Sobre los dioses

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Zeus hizo volar dos águilas en direcciones opuestas. El punto en el que se cruzaran sería el centro del mundo. Zeus marcó ese punto con una piedra. En Delfos aún puedes tocar esa piedra que tocó Zeus y que marca el centro del mundo. Y eso es lo que nos propusimos hacer cuando, viajando, nos conocimos y decidimos unir nuestra suerte. Éramos extraordinariamente jóvenes, y sólo teníamos nuestra suerte. Nuestro cabello en llamas brillaba, y reíamos y compartíamos en el Greyhound cigarrillos rubios albaneses. No sé como serán hoy, pero entonces eran dulces y húmedos y baratos. Bromeábamos sobre lo absurdo que era el mundo, y sobre el hecho de que todo cambiaría cuando llegáramos al templo de Apolo, en Delfos. Veremos a los dioses, veremos a los dioses, y todo cambiará, decíamos. Esa frase fue una suerte de coletilla que duró varios días. Nunca llegamos a Delfos. No recuerdo por qué. Solo recuerdo que una noche ella dormía a mi lado. La luna roja explotaba en el cielo, tras la ventanilla del autobús, y sus piernas de seda y bronce descansaban sobre mí. Noté la felicidad y la aventura. Y algo aún más denso, que había empezado a experimentar hacía ya un tiempo. Recuerdo que se lo dije mientras ellas dormía, como si pudiera oírme y consolarme. Le dije: “Kathy, estoy perdido, vacío, dolorido”. Nunca lo había dicho antes. Fue como no decirlo, pues nadie me oyó. 

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Miles de años después estoy en otro Greyhound. Voy a Delfos, con mi hijo. Su cabello es negro, brillante, y parece estar en llamas, como antaño el nuestro. Vamos al centro del mundo a ver a los dioses. No nos dejan fumar. Hace mucho tiempo que vivo a mi propia suerte. Me imaginé, de joven, que compartir la suerte era lo más básico. Quizás es cierto, como lo es el hecho de que siempre desaparece primero lo más básico. El mundo es una tormenta absurda, en la que dos águilas al vuelo jamás se encontrarían. Vuelve a ser de noche, y mi hijo duerme con la cabeza recostada en mi hombro. Le beso el cabello y, como un suspiro, su nombre aparece en mis labios. Y, luego, de manera imprevista, vuelvo a decir a nadie que estoy perdido, cansado y dolorido. Lo digo con la misma serenidad de quien constata la lluvia. El cielo negro debe de estar repleto de águilas que no se encuentran, o que chocan al hacerlo. Que es, supongo, lo que les pasó a las águilas de Zeus. Quizás fueron el primer desorden, lo primero en no encajar. Por la ventanilla veo la luna roja. Y, entre la tempestad de águilas ciegas, coches avanzando, con sus faros encendidos. Como en aquella otra ocasión, hay decenas, cientos de coches que van con nosotros, en la misma dirección. Los dioses. Quieren ver a los dioses. Todos quieren ver a los dioses.

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“Los ataques a ‘Público’ son una cortina de humo para ocultar los fallos del CNI”

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Aún en plenas vacaciones, tras el segundo aniversario de los atentados de Las Ramblas y Cambrils, contacté a Carlos Enrique Bayo, jefe de investigación de Público. No daba crédito a las acusaciones vertidas sobre sus reportajes acerca de los graves fallos de coordinación, información y prevención que cometieron los servicios de inteligencia y los cuerpos de seguridad. Otros medios, sin aportar una investigación propia, cuestionaban la de Bayo. Le acusaban, además, de participar en una conspiración del independentismo catalán para minar la legitimidad de España, imputándole haber permitido una masacre. Quienes nunca denunciaron las teorías conspiranoicas del 11M de 2004, las equiparaban al trabajo de Carlos Bayo. Este reconocía haber cometido algún fallo, pero sostenía su versión de los hechos con documentos irrefutados y negaba reiteradamente que sostuviera tesis conspirativa alguna.

“No comparto ninguna de las conspiraciones que (apuntan a que) el CNI estaba detrás del atentado”, aseguró el reportero de investigación, ni más menos que ante el Parlament. Y añadió que sugerir que el CNI “estaba intentado volar la Sagrada Familia para asustar a los independentistas es una aberración. […] No estoy diciendo que podrían haber evitado el atentado y que no lo hicieron porque lo tenían premeditado”. Los mismos medios que recogían sus palabras acusaban a Bayo de conspirar contra España.

15 años después del 11M y transcurridos dos del 17A, la historia se repite. Tus investigaciones prueban que el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) mantuvo al imán de Ripoll (Girona) Abdelbaki Es Satty, responsable de la célula que atentó en Las Ramblas, como confidente hasta poco antes de los atentados. Alguien como J.M. Zarzalejos ha tachado tu trabajo de “independentismo conspiranoico” que pretende deslegitimar al Estado. Su palabra tiene valor, porque Zarzalejos se opuso en su tiempo a refrendar la teoría de la conspiración del 11M; es decir, que ETA había perpetrado los atentados de Atocha. Una semana después de publicar tus reportajes, el martes 22 de julio, tú mismo calificaste de aberrante la tesis de que el CNI había cooperado con los yihadistas de Las Ramblas.

¿Cómo explicas la imputación de que eres un “conspiranoico” al servicio del independentismo catalán?

La equiparación de los resultados de una larga investigación, apoyados en documentos inéditos del CNI, con las infundadas teorías sobre el 11-M diseñadas para justificar las mentiras del Gobierno Aznar pretende que los lectores descarten de plano la exclusiva de Público sin leer a fondo las revelaciones y datos aportados en cinco capítulos sucesivos. Además, la acusación genérica de estar al servicio del independentismo catalán se ha demostrado suficiente para despertar la animadversión visceral de gran parte de la ciudadanía española.

Vincular al separatismo con la denuncia de las negligencias cometidas antes del 17A (por quienes también tienen el deber de cuidar de la seguridad de la ciudadanía) permite distraer al público de esas dejaciones de responsabilidad

Así que esa doble imputación –contra una denuncia sobre los errores cometidos por el servicio secreto antes del atentado del 17A– intenta desacreditar totalmente al periodista y al medio para impedir que los jefes del CNI y sus superiores en el Ejecutivo tengan que rendir cuentas y asumir responsabilidades.

Bajo la cortina de humo de que las denuncias de Público sólo tratan de “deslegitimar al Estado” en beneficio del independentismo, se intenta ocultar la gravísima irresponsabilidad de los servicios de Seguridad al anteponer el conflicto institucional con la Generalitat al interés general de los catalanes, ya que mantuvieron en la ignorancia a los Mossos –por desconfianza política– sobre hechos y antecedentes que les habrían puesto en alerta de la amenaza que presentaba Es Satty. Los ataques a Público son una cortina de humo para tapar los evidentes fallos del CNI. 

Y es intolerable que casi todos los responsables de esa estrategia catastrófica en el Ejecutivo de Rajoy se hayan negado a acudir a declarar ante la Comisión de Investigación del Parlament de Catalunya. Y, para mayor desprecio, el único que sí compareció (por vídeo-conferencia) fue el exsecretario de Estado de Seguridad en aquellas fechas, José Antonio Nieto, ahora portavoz del PP en el Parlamento andaluz, quien señaló a los Mossos como responsables de no haber detectado la radicalización del imán de Ripoll. ¡Cuando el Ministerio del Interior, del que él era el número dos, les había ocultado su historial yihadista! Y esto último está más que probado. 

