El Malagón de hoy: La enfermedad (25/03/2019)

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Pablo Iglesias contra las fuerzas del mal

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Estamos en la plaza del museo Reina Sofía, en Madrid. Son las seis de la tarde de un sábado. La multitud se apiña en torno a un escenario morado, pequeño y redondo. Gritan “sí, se puede”. El cielo está cubierto de nubes grises. 

Se celebra el acto de presentación de la campaña electoral de Unidas Podemos para las generales del 28 de abril. O el retorno a la vida pública de su candidato a la presidencia del Gobierno, Pablo Iglesias, tras unos meses de baja por paternidad. 

Muchos de los asistentes tienen entre cincuenta y sesenta años. Pertenecen al baby boom, esa generación peculiar. En cuanto a los jóvenes, que también los hay, la mayoría parecen vecinos del barrio, que no es otro que Lavapiés, el hogar de los románticos. “He ido a tres presentaciones de libros esta semana”, comenta el señor situado a mi derecha. 

De repente, mi mirada choca con la de un joven de piel oscura y ojos negros rasgados. Me mira inquisitivamente, me enseña lo que lleva en la mano y me pregunta: “¿Cerveza?” 

Durante el mitin, los lateros recorren la plaza, estoicos, y los turistas entran y salen del museo de arte contemporáneo, cuya puerta se sitúa a la espalda de los congregados. 

El acto dura dos horas y cuarto. Intervienen dieciocho personas (aunque el cartel solamente hablase de “él”)  y la orquestación es impecable. Se divide en cuatro bloques. 

En el primero hablan Noelia Vera; María Eugenia Rodríguez Palop, flamante cabeza de lista para las elecciones europeas; Isabel Serra, que encabeza la candidatura para la Comunidad de Madrid, Rafa Mayoral, Ione Belarra, Pablo Echenique e Irene Montero. Su intención es levantar la moral de la tropa. Insisten en que “sí se puede”, en que incluso “estamos más cerca que nunca”, en que “las calles son nuestras”. “Destruiremos 1.000 kilómetros de muros con 1.000 kilómetros de besos”, proclama Palop. “No querían a Pablo Iglesias de presidente del Gobierno, lo tendrán de presidente de la República”, suelta Mayoral. 

En el segundo bloque, salen al escenario representantes de varios colectivos cuyas reivindicaciones defiende el grupo político: una taxista madrileña, un vecino de Sant Joan Despí que participó en protestas contra la subida de los alquileres, una pensionista y una estudiante universitaria. Todos agradecen el apoyo de Unidas Podemos.

A continuación les llega el turno a los líderes de algunos de los partidos que integran la coalición: Juantxo López de Uralde (Equo), Ernest Urtasun (Catalunya en Comú), Enrique Santiago (PCE), Yolanda Díaz (Podemos Galicia), Jaume Asens (En Comú Podem) y Alberto Garzón (IU), uno de los más aplaudidos. Todos dan su apoyo al candidato Iglesias. Algunos intentan convencer a sus simpatizantes de que la coalición defenderá sus intereses, otros buscan ganarse la simpatía del público madrileño. “Cataluña os ama”, dice Asens, quien recuerda el Madrid republicano y el “no pasarán”.  

A las siete y media aparece por fin el cabeza de cartel. Se ha dejado crecer el pelo. Más aún. Su coleta es larga y tupida. 

En primer lugar, agradece su apoyo a los voluntarios de la campaña. Después menciona, por estricto orden de aparición, a los taxistas, a quienes luchan por la vivienda, a los pensionistas y a los estudiantes.

Apesadumbrado, decide revelar al público los sorprendentes límites de la acción parlamentaria. “Nos han dicho que la soberanía reside en el Parlamento, no es verdad”. Habla de “veinte familias” que mandan más que los diputados. Cita a Botín, Pérez, Ortega, Fainé. Habla del fondo de inversión Blackrock, de las multinacionales y de los dueños de los medios de comunicación privados. Advierte de que “van a por nosotros”. 

En segundo lugar, admite que “Podemos ha decepcionado a mucha gente” y reconoce los errores del propio partido. “Nos creímos demasiado la cortesía parlamentaria”, “hemos dado vergüenza ajena con nuestras peleas internas”. 

A continuación, pasa a repasar sus logros durante estos años: la ruptura del bipartidismo, las victorias en los ayuntamientos (aunque dice que le gustaría saber a quién va a votar Carmena el 28 de abril), el salario mínimo de 900 euros, la “unidad popular”.

Defiende la postura de su partido en Cataluña: “No queremos presos políticos, no se soluciona un conflicto político a palos” pero “no queremos que Cataluña se vaya, el independentismo ha sido un error”. Reivindica un nacionalismo de Estado (“defender la patria es defender la sanidad pública, las pensiones, etc.”) compatible con identidades distintas y una serie de derechos, libertades y responsabilidades recogidas en, mira tú por dónde, la Constitución española. La cita literalmente. 

Repite una y otra vez que las alternativas son “un señor a caballo con pistola” o una coalición entre PSOE y Ciudadanos que será cobarde, a la que “le temblarán las piernas”. Cerrando el círculo, dice que su objetivo es “que podamos decir que los diputados mandan más que Blackrock” y que la gente “retome el control de sus vidas”. Asegura que las elecciones generales serán constituyentes, porque el orden establecido está roto. Finalmente presenta el lema de la campaña: “La historia la escribes tú”.

