¿Quién quiere coaligarse con mi hijo?

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1. Empiezan los turnos de los líderes de la oposición. Sinopsis: hay reuniones de la AMPA en las que, cuando alguien se levanta y toma la palabra para explicar, durante tres cuartos de hora, que su hijo tiene alergia a los guisantes, se observan, por lo general, cosmovisiones más amplias y elaboradas. Bueno. Al lío.

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2. Empieza Casado. Aspecto de capitán del equipo de lacrosse de su universidad, que no ha pisado. Quizás, precisamente, por eso mismo. Casado ofrece cierto aggiornamento en su discurso. Si bien sigue centrado en la cosa territorial, ofrece diálogo en otros temas que no impliquen necesariamente la ruptura de Esp. No sé. El lince. Sánchez le ofrece, en ese sentido, un trato especial. Es derecha que pacta con la ultra-derecha pero, a diferencia de C’s, con responsabilidad de Estado, viene a afirmar. Lo que, socorro, orienta hasta qué punto han llegado los conceptos responsabilidad y Estado. Sánchez, a su vez, no es muy claro con el tema Cat. Se diría que ha optado por la sugerencia que Wittgenstein aportaba en el último aforismo de su Tractatus: “De lo que no se puede hablar, es mejor callarse”. Se parece un güevo a otro aforismo que emitió en su día y en privado un dirigente del PSC: “lo de Cat no tiene solución en 20 años, por lo que mejor no hablar de ello en 20 años”. Me parece que estamos, por tanto, en modo Wittgenstein/PSC. Importante: Sánchez reclama la abstención a Casado. Es decir, si bien aparentemente está negociando con UP, pide la abstención al PP. Lo que es un indicio de dónde estamos. No estamos en un debate de investidura. Importante bis: en este preciso instante, Sánchez explica, como quien no quiere la cosa, la cosa. La cosa es lo siguiente: quiere estabilidad, algo que no es necesariamente coalición con UP. De no haberla, quiere elecciones. A esta incapacidad para el diálogo y el acuerdo, para reconocer el fin del bipartidismo, se le llama ajedrez por aquí abajo. Que te atropelle una apisonadora, por aquí abajo acabará llamándose sonata-de-Mozart.

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3. Momento Rivera. Viene tan crispado que parece que venga del trabajo. El hombre que en la anterior legislatura se presentó en términos chachis, como el novio de Esp, hoy comparece como un novio de la muerte al uso. Tema/marco territorial. Victimización de las derechas. Establecimiento de un constitucionalismo tan limitado que no cabe nadie en él, salvo C’s, PP, Vox y el rey. En consecuencia, Sánchez se sitúa en el campo del golpismo y el terrorismo. Un campo descomunal, en el que cabe la mayoría de la sociedad, me temo. Rivera se explaya con conceptos recauchutados en otras ediciones de este evento, como Gobierno Frankenstein –tiene guasa utilizarlo tras su colaboración en Gobiernos Fachastein–. Algunos datos vertidos son, por otra parte, fakes. Como la exigencia, pero ya, de una tarjeta sanitaria única en el Estado. Esa cosa que ya existe. En general, el tono es de señor de pueblo con carajillo vertebrando Esp en el bareto, mientras los chicos y chicas sexis se van a la disco. Se trata de un discurso tóxico, imposible de acceder al diálogo y cercano a la extrema derecha. Lo dramático es que vaya y lo llame liberalismo. Ese hecho confirma, es, la excepcionalidad esp, me temo. O desaparece, que no sé cómo, o la excepcionalidad será eterna. Sánchez se pela a Rivera en un plis-plas, y le pide la abstención. Rivera no se la da, escupe por el colmillo y le habla de marcos no muy efectivos, diría. El discurso de marcos de C’s, tras lo de Colón, es una construcción cargada de futuro, pero con un presente chungo. Es antiguo, poco elaborado, huele a calcetines a cuadros y a anís. Los únicos éxitos en el discurso del ulterior Rivera aluden a su vida privada. Como el hecho de que nadie sepa el precio del alquiler que paga en La Finca, urbanización I+D de Madrid, inasumible, a temperatura y presión normales, para un político. La evolución de este discurso ultraderechista y enclenque puede suponer que este sea el último debate de investidura de Rivera, único político al que se le van los cuadros a lo bestia desde UCD. O, glups, no.

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4. Momento Iglesias. UP divide el discurso inicial entre sus starrings. Un meritorio homenaje a la diversidad, pero que en ocasiones da al compendio aspecto de festival final de curso en el cole. Iglesias no se emplea mucho. Afea lo de la reforma constitucional del 99, se queja de que negocie con ellos y, a la vez, pida el voto a PP y C’s, y reclama una coalición para políticas que enumera brevemente. Para no romper la baraja, supongo, en este discurso contenido no se desmarca mucho de lo apuntado por Sánchez en la matinée. Reclama una coalición con chicha. “No podemos aceptar lo contrario”. Asens, Comuns, habla de Cat, en términos integradores y sensibles de discusión. Vamos, que habla de aplazar el tema a través del diálogo, diría. Garzón, IU, ofrece el discurso más vertebrador. Describe una “Esp menendezpelayiana”, de la oportunidad de elegir otra vía, de la necesidad de entender a contrarios, y de valores democráticos y republicanos. Yolanda Díaz, Galicia en Común, habla de feminismo y de urgencias sociales tras 10 años de crisis y ruptura social. Sánchez responde con desidia. Que todo eso ya lo ha dicho él. Emplea mucho tramo en defender lo del 99, y en establecer diferencias entre el PSOE y UP. Muchas. Demasiadas como para sospechar que estén negociando algo en serio. Respecto a lo de Cat, viene a decir que entre procesismo y Vox/PP/C’s sólo hay una cosa: autonomismo. Es decir, lo que hay. Una Esp irreformable/3-O. Explica las negociaciones con UP según su punto de vista. Explica que bueno, si no hay acuerdo de coalición, puede haberlo de investidura. Y si no hay una cosa u otra, UP tendrá que votar con Vox contra el PSOE. 

5. El partidazo de ajedrez es, por tanto, esto. O me votas, o votas con los fachas. Era, vamos, el catalonian Chicken Game de toda la vida. No es necesario ser un genio para jugar a eso. Es más, es necesario no serlo. Es la indigencia política. La política sometida al marco. Es el procesismo o el constitucionalismoZzzzzzzz. Es la crispación o la desaparición.

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6. Posteriormente se inicia una escalada dialéctica entre Sánchez e Iglesias. Iglesias plantea otra descripción de lo de Cat que, sin reivindicar la política –de marcos, yuyu– de los políticos cat encarcelados, reivindica el uso de la política en su solución. Sánchez que sí. Pero no. Sánchez informa que el PSOE le ha ofrecido un potosí de ministerios para la cosa coalición. Iglesias, aún comedido, explica parcialmente lo ofrecido en las negociaciones. Nada. Símbolos. Finaliza con un “no será presidente” si sigue en esa tesitura. La sensación es que a Sánchez le da un tanto igual.

7. La política, en este momento de crisis absoluta, puede asumirlo todo. Puede asumir, por ejemplo, el diálogo agrio entre Iglesias y Sánchez, de manera que, en efecto, todo esto puede acabar en coalición. Pero si esto no fuera un debate de investidura, sino otro programa televisivo –no sé, Sálvame Deluxe, cuando dos personas se hablan así, es que se están separando.

8- Abascal. Vox. Discurso parecido al de Rivera, pero con una prosodia similar a la de los clásicos, años 30. Y con una crispación más lejana y contenida, propia de esos días en los que, con las prisas, te pones la ropa interior de tu hijo de 4 años. Difieren en detalles y énfasis, como en lo de los vientres de alquiler. Vox solo quiere vientres a secas, diría. Por lo demás, me doy el gusto de pirarme. Vox no es de este mundo. Su obra se fragua fuera de este mundo. Es decir, fuera de este hemiciclo.  

