El fantasma de ETA

Llevo toda la semana escuchando y leyendo reacciones a la disolución de ETA y todas, incluso las más inteligentes y perspicaces, me suenan a liturgia de misa, a tabla de multiplicar, a monotonía de lluvia tras los cristales. No era aburrimiento, ni eterno retorno, ni la soberbia de quien se siente de vuelta de todo. Era indiferencia. Que piden perdón. Que reconocen el daño hecho. ¿Y qué más da? ¿A quién le importa de verdad un perdón o un reconocimiento a estas alturas? ¿Quién diablos lo pronuncia? Media docena de tipos que no llegan ni a banda de malos del barrio, sin ningún apoyo social ni político, escondidos quién sabe dónde, los despojos de los despojos de lo que fue aquello.

if (isMobile) {document.getElementById(‘Right1m’).setAttribute(‘id’, ‘Right1’);googletag.cmd.push(function() {googletag.display(‘Right1’); }); }
if (isMobile) {document.getElementById(‘Right2m’).setAttribute(‘id’, ‘Right2’);googletag.cmd.push(function() {googletag.display(‘Right2’); }); }

Las palabras no tienen valor en sí mismas. Como recalca el nombre del medio donde escribo estas, las palabras tienen un contexto, un momento y un lugar. No valen más tarde que nunca. Una disculpa merece ser escuchada cuando el daño es reciente y el que la pronuncia puede ser perdonado y sufrir las consecuencias de sus actos. La solemnidad requiere un escenario solemne y los que escribimos historias sabemos que los personajes solo tienen una oportunidad para redimirse.

Una disculpa merece ser escuchada cuando el daño es reciente y el que la pronuncia puede ser perdonado y sufrir las consecuencias de sus actos

if (isMobile) {document.getElementById(‘Right3m’).setAttribute(‘id’, ‘Right3’);googletag.cmd.push(function() {googletag.display(‘Right3’); }); }

Hubiera preferido un mutis sin palabras. O con las palabras justas y funcionales. Un simple fin. Un hasta aquí hemos llegado. Un nos disolvemos del todo. Y ya está. No hacía falta hacer ningún puchero ni lamentar lo que ya a nadie le importa que lamenten. Todos esos trenes pasaron hace décadas.

if (isMobile) {document.getElementById(‘Right4m’).setAttribute(‘id’, ‘Right4’);googletag.cmd.push(function() {googletag.display(‘Right4’); }); }
if (isMobile) {document.getElementById(‘Right5m’).setAttribute(‘id’, ‘Right5’);googletag.cmd.push(function() {googletag.display(‘Right5’); }); }

Con el fin de ETA sucede como con algunos actores y escritores, que al leer su necrológica pensamos: ¿pero no llevaba muerto muchos años? De pronto, recordamos que seguían vivos, en algún desván con vistas al mar, conectados a una bomba de morfina o dormidos delante de una tele encendida. Leemos el obituario y nos suena muy falso, con una emoción impostadísima, porque su autor ha tenido que hacer el esfuerzo de recordarnos que el personaje seguía vivo, para poder anunciarnos su muerte. Lo resucita y lo mata en el mismo artículo, y en esas contorsiones de estilo, la cosa pierde todo interés. Su obra, su influencia, su recuerdo y su legado. Todo se vuelve retórico y molesto.

De pronto, recordamos que seguían vivos, en algún desván con vistas al mar, conectados a una bomba de morfina o dormidos delante de una tele encendida

if (!isMobile) {googletag.cmd.push(function() {googletag.display(‘Bottom’); }); }

ETA fue un anacronismo que se alargó mucho más allá de cualquier medida soportable (según Roberto Saviano, por la lógica del narcotráfico). No solo mató mucho, sino que envileció la sociedad vasca y la española, llenó de basura histérica el discurso político y convirtió el debate público en algo navajero y tabernario. Y todo, para quedarse en el punto de partida y no conseguir ni un solo objetivo político.