A pesar de este crescendo final, el mensaje ha sido conservador, defensivo. Es lo que toca. Suena Bella Ciao. No es la versión de La casa de papel. La interpreta una voz femenina. Son las ocho y cuarto. La gente empieza a marcharse. 

“La última vez que vine pusieron sillas, esta vez creo que no”, comenta una señora mayor, sentada en los escalones que dan a la plaza del emperador Carlos V. “Y claro, ha sido muy largo, eh…”.

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Restauración

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LA JUSTICIA. Lo bueno de la justicia es su momento restauración. A saber: no sé, te pegan. Vas a juicio y ahí se restablece lo que ha pasado. Y lo que tenía que haber pasado. Ese momento de restauración es algo bueno, incluso para la persona que te ha pegado, que por fin sabe lo que ha hecho, y el alcance de sus acciones. La restauración no es un momento muy común en la justicia. Y menos cuando quien te ha pegado es un banco. Sea como sea, no creo que tengamos momento-restauración en este juicio, un puzle sumamente grande como para poder componerse, y en el que el juicio mismo es parte del puzle. Además, en ese juicio-puzle se parte de cargos muy grandes, descomunales. Sí, esos cargos podían haberse adaptado a la realidad en la fase de instrucción, o en su solemne inauguración. No sucedió. Por lo visto, fiscalía va a por todas, a por todo lo que dijo en el momento 0, y que no coló en Alemania. La sensación de buscar algo tan grande en una caja tan pequeña ilustra que, tal vez, lo enjuiciado no son sólo los hechos –penales; a mí cada día se me empequeñecen más en este juicio–, sino algo más grande –una posible voluntad de los acusados hacia algo que escandaliza a fiscalía–. Es decir, que igual acabamos juzgando, de una manera u otra, voluntades, algo parecido a ideas, y no hechos, glups. Es preciso restaurar los hechos. La sociedad lo necesita. La sociedad necesita saber si son brutalidad, engaño, deshonestidad, propaganda, desproporción, nacionalismos rampantes, muchos de los hechos protagonizados por la Gene y por el Estado –es decir, vamos, por el Estado–, en los meses de septiembre y octubre de 2017. No creo que la justicia sirva para eso. Ya veremos. El lugar tradicional de solución de todo eso es la prensa. No pudo ser, por lo que, se colige, no podrá ser en el futuro. Pero debe de haber un lugar. Debe de haber un lugar. Debe de haber un lugar.

BUENO, AL TURRÓN. FISCALÍA. La cosa malversación huele. Mucho. Huele, además, a profesionalidad, a que hubo prácticas económicas creativas desplegadas por personas avezadas en la disciplina. Pero, por ahora, si bien está señalada, no está probada. O sólo está probada la promesa de pagos por servicios solicitados. Lo que no cierra la posibilidad, pero no la vuelve nítida. Rebelión también cae. O, al menos, sigue sin aguantarse. Mercedes García Arán, catedrática de Derecho Penal en la UB, explica, en ese sentido y en El País, que para fijar la cosa rebelión “la violencia debe de ser el medio” para el acto de rebelión mismo. Y como que no. Esta semana, fiscalía ha empezado a dibujar la violencia, sea como sea, a través del testimonio de varios testigos de la GC. El resultado han sido dibujos variables, en los que predomina, más que los hechos violentos, la actitud de los manifestantes, cercana, en las descripciones, al odio. Odio ha sido la palabra más repetida por los testigos. El odio, en esas descripciones, no es un hecho, sino una impresión. Supongo que la intención de fiscalía era dibujar, por tanto, un clima de violencia, un clima de odio. Es decir, un clima, esa cosa que sólo es un hecho rotundo en el desierto o en el Polo. Parece, en ocasiones, que fiscalía apuesta por la sedición, esa cosa que prevé tumulto. Un tumulto, a su vez, según la jurisprudencia, precisa que los tumultuarios o tulmultuosos, o como se diga, tengan objetos en las manos, sensibles de hacer pupa. Como en Bob Esponja, que siempre que hay tumulto llevan antorchas y horcas. Sea como sea, los testigos GC han empezado a describir y a utilizar el palabro tumulto, varias casillas por detrás de lo que fija la doctrina Bob Esponja. La violencia descrita, en todo caso, es ridícula, si pensamos que ha supuesto, por ejemplo, prisiones preventivas de más de un año, que se dice rápido. Por otra parte, al menos por ahora, no parece estar probado que esa violencia sobreactuada estuviera provocada y organizada por los imputados. 

