de género, aborto, etc.).

Quinta intersección ideológica: el antifeminismo militante

El telón de fondo de esta vuelta al pasado, de una ultraderecha que se manifiesta, sobre todo, desde la nostalgia, es una reacción defensiva y muy agresiva contra el acceso de las mujeres a derechos que puedan poner en peligro la relación de dominio patriarcal. Nos enfrentamos, por lo tanto, a una contraofensiva abierta frente al movimiento feminista. Un movimiento que la ultraderecha jamás nombra como tal. Los partidos de este arco político acostumbran así a descalificar todo lo proveniente del feminismo como “ideología de género”, “locura de género”, “hembrismo”, feminazismo, etc. El objetivo principal es no reconocer el papel de las propias mujeres, de su lucha, de su fuerza y de su alianza, para la obtención de todos los derechos que, desde el acceso al voto a la posibilidad de decidir libremente sobre nuestros cuerpos, han contribuido a hacer sociedades más justas y más igualitarias.

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Vox, por ejemplo, recoge en el punto 70 de su programa la “supresión de organismos feministas radicales subvencionados”, y para su presidenta en Sevilla, María José Piñero, la “perspectiva de enfrentamiento contra el hombre” es lo que justifica el 8M.

Hasta aquí lo que la extrema derecha europea comparte respecto a su antifeminismo: el ataque tanto a los derechos de las mujeres y colectivos LGTBI (con todas sus derivas racistas), como a las propuestas del movimiento feminista en su ambición de construir una sociedad más habitable, plural y justa para todas las personas. Hasta aquí, en otras palabras, las orejas del lobo. Pero la amenaza real es la capacidad de estas ideas, ahora tachadas de radicales, tanto de contagiar como de recuperar propuestas tradicionalmente defendidas por el espectro político de derechas en general. La ideología de género patriarcal, devaluada en los últimos tiempos gracias al auge del movimiento feminista, siempre puede resurgir y robarnos derechos que creíamos alcanzados para siempre.

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Marisa Pérez Colina es miembra de la Fundación de los Comunes.

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La Boca del Logo de hoy: Señal (14/1/2019)

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Las feministas andaluzas frente a los ultras

El martes 15 de enero, coincidiendo con el debate de investidura del Gobierno andaluz, el movimiento feminista de Andalucía convoca una movilización frente al Parlamento. Será a las 12 de la mañana y simultáneamente en todas las provincias el mismo día a las 7 de la tarde. Se prevé masiva y con numerosos apoyos del movimiento feminista y LGTBi a nivel estatal e internacional que llaman a secundar concentraciones en solidaridad con las andaluzas.

Las negociaciones para formar gobierno después de la últimas elecciones se han llevado entre tres partidos del arco de la derecha, PP, C’s y Vox. Este último presentó el 8 de enero un documento donde se recogían propuestas insólitas a modo de condición para apoyar la investidura del candidato del PP. Entre otras, aquellas que rezaban “derogación de la Ley 12/2007  para lo promoción de la igualdad de género en Andalucía y la derogación de la ley 13/2007 para la prevención y protección integral de la violencia de género”.

Aunque finalmente estas medidas no han entrado en el pacto de gobierno, el hecho de que derechos consolidados para la igualdad de las mujeres sean parte del debate  se considera un ataque frontal al feminismo y sus conquistas y ha motivado un amplio rechazo que llama a la contestación social.

Pero esta movilización va más allá de defender la Ley de Igualdad Andaluza y la Ley contra la Violencia de Género. Esta movilización es la respuesta desde el feminismo a la guerra que la derecha reaccionaria ha declarado a la igualdad material de las mujeres. Pues no solo estas medidas de Vox juegan en detrimento de los derechos de las mujeres, sino que otras, como no priorizar la protección de la educación pública, tienen los mismo efectos. El gasto medio de los hogares en educación durante la crisis aumentó considerablemente en Andalucía (de 175,19 a 223,6 euros). Este “copago-repago educativo” perjudicó a los hogares de rentas más bajas, muchos encabezados por mujeres. La reducción de becas, personal y financiación de servicios auxiliares como aulas matinales se traduce en que las mujeres suplen, a modo de trabajo no pagado, los servicios que dejan de ofrecerse o de subvencionarse desde las administraciones públicas1.

Las políticas encaminadas al desmantelamiento de lo público que pretende la derecha perjudican de formas especial a la realidad material de las mujeres. Así pues, las feministas andaluzas salimos a defender lo conquistado y más allá.