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Con genialidades comunicativas como las vistas en los últimos ochenta y pico días en el PSOE, y más aún en el día de hoy –prefieren, al parecer, una reforma de la consti que evite las negociaciones, antes que negociar algo común en Europa, una coalición al uso, para la cual UP ya ha renunciado a lo más gordo–, Vox puede llegar a ser determinante, en efecto, en este hemiciclo y en otro Gobierno. Socorro. 

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El discurso

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1. Un discurso es su emisor, su receptor y su mensaje. Pero en momentos comunicativos patológicos, puede no ser ninguna de esas cosas. Diría que el de Pedro Sánchez ha sido sólo mensaje. Como un poema o una pintada en el WC. O un discurso político al uso. Tenía la función de comunicar que esto es un momento histórico, y que quien no se apunte se sale de la historia, como le pasó al Neandertal, un tipo, por otra parte, cargado de razón. El receptor, diría, no se encontraba en el hemiciclo, sino oyendo la tele o la radio. El emisor, por otra parte, es nebuloso. Las políticas de comunicación no sustentadas en la realidad pueden tener un éxito político que tira de espaldas, pero al estar fundamentadas en el fake, lo enfaketizan todo, a todos, y todo el día.

2. El discurso de Sánchez ha sido bueno. Lo que no es una categoría política, sino filológica. No sé, también fue bueno el discurso I have a dream, deKing, pero también, y mucho más, fue bueno el discurso Totalen Krieg, de Goebbels. Bueno. Sánchez. Discurso. Estructura. Empieza con una a) captatio benevolentiae. Sinopsis: desde el 78 esto es Jauja –en la casilla anterior, lo era, y, a tutiplén, desde el 39; antes, desde el 31; antes, desde el 76; así hasta el momento en el que un Gobierno reivindicó la invención del fuego–. En a), por otra parte, Sánchez fija el mandato electoral como un avance en la justicia social y en la concordia, con cohesión social y sin corrupción. Contrapone eso a la foto de Colón. Luego prosigue con b).

3. b) Es una propuesta de reforma constitucional del artículo 99. Para evitar el bloqueo institucional, concepto también conocido en otras democracias, menos perfectas, como negociaciones previas a la investidura.  

4. Luego viene, como ya supondrán, c). Es decir, la presentación de seis objetivos para la legislatura. Ahí van: empleo digno –es decir, tal y como ha quedado la cosa, empleo– y pensiones ídem, revolución digital –como poco, si pensamos que aboga por “liderar la revolución digital en Europa”–, emergencia climática, desigualdad de género, desigualdad social –cuantifica la exclusión social en ocho millones de personas, y los ya expulsados de la fiesta en 1,8–. Y, claro, Europa, lo que en los sermones del XVI era el Paraíso, al que no se accede sin esfuerzo ni sacrificios, hermanos. 

5- Finaliza con un d), canto desordenado a la Esp postFranquista, en la que se volvió a inventar la rueda gracias a las iniciativas gubernamentales. Brilla, en este punto, el anuncio de que el polvazo del futuro será la educación, en la que se invertirá el 5% del PIB. 

6. Posteriormente explica cómo implementar todo esto. La cosa empleo digno, etc. Nada de la contra-reforma laboral, pero sí un nuevo Estatuto de los Trabajadores, un Estatuto del Becario –sería la monda que se reconociera, por fin, sus no derechos hasta los 65 años–, una Ley de Igualdad, formación continua, Plan Estratégico de Retorno del Extranjero –desde las contra-reformas de 2008, ayer, más de un millón de universitarios–, mejoras para los autónomos –ese colectivo que no para de mejorar en cada pleno de investidura–, apoyo a empresas de economía social, igualdad de sueldos entre nenes y nenas, y “convertir Esp en el primer país europeo que reconozca el derecho a la educación para toda la vida” –mola; pero reconocer el derecho efectivo al trabajo o a la vivienda, también y mucho–. Finaliza con una reivindicación del Pacto de Toledo, aquella cosa prevista para garantizar la SS hasta el 2010. Vamos, que está muerta o en coma.

7- Sobre la revolución tecnológica. Que somos líderes europeos en consumo de fibra óptica, de lo que se colige que Esp puede ser el líder europeo en tecnología. África, en el XIX, no iba mal de mano de obra ni de materias primas, no obstante, y de manera incomprensible, no lideró la revolución industrial. En todo caso, se ampliará el I+D al 2% del PIB. Habla de una entidad pública que dará crédito a las pymes que se la jueguen tecnológicamente –¿un banco?, ¿un ICO?, ¿un Cofidís?–. Cultura –cuando oigan hablar de cultura a un político, llévense la mano a la pistola de agua–: la Ley de Mecenazgo de cada investidura. Luego habla de digitalización. Digitalizar la cultura, la administración, etc. Habla de 80 nuevas titulaciones universitarias, y de reformar la universidad à gogó, esa cosa que ya reformó el Plan Bolonia para décadas, vinculando universidad y empresa. Utiliza en general “digitalización” tantas veces como Aznar el palabro “constitucional”. Lo que es de agradecer, si bien puede ser un indicio de que o no dice nada, o dice lo contrario.  

8. Sobre transición ecológica. Ni una alusión a las empresas energéticas. Sobre feminismo. Ley de las Familias, que no de la Familia, un Pacto de Estado, y una beligerancia léxica frente a las derechas. Igual este punto es el epicentro de la diferenciación respecto a ellas. Justicia Social: alusiones al Salario Mínimo Interprofesional, sin aludir a su subida, creación de un ingreso mínimo vital, Gran Pacto Nacional contra la pobreza infantil, fortalecer la educación pública, universalización de la educación desde 0 a 18 años, autorización para que los ayuntamientos puedan coger algo de lo que les sobra para invertirlo en guardes. Becas. Frase: “Esp será el mejor país del mundo para ser niño” –ya lo es para los adultos infantilizados, snif–. Vivienda: Ley Estatal de la Vivienda, y “medidas para frenar subidas abusivas de los alquileres” –como no se alude a una ley del alquiler, pueden ser sacrificios de gallinas a la Pachamama–. Volverá la Dependencia. Que, por otra parte, nunca llegó. Eliminar copago. Introducir salud dental en la SS. 

9. Y Europa. Que mola mucho /y si no la hay sin duda la habrá. Combatir inmigración irregular. Alude a “una Esp autonómica en una Europa federalista” –aplazamiento, por tanto, del federalismo–. Monográfico brexit, en el que entre líneas se alude a Cat. Ojo, cuidadín: derogación Ley Mordaza/yupi –el Estado perderá una fuente de financiación, pero no su capacidad de juzgar a, pongamos, raperos, recogida en el CP. Cita a Jefferson y a la necesidad de que cada generación haga suya las instituciones, anunciando ninguna reforma institucional, lo que tiene guasa, pero sí la posibilidad de legalizar la eutanasia. Anuncia acabar con el voto rogado, mayor protección animal, y leyes anti-juego. Y una gran reforma de la Justicia que, en su descripción, parece coincidir con la que se reclamada en las últimas huelgas del ramo, y no por Jefferson, como un aumento salarial y mayor inversión en pintura, lejía y ordenadores. Habla de clásicos, como un nuevo sistema de acceso a la judicatura. Asume políticas de reposición de la Guerra Civil y la Dictadura.

10. Finaliza puntualizando que para todo eso se necesitan acuerdos con varios partidos, y que uno es UP. Que UP y PSOE proceden de distintas izquierdas. Pero que algo les une: la izquierda. Vamos, que vende poco la burra. Aquí es donde debería haber hecho, si le interesaba, el chantaje sentimental. 