MARCHENING. Marchena esta semana ha convertido en dinámicas sus apreciaciones. Es decir, las ha cambiado. Lo que, en principio, no está ni bien ni mal. Está, vamos, dinámico. Por ejemplo, permite preguntar a testigos por temas que van más allá de aquello por lo que han estado citados. ¿Puede llamar esto la atención, en el futuro, del TEDH? Puede. Por ahora, no obstante, la cosa ha resultado, diría, ecuánime. En ocasiones ha beneficiado a las defensas, y en ocasiones, a fiscalía. Lo que sí puede atraer la atención del TEDH son otras rarezas intrínsecas del juicio. Como que aquí no estén todos, como que la causa esté dividida entre el TS, el Juzgado 13 de BCN, la AN, el TSJC y que ello, por tanto, impida acceder a informes y atestados. Y testimonios, si así lo consideran los testigos citados y empapelados en otro sumario. Otra decisión polémica de Marchena, según avanzamos, es la de posponer los videos al momento documentos/pruebas. Se debe decir que eso no afecta a la causa. No provoca indefensión, o no necesariamente, y no supondrá ningún qué-dirán en el TEDH. Pero no mola. Aleja lo testificado de su fiabilidad. No invalida o potencia los testigos hasta que, en unas semanas, muchas, se pueda comprobar si mintieron o se quedaron cortos. Además, es aburrido. Quizás, el sentido de ese aplazamiento de las imágenes es aplazar, con ello, la sentimentalidad, los sentimientos desatados que pueden provocar las imágenes. Si eso es así, no se ha conseguido.   

DEFENSING. Esta semana las defensas han estado hiperactivas. Han localizado contradicciones entre lo atestado y lo declarado por un GC en la sala –Marchena, a su vez, ha dejado claro que lo importante será lo declarado, no sus formas anteriores–, de manera que han acusado a un testigo de falso testimonio. El defensor Pina inauguró la semana con una protesta al Tribunal, por el hecho de que la semana anterior Marchena preguntara a un testigo –Trapero– por un tema vedado a fiscalía. La pregunta de Marchena, en todo caso, benefició a las defensas. Por lo que en esa protesta hay algo de sobreactuación. En general, la sobreactuación de las defensas –eso que también restará posibilidades de restauración a este juicio y, en general, a una sociedad, que recibe este juicio a través de la sobreactuación–, ha ido en aumento. De una manera u otra, los acusados ya han dicho o demostrado un hecho fundamental: en sus acciones, mas cercanas a la desobediencia que a otro delito –es más, diría que muy alejadas de cualquier otro delito–, no había voluntad de nada salvo de negociación –lo más probable, conociéndolos, es que dentro del orden constitucional–. La sensación es que el grueso de las defensas está impidiendo ver a la sociedad ese hecho, vistiendo los hechos de épica, dolor y sentimentalización en sus contactos con los medios televisivos cat. Son defensas partidistas antes que políticas, diría. Ejemplo: una abogada me ha explicado que no puede hablar conmigo sin permiso de su partido. Wala. Melero come aparte. Esta semana, por ejemplo, no sólo ha hecho crecer varios palmos su poética –poética Melero: no hubo ninguna intención ni hecho, por parte de su defendido, de rebelión o sedición; el resto de defensas se benefician de ello–, sino que ha conseguido extraer de todo este pitote un hecho restaurativo. De la verdad. Al menos tres GC han confesado que las órdenes recibidas por sus mandos para la cosa 1-O no se correspondían con las dictadas por el TSJC, según las cuales, aquel día, por encima de todas las instrucciones, debía primar no crear conflicto. Se creó. Mucho. Ahora sabemos que fue gracias a los mandos/el pack Pérez de los Cobos.

LA CRISPACIÓN. Llevar todo esto a juicio, en todo caso, ha sido un error. No para el Estado o la Gene, que de alguna manera rentabilizarán todo esto. Sino para una sociedad desprovista de medios de comunicación razonables, y que necesita restablecer la verdad. Esta semana se ha vuelto a ver el despropósito de no restaurarla. Torra –un presi vinculado a lo que en otra sociedad es la extrema derecha; es decir, esencialismo y supremacismo; el procés, el choque entre una instancia del Estado con poco Leviatán, y el Estado Central/Leviatán, dificulta ver todo ello–, gracias al juicio, ha conseguido mentir a la sociedad nuevamente. Mintió sobre su negativa a retirar los lacitos de la Gene –anunció que haría lo que dijera al respecto el Síndic de Greuges; el Síndic hacía días que le comunicó su decisión–. Posteriormente, cambió la campaña de los lacitos por otra sobre DD.HH., creando, por tanto, un marco que explica que si estás contra los lacitos en un espacio institucional, estás contra los DD.HH., entre los que, por cierto, está el derecho a la vivienda, a la sanidad, a la educación universal y a la ingesta de alimentos, derechos y problemas reales sobre los que la Gene no emite desde hace años. Lo repetiré: desde hace años.

Por otra parte, se dibuja a la Junta Electoral como un elemento reaccionario. Puede serlo, pero saltarse a la Junta Electoral lo es más. Explica que te saltas la convención democrática en unas elecciones. No es para tirar cohetes, pero es la única que tenemos los pobres en esas ligas. Torra, parece ser, se expone a delito de desobediencia. El calculado por los presos políticos –y, a su vez, emisores de mentiras similares a las emitidas por Torra–, y que se les fue de las manos. Con lo que ya tenemos otro juicio. Yupi.