ETA estaba muerta y Euskadi y toda España se han acostumbrado a no verla ni aguantarla ni temerla. La obligación de un muerto es seguir pudriéndose en la tumba sin incordiar a los vivos, sin aparecerse por las noches ululando en los pasillos, sin pedir perdones de ultratumba. Un muerto debe hacer el muerto y asumir que todo el mundo ha seguido con su vida. Hasta para estar muerto hay que tener un poco de decencia.

from ctxt.es https://ift.tt/2Hj8Hnt
via IFTTT

Anuncios

Ante el final de ETA: el lenguaje del perdón y la reconstrucción del relato

CTXT necesita un arreglo de chapa y pintura. Mejorar el diseño, la usabilidad… convertir nuestra revista en un medio más accesible. Con tu donación lo haremos posible este año. A cambio, tendrás acceso gratuito a El Saloncito durante un mes. Aporta aquí

 

El último comunicado de ETA en vísperas de su anunciada disolución, incorporando el lenguaje del perdón, aunque bien podría haberse ahorrado una injustificable distinción entre víctimas que resta fuerza a lo que desde ese lenguaje ha de entenderse como arrepentimiento, es ciertamente declaración sobre la tragedia de un pasado sobre el que se dispone a echar el telón. Cuando la organización terrorista comunicó en 2011 el abandono de las armas ya certificó su derrota y anticipaba su disolución, por más que tardara en llegar.

Que una organización terrorista declare su final, dejando atrás décadas sembrando muerte, es buena noticia siempre, aunque no se disuelvan todas las preguntas pendientes de respuesta. ¿Cómo afrontar insoslayables procesos de reconciliación en una sociedad que se vio tan dividida y con su convivencia terriblemente dañada? Es éste un interrogante que queda pendiente de cómo seguir abordando todo lo relativo a la memoria de las víctimas. He ahí la cuestión moral de máxima relevancia política, crucial para la convivencia democrática en Euskadi y, a la vez, en la sociedad española en su conjunto. Afortunadamente, la ciudadanía vasca y la ciudadanía española en general han ido dando pasos decisivos en esa dirección, a lo cual cabe añadir que, para profundizar en la misma, hace falta que explícitamente se terminen de dar los necesarios desde lo que ha sido ETA y su entorno.

Que una organización terrorista declare su final es buena noticia siempre, aunque no se disuelvan todas las preguntas pendientes de respuesta

Asunto tan delicado como el de la memoria de las víctimas requiere por todas las partes un tratamiento cuidadoso. Está ahí el dolor por tantas víctimas del terrorismo en años aciagos en los que el lenguaje de las pistolas y el estruendo de las bombas ahogaron muchas palabras y segaron muchas vidas. Su recuerdo permanece como deuda que no podrá ser saldada, deuda que es de todos y hasta de la democracia española como tal por lo que debe a quienes vieron su vida sacrificada en el altar antidemocrático de una barbarie despiadada.

La paz alcanzada cuando las armas callaron es libertad que inundó espacios públicos donde campeaba el miedo. Se presentó por delante la ardua tarea de trocar amargas historias de odios, en unos casos, de incurable dolor, en otros, en inéditos relatos de reconciliación que confirmaran, ante el escepticismo de los propios y las dudas de los ajenos, que a veces ocurre que la barbarie sale derrotada. Hay heridas que requieren mucho tiempo para cicatrizar y eso por eso que da pudor ser optimista. ¿Cómo asegurar el largo recorrido que ha de conducir a una reconciliación sin la cual la convivencia nunca quedará en verdad asentada sobre principios democráticos, es decir, sobre el respeto incondicional que nos debemos?

Reconciliación desde la memoria de las víctimas

Si la reconciliación es la clave convivencial, la clave de la clave es la memoria de las víctimas a las que les fue arrancada la vida injusta y brutalmente en nombre de un ideal de independencia nacional, de un mito supuestamente patriótico, de una estrategia de pretendida liberación o sencillamente de un impío cálculo táctico que las puso en el camino de quien se atravesó en sus vidas. No es fácil esa reconciliación, habida cuenta de que ha habido víctimas y verdugos, en papeles claramente diferenciados, aunque en medio de una realidad social y política tremendamente enmarañada.