Pero para que la defensa de los derechos de las mujeres tenga éxito, hay que entender qué está pasando. Estas medidas las propone un partido político que representa a 400.000 votantes en los que ha calado el discurso de los “chiringuitos feministas”. El discurso del “chiringuito”, no solo afecta a las feministas, también se le aplica a ecologistas, sindicatos, movimiento antirracista…etc. Para desmontarlo es necesario entender y ver a qué malestares de la ciudadanía están apelando  y por qué consiguen que mucha gente quiera desmantelar “chiringuitos”.

En Andalucía esa propuesta funciona y consigue apoyos. Esto hay que entenderlo a partir del agotamiento de la ciudadanía con 40 años de política clientelar del régimen del PSOE y una falta de transparencia en la gestión de las subvenciones públicas. El tercer sector subvencionado andaluz cuenta con comprometidos profesionales pero también con una clase política intermedia que ha vivido subvencionada. Este malestar de la ciudadanía hay que valorarlo y afrontarlo desde el feminismo y desde la izquierda para que la ultraderecha de Vox no sea quien lo canalice como justificación de sus propuestas de recorte a la democracia y a lo público.

Contra el “chiringuito” no vale el exterminio de lo público haciendo recaer el peso en los sectores más vulnerables; frente al “chiringuito” necesitamos control social y transparencia. Reivindicar el derecho de la ciudadanía a intervenir, individual y colectivamente, en los asuntos de interés público, en la toma de decisiones, en la planificación, ejecución y evaluación de planes y programas,

En definitiva el derecho a  vigilar y controlar el buen manejo de los recursos públicos.

La ultraderecha agita malestares y los gana para sus objetivos. Las feministas y la izquierda tenemos que dar respuestas a estos descontentos y sufrimiento, señalar sus verdaderas causas y proponer soluciones que, a diferencia de las de los ultras, se encaminen hacia la vida digna de todos y todas.

 

1. Informe. “El impacto de la crisis y las políticas de austeridad en las mujeres y la igualdad de género en Andalucía. El escenario post-crisis”. Observatorio GEP&DO. UPO. Sevilla.

 

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Griezmann, la resistencia

En esta vida puedes llamarte Cerci, Maniche o Yanick Carrasco y pasarte la existencia protestando porque te crees Maradona o simplemente ser Antoine Griezmann y tener paciencia para explotar en la Navidad de 2014 y hacer un hat trick en San Mamés, como si el talento fuera algo bastante corriente y los valores escasos fueran la constancia y la serenidad. Indudablemente la perseverancia, el estoicismo, la presión por el precio del jugador, incluso la presión por cambio de la posición del jugador en la Real Sociedad (menos adhesión a la banda y más libertad de movimientos, jugar entre líneas y por el centro, intensificar la velocidad, el desborde y el gol) llevaba la mano de Simeone: sin transiciones dramáticas, sin saltos bruscos de elevación de nivel, sin pausas excesivas y sin retrasos innecesarios. Cuando los equipos son proyectos largos y organigramas severos de trabajo, nacen los talentos: los Sául, los Koke, los Thomas, los Lucas, los Rodrigo (22 años, mucha destreza en el pase y excelente nivel en la recuperación, presagio, profetizo en esta crónica un crack mundial en dos temporadas). Cuando no es así igual es 1993 y cierran el año Cacho Heredia, Pastoriza y Ovejero. Pero en 1993 ni existía Griezmann como profesional, ni hubiera tenido continuidad y recorrido de crack en el Atlético de Madrid. A sus 27 años en 2019 lo tiene todo para que su conclusión sea hasta donde permita el cielo de Madrid, la FIFA y lo que diga Maradona (risas).