Más cosas que pasan detrás del juicio. Puigdemont se ha hecho con las riendas de todo. Es decir, no hay nadie al volante. Las listas electorales se han llenado de personas incapaces de cualquier diálogo que no sea sobre lacitos y esencias nacionales y partidistas, a las que denominan DD.HH. En ocasiones, entran en las listas personas cuyo único mérito político es que, ellos o sus padres, sustentan económicamente la estancia de Puigde en Bélgica. La decisión de Puigde de ser número uno para las europeas ha ocasionado que el PNV pase de bugui, de manera que –es lo más probable–, ni Puigde ni el PNV puedan entrar al Parlamento Europeo. Más cosas divertidas que el procesismo tapa con este juicio: a) la Gene ha pedido el tercer grado para Oriol Pujol, tras cincuenta días de cárcel –ni el PP se atrevería a esto; es decir, el PP necesita una bandera más grande; la tendrá–, y b) el Presi Torra, frente a unos manifestantes, entre otros dadaísmos, se ha cargado las defensas de los acusados, al señalar que Govern y Mossos fueron juntos en todo momento durante los idus de octubre. ¿Se puede ejercer la política sin una idea clara de proyecto político, de su evolución, de su solución, pero con una idea nítida de lo que va mejor para tus intereses personales? Sí, eso es el brexit. Por lo demás, las derechas españolas parecen estar más contentas que unas castañuelas con este juguete que le ofrece el procesismo. La nueva política en Cat parece incluso tomarse en serio el discurso del procesismo, en vez de reírse y de ofrecer un dibujo de él a la sociedad y, con ello, protección o defensa ante la propaganda. O, al menos, el tema procés ha modulado chaqueteos y transfuguismo para el próximo pack elecciones. E, incluso, ha modulado la confección de las listas propias. Por aquí abajo no pinta que haya ninguna restauración en este juicio. Salvo, snif, la del R’78. Help. 

 

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La contradicción que podría destruir a VOX (incluso también al PP y hasta a Ciudadanos)

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“Los escritores estamos para hilar fino”

Esto de las autoentrevistas no es muy original. Bien sabe usted que, entre otros, las hicieron antes Mario Levrero y Antonio Orejudo. No pretenderá compararse con ellos… 

Lo sé, lo sé, y por supuesto que no quiero compararme, pero sí imitarlos, por qué no. Admiro profundamente a esos dos caballeros.

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El problema es que, en la autoentrevista, el que pregunta ya sabe dónde tiene que pinchar para hacer pupa; otra cosa es que no lo haga porque la otra mitad del desdoblamiento lo retenga. ¿Usted quiere coartarme o me da cancha libre?

Bueno, mitad y mitad. Tampoco nos pasemos. 

Vamos a hablar entonces de Cara de pan. Eso es lo que me han pedido, que hablemos de su último libro. En relación a esta novela, he oído que le han molestado las referencias reiteradas a Lolita, pero ¿por qué? ¿No es Cara de pan, al fin y al cabo, una historia de amor entre un señor mayor y una pre adolescente? 

Es que me chirría todo lo que suena a moda. Entonces, a lo mejor lo he escrito al dictado de una moda y no me he dado cuenta. Constatar esto es muy incómodo, lo negaré siempre aunque dentro de mí quede un rescoldo de duda. Mi modelo era otro, aunque nadie lo haya reconocido. Era el Pelo de zanahoria de Jules Renard, con su falso tono de fábula infantil que esconde tras el telón un cuento cruel.

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Si nadie lo ha reconocido, a lo mejor es porque tiene poco que ver, ¿no? Salvo el título, que recoge el mote del protagonista, y el hecho de que la historia esté protagonizada por un  personaje adolescente, no hay nada más en común. Ni la historia, ni el tono, ni la mirada implacable de Renard están ahí. 

Bueno, visto así puede ser cierto. Pero le aseguro que… 

No, no, perdone que la interrumpa. La cosa es que en Librotea, el recomendador de libros on line de El País, le pidieron que hiciera una lista de los libros que le influyeron mientras escribía Cara de pan. Y ahí nombró títulos tan disímiles como Epiléptico de David B., El invernadero de Harold Pinter o Las brujas de Salem de Arthur Miller. Diez libros y Renard por ningún lado. ¿Esto cómo lo explica? 

Mire, las entrevistas, y también por lo que veo las autoentrevistas, me dejan en bragas la mayoría de las veces, y perdón por la expresión pero es más o menos así como me siento. A veces digo cosas que no pienso –o que no pienso exactamente del modo en que las digo–, olvido otras que son fundamentales –como el Renard, ¡créame!– o expongo lo que creo que se espera de mí.

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¡Lo que cree que se espera de usted! Pero eso es muy poco crítico, por no decir complaciente… 

Ya, ya, lo hago para acabar rápido. 

Pues lamento decirle que nos quedan todavía unas preguntas por delante. Después de todo ese caos de las influencias, quería hablar ahora de las intenciones de Cara de pan. Continuamente usted dice que no pretende nada con sus libros, pero eso me parece incomprensible. ¿Para qué escribir entonces, si no hay un objetivo?

Bueno, no sé si no hay un objetivo. Verdaderamente no lo sé. Objetivo, propósito o finalidad… No podemos saberlo al cien por cien. Quien lo diga con total seguridad, miente seguro. Quizá esto que yo digo tan segura también sea una mentira. El caso es que yo quería escribir un libro sobre una amistad rara como la que tienen la niña Mick y el sordomudo John Singer en El corazón es un cazador solitario de Carson McCullers, pero me terminó saliendo un libro que habla de la necesidad de huir y de esconderse, un libro que a su vez ha sido interpretado, básicamente, como un alegato contra los prejuicios sociales y morales. ¿Cuál era el propósito del libro? Yo no tengo ni idea.