11. La alocución más aludida en el discurso –si exceptuamos el palabro “digital”– es “pacto nacional”. Pacto Nacional es una palabra entrañable del R78. Históricamente, es una disciplina que empieza con el primer pacto entre dictadura y oposición, los Pactos de la Moncloa. En términos estadísticos, un “pacto nacional” es la forma de comunicar algo distinto a lo que se produce. Algo, en fin, de otra época para según qué temas. Hoy, por ejemplo, en plena época digital –que diría Pedro–, sin monopolios informativos tan descomunales como antaño, sería difícil un pacto-nacional de lo que sea, salvo un Pacto Nacional para la Esterilización de chicos y chicas cats, me temo. Pacto-nacional, todo apunta a ello, es una alocución que no significa nada –como “no eres tú, soy yo”–, salvo que te piras. 

12. El discurso no alude a Cat, sino al palabro “digital”, que es su grueso. Las derechas quedarán taciturnas unos minutos. Luego, me juego una copa, meterán entre ceja y ceja el marco Cat en sus discursos. Oé-oé-oé.

13. Falta saber en qué difiere lo discurseado de lo dialogado por PSOE y UP en sus 48 horas de diálogo. Me dicen que lo de la supresión de la Ley Mordaza fue una sorpresa. Pero me dicen que el resto, glups, también. 

14. Ha sido un discurso-mensaje. No creo que sea el programa de Gobierno, pues el discurso no asegura, ni reclama, ni negocia ningún apoyo. En el mejor de los casos, es una manera de perder el tiempo hasta que haya pacto. En el peor de los casos, es una manera de perder el tiempo, intentando comunicar optimismo. En todo caso, diría, es un intento de reclamar la inocencia si la sangre llega a río electoral. 

15. En el discurso, tecnológico, digital, no aparece ninguna alusión a las energéticas –responsables, junto a los Gobiernos coptados por ellas, del precio de la energía más alto de Europa, tras Chipre, esa otra potencia tecnológica en ciernes–, ni de las telefónicas. Ya puestos, en analógico, no se habla de alquileres, un tema caliente en dos continentes, del que ya se están emitiendo mejoras en el espacio exterior. El cambio de modelo tecnológico no alude al monocultivo del ladrillo y del turismo, nuestro ni I ni D, que ha vuelto. Parece que para quedarse. Y, en todo el discurso, no se alude a Cat. Algo importante si es necesario que al menos un partido cat se abstenga.

16. ¿En verdad quieren un Gobierno de coalición? Rayos, empieza Casado. Les dejo.

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Algo huele a podrido en lo contrario a Dinamarca

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1- No se sabe lo que pasa. De lo que se deduce que está pasando algo. O algo incluso más dinámico y categórico: nada.

2. En las últimas 48 horas se han retomado las negociaciones para un gobierno de coalición, aplazadas varios meses. Que se dice rápido. UP informa que, salvo buen rollete, no hay nada. PSOE informa de perfil que la cosa va bien, y que hay una vicepresidencia otorgada. Lo que puede ser cierto, o puede ser un titular para declarar, posteriormente, que hasta se negaron a tener vicepresi.

3. Las negociaciones, se supone, parten del único documento firmado por PSOE y UP. Los presupuestos no aprobados. Por lo visto, UP quiere más. Y PSOE, menos.

4. Otros escollos: a) el mal rollo que fluye por debajo del buen rollo –recordemos que el lunes pasado, Sánchez aludió a Iglesias como la antiEsp, por lo que cerró las negociaciones forever, y que el jueves, San Forever, las volvió a abrir, pero vetando a Iglesias–. b) El mal rollo histórico: si bien UP ha tragado –ha tragado lo de Cat, ha tragado lo de Iglesias–, proviene de una cultura que no es la socialdemócrata. Y proviene de una cultura que no es el R’78. Es dudoso que al R’78 le dé por suicidarse precisamente ahora, cuando ha adquirido un discurso regenerador y cool –en la Esparta del siglo III a. C., quiero decir– tras el discurso del 3-O de 2017. 

5. Es ridículo vetar a Iglesias. Con ello se consigue liberar a una persona –un secre general, además– del desgaste gubernamental, se le ofrece un rol cercano a Moisés. Moisés, vetado por Yahvé a entrar en la Tierra Prometida es, si se fijan, el nombre propio de un mindundi más repetido en el Viejo Testamento. Además, con el veto no se consigue vetar las cosmovisiones que entrarían en un Gobierno si entra UP.

6. Si es ridículo vetar a Iglesias, es posible que sea ridículo, por consiguiente, todo lo demás. Estas negociaciones.

7. Hoy no va a haber Gobierno, me dicen. Queda por ver si lo habrá mañana y el jueves, que es cuando se vota.

8. Queda por ver, por tanto, si hay ganas de una coalición por parte del PSOE. Indicios de que no: por lo visto hay verdaderas reticencias a entregar a UP ministerios con chicha. Y una vicepresidencia con chicha. Lo que es un símbolo de que el PSOE no quiere chicha.

9. ¿Qué quiere?

10. La comunicación desde las elecciones es nefasta. A menos que se piense que liarla y empeorar el clima es un éxito comunicacional. Hay quien llama a esto ajedrez. Y, en efecto, es el ajedrez al que jugábamos cuando éramos pequeños y no sabíamos jugar al ajedrez, de manera que poníamos las fichas en el suelo y les arrojábamos peones. Al que le quedaba la última en pie, ganaba. No hay indicios de lo que quiere el PSOE, vamos. No informar es un hecho reaccionario, aquí y en Lima. No informar es un hecho no democrático, llegado a un punto. Es inquietante que un Gobierno provisional no informe. Imagínate cuando sea un Gobierno Zumosol.

11. ¿Qué quieren? Hay tres posibilidades a estas horas. a) Una coalición simbólica, no problemática, sin sentido profundo. b) Ir tirando hasta septiembre, cuando un C’s que haya tocado fondo en su giro derechista reacciones y facilite una nueva posibilidad. Algo poco probable. Los partidos fundamentados en idealismo no tocan nunca fondo. Cuando llegan a él, siguen excavando. Y, finalmente, c), elecciones. A las que se llegaría con un UP debilitado y acosado por la competencia. Cualquiera de esas posibilidades ilustran, tal vez, lo que está pasando. La catalanización de la política. El interés partidista por encima de otros intereses, por minúsculos que sean –por aquí nunca fueron muy amplios, por otra parte–. Y, todo ello, sustentado en la comunicación. A la que llaman ajedrez, cuando podría denominarse ruleta rusa.

12. Ya veremos. Hoy será un día importante para ver, entre líneas, si hay alguna línea que lleve a algún sitio. Rayos, empieza a hablar Sánchez. Hasta la próxima.

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La parte o el todo: Podemos ante el Gobierno de coalición

La política es la aspiración de una parte a representar el todo. Esa parte siempre será parte por más respaldo popular que consiga, y ese todo siempre será incompleto y, por tanto, necesariamente acotado en el tiempo. Pero para conquistar el poder (más bien el lugar simbólico de su representación institucional) debes procurar convertirte en representación momentánea de un cierto todo. Las leyes, medidas, sentidos comunes que consigas movilizar serán tanto más firmes cuanto menos aparezcan como resultado de una parte y más como el gobierno y el deseo de una voluntad general: esa parte que durante un tiempo se vuelve todos y todas.

Empiezo por aquí este texto sobre la investidura, su negociación, los gestos de altura o bajura de Estado y demás gaitas recientes porque, lo digo desde el principio para no andarme con rodeos, me está produciendo una profunda desazón descubrirme tan ajeno al sentir entusiasta y mayoritario de buena parte de la izquierda, al menos tal y como se expresa estos días en medios y redes. No, no consigo ver grandeza heroica ni generosidad histórica en nada de lo que está sucediendo. Y por más que sea incapaz de compartir la estrategia del PSOE –si la hubiere–, por más absurdo que me parezca vetar a líderes con los que negocias y pensar que eso te dota de alguna fortaleza, por más incomprensible que me parezca, en fin, lo que está haciendo el PSOE, no consigo compartir, tampoco, la estrategia y supuesta grandeza de la negociación de Podemos. ¿Por qué?