Ninguna reconciliación puede ser amnésica. Ningún recuerdo, por su parte, debe convertirse en obsesión de venganza. Entre esos extremos debe transcurrir el encuentro de protagonistas de una historia que en muchos momentos sobrepasó el drama y arrojó a sus personajes en brazos de la tragedia. A la erosión del olvido debe ponerse coto con aquello que precisamente no debe olvidarse, que no es sino la deuda contraída con quienes sucumbieron, aun sin haberlo elegido, en nombre de los valores democráticos asumidos por la inmensa mayoría. La democracia, no meramente en la calidad abstracta de sistema político, sino en la realidad concreta de modo de vida y orden convivencial, ha de mantener, por dignidad de ella misma, de los ciudadanos y de las víctimas, el recuerdo imborrable de éstas. Es deber de justicia.

Ninguna reconciliación puede ser amnésica. Ningún recuerdo, por su parte, debe convertirse en obsesión de venganza

En lo que a las víctimas se refiere, el deber de memoria no es uno más, añadido a un listado de obligaciones morales. Tal deber señala una exigencia ética incondicional que se formula desde la sensibilidad moral de quienes nos vemos interpelados por aquéllos que, en su misma ausencia, nos dirigen desde sus vidas masacradas una insoslayable exigencia solidaria para que lo que sufrieron nunca más vuelva a suceder. Es la exigencia de la memoria como dique moral contra la barbarie.

El imperativo de memoria es exigencia para todos, pero es además aguijón inevitable para quienes mataron o, en su caso, hirieron, secuestraron o, como quiera que sea, atentaron contra otras personas, inhumanamente tomadas como medios de sus pretendidos fines. En tales casos, el imperativo de memoria, condición para la reconciliación, plantea inexcusablemente entrar en la dinámica del perdón. Como en repetidas ocasiones ha señalado el filósofo Reyes Mate, sin petición de perdón queda bloqueada la reconciliación, puesto que sin petición de perdón la exigente lógica del reconocimiento que la reconciliación supone se ve cegada. La imprescindible petición de perdón, en ese sentido, no deja de ser un proceso complejo. Supone decisiones personales de quienes actuaron como verdugos. Y de la otra parte, del lado de las víctimas, o de sus familiares si ellas perdieron la vida, queda la grandeza del perdón, que en ningún caso ha de implicar olvido. Tales trayectorias personales no son fáciles de recorrer; requieren una eficaz cobertura social y firmes apoyos desde el ámbito político. Afortunadamente, va habiendo experiencias de reparadores encuentros entre quienes se sitúan en un lado y otro de esa historia de asimétricos enfrentamientos.

Si la reconciliación es un objetivo social que hay que apoyar políticamente, la dinámica del perdón que ha de propiciarla es de índole moral, por más que tenga la máxima relevancia política. No es fácil encontrar vías por las que canalizar políticamente la petición de perdón, salvo la que corresponde acometer a una organización como colectividad que hace un análisis y saca las correspondientes conclusiones respecto a una larga deriva que no ha sido un mero errar, sino que ha comportado unas cruentas prácticas de terrorismo, injustificables, amén de inútiles. Constatamos que tal momento supone una difícil etapa de maduración colectiva, en primer lugar por quienes dan el paso de formular una petición de perdón dirigida a las víctimas o a sus deudos; y a la vez también por parte de organizaciones sociales y fuerzas políticas que han de mantener el compromiso memorialista excluyendo toda práctica de instrumentalización del recuerdo de las víctimas a favor de intereses espurios.

La reconstrucción del relato: cuestión disputada

Si la memoria de las víctimas es piedra angular para restaurar la convivencia democrática, tal ejercicio de ineludible recuerdo ha de insertarse en la narración a través de la cual se nutre la memoria colectiva de una comunidad política. Es por ello que la exigencia moral respecto a las víctimas y la necesidad política de reconciliación se entrelazan con procesos de elaboración social de la memoria en los que se presenta la disputa por la reconstrucción del relato. ¿Quién y con qué criterios la hace? ¿Cómo resolver la confrontación de versiones respecto al mismo? 