La victoria y el éxito conllevan primero reivindicaciones continuas, y en segundo lugar, exigencia. Jugar con el éxito y la posibilidad de luchar campeonatos supone el funambulismo del alambre y una tensa situación, con cierto olor a tierra mojada de tormenta y a rocío de la mañana. Todo empieza a dilucidarse y decidirse mínimamente en enero. No en sentido categórico, no con las evidencias y la tiranía de mayo, pero sí con la trascendencia de que cada vez caben menos fallos. Si un error puede solventarse en otoño, entrado el invierno los descuidos empiezan a herir de gravedad. Los más eufóricos entenderán que el Atlético tiene entidad de sobra para ganar a cualquiera, y los más cenizos interpretarán que el tren del éxito se perdió con los puntos que se extraviaron en Vigo, Leganés, Girona, Sevilla. Los más cenizos, curiosamente siempre han tenido un optimismo brutal: ganar a domicilio en Primera no es que sea fácil, también es preceptivo e imperativo. Consideremos que necesario sí que es, pero el que todo lo juzga fácil encontrará la vida difícil, seguro diría Lao-Tsé o cualquier chino de esos de hace 3500 años que inventaron la literatura motivacional, la autoayuda y el Dream it, do it. Solo la ficción lo permite todo y hace realidad los sueños, por tanto podríamos darnos una vuelta por la quimera y hacer campeón de Europa al Atlético, y ese es en realidad el efecto que producen los espejismos y la literatura pero luego llega un golpe de realidad y el Levante te está esperando con un abrupto 3-5-2 de contención defensiva en el centro del campo para sorprender a la contra y Savic caer lesionado, aparentemente por nada, es decir la enigmática rotura de fibras, en el minuto 6. Y aún así el Atlético empezó mandando volcándose por la banda de Arias (pura diligencia y dinamismo), y en el diez marcaba Koke el primero tras asistencia de Vitolo (última demanda de la afición), pero una supuesta falta de Rodri y una irrebatible decisión del VAR invalidaba el gol. Lo justo para que el Levante despertara y hostigara con una dudosa amenaza las inmediaciones de Oblak, como si fuera un partido de torneo de verano y el peligro no fuera el remedio del aburrimiento. Entretanto Vitolo adquiría el papel de estrella que necesita este equipo, como si esta película dijera la verdad de su protagonista. Recuperaba, distribuía, requería un papel principal, jugaba sin miedo. No iba en patinete por la Gran Vía como Lemar, validaba su presencia inicial. Y asediaba el Atlético, Simeone levantaba las masas y Correa lo intentaba una y otra vez con su asiduidad de barrio y niño con pelota nueva. Provocaba una falta, incitaba otra, insinuaba una tarjeta amarilla, se revolvía como un muelle, caía como un resorte. Mientras Rodri y Thomas robaban para que tuviera lugar el desdoble por las bandas, todos hacía lo suyo, y los granotas y el VAR, un auténtico peñasco de la Liga, provocando la absoluta esterilidad. Esa aridez de la roca, y la razón de que esta competición a veces sea férrea y a veces soporífera. El Atlético lo intentaba todo, el Levante de pareja con carabina. Providencial Rober Pier en el cruce para evitar el tiro de Vitolo. Y así todo el rato. Faltaba lo único, lo más importante: el gol.

Cumplía Juanfran en el lateral izquierdo, centraba y Thomas remataba de cabeza fuera. Seguía acorralando el Atleti y al Levante solo le quedaban los dos grande verbos de las revelaciones modestas de la Liga: robar y salir. Y tuvo que llegar de penalti, Vukcevic tocó el balón con el brazo y Griezmann (aquel eterno perseverante) lo tocó rompiéndolo. Minutos después la tenía Vitolo (muy aplaudido, incluso por Simeone, en su salida por Kalinic, imaginemos que la belleza de los vítores son un estado de ánimo) culminado una contra que rozaba la escuadra izquierda de Oier. A continuación el Comandante Morales (declarado admirador de la afición del Atlético de Madrid) metió la quinta, amagó a Giménez (con Godín no había podido en todo el partido) y solo el pecho del prodigioso Oblak salvó el gol. La posteridad es una recuperación de Rodri y un pase a magistral a Lemar que se hace un lío con la magia de sus setenta kilos y demasiado escorado no logra rematar, la euforia del público del Metropolitano, un caño de Griezmann, un tiro laxo e indolente y Simeone abrazando a todos los muchachos, animando lo que no alcanza la perfección y sabiendo que los abrazos de la historia nunca han sido pasajeros. Una vez más, Griezmann, el funambulista. La resistencia.

 

 

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No quiero hijos. ¿Y ahora qué?

No quiero hijos

¿No quiero hijos?

No, no quiero. ¿No quiero?

Tengo treinta y siete años, vivo solo y casi nunca quiero hijos.

Casi nunca no es nunca.

Este verano he sido muy feliz cuidando el gatito de una amiga que se fue de vacaciones a California. Se llamaba Michín y tenía todo aquello que estamos hechos para amar. Me necesitaba de una forma pura. De forma honesta. Y mientras estuvo conmigo pude colmar todas sus necesidades. Cada día que pasaba me enamoraba más de Michín.