Por varias razones, pero valga el arranque de este texto para sintetizarlas en una: porque no concibe la política como el gesto de una parte que busca, aspira, codicia representar al todo, sino, mucho me temo, justamente al revés, como parte que en la negociación y acción políticas se reafirma como parte y se aleja así de toda posibilidad de representar al todo. Como esa parte que no aspira a convertirse en sentido común compartido, en expresión y al cabo representación de mayorías sociales, en portavoz de una novedad social que aún es parte pero busca ampliarse hasta ser el orden general de lo que viene. Esa parte que renuncia, en definitiva, a articular alguna forma de deseo y voluntad ampliamente compartida o general.

Una renuncia que expresa, así, la pulsión de afianzarse como parte con poder, como identidad dura que, sin embargo, no será, ni parece querer ser nunca, expresión de algo más amplio que ella misma. Una identidad que se quiere fuerte, que busca decir la verdad (es decir, que confunde su verdad con la construcción de un sentido común compartido, de todos, general), que demanda y lucha (con dignidad indiscutible) por mejoras más o menos puntuales, más o menos sustantivas (sin duda necesarias y más que bienvenidas), pero que se piensa y siente siempre como oposición, esto es, como la parte contra un todo que nunca va a ser ni quiere aspirar a representar.

Y digo esto porque mucho me temo que las decisiones tácticas tomadas en el proceso de negociación confirman este pathos de parte que, por otro lado, no hace sino afianzar una tendencia clara en Unidas Podemos: un anhelo de subalternidad que, y esto es lo dramático, le sienta extraordinariamente bien al régimen del 78. El anhelo de ocupar el lugar del antagonista (la parte) de un orden (el todo), del que siempre estará al margen o en el margen… ¡incluso cuando esa parte tenga ministros/as en un precario todo que se atisba como futuro gobierno de la nación!

Digo esto porque lejos de encarar el proceso de negociación buscando la forma de acrecentar el espacio socio electoral de UP, lejos, en definitiva, de entender el actual ciclo político como oportunidad para ampliar la parte que eres en vistas a convertirla en algo parecido a un futuro todo, la negociación ha mostrado la vocación inequívoca de UP de ser eternamente parte. No se pone el programa de gobierno por encima de toda otra consideración, ni se abandera una reforma integral del orden político como máxima prioridad. No se utiliza el enorme poder de negociación que ha demostrado tener UP para representar y marcar a fuego una imagen suficiente del futuro orden institucional, social, territorial y económico que quieres para este país. No se trabaja, en suma, para representar y ser prólogo ahora de lo que vendrá, marcando así el rumbo al resto de partidos y actores políticos y obligándoles a posicionarse en torno a la agenda de transformación que encarnas, sino que se ha negociado –duramente sin duda, con enorme inteligencia táctica, también– para ocupar una parte y ser una parte: antes ministros y ministras que hojas de ruta y horizontes de transformación social, antes una parte del poder que la aspiración a marcar el rumbo del poder todo, antes cargos de representación que ser representación del futuro de todos y todas. Luego, estos próximos días, a partir de este lunes que arranca el debate de investidura, conoceremos medidas y programas, pero ya será tarde, porque siempre fue antes la parte, tu parte, que el todo, el de todos y todas.

Y si no aspiras a representar los intereses (que siempre implica construirlos, nombrarlos para darles carta de naturaleza, articularlos en cualquier caso) generales de la ciudadanía, si no buscas hablarle a un conjunto heterogéneo y mayoritario de grupos sociales, si no pretendes ampliar e incluso multiplicar tu base social y electoral en vistas a ser más y ser mayoritario, entonces acabas hablándole a los tuyos, situando en el gobierno a los tuyos y pensando para y desde los tuyos. Esta opción es, claro, legítima además de eficaz, y permitirá transformaciones sociales importantes y necesarias (que se pueden conseguir sin gobierno de coalición ni ministros, o con otras formas de relación con el PSOE y con el gobierno, por cierto y dicho sea de paso). Generará, sí, un gobierno progresista tensionado hacia su izquierda inédito en la España postfranquista y, qué duda cabe, será bienvenido. Pero mucho me temo que esta opción, lejos de permitir la ampliación del espacio socio electoral de Podemos y, con él, del ciclo del cambio político iniciado en 2014, marcará un límite natural a su crecimiento (decrecimiento desde hace ya varios años), al tiempo que confirmará y encapsulará las posiciones del conjunto de los actores del sistema político español (es decir, hará cada vez más difícil la ampliación de las posiciones del cambio político porque blindará las del resto), y llevará a la izquierda transformadora al lugar que siempre le destinó el régimen del 78: el otro del orden, el antagonista que legitima el conjunto del sistema político. La parte que se pone enfrente de todos (afirmando su carácter de parte) y renuncia, desde el principio, a conquistar ese todo o voluntad general.

Este lugar subalterno del régimen del 78 que ha ocupado tradicionalmente Izquierda Unida y ocupa ahora Unidas Podemos, ¿cambia por el hecho de tener ministerios en un gobierno de coalición? Mucho me temo que, en lo sustantivo, no, pues reintroduce en el interior del gobierno la posición de subalternidad que ese espacio tenía en el interior del sistema político. Una interinidad de la subalternidad que llevará a una cierta guerra de guerrillas en el ejecutivo (con riesgo evidente de desgaste de las dos partes antes que de crecimiento conjunto de sus respectivas bases sociales y electorales) y que, sin duda, permitirá implementar medidas programáticas ambiciosas que aplaudiremos y apoyaremos, pero que no afectará al reparto general de posiciones ni a la naturaleza misma del régimen político.

Y esto, entre otras cosas, porque en el gobierno no entran ministros y ministras de la sociedad civil, no entra esa parte de la sociedad que acarició representar al todo (de forma sin duda desarticulada) que fue el 15M y el ciclo político que inaugura; no entra, pues, esa heterogénea sociedad que irrumpía con capacidad de autogobierno y se mostraba mucho más avanzada que sus representantes políticos (“no nos representan”, recuerden). No, en los ministerios entrará, mucho me temo, la dirección de una organización política que sustituye así, en lugar de representarlo y acompañarlo, a ese sujeto político amorfo pero con vocación mayoritaria que fue la sociedad civil española en el ciclo político del 15M. Y no, esto no va de que estén mejor o peor formados esos ministros y ministras de Unidas Podemos, va de que son aparato político y no sociedad civil, va de que representan la parte y no la vocación general de ese todo posible, y ahora clausurado, que fue el ciclo del cambio político.

La grandeza de Pablo Iglesias, apartarse para dar lugar a otros y otras, mucho me temo que fue siempre el núcleo duro de su estrategia negociadora: no tanto armar una mayoría social, o aspirar a construir un sujeto político que acompañe y sostenga el conjunto de las transformaciones pendientes y necesarias, no poner encima de la mesa medidas de sentido común (siempre más allá de la corta o nula ambición del PSOE) sobre el orden social, político, económico, territorial, ecológico, feminista… de este país, no tanto aglutinar en torno a esas medidas una mayoría popular que tensione hacia ti electorados y bases sociales hasta el momento ajenas… No, todo indica que la estrategia ha consistido más bien en afianzar el poder de un partido, incluso de una parte del partido, utilizando el previsible, torpe y ridículo veto del PSOE a una sola persona. Quitarse uno para poner y dar poder, ministerios y recursos a la dirección del partido no es un gesto heroico, es un movimiento de gran inteligencia táctica para mantener el poder de la parte… sin aspirar a la construcción de una voluntad general futura.