No es el momento de remontarnos hacia atrás de forma pormenorizada en una historia donde se entreveran muchos cabos: el de la dictadura franquista, el de la transición y la consolidación de la democracia en España –aun sin resolver del todo la cuestión de las naciones-, el de una Euskadi que al amparo de la Constitución de 1978 obtiene una amplia autonomía, el de un nacionalismo vasco con aspiraciones hegemónicas en el seno de una sociedad plural, el de una ETA que nació en un contexto muy diferente del actual asumiendo los otrora planteamientos revolucionarios de lucha armada hasta derivar, mediando escisiones, a un terrorismo brutal, a la vez que ajeno a la misma realidad de la invocada Euskal Herria en cuyo nombre pretendía falazmente legitimarse… Sí es momento de señalar como exceso injustificable pretender conectar directamente la trayectoria de ETA con el bombardeo de Gernika en la guerra civil, estableciéndolo simbólicamente, con injustificable afán de monopolización, cual punto de arranque en respuesta al cual se legitimaría el mismo nacimiento de la organización terrorista.

El caso es que para llegar, primero, al abandono de la violencia, después, a la entrega de las armas, y ahora a la anunciada disolución, se tuvieron que concitar una serie de factores cuyos efectos fueron impactando en la organización terrorista. Sobre el telón de fondo de una democracia consolidada, es cierto que la tarea antiterrorista de las Fuerzas de Seguridad del Estado, actuando dentro del Estado de derecho –una vez dejadas atrás las negras páginas del GAL- y las actuaciones del poder judicial en la persecución y castigo de los delitos de terrorismo, debilitaron una organización hasta un estado de extenuación en el que era imposible su pervivencia. Pieza fundamental es el protagonismo de una ciudadanía que en su conjunto fue haciendo frente al terrorismo, estoicamente, sin estridencias, con constancia y inquebrantable respaldo a la legalidad democrática.

Con tal entramado de hechos, en el que hay que contar la total pérdida de apoyos internacionales, el problema que se plantea a la hora de narrarlos es cómo dar cuenta de lo ocurrido. De hecho, una declaración que apunta al final  de una organización terrorista policial y judicialmente acorralada, políticamente derrotada, a la vez que cuestionada incluso por sus aliados abertzales, se trata de presentar como contribución a la paz. Entre esos dos polos la declaración última vuelve a ser objeto del debate político sobre cómo entender y describir lo acaecido, cómo establecer su significado insertándolo en una perspectiva de sentido. Tal debate ideológico es el inevitable conflicto de interpretaciones en torno a los hechos, tratando de hegemonizar la versión de los mismos que pueda resultar a la postre dominante. Es batalla dialéctica en la cual hay que entrar con todas las artes democráticas, hasta con la pretensión de restarle fuerza a la sentencia de Nietzsche de que “no hay hechos, sino sólo interpretaciones”.

Quienes han estado del lado de la defensa de la democracia y contra la barbarie terrorista no van a regalar a quienes han pertenecido a ETA ningún argumento que justifique su trayectoria. Ahora bien, se hace patente la dificultad de asumir algo que es más que una derrota, lo cual es más difícil incluso que dejar las armas. Se trata de la dificultad de asumir en primera persona  que la barbarie que acabó con vidas humanas no tiene ninguna justificación ética, así como tampoco rentabilidad política alguna. Es en definitiva lo que supone pedir perdón.

Quienes han estado del lado de la defensa de la democracia y contra la barbarie terrorista no van a regalar a quienes han pertenecido a ETA ningún argumento que justifique su trayectoria

Por tratarse de lo que ya se sitúa de lleno en el debate político acerca de quién y cómo se construye el relato de lo sucedido, la cuestión recuerda lo que una y otra vez afloraba en las diatribas acerca de si con ETA se dialogaba o se negociaba, cuestión siempre a expensas de la carga semántica que en tales términos se pusiera. Si como negociación había en juego contrapartidas políticas, desde un Estado democrático de derecho no cabía negociación posible. Si el término se rebajaba en sus pretensiones significativas, se podía hablar de otras cosas, acercando lo que cabía hacer a lo que se quería decir al hablar de diálogo –por ejemplo, sobre final de la violencia, situación de los presos, o enumeración de cuestiones siempre remitidas al debate ulterior entre fuerzas políticas en el marco de la legalidad vigente y sin interferencia alguna de la violencia, etc.-. Así, por cierto, es como el gobierno de Felipe González dialogó en Argel en 1989, como el de Aznar lo hizo en Suiza en 1999 y como el de Zapatero lo volvió a intentar también en 2006 en Ginebra y Oslo… No tuvieron éxito inmediato ninguno de esos encuentros, pero fueron estaciones de un recorrido muy difícil. Hoy, cuando desgraciadamente otros terrorismos aparecen brutalmente en la escena internacional, descargando su barbarie también en nuestro país, pero el de ETA es por fortuna historia pasada, es importante que se pida perdón, así como es exigible que la petición sea coherente y consecuente.