El medio que quizás ha denostado tu trabajo de forma más directa es La Vanguardia, que publicó un reportaje que afirmaba desmentir tus tesis. ¿Cómo te defiendes de las dos imputaciones más serias que se hacen de tu trabajo? Primero, que no es nada nuevo, que ya estaba publicado por otros medios, en concreto, por The Intercept. Y, dos, que reprodujiste errores de los documentos del CNI que citabas y que no sostienen que Es Satty fuese el confidente de la central que señalan otros documentos como activo hasta el día mismo de los atentados.

¿Qué retiras y qué reiteras? ¿Qué errores reconoces y qué versión de los hechos mantienes?

Con respecto al tema publicado el 3 de septiembre de 2018 por The Intercept, ahora conozco a su autor, Zach Campbell, porque se puso en contacto conmigo tras aparecer la exclusiva de Público, pero ni siquiera había visto su artículo antes. Campbell llegó a conclusiones parecidas investigando el caso, pero en nada se parecen una y otra investigaciones: ni en las fuentes, ni en la documentación aportada. Además, Campbell sólo argumenta que es inverosímil que el CNI no vigilase al imán de Ripoll y que no advertir a las autoridades locales de su pasado yihadista equivale a traicionarlas; pero no presenta pruebas, fuentes ni testimonios de que Es Satty fuera confidente durante su etapa de predicador en los oratorios de esa ciudad, como sí hacemos en Público.

En cuanto a los errores, todos los cometemos y más aún cuando se trata de desentrañar algo que el servicio secreto se empeña en mantener oculto. También La Vanguardia ha dado por bueno un informe de la Guardia Civil que incluye varios errores garrafales y fácilmente contrastables, como decir que Es Satty salió en libertad a principios de 2015 (cuando terminó su condena de prisión el 29 de abril de 2014) o que residió en Bélgica todo 2015 (cuando ese año estuvo dirigiendo las oraciones de la comunidad islámica Al Fath en Ripoll).

Yo no solo he reconocido y explicado los fallos que subrayó La Vanguardia, sino que incluso he señalado otra equivocación que cometimos y de la que ni siquiera se habían dado cuenta. Pero esos errores no menoscaban en absoluto el fondo de nuestra denuncia.

Lo que La Vanguardia me imputó fue haberme limitado a copiar una denuncia anónima –que fue la que nos puso sobre la pista del escándalo hace casi un año–, sin mencionar a sus lectores la gran cantidad de materiales y testimonios obtenidos en nuestra investigación que no figuran para nada en aquel antiguo informe pero que confirman la mayor parte de lo que ponía sobre la mesa. En mi respuesta, presenté ocho de los nuevos materiales, documentos y fuentes que hemos publicado y dan validez a nuestra investigación –y que son totalmente inéditos– pero que han sido obviados por ese diario barcelonés.

¿Cómo explicas que El Mundo, epicentro de la conspiranoia del 11M, titulase en portada “El separatismo empaña el 17A con la teoría de la conspiración”?

Ese titular combina en muy pocas palabras las dos imputaciones de las que hablaba antes, cuyo objetivo es descalificar toda la investigación de un plumazo. En el fondo, tanto El Mundo como el diario del conde de Godó (un Grande de España) le están haciendo un favor a la Corona al proteger al servicio secreto que se encarga de garantizar la seguridad del Rey.

Vincular al separatismo con la denuncia de las negligencias cometidas antes del 17A (por quienes también tienen el deber de cuidar de la seguridad de la ciudadanía) permite distraer al público de esas dejaciones de responsabilidad. Con la nefasta consecuencia de que nadie las asume ni se investigan los fallos para evitar que vuelvan a repetirse.

Llamar una y otra vez “teoría de la conspiración” a las pruebas de que Es Satty era confidente del CNI y los Mossos no fueron avisados de ello ni de su deriva yihadista, como hacen reiteradamente grandes medios de comunicación, constituye una nueva posverdad

Una política muy española, que se ha repetido siempre tras las mayores tragedias, al contrario de la práctica democrática de los países avanzados que nos rodean, como Francia, donde Manuel Valls apoyó como primer ministro, tras el atentado de París, una comisión parlamentaria de investigación que descubrió graves carencias en los servicios secretos franceses; comisión a la que ahora se opone tras la matanza de Las Ramblas, alegando que es “insultar a las víctimas”, que son precisamente quienes reclaman esa investigación. ¿Cómo puede ser tan hipócrita?

Llamar una y otra vez “teoría de la conspiración” a las pruebas de que Es Satty era confidente del CNI y los Mossos no fueron avisados de ello ni de su deriva yihadista, como hacen reiteradamente grandes medios de comunicación, constituye una nueva posverdad: se convence al público de que la exclusiva solo esgrime, sin pruebas, meras suposiciones sobre una hipotética instigación de los atentados por parte del aparato del Estado, algo que no hemos planteado en ningún momento.

Una y otra vez hemos desmentido que mantengamos esa tesis y otras tantas veces se han vuelto a referir a nuestro trabajo en esos mismos términos, que no figuran en nuestros artículos. Las verdaderas fake news son las que publican esos medios sobre el contenido de nuestra exclusiva.

El director adjunto del diario que se arroga haber desmentido tu investigación, La Vanguardia, editorializaba el día previo a este último 17A: “Ni las policías estatales  ni la catalana estaban tampoco preparadas para lo que se les vino encima el 17 de agosto del 2017. Igual que en los casos citados [Gran Bretaña, Francia y Bélgica], los servicios policiales debieron haberse coordinado mejor, pero les faltó experiencia en este tipo de riesgo.”

¿Cómo puede decirse que no tenemos experiencia en España en este tipo de riesgos? Se dijo el 11M, se dijo después de que los agentes del CNI sufrieran un atentado en Irak, y se ha dicho tres lustros después sobre el de Las Ramblas

Lo que les sobró fue descoordinación y eso es algo que hemos denunciado reiteradamente los periodistas que investigamos a las fuerzas de seguridad; esa descoordinación se acentuó debido a la confrontación ideológica entre el Gobierno de Rajoy y la Generalitat de Catalunya. La ya caótica interacción entre demasiados cuerpos policiales diferentes y a menudo competidores –Policía Nacional, Guardia Civil, policías autonómicas (Ertzaintza y Mossos d’Esquadra), policías locales y las unidades especializadas de cada una de estas fuerzas–, que tan a menudo me han criticado los mandos intermedios, se vio multiplicada por el apagón informativo al que sometía a los Mossos –por razones políticas– el Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado (CITCO), creado por Fernández Díaz en enero de 2015 mediante la fusión de los dos centros –el Centro Nacional de Coordinación Antiterrorista (CNCA)  y el Centro de Inteligencia Contra el Crimen Organizado (CICO)–, que debía coordinar las tareas policiales contra esas dos lacras.

No sólo es falso que nosotros propugnemos una teoría de conspiración relacionada con el 17A, sino que también es mentira que en nuestras pesquisas siguiéramos un guión predeterminado para socavar al Estado español, como insisten en afirmar

Fuentes policiales ya subrayaron a Público hace dos años que fue precisamente el entonces director del CITCO, José Luis Olivera Serrano –cómplice del comisario Villarejo, según se ha podido escuchar en una de sus grabaciones–, quien diseñó esa estrategia de negar información clave a los Mossos en materia antiterrorista.