Y, sin embargo, sin esa construcción o articulación de una mayoría social que sostenga al futuro gobierno de coalición progresista –el primero después de la Segunda República, que se dice pronto–, lo que hoy parece a todas luces una oportunidad histórica prácticamente inédita en Europa, capaz de dibujar una alternativa al horizonte neoliberal en sus vertientes progresista, conservadora o reaccionaria, puede quedar ahogado por la incapacidad de salir de la pugna entre las partes y, de esta forma, unir al adversario (una derecha radical hoy fragmentada pero siempre capaz de unidad estratégica) antes que a sí mismo. Lo que está en juego es inmenso y confío estar lo suficientemente equivocado como para recobrar el optimismo. Mientras, no me queda otra que dar salida a la desazón con la que abría este texto. Veremos.

———

Jorge Lago es sociólogo y editor.

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La Boca del Logo de hoy: Dilema (21/7/2019)

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Rosa Araújo: lesbiana, católica y unas cuantas cosas más

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FICHA

Nacida en 1945.

Filiaciones: Anarcocristiana y lesbiana.

1948: Su madre viuda muere desangrada en la cocina tras un aborto provocado. Rosa es adoptada. 

1957: Su padrastro, inspector de Policía en Madrid, sufre un derrame cerebral. 

1961: Comienza a trabajar como animadora en los centros de cultura popular y promoción de la mujer de Acción Católica.

1965: Sus tías confiesan cómo fue la muerte de su madre, y Rosa intenta apedrear a la matrona que practicó el aborto ilegal.

1966: Muere su padre. Se casa con Sergio. Tienen ocho hijos en ocho años. Dos de ellos mueren prematuramente.

1976: “El 20 de junio de 1976, fuimos con unos amigos a ver la película Emmanuelle. Ya había muerto Franco y no era necesario ir a Perpignan a verla. Durante la cena, se me ocurrió comentar lo guapa que era la Sylvia Kristel. Y añadí, además: qué bonita la relación de las dos mujeres. No me echaron del restaurante de milagro. Sergio me decía: tú estás loca, cómo dices eso de esas tortilleras de mierda…”.

Su marido es trasladado a Brasil en comisión de servicios.

1977: Ella le sigue con sus seis hijos: “Sergio, el padre de mis hijos, quiso que me fuera a Brasil para ver si se me quitaba todo el rollo político de la cabeza. Yo estaba metida en la lucha antifranquista. Empecé a principios de los años sesenta, cuando el Concilio Vaticano II. Yo estaba con gente de las Hermandades Obreras de Acción Católica. Éramos gente muy avanzada para lo que era el catolicismo español de aquella época. Yo hacía trabajo voluntario en Palomeras y en el Pozo del Tío Raimundo, con el padre Llanos y los sacerdotes obreros. Los curitas rojos. Me fui a Brasil con la efervescencia de no poder quedarme a ver la Transición en España, y me encuentro en América con una realidad terrible: las dictaduras militares del cono sur. En Brasil entro en contacto con gentes que han perdido a sus hijos, y también conozco a argentinos, chilenos, uruguayos… Así que, a pesar de las esperanzas de Sergio, yo continúo con lo mío. Un día le digo a Sergio: ‘Mira, ni tú eres feliz conmigo ni yo contigo. No tiene sentido que continuemos con esta farsa. Te propongo que nos separemos un año’. Y yo me vengo con los niños en 1977.  Llego a España el 4 de octubre, onomástica de San Francisco de Asís. Mis hijos entran al colegio público Joaquín Turina, en el Pinar de Chamartín. Y ahí conozco yo a una profesora de los niños. Nos hacemos amigas y ella fue mi primera mujer. Llamé por teléfono a Sergio y se lo dije: no voy a volver, me he enamorado de una mujer. Estuvo 38 años, hasta el día de su fallecimiento, sin dirigirme la palabra. Supongo que, si me hubiera ido con un hombre, eso no habría ocurrido”.  

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Rosa Araújo.

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Rosa Araújo.

1978: “Los primeros que se enteran son mis hijos, porque yo se lo cuento. Mirad, pasa lo siguiente: Pilar y yo somos mucho más que amigas. Nos queremos y es como si fuéramos papá y mamá. Fue una osadía por mi parte y una falta de madurez. El menor tenía cinco años y el mayor andaba por los doce. Pero Pilar dijo: por favor, nadie puede saber de esto porque me pueden echar del colegio. Yo lo respeté, claro, pero los niños, bueno. A través de los chiquillos fue como la gente empezó a enterarse de cosas. Yo perdí un montón de amigos. Solo un matrimonio de los viejos compañeros se quedó conmigo. Los demás me apartaron: estás loca, cómo te enrollas con una mujer, teniendo los niños. Algunos eran de una comunidad cristiana de base de Manoteras, a la que yo pertenecía. Se lo dijeron a las monjas y también fui apartada de la comunidad. Tranquilos, que la que me voy soy yo. Ya me dirá el Señor dónde tengo que estar”.  

1981: Sergio le pide el divorcio en cuanto se aprueba la primera ley que lo permite. “Tienes que ocultar que estás con una mujer, porque si no te van a quitar los hijos”, me dicen los abogados. “No se preocupe. Antes de hacer pasar a mis hijos por la tortura de declarar ante un juez, su padre se va a quedar con ellos”. Intenté hablar con Sergio, pero me remitió a la señora con la que había establecido una relación en Nicaragua. Era una mujer muy maja, una de las impulsoras del Frente Sandinista. Y convenimos que él se quedaba con todos menos con la mayor. Yo no le reclamé nada.  

En 1996 me pasa una cosa. Una cosa tremenda. Descubrí a mi hija Verónika en un local de ambiente que había en Chueca, el Chez-moi.  

Chueca, entonces, era prácticamente un gueto madrileño, con mucha droga, mucha prostitución, mucho sida.  

Ya estaba empezándose a limpiar. 

Que se limpia mucho, como tú dices, por el activismo LGTBI. Lo cuenta muy bien Shangay Lily en el libro que publicó justo antes de morir, Adiós, Chueca

Sí, sí. Claro que conocí a Shangay.  

A mí me llamaba puta mientras me explicaba lo que realmente era una drag-queen: “Un hombre que se viste de mujer con fines políticos para cuestionar los géneros, la homofobia y el heterocentrismo”. Con Shangay aprendías a ser menos hombre y, por lo tanto, mejor hombre. 

La llegada de Vox es una forma de distraer a la gente de lo que verdaderamente necesita este país, que es un cambio radical hacia una socialización real