No parece que de inmediato vaya a haber acuerdo no ya sobre el relato, sino ni siquiera sobre el sentido del perdón que se pide. No obstante, no estamos obligados, como en trances pasados, a dirimir de qué se trata, si de negociación o diálogo. Ahora los hechos van por delante, y nos podemos permitir hasta cierta imprecisión en el lenguaje del perdón, siempre que haya voluntad de pactar el desacuerdo, imprescindible para convivir –lo señala Paul Ricoeur a la vez que subraya que el relato, para ser de verdad histórico, tiene que conllevar buenos argumentos-. A partir de ahí queda cultivar la espera activa en aras de ese futuro en que el acuerdo sobre un perdón sin amnesia sea condición lograda para ver más próximo el horizonte de una reconciliación verdaderamente democrática. Las víctimas mantienen la llama de la esperanza. 

from ctxt.es https://ift.tt/2qPJ1ny
via IFTTT

Sobre los catetos

CTXT necesita un arreglo de chapa y pintura. Mejorar el diseño, la usabilidad… convertir nuestra revista en un medio más accesible. Con tu donación lo haremos posible este año. A cambio, tendrás acceso gratuito a El Saloncito durante un mes. Aporta aquí

En la mesa de al lado siempre ocurren las cosas importantes. En la mesa de al lado hoy hay una pareja, dos personas. Entre el ruido del local puedo observar y escuchar que una de ellas está de vuelta, y la otra está furiosa. La persona furiosa recrimina a la otra que no le enseñe, tal y como le ha exigido varias veces, el contenido de su teléfono móvil.

Cuando era pequeño me fascinaba una alocución que se utilizaba para ponderar a alguien. Tal persona tiene mucha cultura. Suponía que aludía al hecho de que tal persona poseía un volumen de conocimientos inaudito. Hoy sé que el sentido de la frase es otro. Las personas disponen de culturas. En ocasiones, una. En ocasiones, muchas. Una cultura no implica necesariamente conocimientos inauditos, ni titulaciones, pues cada cultura es, simplemente, una visión del mundo. La capacidad de conocer, de tener y, por lo tanto, comprender otras culturas, no se hereda. Se construye. Comúnmente, a través del interés y la biografía. Una persona con varias culturas –una persona, en fin, con ‘mucha cultura’–, puede comprender a más personas, a mas porciones del mundo. Poco más. Una persona con una sola, sólo puede comprender a un solo grupo. Dominar varias culturas no supone relativismo tanto como tolerancia. O, incluso, resignación. Supone, en el mejor de los casos, poder diferenciar lo anecdótico de lo importante. Dominar sólo una cultura supone, forzosamente, crispación, pues se asiste continuamente a un mundo imposible de leer, en el que lo anecdótico es muy importante, por lo que nada encaja, nada es como debería ser y todo resulta constantemente agredido por cualquier motivo.  

Lo que sucede en la mesa de al lado –una brutalidad, una violencia; una persona exigiendo ver el teléfono de otra– es, me temo, lo que sucede en la política, en los medios, en las mesas. Una cultura única grita y agrede porque no entiende lo que está pasando. Y lo hace repleta de razón. No se puede entender nada ni a nadie desde una sola cultura, en la que todo se percibe como un insulto. En la política, en los medios, en las mesas, puedes ver esa cultura única a sus anchas. Si la observas verás una cultura diminuta, ruidosa, afuncional, pero mayoritaria, que te vocifera que no eres un buen norteamericano, inglés, polaco, húngaro, español, catalán, turco, que te vocifera qué hacer con tu teléfono y con tu vida. Y lo hace porque, en efecto, jamas serás un buen norteamericano, inglés, polaco, húngaro, español, catalán, turco, hombre, mujer, periodista, cocinero, novio o novia. No lo serás por lo mismo que nunca se te ocurriría pedir el teléfono a nadie.