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¿Carson McCullers? ¿La niña Mick? ¿Pero no me dijo hace unos minutos que su modelo era el Pelo de zanahoria de Renard? Es increíble.

¿Ve? ¡Es como le digo! No puede hablarse de propósitos ni de influencias así como así. ¡No puede saberse! Lo que llevamos en la cabeza todos, no solo los que escribimos, es una marmita de cosas bullendo, cosas de todo tipo, no necesariamente representaciones culturales. ¿Cómo podemos después detallar la receta del guiso, la proporción de ingredientes, cantidades usadas, y todo lo demás? Cada vez que trato de hacerlo, me confundo y acabo mintiendo. Retiro lo de Renard. 

Menuda metáfora ridícula, la del guiso. También le digo que esa costumbre suya de no intentar siquiera explicar su escritura es un tanto esquiva, cuando no directamente maleducada.

Siempre se puede recurrir a lo que decía Flannery O’Connor, aquello de que pedirle a un escritor que hable de su escritura es como pedirle a un pez que dé una conferencia sobre natación.

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Pues ella dio bastantes conferencias sobre el tema, a decir verdad. 

Sí, pero sin tratar jamás de explicar su obra. De hecho, ella aseguraba que, cuanto más escribía, más misterioso le resultaba el proceso de escritura. Y cuando hablaba de literatura, era para desmontar uno a uno todos los tópicos de la enseñanza literaria, en especial la disección del texto en elementos artificiales y rígidos como argumento, personajes, escenario, etc.

Vale, vale. Tampoco se me venga arriba. Volvamos a Cara de pan. Se han hecho multitud de reseñas y todavía está usted descontenta. ¿Qué es lo que le molesta tanto? 

¿Quién dice que esté descontenta? Sería una ingrata si lo estuviera. Estoy sorprendida, eso sí. Porque por un lado creo que es un libro de tono tontorrón, con lenguaje sencillo, pero por otro está formado por varias capas, la construcción ya no es tan sencilla, y me llama la atención que se alaben más los rasgos del primer aspecto que los del segundo.

Mire, no le entiendo.

A ver, una crítica positiva, o incluso muy positiva, que diga que Casi, la protagonista, es gorda y tiene granitos en los brazos me decepciona más que una crítica tibia, o incluso negativa, pero que entienda perfectamente que a pesar del uso de la tercera persona la historia está contada desde la mirada de la niña, y, por tanto, no es que Casi esté gorda y tenga granitos en los brazos, sino que piensa que está gorda y tiene granitos en los brazos, que no es lo mismo aunque pudieran coincidir las dos realidades, coincidencia, o no, de la cual el lector no tiene idea ni ha de tenerla porque yo, escritora, la esquivo a conciencia. 

Pero eso es hilar muy fino.

Los escritores estamos para hilar fino.

Ah, mire, bonita reflexión, ¿qué le parecería si la cogiera como titular para esta entrevista? Sara Mesa: “Los escritores estamos para hilar fino”. 

Oh, pues me parecería un espanto, porque a partir de entonces me preguntarían por qué un escritor debe hilar fino, qué significa hilar fino, quién no hila fino, hasta cuándo seguiré hilando fino y cosas así, y yo tendría que montar un discurso en torno a esto cuando ni siquiera sé si estoy de acuerdo en que los escritores estemos para hilar fino, lo mismo estamos para hilar grueso, qué sé yo, esas afirmaciones que suenan tan bien, tan titularizables, son siempre las peores, las más artificiales. 

Pues ahí ha hecho otra, usted verá. Sara Mesa: “Esas afirmaciones que suenan tan bien, tan titularizables, son siempre las peores, las más artificiales”.

Ay, sí, caigo continuamente en lo mismo… 

De lo que culpa al periodista… 

No, no, a ver, hay periodistas culturales excelentes, Anna Guitart es excelente, Jordi Nopca también, Francisco Camero, uf, tantos, no sé, no quiero ser injusta. 

Entiendo. Lo que se dice tirar la piedra y esconder la mano.

Oiga, para ser esto una autoentrevista me está pareciendo demasiado agresiva. 

Bueno, pues deje de decir pamplinas y sigamos con Cara de pan. Cuenta usted en la nota final que la historia proviene de un cuento anterior. Por otro lado, se jacta en alguna entrevista –perdón, afirma– que lo mejor de su obra son los cuentos –y disculpe por aludir a un titular ajeno–, o al menos que es el género en el que se siente más cómoda. ¿Qué necesidad había entonces de tocarlo? ¿No es Cara de pan un cuento alargado? ¿No hubiera sido mejor dejarlo como estaba?

Es que no es la misma historia. El cuento es el germen, pero tiene un desarrollo totalmente distinto. Todo lo que uno escribe contiene el germen de lo que escribirá después, esto es algo inconsciente, uno no lo planea, de hecho puedes darte cuenta mucho tiempo después. Cuando acabé Cara de pan tenía muy cerca la escritura del cuento “A contrapelo” y por eso lo vi, pero después, hace muy poco, recordé que Cuatro por cuatro empieza también con la huida de una adolescente del colegio, y que en Un incendio invisible ya se planteaba una relación inadecuada entre un adulto y una niña, sin olvidar que… 

Eh, eh, para no gustarle hablar de su escritura, se está embalando. Yo ya daba por terminada la entrevista. De hecho, solo me queda una última pregunta, una un poco más personal, si me lo permite. Se habla de su timidez y su introversión, pero hay otros que aseguran que en realidad tiene el colmillo retorcido y una ambición sin límites.