Un fin de semana lo llevé a visitar a mi madre, que se acaba de jubilar. Fuimos a Agromascotas y le compramos golosinas, una pala para las cacas y un transportín. Mi madre le daba jamón de york y luego jugaba con él un buen rato. El bienestar de Michín se convirtió en nuestra obsesión. Estaba claro que llenaba el vacío de un hogar sin niños. Nos completaba.

Mi madre es una especie de Galadriel de los cuidados. Plantas, abuelos y mascotas reverdecen bajo su mando. Los niños la adoran porque ella los adora a ellos, pero de un modo tan racional que jamás nos ha presionado ni a mi hermana ni a mí para darle nietos. Su profesión la ha llevado a conocer a demasiados padres que no deberían haberse reproducido. “No todo el mundo debe tener hijos”, dice tajante tantas veces como sea necesario. Y en lo que respecta a mi padre, como buen hombre de ciencia siempre se ha mostrado bastante escéptico con todo eso de perpetuar la estirpe.

A mi hermana y a mí a nos enseñaron a dominar nuestros instintos desde la razón, y ya sabemos todos que plantearse la decisión de tener hijos desde un frío cálculo de pros y contras suele tener más propiedades anticonceptivas que la píldora. No se necesita razonar para tener hijos, igual que no se necesitan razones para comer. Ni siquiera se necesita ser racional para tenerlos. De hecho, los hijos en mi época suelen llegar cuando le das una patada a las mil razones que te frenan (paro, precariedad, machismo estructural, inmadurez) y dejas que tus instintos tomen el control.

Yo, sin embargo, que no dejo que mis instintos me gobiernen (ya, ya sé), he elaborado argumentos muy sólidos para no tenerlos, por otro lado bastante comunes, nada originales. En el siglo XXI se da la feliz coincidencia de que la decisión egoísta de no aparearse no solo no perjudica a la humanidad, sino que la beneficia. ¿No quieres hacer seres humanos? Perfecto, porque sobran a puñados. Y a estas alturas poco más hay que añadir: mi generación ha superado ya la fase de interés por este debate y está obsesionada con uno más urgente: cómo criar los hijos que se ya tienen.

Atravesamos tiempos de enorme agitación en torno a la paternidad. Profundas transformaciones nos han llevado a cuestionar las tradiciones y reinventar la familia. Del Congreso al salón de casa se discute sin cesar sobre educación, lactancia, roles de género, conciliación laboral, técnicas de gestación, el Instagram de los adolescentes y mil historias más. Y a la sombra de ese magnífico revuelo quedamos los adultos que decidimos no tener hijos, sin que nadie se fije demasiado en nosotros.  

Sorprende que en una sociedad tan propensa a formar identidades en torno a la sexualidad aún no exista una conversación pública asentada sobre ese nosotros. ¿Tenemos algo en común? Y si es así, ¿quiénes somos y cómo vivimos? ¿Cuáles son nuestras carencias, necesidades, aspiraciones? ¿Estamos satisfechos con nuestra decisión?

En lo que a mí respecta, sé que limpiar las cacas, dar de comer y jugar con Michín alivió una soledad a la que me he acostumbrado tanto que casi nunca soy consciente de ella. Igual que muchos adultos sin niños, vivo en una gran ciudad, aislado por distancias, horarios y rutinas solitarias, y no disfruto de una convivencia íntima, emotiva, con ningún grupo. La única tribu a la que puedo aspirar es a una creada por mi mismo: la familia nuclear.

En realidad, necesito a la tribu más de lo que necesito reproducirme. Pero en mi mundo la única forma de vivir en tribu es reproducirse. Los adultos sin hijos tratamos de estrechar lazos de amistad y convertir a nuestros amigos en nuestra familia, pero chocamos con una falta de tradición, y nuestro compromiso se debilita con cada ritual de juventud que perdemos por el camino. También tenemos mascotas a las que tratamos como a hijos de una forma bastante patética, como yo hacía con Michín.

Renunciar a los niños no te convierte en una persona egoísta; sí lo hace la falta de oportunidades de entregarse a los demás. Abrazamos causas solidarias, pero la generosidad que da calor solo nace de los lazos afectivos, de la necesidad mutua. Mi opción sexual de no procrear es liberadora, pero también dura y llena de complicaciones. Y cuando más atrás queda mi juventud más se acentúan las carencias del plan inicial, que era básicamente “hacer como si nada”. Lo he intentado. No funciona: no puedo ignorar el vacío existencial que siento. Necesito conversar, debatir esto, visibilizarlo. ¿Es posible reinventar las redes de cuidados y de convivencia en la gran ciudad? ¿Podemos aspirar a formar una familia más allá de los lazos de sangre?

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