En la mesa de al lado ocurren las cosas importantes. Si posees más de una cultura sabes que lo que ocurre en una mesa puede ocurrir en todas. Por lo que es inútil cambiarte de mesa. Sólo puedes hacer pequeños gestos, como estar de vuelta, resistir, no entregar tu teléfono.

from ctxt.es http://ctxt.es/es/20180418/Firmas/19123/Guilem-Martínez-cultura-domingo-tolerancia-catetos.htm
via IFTTT

El J.R. Mora de hoy: Especulación (22/04/2018)

CTXT necesita un arreglo de chapa y pintura. Mejorar el diseño, la usabilidad… convertir nuestra revista en un medio más accesible. Con tu donación lo haremos posible este año. A cambio, tendrás acceso gratuito a El Saloncito durante un mes. Aporta aquí

 

 

if (isMobile) {document.getElementById(‘Right1m’).setAttribute(‘id’, ‘Right1’);googletag.cmd.push(function() {googletag.display(‘Right1’); }); }
if (isMobile) {document.getElementById(‘Right2m’).setAttribute(‘id’, ‘Right2’);googletag.cmd.push(function() {googletag.display(‘Right2’); }); }
if (isMobile) {document.getElementById(‘Right3m’).setAttribute(‘id’, ‘Right3’);googletag.cmd.push(function() {googletag.display(‘Right3’); }); }
if (isMobile) {document.getElementById(‘Right4m’).setAttribute(‘id’, ‘Right4’);googletag.cmd.push(function() {googletag.display(‘Right4’); }); }
if (isMobile) {document.getElementById(‘Right5m’).setAttribute(‘id’, ‘Right5’);googletag.cmd.push(function() {googletag.display(‘Right5’); }); }
if (!isMobile) {googletag.cmd.push(function() {googletag.display(‘Bottom’); }); }

from ctxt.es https://ift.tt/2HGFguV
via IFTTT

Después no hay más después

CTXT necesita un arreglo de chapa y pintura. Mejorar el diseño, la usabilidad… convertir nuestra revista en un medio más accesible. Con tu donación lo haremos posible este año. A cambio, tendrás acceso gratuito a El Saloncito durante un mes. Aporta aquí

En agosto de 2016 tuvo lugar en Burgos la exhumación de la fosa del Alto de la Pedraja. La aplicación de la Ley de Memoria Histórica 52/2007 sacó a la luz ciento cuatro cuerpos represaliados por el franquismo. Entre ellos, cuarenta y cinco cerebros y un corazón habían permanecido conservados gracias a las condiciones de humedad y acidez del suelo, transformando estos órganos humanos en joyas científicas, dadas las circunstancias de su preservación. Aquellas descargas eléctricas y latidos que habitaron los cuarenta y cinco cerebros y un corazón se detuvieron para transformar los órganos en fósiles y los fósiles en reliquias; una aguda metáfora del estado de la memoria histórica hoy.

if (isMobile) {document.getElementById(‘Right1m’).setAttribute(‘id’, ‘Right1’);googletag.cmd.push(function() {googletag.display(‘Right1’); }); }
if (isMobile) {document.getElementById(‘Right2m’).setAttribute(‘id’, ‘Right2’);googletag.cmd.push(function() {googletag.display(‘Right2’); }); }