¿Sí? Vaya… no sé qué decir…

Pues diga algo, que esto es una entrevista.

Lo del colmillo retorcido debe de ser cierto porque se deja traslucir en sus preguntas, que después de todo son las mías. En cuanto a la ambición… Sí, ambiciono ser mejor escritora, dentro de las posibilidades de mi talento. Posibilidad y limitación vienen a significar lo mismo. El cometido de todo escritor es empujar su talento hasta sus límites más extremos, pero entendiendo por esto los límites más extremos del talento que posee. Esto último es una cita, otra vez, de la gran Flannery O’Connor. 

La cosa es no pensar por sí misma. Muy bien, pues ya sabemos de qué pie cojea. Contradicciones, evasivas y muletas para huir de la voz propia. Me extraña que le vaya tan bien. 

A mí también.

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El J.R. Mora de hoy: Discurso “político” (23/03/2019)

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La Universidad Desconocida abre nueva sucursal

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Uno. Solo para fumadores: los límites editoriales de la obra poética de Roberto Bolaño

En 2007, se publicó en Anagrama La Universidad Desconocida, título bajo el cual Bolaño se había propuesto ordenar la práctica totalidad de la poesía que había escrito desde su llegada a Barcelona en enero de 1977. Empresa que estaba lejos aún de culminar cuando, en 2003, fallece a los cincuenta años de edad.

Una nota de los herederos abría el citado volumen recopilatorio. El motivo de la publicación, declaraban, había sido el “profundo respeto que nos produce el amor que Roberto sentía por su poesía”. Una frase ostensiblemente cursi y sintomática: se respeta el amor (sea esto lo que sea), la poesía (ídem) ya veremos.

El lector común (si es que existe) tendrá que esforzarse si quiere (y no tiene por qué querer) desentrañar las idas y venidas que el legado textual de Bolaño ha sufrido desde su muerte. Por lo que respecta a su poesía, y con los datos disponibles, puede esbozarse el siguiente itinerario.

Al final de La Universidad Desconocida se incluía un apartado con el título de “Breve historia del libro”, en el cual Carolina López aportaba algunas fechas aproximadas para datar la escritura de los poemas. El problema es que para para aludir a los mismos utilizaba expresiones como “algunos poemas de este libro”, “en su gran mayoría”, “la gran mayoría de poemas” o “casi en su totalidad”, con lo que su bienintencionada contribución, lejos de aclarar, nublaba el resultado.

La sorpresa para el lector común (si es que existe) llegaría en 2010, cuando en el número 314 de la revista Quimera apareció por primera vez el prólogo que inicialmente Ignacio Echevarría y Bruno Montané habían redactado para el mentado volumen. Un texto muy esmerado en el que se describían los orígenes del título y del libro, así como las intenciones que Bolaño albergaba con respecto a los materiales que debía contener. Un prólogo que, además, denotaba un encomiable esfuerzo por otorgar a su poesía un lugar medular en el conjunto de su obra. Su núcleo duro o, mejor, piedra angular. Y piedra es aquí, me parece, un término afortunado, como lo es la metáfora que Echevarría y Montané utilizaban para referirse al papel que La Universidad Desconocida tendría para Bolaño durante el resto de su carrera literaria: sería su cantera. Y es que aquel grueso volumen se convirtió enseguida en el archivo del que Bolaño extrajo, con pocas variantes, los libros de poesía que publicó a partir de 1992, a saber, Fragmentos de la Universidad Desconocida (1993), Los perros románticos (1995), El último salvaje (1995), Los perros románticos. Poemas 1980-1998 (2000) y Tres (2000). Del mismo lugar procede también el conjunto de breves textos en prosa titulado Amberes (2002).

Todo ello extractado con muy pocas variantes, ya está dicho, y con algunas inclusiones. Inclusiones que constituyen, sin duda alguna, la prueba de que Bolaño no dejó de escribir poesía y que, claro, invitan a pensar en la existencia de inéditos en un número, eso sí y de nuevo, muy difícil de estimar.

¿Por qué Bolaño no publicó La Universidad Desconocida en vida y en su conjunto? Echevarría y Montané elaboraban en su prólogo una hipótesis plausible a la vista de lo que conocemos: “Los distintos estratos de que se compone el libro constituían, ya entrados los años noventa, un acorde complejo, no exento de notas disonantes, que no terminaba de armonizar con los rumbos que el mismo Bolaño había dado por entonces a su trayectoria como escritor”.

Una prueba concluyente la encontramos en las secciones tituladas “La novela-nieve”, “Calles de Barcelona” y “Nada malo me ocurrirá”, donde se ubican los poemas más literales y prosaicos en su voluntad autobiográfica, y que contrastan abiertamente con aquellos en que, desde una mirada a ratos mítica, a ratos afiebrada u onírica, vuelve sobre su concepción del oficio o construye su particular relato generacional (como puede comprobarse leyendo la segunda edición de Los perros románticos y, también, esa suerte de road trips visionarios titulados “Los Neochilenos” y “Un paseo por la literatura” –incluidos en Tres–).