Sólo un mes antes de los atentados, la Generalitat había vuelto a solicitar infructuosamente al ministro del Interior Zoido que la policía autonómica catalana tuviera acceso a las bases de datos del CITCO y de Europol. Lo primero no se les concedió a los Mossos hasta dos meses después de la matanza de las Ramblas, pero no se hizo totalmente operativo hasta un año después; y todavía hoy les falta la información de Europol a través del canal de comunicación seguro y reservado SIENA, al que les han prometido acceso “en los próximos meses”, según el comisario Xavier Porcuna, jefe de la Comisaría General de Información de los Mossos.

¿Cómo que “les faltó experiencia en ese tipo de riesgo”? ¡La verdad es que mantuvieron en la oscuridad a la policía autonómica, que tiene transferidas las competencias de seguridad ciudadana en Catalunya! Algo gravísimo en un estado de alerta 4 por amenaza terrorista, y que permitió que la célula yihadista del 17A campase a sus anchas por Catalunya y Europa en los meses previos a los atentados, tal como hemos demostrado exhaustivamente en la serie de exclusivas “La verdad sobre el imán de Ripoll”.

¿Qué diferencias hubo/hay en los errores cometidos el 11M y el 17A por los diferentes cuerpos de seguridad del Estado y los servicios de inteligencia?

El 11M no sólo fue precedido por un atentado contra agentes del CNI en Iraq, sino también por los atentados yihadistas de Casablanca en mayo de 2003, tras los cuales el Gobierno de Aznar argumentó que los terroristas no atacaron la Casa de España, entre otros lugares, por nuestra participación en la guerra de Iraq sino porque entraron allí por casualidad. Fue un clarísimo caso de falta de previsión, de escasez de medios –las unidades antiterroristas aún no tenían ni suficientes traductores del árabe– y de ausencia de convicción sobre la amenaza yihadista que debía haber provocado dimisiones y rendición de cuentas entre los mandos de la Seguridad del Estado y los ministros que los dirigían. Demostraron encontrarse en fase de negación de las consecuencias del Pacto de las Azores entre Bush, Blair y Aznar.

Con la teoría de la conspiración de Pedro J. se volvió a lanzar una cortina de humo para encubrir esas responsabilidades operativas y políticas, así como para justificar la ristra de mentiras descaradas sobre la autoría de ETA; falsedades que el Ejecutivo difundió premeditadamente en esos días, con casi doscientos cadáveres aún calientes, para engañar a los votantes y tratar de evitar que su trágico fracaso les pasara factura en la inminente cita con las urnas.

En cambio, antes del 17A los servicios de inteligencia sí estaban actuando con diligencia frente a la amenaza yihadista en Europa –ya se habían producido muchos atentados en diferentes países–, razón por la cual trabajaban para infiltrarse en las organizaciones salafistas con confidentes como Es Satty. En Público siempre hemos defendido que su fichaje como informante fue una estrategia habitual y adecuada por parte del CNI. El problema, en nuestra opinión, es que después de que le facilitaran su contratación como imán en Ripoll, empezó a hacer un doble juego con el que engañó a los controladores asignados. Además, al grave fallo del exceso de confianza y la negligencia en la vigilancia se sumó la confrontación política con los independentistas catalanes, que dinamitó la necesaria cooperación con las fuerzas policiales de Catalunya. El resultado fue terrible, y si las víctimas reclaman una investigación a fondo de los hechos es precisamente para que esos errores no se vuelvan a cometer.

¿Cuáles son las diferencias clave entre la respuesta institucional y política tras los atentados yihadistas cometidos en España y en otros países?

Está más que clara, como ya he recordado con respecto a Manuel Valls tras el atentado en la sala de conciertos Bataclan y otros lugares de París, en noviembre de 2015. Por cierto, a Valls se le abucheó en Niza tras el atropellamiento masivo cometido en julio de 2016, y a nadie se le ocurrió en Francia acusar a los que lo hicieron de “insultar a las víctimas” –eran sus familiares los que exigían cuentas al entonces primer ministro–, ni se conjuraron grandes medios de comunicación para ocultar los fallos cometidos por los servicios de inteligencia. Poco más de un año después, ocurre algo parecido en Las Ramblas y resulta que aquí no se puede denunciar las carencias de nuestra Inteligencia.

Nuestra legislación sigue arrastrando normas dictatoriales, como la Ley de Secretos Oficiales de 1968 que permanece en vigor porque los gobernantes del bipartidismo la conservaron con el fin de que el oscurantismo de las cloacas del Estado permaneciera impenetrable

No hay más que repasar lo ocurrido tras casos similares en Reino Unido, Alemania y otros países avanzados (incluido EE.UU. tras el 11-S) para ver que nunca se aliaron los grandes partidos políticos de esas naciones –como sí han hecho aquí– para impedir una investigación parlamentaria sobre los fallos que cometieron las fuerzas antiterroristas. Al contrario, siempre asumieron sus responsabilidades los mandos de Interior y de la Inteligencia, así como los dirigentes políticos implicados. Exactamente lo contrario de lo que ha ocurrido en España desde el atentado de Hipercor, hace más de 30 años, hasta hoy… Y no únicamente en casos de terrorismo, sino también en otras enormes tragedias como las del Metro de València, del Alvia de Angrois o del Yak-42.

¿En qué diferencias tu trabajo del realizado por J. Losantos y Pedro J. sobre el 11M? Hasta este mismo año han mantenido y reformulado su teoría conspirativa sin pruebas documentales contrastadas y, aún peor, rechazadas por la Audiencia Nacional. ¿Cómo diferencias tu protocolo profesional frente al de estos otros ‘compañeros’ que denostan tu trabajo?

Cree el ladrón que todos son de su condición, y por eso nos acusan de instrumentalizar la investigación periodística de los atentados para favorecer una opción política, en este caso el independentismo, igual que siempre han hecho ellos durante décadas a favor del PP. Pero no examinan los datos, materiales y testimonios aportados: una vez más, se niegan a ver el alud de pruebas e indicios que demuestran algo contra lo que ya han prejuzgado.

No sólo es falso que nosotros propugnemos una teoría de conspiración relacionada con el 17A –como ellos sí hacen con el 11M– sino que también es mentira que en nuestras pesquisas siguiéramos un guión predeterminado para socavar al Estado español, como insisten en afirmar. Simplemente proyectan sus propios vicios en los demás.

OKdiario –la web de Eduardo Inda– tituló en noviembre de 2017: “El imán de Ripoll montó la célula yihadista de la matanza de La Rambla mientras era confidente del CNI”, sin aportar una sola prueba de ello ni citar fuente alguna –anónima o no– e incluso aseverando que Es Satty “fue financiado con fondos reservados” mientras montaba la célula terrorista. Nadie hizo el menor caso a tan gravísimas afirmaciones porque Inda y Manuel Cerdán carecen de credibilidad, salvo en alguna cadena de televisión.

En cambio, ahora que nosotros hemos obtenido informes reservados del CNI que muestran sus relaciones con Es Satty y su vigilancia de la célula antes de los atentados, todos ellos se echan las manos a la cabeza y exigen documentos con membrete, sellos, timbres, fechas y firmas, como si los servicios secretos pusieran todo eso en sus informes confidenciales.