Este acontecimiento motivó la composición del tema 45 cerebros y 1 corazón del dúo musical catalán Maria Arnal i Marcel Bagés, cuyo primer álbum  precisamente se nombra a partir de aquellos restos represaliados. Su música ya venía marcada por una particular relación con el pasado a través de una experimentación musical que les había situado en el terreno de lo indie. Gracias al archivo digitalizado del etnomusicólogo estadounidense Alan Lomax, Maria Arnal encontró una arcilla privilegiada para algunas de sus composiciones. A partir de aquellos primitivos registros de la música popular peninsular el dúo catalán actualiza un patrimonio histórico inmaterial fuertemente influenciado por un imaginario franquista de regiones no contaminadas. Maria Arnal y Marcel Bagés trabajan con esta materia prima desde un lugar que busca deconstruir la connotaciones históricas que acompañan al folclore. Su éxito reside en acometer semejante empeño desde un espacio marcadamente íntimo; desde el propio cuerpo. De igual forma Maria y Marcel enfrentan la memoria: como un espacio habitable por el propio cuerpo, una cripta de costumbre inaccesible pero decodificada por su música.

cuarenta y cinco cerebros y un corazón habían permanecido conservados gracias a las condiciones de humedad y acidez del suelo, transformando estos órganos humanos en joyas científicas

if (isMobile) {document.getElementById(‘Right3m’).setAttribute(‘id’, ‘Right3’);googletag.cmd.push(function() {googletag.display(‘Right3’); }); }
if (isMobile) {document.getElementById(‘Right4m’).setAttribute(‘id’, ‘Right4’);googletag.cmd.push(function() {googletag.display(‘Right4’); }); }

Jacques Derrida prologó en 1976 la obra Le verbier de l’homme aux loups de los psicoanalistas Mária Török y Nicolas Abraham con un polisémico y críptico texto titulado Fors. Partiendo de las nociones de duelo y melancolía freudianas, Török y Abraham recurren a los conceptos de introyección e incorporación para analizar el trauma, cuestión que en su prólogo Derrida problematiza a través del concepto de cripta. En líneas generales la introyección refiere un conflicto ya resuelto, cuya otredad ha sido anulada y apropiada, mientras que el término incorporación señala precisamente aquello todavía no del todo digerido e imposible de ser olvidado. La grieta que separaría ambas nociones y que mantiene fuera del alcance del sujeto la irresolución del trauma sería el espacio de la cripta. Este espacio es precisamente el lugar que habita la música de Maria Arnal i Marcel Bagés, que evita introyectar un conflicto literalmente enterrado pero que también se aleja de una incorporación conformista. El espacio de la cripta, habitado por el propio cuerpo, es el lugar donde la memoria, histórica o no, puede decodificarse.

if (isMobile) {document.getElementById(‘Right5m’).setAttribute(‘id’, ‘Right5’);googletag.cmd.push(function() {googletag.display(‘Right5’); }); }
if (!isMobile) {googletag.cmd.push(function() {googletag.display(‘Bottom’); }); }

La perfecta conservación de los cuarenta y cinco cerebros y un corazón de aquellos represaliados cuyos familiares ven hoy convertidos sus órganos en objetos de museo nos habla precisamente de la fosilización de la memoria histórica al tiempo que cuestiona el verdadero impacto de su reciente legislación, pensada en un presente inmediato y con vistas a un futuro ansiado. La música de Maria Arnal i Marcel Bagés escapa de las posturas polarizadas estudiadas por Paloma Aguilar en Memoria y olvido de la Guerra Civil española (Madrid, Alianza, 1996), es decir, olvido o memoria fosilizante; no se trata de la introyectada museificación de la memoria ni del panorama desmemoriado al que nos avoca evitar habitar el espacio de la cripta. El dúo catalán centra precisamente su atención en habitar el espacio de la memoria huyendo del recomendado viaje de la incorporación a la introyección, es decir, hacia la resolución final. Habitan el espacio de la cripta derridiana en busca de un desequilibrio que nos conduzca a la subjetividad de los cadáveres que habitan la cripta y no a la objetividad de sus heridas. Desplacemos el debate de las heridas bien abiertas o bien cerradas hacia el de los cuerpos doloridos porque precisamente las circunstancias de la guerra, la represión, la dictadura y, en definitiva de la historia de nuestro siglo XX giran en torno a su potencial descomposición.