Aquellos locales de ambiente en Chueca fueron importantísimos para la normalización. El día que yo encontré a Verónika en el Chez-moi, yo había llevado a unos amigos de Albacete y les decía: “Mira, perdonad un momento. Si venís en plan de lo que venís, a encontraros puterío, aquí no vais a pillar nada”. Y, de repente, la Vero se vuelve toda guapa y pintada y con su peluca, y dice con acento muy andaluz: “Uy, depende”. Y me dio algo que me quedo yo con la cosa… La voz, ¿sabes? O no sé. El instinto. En los días siguientes, me dio por andar de sitio en sitio por Chueca buscando referencias de la Vero. ¿Vosotros no conocéis a una chica que ha venido de Andalucía  y es así y asá? No, no, no, no sé nada. Y fui a hablar con otra amiga, que era administradora de Medea, el local de ambiente que ahora se llama Treinta y tres, y me dice: “Rosa, esa chica va a estar en Barcelona. En Madrid, no creo. Aquí a las trans que hay las conocemos”. Pasó el tiempo, pero yo no me había olvidado de la Vero. Y un día Rafa montó una gran fiesta, en Chez-moi, y aparece la Vero con dos compañeras más, guapas que te pasas, con unas pelucas negras, las tres en plan egipcio. Y, no sé por qué, yo estaba hablando con el Rafa de su padre, que también había sido ingeniero técnico como mi Sergio. Y se coloca la Vero a mi lado y dice: “Uy, como mi padre”. Y yo me la quedo mirando. Y le digo: Verónika. Estoy un poco intrigada contigo. ¿A ti te importaría que el domingo nos viéramos a tomar un café en el Figueroa? Uy, no, chocho. Yo encantada. Vale. Se viene el domingo sin aderezos, sin ná de ná, con pantalón vaquero y una camisa, en plan nené, con la ambigüedad, lo que yo digo la ambigüedad, y con dos amigas suyas subiendo la calle Augusto Figueroa. Oye, Vero, te quiero preguntar una cosa. Tu madre, cuando eras pequeña, ¿te llamaba Gorka? Y me dice: Ay, sí, chocho. Pues quiero que sepas que soy tu madre. Y se queda así, helada, y me dice: me emociono, mamá. Uy, chocho, mi madre biológica. Porque claro, para ella su madre era la mujer de mi exmarido. Y yo era la traidora que había prometido volver a buscarla un día y nunca volví. Nos hicimos amigas. ¿Te vienes conmigo a donde yo trabajo? Yo, adonde tú me digas. Nos fuimos juntas al parque del Oeste, que era un sitio donde se ejercía la prostitución, y la Vero gritando: ¡mi madre, mi madre! Y luego, claro, la subida y la bajada, y la bajada y la subida, porque un buen día apareció por el Chez-moi y dijo que iba a hablar con su padre. Que estaba harta de tanta mentira.

El padre no sabía que era trans. 

No, no, qué va. El padre no sabía nada. Y ella se bajó a Sevilla, que es donde se habían ido a vivir mi exmarido y mis hijos, montó un pollo de mucho cuidado, y metieron a la Vero en un psiquiátrico. Tuve que ir a buscarla porque los dos mayores, los gemelos, me llamaron y me dijeron que la Vero no podía salir del hospital si no había alguien que se hiciera cargo. Mi exmarido no quería. Y yo dije: yo sí me hago cargo.  

¿La meten solo por trans o por alguna otra cosa? 

Por trans, claro. Pero también tuvo un brote psicótico.  

¿Era normal entonces esto de encerrar lo distinto en un psiquiátrico? 

Sí, sí. Era normal con el tema de la disforia de género y todo este rollo, ¿entiendes? Y, entonces, la Vero volvió con nosotras, conmigo y mi hija mayor. Que mi hija mayor ya tenía su amiga y tenía su historia. Porque mi hija mayor también es lesbiana. Nosotros, en la familia, tenemos un sector rosa. Yo lo llamo así. Una bobadilla mía. 

¿Te has sentido alguna vez discriminada por tu sexualidad? 

Yo no, cariño.  

Pero mucha otra gente, sí. 

Claro. Es una cuestión de integridad personal. Si tú entras en una dinámica de integridad personal, es imposible que te discriminen. Vas a pagar un precio alto. Pero la libertad vale ese precio.  

Pero, en la transición del franquismo a la democracia, ¿no esperabais más? 

No, cariño. Y te voy a decir por qué. Porque, siempre, la presencia de la iglesia en este país, la presencia poderosa de la iglesia sobre las conciencias de los españoles, ha llevado todo esto de la sexualidad por debajo del agua, por la ocultación, por el pecado. Eso ha alimentado la autofobia, que ha influido mucho. 

Parece mentira esta demonización de la libertad sexual por parte de la iglesia, que tantos casos de pederastia y abusos sexuales acumula. La iglesia católica, si nos ponemos, quizá se pueda calificar como el gran lobby gay del planeta. ¿Tú crees que la Iglesia es un lobby gay? 

Sí, claro.

¿Cómo una persona como tú ha recibido la llegada a las instituciones de Vox? 

La llegada de Vox es una forma de distraer a la gente de lo que verdaderamente necesita este país, que es un cambio radical hacia una socialización real. Pero no estoy hablando de comunismo, ¿eh? Yo soy anarcocristiana. Vox ha venido para remover las aguas y que no se haga otra cosa que estar pendiente de ellos. Yo voy estudiando cómo hacen los pactos, cómo les interesa a los poderes económicos su presencia en las instituciones. Pero, ¿quién es el punto vulnerable, el punto jijujajá de vodevil para ellos, para Vox? El LGTBI. Eso es peligroso. 

Han conseguido frivolizarlo. 

Totalmente.  

En eso volvemos a Shangay. Él decía que todo el movimiento por la igualdad se había convertido en un negocio. Que carecía de poder ideológico para enfrentarse a los nuevos ataques. 

Claro. Y es más: la conciencia social y política de los compañeros y compañeras, en cuanto a compromiso, es mínima. Hay mucha personalidad de: uy aquí yo mi ego, y uy yo mi cuerpo. Nosotros mismos nos hemos creído lo que han dicho de nosotros. Lo que no tolera el sistema es un homosexual que no se vea definido por nada. Qué peligro.  

Estuviste de cartel en el último Orgullo. ¿Qué te parecieron los abucheos a Ciudadanos? Si es que no fue Ciudadanos el que abucheó a la gente del Orgullo, como se puede intuir de muchas imágenes. Ver a Inés Arrimadas con toda la boca llena de dientes y de rabia en un acto lúdico y vindicativo daba un poco como de repelús. El informe policial –los escoltaban 20 policías habla de provocación por parte de Cs, de desobediencia a las instrucciones policiales. 

Estoy totalmente en contra de haberles brindado en bandeja de plata la posibilidad de sentirse mártires.

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Cartel del Ayuntamiento de Madrid del Orgullo con Rosa Araújo.

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Cartel del Ayuntamiento de Madrid del Orgullo con Rosa Araújo.

 

¿Los habrías dejado allí tranquilamente? 

Por supuesto. Y, si hubiera tenido que hacer un acto de rechazo, les habría dado la espalda y los hubiera rodeado de silencio absoluto.  

¿Y qué te parece la situación política de ahora?

Me tienen hasta las tetas. Y, sobre todo, me tiene hasta las tetas mi gente.

¿Y quién es tu gente? 

Mi gente es Podemos, aunque yo estoy ahora con el Más Madrid de Íñigo Errejón. Pero no dejo de estar con Podemos. Ya me han venido varios compañeros a decirme: ¿y qué es eso de la doble militancia? Y yo les digo: ¿Me vais a echar del partido? ¿De cuál de los dos partidos me vais a echar, que tengo más de setenta años, coño? Me dan la tabarra y se me pone la cabeza pesada.  

O sea, que andas enredando por ahí en medio.  

Pues claro. Si es que todo viene del 15-M, y ahí estaba Rosita Araújo. Y mi hija me decía: ¿pero qué haces tú aquí? Y yo, con mis tonteras: pues por si viene a por nosotros la policía. Como soy hija del cuerpo… Yo, hasta me presenté a las primarias por Podemos al Senado, y saqué 10.000 votos. Quedé segunda. No salí y me dije: la Rosa donde tiene que ir es a la base, a la puta calle. No pasa nada. 

Ahora estás en la fundación 26-D con la idea de asentar en Madrid una residencia de mayores LGTBI.  

Queremos una residencia pública, no privada. Pero sí gestionada por la fundación. En esto llevamos nueve o diez años. 

Con el cambio de gobierno en el Ayuntamiento, ¿no teméis que se paralice el proyecto? 

No, cariño. La persona que hizo este proyecto, que era un consejero del PP, firmó un contrato de 30 años con la fundación, blindado completamente. Venga quien venga, eso no se va a parar. 

Pero sí, quizá, con Vox en los gobiernos municipal y autonómico, os cortarán el grifo económico. 

El grifo nadie lo va a cortar. O habrá que abrirlo por otros lados. Queremos que sea un proyecto estatal. Que es en lo que estamos ahora. 