Los que ahora se arrogan exclusivas sobre las cloacas de Interior son los mismos que hicieron el vacío a Público y ningunearon nuestras revelaciones cuando, con Patricia López, desenmascaramos a Villarejo, en 2015; revelamos las grabaciones secretas del ministro Fernández Díaz, en 2016; destapamos Las cloacas de Interior, en 2017; denunciamos la policía paralela al servicio de multimillonarios, también en 2017; y explicamos las relaciones con la judicatura del comisario corrupto, en 2018. Todo ello se ha demostrado ahora verdadero, pero fue boicoteado activamente en su día por los que hoy aseguran que no contrastamos ni verificamos las informaciones.

¿Cómo es posible que el periodismo español no asuma la responsabilidad, palmaria y primera, de denunciar unos fallos en materia de seguridad (falta de coordinación y de información, imprudencias y errores de calado en apreciar la dimensión de la amenaza…) que vienen repitiéndose desde hace décadas?

Es más que evidente la intención actual de la mayoría de los medios de tapar el escándalo sobre la incapacidad o negligencia de los servicios secretos, mientras que dieron pábulo –y decenas de páginas y de horas de tertulia– a una ridícula filtración de un supuesto mensaje directo de la CIA a los Mossos, escrito en spanglish y presentado como una copia de un presunto texto original, con la que querían hacernos creer que el espionaje de EE.UU. advirtió meses antes a la policía catalana de que se iba a cometer en Las Ramblas el atentado que Yousef Abouyaaqoub improvisó unas horas antes porque la explosión accidental del polvorín de Alcanar dio al traste con sus bien distintos planes originales.

¿Por qué tantos medios dieron verosimilitud a esa delirante versión de espionaje vidente? Claramente porque culpabilizaba a los Mossos. Y muy pocos cuestionaron tamaña cortina de humo –que acabó siendo desmentida por la propia Oficina del Director de Inteligencia Nacional de EE.UU.–, mientras que casi todos se encarnizan ahora contra nuestra investigación. Claramente porque plantea la responsabilidad de la Seguridad del Estado por no haber impedido la matanza.

Da la impresión de que aquí nadie rinde cuentas. La accountability anglosajona ni se conoce ni se la espera por estos lares. Se cuestionan las versiones contrarias, pero no se avanza otra alternativa basada en pruebas, primero contrastadas y luego argumentadas de forma lógica y veraz.

¿Desde cuándo pasa esto? ¿Quién paga la incompetencia y las ineptitudes en materia de seguridad? ¿Alguien les fuerza a ello? ¿Existen, al menos, recursos y vías internas para purgar errores y responsabilidades?

Ocurre desde la dictadura, que impuso la impunidad absoluta de las fuerzas policiales y los mandos políticos ejecutivos. No podemos olvidar que los mismos aparatos de represión policial y judicial del franquismo fueron reconvertidos en fuerzas de seguridad y judicatura supuestamente demócratas sin que rindieran cuentas ni asumieran responsabilidad alguna por sus crímenes anteriores. Hasta se siguió condecorando a torturadores como Billy el Niño (Antonio González Pacheco, que sigue impune y cobrando una extraordinaria jubilación gracias a esas medallas).

Nuestra legislación sigue además arrastrando normas dictatoriales, 40 años después, como la Ley de Secretos Oficiales de 1968 que permanece en vigor porque los gobernantes del bipartidismo la conservaron con el fin de que el oscurantismo de las cloacas del Estado permaneciera impenetrable. Y siguen pagando por ello los mismos de siempre, como si aún padeciéramos un régimen autoritario. 

El uso partidario, la instrumentalización de las víctimas es también otra constante. Y quizás sea la única y verdadera conspiración que haya que desmontar. Tras el 11M, el PP instrumentalizó a la oficialista Asociación de Víctimas del Terrorismo, estigmatizando a la asociación de afectados que encabezaba Pilar Manjón y dando pábulo a la conspiranoia. En el último 17A, la ACVOT (Asociación Catalana de Víctimas de Organizaciones Terroristas) contraprogramó con un acto paralelo en el que un Viva España rompió el minuto de silencio.

Sí, es cruel, vergonzoso, humillante… incalificable. Enarbolan el estandarte de las víctimas del terrorismo sólo con fines de manipulación política y propagandística: las que han sufrido la barbarie yihadista están desamparadas, mientras se sigue agitando el fantasma de ETA; las que padecieron atentados etarras son utilizadas para acallar a los que piden justicia para sus familiares asesinados o fusilados por el régimen fascista. En el resto de Europa no dan crédito al clima político que se vive en España y que ha alentado el resurgimiento del neofranquismo de Vox. 

El uso y abuso partidario / patriótico no parece ser patrimonio exclusivo del unionismo o nacionalismo español. Los CDR también se congregaron frente a La Sagrada Familia pidiendo que se aclaren los puntos oscuros de la investigación. Todo bien, pero sobre la bandera de Catalunya dejaron un ramo de flores blancas y encima de la bandera española colocaron una máscara negra con las siglas 17-A y una cruz roja sobre la boca. ¿Cómo y cuándo acabará esta guerra de banderas a costa de las víctimas?

Lamentablemente, hay que darle la razón al poeta. Tenemos el corazón helado por tanta ignominia y no se ve salida ni futuro en el horizonte. 

Quienes presumen de haber desmontado tus investigaciones fueron los primeros en culpar a Ada Colau de no haber colocado bolardos de protección en Las Ramblas, desentendiéndose ahora de revelar quiénes debieron haber previsto los atentados, deteniendo y desarticulando una célula que “controlaban” hacía tiempo. Como si esto no bastase, señalan que habrá más munición, nuevas pruebas de incompetencia, esta vez relacionadas con errores de la alcaldía y los Mossos.

¿Están racionando, es decir, sustrayendo a sus lectores información vital en el más estricto sentido del término: básica para seguir vivos la próxima vez que transitemos por la vía pública?

Ya han demostrado demasiadas veces que consideran las “razones de Estado” y la “unidad de la patria” por encima de la vida, la seguridad y el bienestar de los ciudadanos.

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El J. R. Mora de hoy: La política del bulo (25/08/2019)

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El Pedripol de hoy: Malas noticias (25/8/2019)

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La verdad de Cuelgamuros que mi abuelo no quiso contar

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El silencio sigue ocultando pequeños o grandes relatos familiares que tienen relación con  la guerra civil o la dictadura. Por las razones que sean. La historia de la construcción de la Cruz del Valle de los Caídos es una de ellas. Rompo ahora ese silencio que siempre se respetó en mi familia porque ése fue el deseo de mis abuelos, Carlos Fernández Casado y Ritama Troyano de los Ríos, para contar la verdad sobre el ingeniero republicano que calculó la Cruz de Cuelgamuros. ¿El motivo? Ha sucedido lo que ellos quisieron evitar a toda costa, lo que más les podría haber dolido, lo más detestable: ver su nombre escrito junto al del dictador, relacionarle con ese régimen que rompió tantas familias, la suya también. Y además, junto a datos falsos.

Como periodista, siempre he querido contar que la Cruz del Valle de los Caídos la tuvo que calcular un ingeniero de caminos depurado para evitar que las fantasías faraónicas del dictador se llevaran por delante vidas humanas, las de los condenados que allí trabajaban esclavizados. Como orgullosa nieta, también me hubiera gustado hablar de la valentía y la dignidad de Carlos Fernández Casado cuando Félix Huarte le pidió y le insistió en que colaborara en la construcción de esa obra faraónica que comenzaba a gestarse. 