A esta razón, podría sumarse, a mi juicio, otra muy distinta y complementaria. Y es que a partir de 1996, Bolaño difícilmente podía considerarse a sí mismo el poeta nómada, marginal y rechazado que una y otra vez enunciaba, protagonizaba o era retratado en los poemas de las secciones que acabo de mencionar y que suponen casi la mitad de La Universidad Desconocida. Su relación con lo que había sido empezaría a cambiar con los premios, la fama, las entrevistas, y el furioso romanticismo de entonces vendría a compensarse ahora con la ironía –no menos furiosa– del locutor de radio de los versos de Parra.

Y dos. Las dinámicas oscurantistas: lo olvidado, lo excluido y lo desconocido

En 2018 apareció el libro titulado Poesía reunida que, además de la versión ya publicada en 2007 de La Universidad Desconocida, presume de recoger, por vez primera, cito: “Todos los poemas publicados por Roberto Bolaño […] que no fueron incluidos por el autor en La Universidad Desconocida”. Presunción que, como enseguida probaré, está muy lejos de ser verdad.

Se han excluido, sin excusa alguna, los dos manifiestos del Infrarrealismo escritos por Bolaño y fechados en 1976 y 1977, en México y en Barcelona, respectivamente.

Se han excluido también, sin siquiera amagar razones, los poemas (“La cantera de las manos”1 , “Carta”, “En el pueblo”2 , “Los motines”3 y “El desierto de los niños”4 ) y la poética (“Rasgar el tambor, la placenta”5 ) que Bolaño escribió y publicó en colaboración con Bruno Montané.

No encontramos tampoco ni una sola mención a los poemas que Bolaño tradujo del francés y que también se encargó de prologar para dos antologías publicadas en 1976 (en Grafiti. Crítica y literatura, número 3) y 1977 (en Plural, número 64).

Faltan, o se desconocen, al menos otros ocho poemas ya publicados anteriormente: “Tú vas a recorrer sensaciones”6 , “Dos muchachas”7 , “Bien bellos son los pájaros”8 , “Dibujaste algunas islas”9 , “Vagan por estas celestes carreteras muchachos”10 , “Una membrana”11 , “Acerca de mi (sagrada) familia”12 (confesión poética arborescente y muy interesante para entender las relaciones que Bolaño mantenía con sus referentes culturales) y “Pistola en el fondo del mar”13 .

El silencio –pues no puede ser desconocimiento– se extiende también a dos libros, en buena medida inéditos, que Bolaño compartió –mecanoscritos y fotocopiados– con sus amigos y que, tal vez con un poco más de tiempo, podrían haber pasado a engrosar las páginas de La Universidad Desconocida. Me refiero a Pequeño eclipse (1974-1979) y Montón de estrellas fracasadas (1975-1977). Al segundo de estos pertenece “Postal para Mario Santiago”14, poema fechado en Barcelona, en julio de 1978, y que, con total seguridad, se trata del texto que de manera más contundente señala el potencial mítico que Bolaño percibió en el Infrarrealismo y se dispuso, enseguida, a explotar. Un poema del que no sería exagerado afirmar que, en dieciséis espléndidos versos, contiene el germen de Los detectives salvajes y Amuleto. Un poema que tampoco aparece en Poesía reunida.

Resulta también muy grosero el modo en que aparece recogido Reinventar el amor (1976), el primero de los libros publicados por Roberto Bolaño, pues se lo incluye como si se tratara solo de un poema suelto. Un poema suelto más en la sección accesoria, y postergada sin razón aparente, que los editores han bautizado como “Poemas dispersos” (el doble sentido no ayuda, no).

Termino. Los datos que, de manera tan apresurada, he venido exponiendo hasta aquí evidenciarán el pesimismo de mis conclusiones.

A casi dieciséis años de la muerte de Bolaño, el conocimiento que tenemos de su legado se ha oscurecido. Ha contribuido a ello la forma en que los textos publicados más recientemente –pienso en El Tercer Reich, Los sinsabores del verdadero policía, El espíritu de la ciencia ficción y Sepulcro de vaqueros– han sido publicitados y prologados de manera efectista, comercial, desconocedora, impertinente. Y es muy comprensible, como es comprensible, claro, cualquier estrategia comercial, pero tal vez convenga decirlo y señalar las fallas sin ambages y con los datos necesarios, siquiera por el bien del lector común (si es que, ya se sabe, existe, y no tiene por qué).

Reinventar el amor (1976), Fragmentos de la Universidad Desconocida (1993), Los perros románticos (1995), El último salvaje (1995), Los perros románticos. Poemas 1980-1998 (2000) y Tres (2000) son, sin discusión posible al respecto, los libros que Bolaño preparó escrupulosamente y dio a la imprenta como poemarios. Los libros que, en consecuencia, responden a una deliberada puesta en escena de su figura como poeta. De ahí que resulte contradictorio y descalabrado que, con el pretexto de la fidelidad hacia el “amor que Roberto sentía por su poesía”, se proponga como testamento poético lo que estaba en preparación y que, ya como cantera o archivo o quizá solo como copia de seguridad, permanecía abierto y móvil.
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Rubén Ángel Arias Rueda es autor de la tesis doctoral Los nietos del lodo. Roberto Bolaño en la encrucijada modernidad-posmodernidad, Universidad del País Vasco.