Te veo muy optimista siempre. Igual ahora me vas a decir que las personas homo o trans o todo lo que quieras estáis perfectamente integradas. 

No, cariño.  

¿Qué falta, Rosa? 

Estar juntos. Heteros, homos, trans y demás. Eso es conciencia política. Falta conciencia política. Falta darse cuenta de esto: los que lo llevan bien, hasta el final, los que son felices, son los que tienen pasta. Y los demás no. ¿Entiendes? A los que no tienen pasta ni formación les queda eso: la calle, la prostitución. Como a mi hija. 

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Rosa Araújo junto a Mónica Naranjo durante el día del Orgullo.

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Rosa Araújo junto a Mónica Naranjo durante el día del Orgullo.

¿La Vero? 

La Vero ha estado en la prostitución desde muy joven. Ahora está en el sadomasoquismo. Pero, al mismo tiempo, está abriendo un abanico de posibilidades con el activismo de la prostitución autónoma. Yo le he dicho: me parece tan maravilloso ese planteamiento que tienes, mi hija, que daría lo que vivo por poderlo contemplar. No lo voy a poder contemplar desde aquí. Lo voy a tener que contemplar desde el otro lado. Dentro de 50 o 100 años, mi vida. Porque ese proyecto, dentro del planteamiento capitalista, no es posible. 

Estás hablando de una forma de prostitución.  

Ni prostitutas ni leches. Son trabajadoras sociales. Se unen a través de cooperativas o colaboración mercantil, y pueden ejercer ese trabajo sexual. Sin proxenetas. Sin trata de mujeres.  

Tú crees que eso no sería prostitución. 

Para entenderlo se necesita un nivel de madurez que ya es tela marinera, cariño.

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#YoSoyBorja: Vox y el manual comunicativo del activista ultra

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Vox no da tregua a su verborrea ni en verano. A estas alturas sabemos que nuestro partido ultra Made in Spain no juega a conquistar el grueso de votantes, que le es suficiente con sacudir el campo de batalla; para ello utiliza el activismo político/comunicativo que le permite reabrir consensos o polarizar, articular preocupaciones sociales difusas o crear nuevas. Un activismo que podríamos asociar con el movimentismo izquierdista pero que, desde finales de los 70 del pasado siglo, utiliza con gran maestría la derecha radicalizada y sus movimientos sociales. Exactamente ese tipo de activismo de agitación es lo que ha hecho Vox lanzando la campaña #YoSoyBorja. Como dice la magistrada Natalia Velilla, un intento de “manipular a todo un país a través de la conexión con las emociones y con los sentimientos más atávicos”.

El victimismo les permite enarbolar la bandera del agraviado, no se trata de discutir en términos racionales, sino de dibujar un campo nuevo donde ellos representan al pueblo humillado

Borja es el nombre de pila del joven de 26 años cuya condena por homicidio por imprudencia grave ha sido recientemente ratificada por la Audiencia Provincial de Málaga –acompañada de una pena de dos años de prisión y del pago de una indemnización de 180.000 euros–. Borja propinó dos puñetazos al ladrón que huía tras haber robado un bolso y haber agredido a su propietaria, según puede leerse en la sentencia. ¿Un nuevo héroe nacional salvador de los desprotegidos acosado por un sistema legal sostenido por progres que protege a los delincuentes? Este el marco que ha tratado de fijar Vox con toda una campaña de agitación que incluye recaudación de fondos, petición de indulto y concentraciones en la calle. 

La actividad hipercomunicativa de este partido es un rasgo que comparte con el resto de la extrema derecha del continente, como dice Guillermo Fernández, la provocación les sirve para tener presencia constante en los medios, marcar agenda y dar la batalla cultural a la izquierda –que pasa por indignar a los sectores progresistas y decolorar a la derecha–. Vox encaja perfectamente en este molde, un partido que ha aprendido las tácticas de los manuales comunicativos neocon a medio camino entre la comunicación política y el activismo social. Esas tácticas se pusieron en práctica originalmente en EE.UU. en la “nueva derecha” –vinculada al ala conservadora de la revolución neoliberal que surgió precisamente como una reacción al éxito de los postulados culturales de Mayo del 68– y posteriormente fueron profundizadas bajo la denominación de neocon: un movimiento que tuvo un momento de apogeo en el gobierno de Bush hijo y que aquí llegó de la mano de Aznar y Esperanza Aguirre. 

Vox en España es una intensificación y profundización de estos postulados neocon. En el caso de Borja, por ejemplo, está claro que este partido ha seguido al pie de la letra el manual de campañas comunicativas neoconservador, aprendido por Abascal cuando estuvo al frente de la Fundación para la Defensa de la Nación Española –DENAES–. Por entonces ya hablaba en Libertad Digital TV de un “activismo de minorías activas”, valga la redundancia, “de la política como política de valores”. Aquí algunas de sus claves:

1. Busca un caso mediático, o que puedas convertir en mediático, y sácale jugo mediante la victimización.

Cualquier affaire sirve si alguien puede aparecer como víctima o héroe o ambos. Sobre todo si una persona “normal” puede acabar representando a España, los valores heroicos de la nación. (Vox no solo ha pedido su indulto, también que le sea concedida la medalla al Mérito Civil). “La persecución de los héroes es la muerte del Estado”, afirmaba en Twitter Rocío De Meer, diputada de esta formación. 

La verdad no importa, una mentira repetida mil veces en la confusión mediática y el blablabla de las redes, acaba por dejar poso en muchas cabezas predispuestas

Si además lo presentas como víctima de un sistema injusto que tú impugnas, mucho mejor. Al fin y al cabo, la política victimista es uno de los ejes centrales de su comunicación política. El victimismo les permite enarbolar la bandera del agraviado, no se trata de discutir en términos racionales, sino de dibujar un campo nuevo donde ellos representan al pueblo humillado. Como explican Carmona, Sánchez y García en Spanish Neocon, el mejor libro que se ha escrito para comprender el fenómeno: “Con este método han obtenido buenos resultados en la agitación de las ‘víctimas’, ya fueran del terrorismo, del aborto, del buenismo, de la ideología de género, del ecologismo, de los progres o del ‘papeles para todos’. La política neocon se decanta, por lo tanto, en el territorio de lo sensible y de las pasiones. La emocionalidad se convierte en un arma de intervención, que funciona de manera eficaz frente a la idea de que la política es algo parecido a una ciencia aséptica y tecnocrática y de que la participación democrática es una mera retórica, como muchas veces parece deducirse de la política profesionalizada”.

2. No es suficiente con comunicar, hay que agitar.

Las ruedas de prensa y las declaraciones están bien, pero no bastan, hay que movilizar activamente a los afines y a los que no lo son pero podrían llegar a serlo si se sienten parte de algo que les interpele. Más allá de la fría comunicación política, se trata de involucrar a los ciudadanos, convertirlos en activistas. (Recordemos por ejemplo la plataforma ultra de CitizenGo/Hazte Oír que tanto recoge firmas como monta autobuses.) Así, además de pedir el indulto, Vox ha lanzado una campaña de recaudación de fondos destinada a pagar la indemnización impuesta a Borja: “España tiene un corazón inmenso”, dicen. La nación se expresa colectivamente para acompañar a sus héroes maltratados. Para más activismo activo, como diría Abascal, Vox ha convocado una concentración en Fuengirola, donde sucedieron los hechos. 