Félix Huarte sabía bien que Fernández Casado (1905-1988) era un ingeniero civil excepcional con una inteligencia fuera de lo normal. Las obras realizadas durante la República dan fe de ello. Había terminado la carrera con 19 años; poco después obtenía el título de ingeniero de Telecomunicaciones en París. Hizo además otras tres carreras: Derecho, Filosofía y Letras y, ya muy mayor, Psicología. En 1935, inventó un método de cálculo que se ha usado hasta la aparición de las computadoras, y con el que han estudiado decenas de generaciones de ingenieros, Cálculo de estructuras reticulares (no es el caso ahora hablar de la inabarcable obra de mi abuelo, de sus publicaciones, sus investigaciones; otros ya lo han hecho mucho mejor de lo que yo pueda aportar). Durante la guerra civil, que pasó en Madrid, Fernández Casado formó parte de la División de Defensa Antiaérea y proyectó varios refugios antiaéreos de hormigón. 

En los años cuarenta, Huarte le había acogido en su empresa justo cuando estaba tomando la decisión de exiliarse con su familia: en España se le daba la espalda (no es una metáfora) pues era bien conocido por todos su pasado republicano (entre otras cosas, estaba casado con una sobrina de Fernando de los Ríos). En los primeros años del franquismo, Fernández Casado era un ingeniero depurado, como tantos y tantos. Desde luego, la ayuda de Félix Huarte fue importantísima para la familia Fernández Casado.

El problema se presentó de nuevo cuando se pone en marcha la construcción del Valle de los Caídos, proyecto que se adjudica a la empresa de Félix Huarte, Huarte y Cia SA. Felix Huarte le pidió que participara en ellas. Le insistió y le insistió. Y mi abuelo, jugándose otra vez su trabajo, su futuro profesional y el de su familia dijo, mantuvo y repitió que “de ninguna manera”. Entonces se produjo la conversación que me contó alguna vez mi abuela: “Pero don Carlos, esto es para mayor gloria de España”, y mi abuelo contestó: “No, esto es para mayor gloria de Franco”. 

Félix Huarte respetó la decisión de mi abuelo  y Carlos Fernández Casado no tomó parte en la construcción del Valle de los Caídos. Hasta que un día, a las tantas de la noche, sonó el teléfono y mi abuelo salió corriendo de casa. Mi abuela también me ha contado esto, aunque no le gustaba nada hablar de ello. La cruz gigantesca de Cuelgamuros se caía. No había manera de sujetarla y, lo peor, no había manera de hacer entrar en razón al dictador; se había empeñado en levantar una cruz de proporciones descomunales y verdaderamente desmedidas para un lugar con vientos tan fuertes como lo es esa zona de la sierra de Guadarrama.

Por supuesto, y ante semejante panorama, mi abuelo calculó la Cruz de Cuelgamuros. Lo hizo para salvar vidas humanas, y puso dos condiciones: que jamás apareciera su nombre vinculado a semejante edificación y no cobrar nada por ello. Eso también se había respetado siempre, hasta ahora. Y ésa es la razón por la que el nombre de Fernández Casado no ha aparecido nunca vinculado a esa obra faraónica y terrible que representa lo opuesto al pensamiento, vida y obra del ingeniero Carlos Fernández Casado. Y al ejemplo que nos ha dejado, a sus descendientes y a sus discípulos como persona firme, comprometida, progresista, solidaria y de una bondad infinita. 

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Un PSOE cual rufián constitucional

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La refriega estival por el “relato” sobre el fracaso de las negociaciones de gobierno, a la que no es ajeno el episodio del Open Arms y su gestión por parte del ejecutivo de Pedro Sánchez, ha puesto de manifiesto un mecanismo de poder psíquico que suele pasar desapercibido. Poco más de un año después de que el gobierno Sánchez, nacido de la moción de censura del 1 de junio de 2018, se estrenara con los “gestos” de acogida a las personas rescatadas por el Aquarius y luego por el Open Arms, asestando un revés político y ético a Matteo Salvini, ese mismo gobierno desprecia y casi criminaliza al Open Arms, se niega a ofrecer puertos españoles y juega con la desesperación de la tripulación y de las personas rescatadas. Un mitómano Sánchez habla con el protagonista de Oficial y Caballero, pero se niega a hablar con Óscar Camps, el director de Open Arms. En paralelo, la ministra Carmen Calvo la emprende contra las ONGs que salvan personas en el mar y alega el monopolio soberano de los Estados sobre el rescate de los náufragos (es decir, sobre su vida y su muerte) en su territorio, y llega a amenazar a éstas con sanciones durísimas.   

Sólo un año después, tenemos otro desengaño emocional de masas con el PSOE. Y cada vez que sucede, se plantea uno la misma cuestión: ¿qué sucede para que tantas personas no vean que el problema no está en los individuos, en los políticos de circunstancia, sino en la relación entre partidos y electorado? ¿Tan difícil es ver un patrón recurrente de relación tóxica y de maltrato psíquico? No es, ni mucho menos, la primera vez. Es, de hecho, una constante en tiempos de crisis política profunda desde la Transición. Tenemos que remontarnos al PSOE de González, desde la escena de la dimisión –¡o el marxismo o yo!– en el congreso de 1979, al uso del miedo y la esperanza con la cuestión de la OTAN, la “reconversión industrial” o la primera guerra de Irak en 1991. 

Se puede afirmar que tal es una de las funciones del PSOE en la constitución material del Reino de España (es decir, de los acuerdos implícitos entre las fuerzas políticas y sociales que elaboran una Constitución formal y que ponen límites, funciones y fines a un régimen político). A pesar de los embates del 15M, de la crisis sistémica global y europea o de la cuestión independentista catalana, esa constitución material resiste y es defendida con fiereza por sus interesados. 

En su libro Esferas de la insurrección, la psicoanalista y filósofa brasileña Suely Rolnik habla de una modalidad de poder sobre las subjetividades que denomina cafetinagem, es decir, chuleo o rufianería, como un ejercicio de control sobre los afectos y las emociones de los sujetos, de sus pulsiones vitales y de sus fuerzas productivas. Un cafetinagem que hunde sus raíces en lo que Rolnik denomina el inconsciente colonial-capitalista y que se basa en la combinación de promesa y autoculpabilización, de recompensa y maltrato. 

Y esta especie de chuleo o de arte de madame que ejerce el PSOE sobre las emociones de sus votantes actuales o posibles no responde a una perversión de cualesquiera dirigentes; es un arte de dominio y neutralización de las pasiones políticas. Al PSOE le corresponde en el hoy como en el ayer constitucional no dejar que en su electorado, en sus distintas bases sociales actuales o potenciales, cristalicen motivos éticos, bloques de resistencia ético-política como los que se anudaron con la cuestión de la OTAN, con la segunda guerra de Irak o con el rescate de personas migrantes en el Mediterráneo. Estos bloques se comportan como contrapoderes o, dicho de otra manera, desequilibran la relación entre el mandato imperativo y el representativo en el que se basan las constituciones atlánticas, dando preponderancia al primero (lo que llaman “populismo”). Por su parte, Unidas Podemos está más sometido si cabe a esos bloques ético-políticos en la sociedad, pero en un plano distinto, puesto que nunca han gobernado ni son un “partido constitucional” y nacieron declarándose un instrumento del mandato del 15M. Este es el problema. El problema no es que los “poderes fácticos” dobleguen la voluntad de Pedro Sánchez o le obliguen a dar marcha atrás en sus gestos éticos. Se trata más bien de que al lado de ese “arte de gobierno” está el “arte rufianesco” de un PSOE que quiere un electorado vencido en su autoestima y en su consistencia ética. 