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1Soledad Bianchi (ed.), Entre la lluvia y el arcoiris. Algunos jóvenes poetas chilenos, Rotterdam, Instituto para el nuevo Chile, abril de 1983.

2Sergio Macías (prologuista y antólogo), Los poetas chilenos luchan contra el fascismo, Comité Chile Antifascista, Berlín RDA, 1977. Los dos poemas recogidos en esta antología –“Carta” y “En el pueblo”– aparecieron bajo la doble autoría por un error en la correspondencia con Sergio Macías, pues ambos fueron escritos por Bruno Montané, a quien debo esta observación. Los menciono aquí con el propósito de subsanar el equívoco. Equívoco en el que incurre el mismo Bolaño al trasladar la referencia a su bibliografía (véase Jorge Herralde, Para Roberto Bolaño, Barcelona, Acantilado, 2005, p. 80). 

3.Calandria de tolvaneras, nº 2,  México, 16 de noviembre de 1984.

4La zorra vuelve al gallinero. Revista de Arte y Poesía, 2, México, primavera de 2000.

5 Soledad Bianchi (ed.), Entre la lluvia y el arcoiris. Algunos jóvenes poetas chilenos, Rotterdam, Instituto para el nuevo Chile, abril de 1983. Publicado por primera vez en la revista Rimbaud, vuelve a casa, Barcelona, 1977.

6Punto de Partida, 51­52, México D.F., 30 de enero de 1977.

7Punto de Partida, 51­52, México D.F., 30 de enero de 1977.

8Punto de Partida, 51­52, México D.F., 30 de enero de 1977.

9Punto de Partida, 51­52, México D.F., 30 de enero de 1977.

10Andrés Braithwaite (ed.), Gutiérrez, Santiago de Chile, noviembre 2005.

11Andrés Braithwaite (ed.), Gutiérrez, Santiago de Chile, noviembre 2005.

12Soledad Bianchi (ed.), Entre la lluvia y el arcoiris. Algunos jóvenes poetas chilenos, Rotterdam, Instituto para el nuevo Chile, abril de 1983.

13Hispamérica. Revista de literatura, 89, Vol. XXX, 2001.

14Andrés Braithwaite (ed.), Gutiérrez, Santiago de Chile, noviembre 2005.

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Un cuarto de los acuíferos en España está sobreexplotado

Espacio realizado con la colaboración del
Observatorio Social de “la Caixa”.

     

En Enero, la Comisión Europea llevó a España ante el Tribunal Europeo de Justicia de la UE por la inacción flagrante de las instrucciones para proteger las reservas de agua y el humedal de Doñana. Esta misma semana ha sido el Europarlamento el que ha aprobado un informe en el que se pide el cierre de pozos ilegales y la paralización del proyectos gasítico en la zona, que concentra la mayor reserva biológica de Europa. Doñana es el principal ejemplo de la situación medioambiental y de explotación de los recursos hídricos en el país, pero este es un extremo que se sufre, de forma alarmante, en casi todo el territorio español. Según datos recopilados por la plataforma ecologista WWF, un cuarto de los acuíferos del país se encuentra en estado de sobreexplotación.

Según la organización, los graves problemas que arrastra España en el acceso al agua y su preocupante escasez no se deben en exclusiva a la falta de lluvias y otros fenómenos relacionados con el cambio climático. La gestión de recursos, así como los planes centrados en la construcción de presas y embalses –cerca de 2.000 hasta ahora– han disparado el déficit y la presión hídrica en el país, hasta el punto de que cerca de la mitad de los ríos, acuíferos y humedales se encuentren en mal estado.

Pero es en el regadío donde se concentra el mayor despilfarro hídrico. Esta práctica es responsable del 80% del consumo de las reservas de agua, y no para de crecer: según datos del INE, entre 2005 y 2015 el gasto de agua de las zonas de regadío ha aumentado un 2,8%.  

A esto habría que añadir todos los abusos que se comenten en este ámbito, como los que se amontonan en Doñana: WWF estima que en España existen cerca de medio millón de pozos ilegales. Entre 2013 y 2017, la extracción ilegal de agua supuso 77 millones de euros en daños al patrimonio natural, según datos de Greenpeace.

Esta situación ha llevado a España a colocarse en la cabeza de Europa en sobreexplotación de sus acuíferos, una realidad que afecta a las reservas de agua de un tercio del territorio del país.

En la actualidad, España se sitúa como el país europeo con mayor riesgo de desertización para las próximos décadas. Los avances de este fenómeno son claros: en 1971, el país contaba con un 39% de regiones húmedas; para finales de este siglo se espera que este porcentaje se haya reducido al 20%, según un informe del Ministerio de Medio Ambiente publicado en 2016. El mismo documento recogía el riesgo de que cerca del 80% del país se convierta en desierto para esas fechas.

Ante esto, las medidas políticas e institucionales parecen todavía más que insuficientes. Y no solo en España. Un informe del Tribunal de Cuentas Europeo de finales del año pasado señala la falta de coherencia y evaluación de las instituciones comunitarias ante este fenómeno, tremendamente condicionado por la actividad humana.  

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