3. La verdad no importa, comunicar es crear mundo. 

En el método neocon/ultra, la contrainformación y la propaganda juegan un papel crucial. Por supuesto la verdad no importa, una mentira repetida mil veces en la confusión mediática y el blablabla de las redes, acaba por dejar poso en muchas cabezas predispuestas. Lo importante es la convicción y no tener vergüenza. No hace falta pruebas o argumentos racionales, simplemente hay que afirmar algo sin complejos y no tener miedo a desmentidos. En este caso, que cuando el condenado agredió al ladrón, este estaba golpeando a una mujer, incluso “pateándole la cabeza”, como se ha recogido en algunos medios. Sin embargo, Borja no agredió al ladrón para evitar que el ladrón golpease a la mujer, sino para recuperar el bolso cuando el ladrón ya estaba huyendo. Lo que perciben los jueces es que existe desproporcionalidad evidente: golpes que producen la muerte –directa o indirectamente (al causar la caída)– propinados para recobrar un bolso y no para salvar a la mujer de una agresión. (De hecho, la condena no ha sido dura, sino más bien lo contrario, ya que de haberse aplicado el delito de homicidio doloso podría haber alcanzado los diez años de cárcel).

Estas mentiras sirven para despertar la indignación e incitar a la acción. Las redes multiplican los mensajes y los medios afines, como Libertad Digital, Ok Diario y otros digitales, repiten sus ideas y respaldan su visión, mientras promueven un clima de amenaza y peligro para las mayorías sociales que les reporta clics. Pero más allá de estos medios, el daño ya está hecho, una vez situado el marco de la discusión, cualquier otro medio –sobre todo los más escorados al mundillo del espectáculo con sus tertulianos cobrando por supuestamente “representar” determinadas posiciones– repetirá hasta la saciedad los argumentos diseñados por Vox hasta que perforen y aniden en algunas cabezas.

Si la inseguridad vital acaba convertida en miedo, el miedo es un poderoso disolvente de lo que nos vincula y un perfecto respaldo para la demanda de un Estado punitivo que Vox promueve

4. Aprovecha cualquier ocasión para golpear al resto de prensa no afín y en general a la izquierda, esos “progres”. 

Sobre esta “verdad” construida hay que lanzarse luego a la ofensiva contra aquellos que han quedado definidos como los enemigos. Vale todo: crear confusión y si se puede, volver a situarse como víctimas de los que desmienten nuestros embustes. “Nos apena que medios progres enturbiaran ayer la campaña #AyudemosABorja con todo tipo de desinformaciones y mentiras con el único objetivo de atacar a VOX…”, dijo el partido a través de Twitter. 

5. Pedir una ley aunque sea inútil para impulsar tu agenda 

En la retórica neocon/ultra, todo problema que se construye socialmente tiene que tener un foco muy claro: ya sea, solucionar un problema proponiendo una nueva norma u otra intervención, o señalando a un determinado responsable político. De nuevo, la verdad no importa, solo agitar. En este caso, Vox ha dicho que quiere modificar el Código Penal para reconocer el derecho a legítima defensa cuando se socorre a terceros. Una reforma innecesaria, ya que la norma vigente ya reconoce esta posibilidad y que hubiese sido inútil en este caso, pues Borja no alegó en el juicio que actuase en defensa de una tercera persona, sino de sí mismo. Otros ejemplos de este punto: cuando Vox utilizó el asesinato de Laura Luelmo [la joven asesinada en El Campillo, en diciembre de 2018] para pedir la cadena perpetua tanto para asesinos como para violadores. Vox, ya saben, ese partido que defiende a las mujeres.

Más y más miedo, más armas, más policía, menos lazo social

De este caso particular –siempre pueden existir resoluciones judiciales criticables– se intenta impulsar la idea de una impunidad generalizada de los delincuentes, un discurso habitual en Vox. La culpa, por supuesto, es de la izquierda demasiado comprensiva con el delito. El mensaje que se promueve es el del miedo: cualquiera puede ser víctima de un delito, el mundo es un lugar peligroso y la sociedad, una quimera. A Bolsonaro le funciona en un país herido de muerte por el narcotráfico y la desigualdad, pero que España sea uno de los países más seguros del mundo no parece importar a Abascal: al fin y al cabo, muchos telediarios son continuos boletines de sucesos. El temor también se construye. Y sí, hay gente preocupada por la “seguridad” así articulada: seguridad no es saber cómo podremos pagar el alquiler el próximo mes, o seguridad en el trabajo, en la salud, o ambiental. Seguridad es que hay un otro al acecho para arrebatarnos lo poco o lo mucho que tenemos –a menudo un extranjero que viene a aprovecharse de lo que nos pertenece–. Porque más allá de campañas y discursos, lo que debería preocuparnos es que la ultraderecha es experta en crear un estado de ánimo conservador a partir de malestares sociales profundos.

Cuando más alarma social y desconfianza consigan crear, más se reforzará la idea de que tenemos “derecho a defendernos”. Abascal como Bolsonaro o Salvini está a favor de facilitar la tenencia de armas para proteger el “derecho a la autodefensa de los españoles de bien”, un viejo adagio ultraliberal que se hace fuerte en la guerra de todos contra todos. 

Por otra parte, esta construcción de una tonalidad afectiva de miedo le sirve para impulsar la agenda securitaria, su populismo punitivo: el endurecimiento de las penas –también para problemas sociales como la okupación por falta de vivienda–; el reforzamiento de los controles fronterizos y el impulso de las deportaciones de migrantes –esos culpables de todos nuestros males–; su empecinamiento con resucitar la amenaza terrorista; etc. Si la inseguridad vital acaba convertida en miedo, el miedo es un poderoso disolvente de lo que nos vincula y un perfecto respaldo para la demanda de un Estado punitivo que Vox promueve. Una manera de prepararnos para un Estado que organiza la escalada represiva o la militarización del conflicto social, como dice Luis Fazenda. Precisamente para tener vía libre para usar la represión y la violencia contra las otras salidas posibles a los miedos sociales: las colectivas. Las movilizaciones y las luchas –esta vez alegres y constructivas, no reactivas– generan lazo social, no atomización como el miedo, producen un común frente las indeterminaciones sociales: los movimientos por el derecho a la vivienda o por unas pensiones dignas, las movilizaciones laborales o por la sanidad universal y otros derechos. Justo el reverso de lo que constituye a Vox y Vox impulsa.

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Sobre no volver

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No era necesario ir a la Luna. En contrapartida, casi nada ha sido nunca necesario. Y, en contrapartida también, casi no sucedió. Ir a la Luna consistió en un parpadeo, un paréntesis breve de tres años, de 1969 a 1972, en los que eso fue posible, en los que casi todo, por tanto, lo fue. La prueba de la precariedad de aquella vivencia es que, durante esos meses, solo viajaron a la Luna 24 personas. Muy pocas. Pero solo la pisaron aún menos, 12 personas de un total de 16 astronautas que culminaron el viaje. Es decir, hubo 4 astronautas que, pudiéndolo hacer, fueron condenados a no dejar sus huellas eternas en la Luna, donde quedaron, por los siglos de los siglos, las de sus compañeros. Su misión y su destino era esperar, precisamente, a sus dos compañeros de tripulación en el módulo de mando. Su misión fue, por tanto, esperar, algo muy parecido a no estar en ningún sitio, aguardando. Por ello mismo, algo parecido al grueso de la vida. Es difícil imaginar lo que experimentaron las 12 personas que cruzaron una frontera inimaginable e insospechada. Tal vez fue una mezcla de miedo y de euforia. Al menos, eso es lo que sucede en la Tierra en ese trance. Pero es relativamente sencillo suponer lo que vivieron esas 4 personas que no dieron ese paso, sino que lo contemplaron por una suerte de ventana. No vivieron algo cotidiano, pero sí frecuente. O, al menos, posible. Y también intenso. 

La renuncia. Concretamente, esa suerte de renuncia que es la despedida. Abandonar un país, o a una persona desconocida, a la que ya no se reconoce. Y, en ese trance, recrearse, una última vez, mirando su paisaje. Sus pestañas, el pliegue de su talle, su cabello, sus valles únicos. Renunciar a dejar huella. Saber que no volverás nunca jamás.

 

 

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