Sin embargo, este no es el PSOE de entonces, ni el contexto es el mismo. La omnipotencia de la cafetina de antaño se presenta hoy como farsa. Este PSOE se ha salvado de la pasokización, pero los buenos viejos tiempos no volverán. Está condenado a un juego de suma cero con Unidas Podemos, de tal suerte que no queda otra que dar buenas lecciones de realidad a quienes se obstinan en ser autónomos y desconocer quién da de comer democracia y progreso en España. A quienes pretenden poner condiciones éticas o incluso enarbolar los derechos humanos frente a la acción de gobierno. En el PSOE saben que el problema son esos bloques éticos y políticos encarnados en el electorado, y no Unidas Podemos, que sólo sobrevive gracias a ellos y a las promesas de un mandato imperativo. 

“Solo podemos prometer menos de la mierda circundante, pero peor será la extrema derecha”; la negociación sobre el gobierno está llevando ese maltrato emocional a extremos nunca vistos: el subtexto de los mensajes prácticamente se coloca al mismo nivel que el texto manifiesto. Da no sé qué pensar en la incapacitación que provocan esas fluctuaciones de ánimo en las personas que se creyeron a Pedro Sánchez, que en estos meses cayeron en las promesas de la equidistancia moralista y llegaron a clamar responsabilidad a Unidas Podemos por sus “votos progresistas”, en un juego en el que todo el mundo sabe que Unidas Podemos es quien más pierde porque se juega la supervivencia. A esa violación continua de las conciencias la podemos llamar “producir un electorado responsable”. No es tan distinta de lo que Gregory Bateson definió como el “doble vínculo” en las relaciones humanas, fuente de esquizofrenia a su juicio, donde el sujeto termina colapsando cognitiva y afectivamente porque recibe estímulos afectivos y mensajes que se contradicen uno a otro o que van acompañados del afecto contrario al que significan. 

Más allá de las negociaciones de gobierno/investidura y de sus resultados, el daño está hecho. El problema que tenemos es que, al mismo tiempo que las circunstancias sugieren la vuelta a la geometría política que nació con el 15M –donde el PSOE es la mano izquierda del régimen constitucional oligárquico y donde este último presenta una decantación hacia el autoritarismo y la desigualdad crecientes, amén de una corrupción estructural–, las ilusiones creadas por la narración Podemos (la anterior a las escisiones, allá por 2014) sobre el acceso al gobierno mediante acciones relámpago o geniales maniobras tácticas se arrastran hasta el agotamiento. Las trincheras retroceden cada vez más y los hechos dicen que no hay toma del gobierno posible bajo estas condiciones. 

En adelante, se trata de pensar y ensayar (ensayos de masas, ensayos multitudinarios) formas de condicionar el funcionamiento de las normas jurídicas y de la administración en sentidos favorables a las minorías (que son mayoritarias) que forman las clases subalternas. Se trata de retomar la que fue con el 15M la estrategia de contrapoderes sociales y políticos composibles, de grados/saltos de apropiación y transformación de la norma, de su ejercicio, de la administración y sus decisiones y procesos, así como de las competencias de la soberanía estatal (monopolio) sobre la vida y las libertades de las personas. Se trata de saturar la forma Estado de luchas, protestas, instituciones alternativas y reapropiaciones de bienes comunes. Esto no excluye participar en gobiernos o apoyar su investidura, pero hemos comprobado cuáles son las condiciones y su coste psíquico y afectivo en la esfera pública; su alcance es limitado, mientras que el entusiasmo que despiertan difícilmente puede equipararse al creado por la ilusión de “entrar en la sala de mandos” nutrida por la narración Podemos.  

Volvemos al ensayo y error, pero sobre la base de un acervo político común: a) sabemos que las luchas convergentes pueden tirar abajo gobiernos; b) solo la autonomía y la singularidad efectiva de luchas-contrapoderes puestos en común compensa y permite practicar un mandato institucional imperativo; c) participar en procesos de gobierno es táctico y dependiente, reforzar el sistema de contrapoderes y reapropiaciones sociales e institucionales es estratégico, porque bloquea el proceso de devastación psíquica y ética en curso, que permite el paso de autoritarismos y fascismos. Es bastante probable que la consolidación y el curso de un sistema de contrapoderes de este tipo llegue a redefinir completamente los factores estratégicos y el modo en que un cambio político rupturista pueda darse en España: que una revolución institucional pueda tener lugar sin derramamiento de sangre ni victoria represiva de las componentes reaccionarias de la constitución material española. Tenemos que seguir trabajando meses/años.  

Entretanto, no se puede ser equidistante (marco narrativo “mayoría progresista”, a la que se tendría que adaptar como sea la posición de Unidas Podemos) respecto a la negociación en curso. Pero es preferible que la indignación se libere del marco de maltrato psíquico del PSOE, para empezar a practicar, antes que anunciar, el tiempo post-narración-Podemos. Dios (la autonomía de la política de partidos en el Reino de España) ha muerto. Saquemos las mejores consecuencias de este maltrato psíquico-político.

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Raúl Sánchez Cedillo es traductor y ensayista, y participa en la Fundación de los Comunes. 

@sanchezcedillo

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La Boca del Logo de hoy: Help Amazonia (24/8/2019)

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El suelo, el gran olvidado tras el fuego

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A día de hoy los hidroaviones siguen surcando el cielo de Gran Canaria. Los vientos alisios les dificultan la recogida del agua en los embalses más cercanos al perímetro que aún arde, lo que les obliga a volar hasta el Puerto de Las Palmas, un lugar alejado de la zona devastada pero seguro. Bajan del monte hasta la capital de la isla en busca de agua de mar para luego trasladarla a una franja de valles con estrechos barrancos, escarpes y macizos. Allí la arrojan entre peligrosas corrientes de aire y turbulencias que cambian caprichosamente de dirección.

Gran Canaria es uno de los lugares de Europa más complicados para ser defendido de las llamas. Son pocos los accesos seguros al interior por carretera, lo que dificulta las tareas de extinción. De ahí que el incendio desatado el pasado sábado 17 de agosto calcinara en poco tiempo más de 12.000 hectáreas de terreno de gran riqueza medioambiental en el corazón de la isla. Una reserva de biodiversidad que proporciona servicios ecosistémicos necesarios para la vida.

Gran Canaria se enfrenta ahora al reto de abordar una inteligente gestión del paisaje rural. Se trata de evitar la desertificación, que arrasa tierras prósperas y las vuelve yermas de manera irreversible

En algunos tramos del perímetro, los medios no podían enfrentarse directamente al fuego, por su intensidad y velocidad. De este modo, lo que quedaba era rodearlo e ir cerrando poco a poco el círculo hasta que las circunstancias climatológicas mejorasen o el fuego avanzase hacia una zona sin combustible o con menor vegetación. Así lo explicaba en rueda de prensa el analista forestal Federico Grillo, jefe de emergencias del Cabildo de Gran Canaria, que tenía a sus hombres (los Presa y los Bravo) trabajando hasta 16 horas diarias a 50 grados. 

Gran Canaria se enfrenta ahora al reto de abordar una inteligente gestión del paisaje rural. Se trata de evitar la desertificación a medio y largo plazo, que arrasa tierras prósperas y las vuelve yermas de manera irreversible. Los factores que están tras la génesis del fuego son la despoblación, el abandono de la actividad rural, la no explotación de los productos forestales, la dispersión de las casas, las parcelas agrícolas desatendidas, el estado de las malezas, troncos secos u otros materiales altamente inflamables a causa del descuido de los campos y bosques, y que se convierten en gasolina para las llamas, como sucede con la pinocha, que antes se recogía.

Es necesario que la población se responsabilice de sus propiedades privadas, que apueste también por las energías limpias y que opte por productos de la tierra. En este contexto, David Ramírez, decano territorial de las Islas Canarias del Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Forestales, advierte que el mejor cortafuego que existe es una zona pastoreada: “Hay que potenciar de una vez el triángulo rural: agrícola, ganadero y forestal. Si seguimos así, los incendios serán cada vez más monstruosos”. 

Las tareas agrícolas y de pastoreo contribuyen a eliminar el material combustible presente en nuestros montes, favoreciendo la biodiversidad y reduciendo el riesgo de erosión y desertización. Se trata de la mejor gestión en los tratamientos preventivos en unas islas orientales, que están, curiosamente, menos apegadas al monte que las occidentales. 

Después de un incendio forestal, el suelo quemado queda desprovisto de una cubierta vegetal que lo protege, lo que causa que el debilitado suelo sufra, en caso de que caigan fuertes lluvias en un terreno muy erosionable. Es lo que más temen los especialistas y los más ancianos del lugar: la desertificación del terreno. 

Las llamas han devorado Artenara, Cazadores, Valleseco, Tejeda, Gáldar, el centro montañoso de esta isla volcánica y llegaron a entrar en el hermoso parque natural de Tamadaba, punto con mayor número de especies endémicas

Los isleños aún no bajan la mirada del cielo. Viven pendientes del viento, de la humedad, de una lluvia que no llega, mientras asisten a la mayor operación de medios humanos y aéreos en la historia de los incendios forestales del Archipiélago. Cuatro hidroaviones, tres aviones forestales, once helicópteros y dos Kamov del Estado han colaborado con los efectivos de tierra, más de 1.000 personas (durante la noche unos 400), de los que unos 390 pertenecen a la Unidad Militar de Emergencias, para reducir la virulencia de las llamas.

Entre los habitantes de la isla el miedo y la psicosis dio paso a la solidaridad. Pronto comenzaron las cadenas de ciudadanos anónimos ofreciendo sus terrenos para albergar animales en todos los puntos de la isla, también vehículos para transportarlos, las parroquias abrieron sus puertas día y noche, los evacuados se fueron alojando en los diferentes albergues que habilita el Gobierno canario y el resto están en los hogares de familiares o amigos que viven en zonas seguras de la isla. 

Las llamas han devorado Artenara, Cazadores, Valleseco, Tejeda, Gáldar, el centro montañoso de esta isla volcánica y llegaron a entrar en el hermoso parque natural de Tamadaba, punto con mayor número de especies endémicas de la isla. El fuego avanzaba sin control hacia el valle de Agaete, sembrando el terror y fracturando el corazón de la sociedad canaria, que no recuerda un incendio más devastador en la historia reciente de la isla desde que, en julio de 2007, un trabajador forestal al que le vencía el contrato calcinara 18.673 hectáreas. Los alcaldes de diez municipios se han visto obligados a evacuar a 10.000 vecinos. El fuego se dirigía a gran velocidad hacia el suroeste de la isla y las llamas llegaron a alcanzar los 50 metros de altura.

Los daños materiales, naturales y medioambientales han sido enormes. El fuego ha llegado al barranco Hondo de Abajo (que separa Artenara, a la izquierda, y Gáldar, a la derecha), afectando al paisaje que rodea el conjunto de Risco Caído y las Montañas Sagradas de Gran Canaria, declarado Patrimonio Mundial de la Unesco el pasado mes de julio. 

la caída del viento ha evitado que el fuego se adentrara en la reserva de Inagua, hogar del pinzón azul, un pájaro autóctono del que solo quedan unos 400 ejemplares

Hay afectadas especies de reptiles y aves que en los últimos años se habían  reintroducido al ecosistema canario tras su desaparición. Afortunadamente, la caída del viento ha evitado que el fuego se adentrara en la reserva de Inagua, hogar del pinzón azul, un pájaro autóctono del que solo quedan unos 400 ejemplares. Plantas endémicas únicas en el mundo pueden haber desaparecido en la quema de 2.500 hectáreas especialmente importantes para la biodiversidad. El pino canario, adaptado al fuego, lo resiste, pero ya no es el mismo que antes, está debilitado. La laurisilva y numerosas especies de fauna tendrán mayores dificultades en el futuro, ahora que estaban empezando a recuperarse de otros incendios anteriores. 

Mientras tanto, las teorías del complot y las interpretaciones variopintas se multiplican tratando de explicar lo sucedido. ¿Intencionado? ¿Un descuido? ¿Una negligencia? Nada más declararse el incendio, autoproclamados ingenieros forestales y buscadores de concurrencias empezaron a lanzar teorías conspiranoicas en las redes sociales, alimentando toda clase de especulaciones sobre posibles intereses ocultos en arrasar con la superficie forestal de la isla oriental. A esos argumentos  hay que sumar al padre Báez culpando desde su canal de YouTube “al Cabildo matacabras”.

Pese a que la investigación se anticipa larga y los primeros elementos apuntan a que se trata de un accidente como una quema de rastrojos, un cigarrillo mal apagado, o una hoguera encendida por excursionistas (en Tejeda dicen que causado por un vecino que cortaba una puerta metálica con una radial, en Valleseco por las líneas de una torre eléctrica), y a falta de que el Seprona concluya sus pesquisas, se desconoce qué inició la tragedia. Lo único cierto es que las condiciones meteorológicas y orográficas del interior de la isla ayudaron, en cuestión de minutos,  a que el fuego se extendiera. 

En estos momentos, los hidroaviones y helicópteros siguen bajando al Puerto en busca de agua. Es señal de que el fuego se reactiva en algunos puntos

El incendio se encuentra en fase de estabilización. Se mantiene el nivel 2. Poco a poco, el perímetro de las llamas (que llegó a alcanzar los 112 kilómetros) ha ido menguando. La mitad de los evacuados ya han podido volver a sus casas. Los trabajos se centran ahora en evitar que el fuego se reavive, que las hojas de la superficie mojada se sequen y lo reinicien. De modo que el operativo permanece en alerta en frentes que se localizan en el Parque Natural de Tamadaba y en las zonas de Guayedra y El Risco, en el municipio de Agaete La extinción completa del incendio puede llevar todavía un mes ya que el escaso número de accesos seguros dificulta las tareas. 

En estos momentos, los hidroaviones y helicópteros siguen bajando al Puerto en busca de agua. Es señal de que el fuego se reactiva en algunos puntos. Cuando todo termine, habrá que corregir la erosión antes de que empiece a llover. Una lluvia que se desea sea serena este otoño, para que no arrastre la tierra, un monte sensible ahora a agentes patógenos. Es necesaria una urgente protección del suelo –el gran olvidado tras el fuego– contra los efectos erosivos que pueden causar las primeras precipitaciones para que no se desencadene lo más temido, un proceso de desertificación. 

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El J. R. Mora de hoy: Derecho a rescatar (24/08/2019)

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La novena sinfonía de Tarantino

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[Advertencia: este artículo contiene spoilers].

En 1951 se estrena el western Tambores Lejanos. En el mismo se puede escuchar, por primera vez, ‘El grito de Wilhelm’, también conocido como ‘El grito de Hollywood’. No han pasado más de cinco minutos de Once Upon a Time… In Hollywood y este grito hace acto de presencia. Exactamente la misma grabación, recogida de una librería de sonidos. Desde 1951 este grito ha pasado de ser un efecto recurrente en películas de diverso pelaje hasta convertirse en un guiño autoconsciente, en un ‘toque’ que el autor coloca en su obra para llamar la atención sobre sí misma. En los primeros minutos de la nueva película de Tarantino las cartas ya están sobre la mesa. 

Un actor y su reflejo. Rick Dalton, interpretado por Leonardo DiCaprio, ha conseguido la fama gracias a películas de acción en las que protagoniza escenas peligrosas. Cliff Booth, al que da vida Brad Pitt, es el doble de Rick Dalton en sus películas y se ha quedado a medio camino. Es la sombra de la estrella en una ciudad, Los Ángeles, donde solo hay rascacielos en el downtown y en Hollywood Boulevard siempre hay luz aunque sea de noche. En un maravilloso travelling ascendente, Tarantino nos describe a este personaje: tras la fachada de un autocine, en un encuadre salpicado de coches solo iluminados por el brillo de la pantalla que, vete tú a saber, lo mismo está proyectando un western de Rick Dalton, se encuentra una caravana aparcada. Allí vive junto a Brandy, su fiel compañera, una pitbull que, a su manera, también hará las ‘escenas de riesgo’ que no pueda hacer él mismo. Pensad en el final de la película.

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El juego de espejos entre Dalton y Booth es continuo a lo largo de una película que entra, directamente, en el podio de lo más raro filmado jamás por Tarantino, junto a Jackie Brown (1997) o Death Proof (2007). Se escuchan voces críticas al respecto porque, al parecer, Tarantino ha perdido su ‘toque’. ¡Esta película no parece de Tarantino!, aseguran muchos, dejándose en evidencia. Nunca han sabido de qué ha ido Tarantino. ¿Un gracioso que copia películas raras y las mezcla con ultraviolencia cómica propia de tebeo? No, ni de lejos. Tarantino es un perturbado que, afortunadamente para nosotros, ha cambiado el cuchillo por la cámara de vídeo. Su enfermedad le viene de lejos. Álex de la Iglesia ha tenido la oportunidad de coincidir varias veces con él y, según asegura en entrevistas, es incapaz de hablar de otra cosa que no sea cine. Nada. Respira cine, caga cine, mea cine, se folla al cine. ¿Qué es Once Upon a Time… in Hollywood? Una corrida sobre el cartel que corona sus colinas y que se derrama sobre el pavimento de estrellas en un punto, justo, en el que todo estaba destinado a cambiar.

1969. Una noche de agosto calurosa, pegajosa, en una mansión de Cielo Drive, aparecen muertas cinco personas, algunas de ellas vinculadas al cine. Sharon Tate es asesinada tras recibir más de diez puñaladas, perdiendo al hijo que llevaba en su vientre, a dos semanas de dar a luz. Sus asesinos, unos hippies enloquecidos que obedecían las órdenes de un iluminado, un músico frustrado llamado Charles Manson. Sharon Tate era la mujer de Roman Polanski, un aclamado director europeo que recién había aterrorizado a todo un país dirigiendo el clásico La semilla del diablo (1968). Ocho años después, acabaría violando a una menor de 14 años, Samantha Geimer. Aún pesa una orden de detención sobre él en Estados Unidos y no puede poner un pie allí. Una época en la que parecía normal el abuso y el acoso sistemático, con chantajes de por medio. Una época en la que se destruye el sueño hippy y los modos clásicos de Hollywood: el sistema de estudios y de actores en nómina tiene los días contados. Llegan los tiempos de la contracultura y cineastas como Dennis Hopper, Coppola o Scorsese se dedican a poner en jaque el statu quo.

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Volvemos a Sharon Tate. Recordadla. Y ahora, olvidadla. La Sharon Tate de la película de Tarantino no es Sharon Tate; es la concepción de una idea, de un sueño, de un objetivo que estaba a punto de ser alcanzado si no fuera porque el fanatismo se encontró esa noche con ella. En una larga escena, compuesta de varias partes, Tate entra en un cine en la que se está proyectando una de sus películas, La mansión de los siete placeres (1969), una mediocre comedia de acción y espionaje protagonizada por Dean Martin. Cómo no, ella interpretaba un papel hecho a la medida de la mujer atractiva de la época, un poco florero, un poco torpe, siempre encantadora, y con carácter cuando la acción lo requería. Se le ha criticado mucho a Tarantino que Margot Robbie apenas tiene diálogos en esta película, intentando acercar su obra al #metoo. Y no tengo nada que objetar si alguna mujer se ha visto ofendida por lo mostrado. Simplemente, cuesta entender la polémica, más allá de querer ganarse un puñado de clics. Sharon Tate es la idealización de la estrella pura de Hollywood, una absoluta ausencia de maldad y una mitomanía que es la que le mueve los pies y los brazos y los pulmones. No es una persona. Una estrella de cine no es una persona. Es una estrella. No necesita hablar.

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Sharon Tate no duda en querer verse, necesita que la luz de la película que ella interpreta entre directamente en sus pupilas como el que se pellizca para cerciorarse de que lo que está pasando no es un sueño. No importa saber quién era esta chica en realidad para darse cuenta de lo importante. Y qué cruel será Tarantino al terminar asesinándola en su película. Y claro, no lo hace. Como en Malditos Bastardos (2009), Tarantino cree firmemente en el poder del cine para deformar la historia y mostrar la versión de la misma que a él le hubiera gustado. Desde su mismo tiempo, que apela a los cuentos, Once Upon a Time… In Hollywood no hace sino esquivar las expectativas del espectador que más confía en el Tarantino superficial, en el de los diálogos absurdos e hilarantes y la violencia cómica y explosiva. Las tomas del personaje de Brad Pitt –un maltratador que asesinó a su mujer al que acabamos cogiendo cariño (a veces las criaturas más adorables encierran terribles monstruos)– conduciendo se alargan hasta exasperar a muchos. La película está llena de tiempos muertos y podemos enumerar con los dedos de una mano los ‘momentos de diálogo’ a los que el director nos tiene acostumbrados. 

Once Upon a Time… In Hollywood no necesita contar una historia tradicional. Tarantino pinta un lienzo impresionista con ese atardecer de Los Ángeles, único en el mundo, en el que volcar todas sus filias. Esta vez no homenajea al spaghetti western, es spaghetti western. Es como si hubiese querido entregarnos su propio Ocho y medio (1963) en el que, claro, él es el protagonista. Y lo es a través del actor que tiene que irse a Europa porque ya en su país solo le ofrecen medianías; lo es a través del asesino encantador que cambia la historia; a través de una niña actriz que hace justicia con DiCaprio, mucha más que la que podría suponer un Oscar, al decirle que esta es su interpretación más maravillosa; y lo es a través de una estrella de cine que sucumbe al cambio radical que está a punto de dar Hollywood, haciéndole un corte de manga a sus asesinos y dejando que viva. La novena película de Quentin Tarantino se siente como la última de su carrera, aunque, según él mismo, aún queda una. Seguro que la décima es un epílogo maravilloso que cerrará una de las filmografías más apasionantes que ha dado la historia del cine.

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