———————————–

Daniel Valtueña. The Graduate Center, City University of New York

Texto elaborado a  partir de una comunicación del mismo título pronunciada en el marco de Hispanic Studies Graduate Student Group 3rd Annual Graduate Student Conference: Armed Conflicts and its Afterlives. The Uses of War in Latin American and the Iberian Peninsula, 23-24 de febrero de 2018, University of Pennsylvania, Philadelphia, Estados Unidos.

from ctxt.es https://ift.tt/2qRpYsP
via IFTTT

Cómo perdió la clase obrera

CTXT necesita un arreglo de chapa y pintura. Mejorar el diseño, la usabilidad… convertir nuestra revista en un medio más accesible. Con tu donación lo haremos posible este año. A cambio, tendrás acceso gratuito a El Saloncito durante un mes. Aporta aquí

https://platform.twitter.com/widgets.js

https://platform.twitter.com/widgets.js

https://platform.twitter.com/widgets.js

https://platform.twitter.com/widgets.js

https://platform.twitter.com/widgets.js

https://platform.twitter.com/widgets.js

https://platform.twitter.com/widgets.js

https://platform.twitter.com/widgets.js

https://platform.twitter.com/widgets.js

https://platform.twitter.com/widgets.js

https://platform.twitter.com/widgets.js

https://platform.twitter.com/widgets.js

https://platform.twitter.com/widgets.js

https://platform.twitter.com/widgets.js

https://platform.twitter.com/widgets.js

https://platform.twitter.com/widgets.js

https://platform.twitter.com/widgets.js

https://platform.twitter.com/widgets.js

https://platform.twitter.com/widgets.js

https://platform.twitter.com/widgets.js

https://platform.twitter.com/widgets.js

if (isMobile) {document.getElementById(‘Right1m’).setAttribute(‘id’, ‘Right1’);googletag.cmd.push(function() {googletag.display(‘Right1’); }); }
if (isMobile) {document.getElementById(‘Right2m’).setAttribute(‘id’, ‘Right2’);googletag.cmd.push(function() {googletag.display(‘Right2’); }); }
if (isMobile) {document.getElementById(‘Right3m’).setAttribute(‘id’, ‘Right3’);googletag.cmd.push(function() {googletag.display(‘Right3’); }); }
if (isMobile) {document.getElementById(‘Right4m’).setAttribute(‘id’, ‘Right4’);googletag.cmd.push(function() {googletag.display(‘Right4’); }); }
if (isMobile) {document.getElementById(‘Right5m’).setAttribute(‘id’, ‘Right5’);googletag.cmd.push(function() {googletag.display(‘Right5’); }); }
if (!isMobile) {googletag.cmd.push(function() {googletag.display(‘Bottom’); }); }

from ctxt.es https://ift.tt/2qPRKpX
via IFTTT

Cómo perdió la clase obrera

CTXT necesita un arreglo de chapa y pintura. Mejorar el diseño, la usabilidad… convertir nuestra revista en un medio más accesible. Con tu donación lo haremos posible este año. A cambio, tendrás acceso gratuito a El Saloncito durante un mes. Aporta aquí

https://platform.twitter.com/widgets.js

https://platform.twitter.com/widgets.js

https://platform.twitter.com/widgets.js

https://platform.twitter.com/widgets.js

https://platform.twitter.com/widgets.js

https://platform.twitter.com/widgets.js

https://platform.twitter.com/widgets.js

https://platform.twitter.com/widgets.js

https://platform.twitter.com/widgets.js

https://platform.twitter.com/widgets.js

https://platform.twitter.com/widgets.js

https://platform.twitter.com/widgets.js

https://platform.twitter.com/widgets.js

https://platform.twitter.com/widgets.js

https://platform.twitter.com/widgets.js

https://platform.twitter.com/widgets.js

https://platform.twitter.com/widgets.js

https://platform.twitter.com/widgets.js

https://platform.twitter.com/widgets.js

https://platform.twitter.com/widgets.js

https://platform.twitter.com/widgets.js

if (isMobile) {document.getElementById(‘Right1m’).setAttribute(‘id’, ‘Right1’);googletag.cmd.push(function() {googletag.display(‘Right1’); }); }
if (isMobile) {document.getElementById(‘Right2m’).setAttribute(‘id’, ‘Right2’);googletag.cmd.push(function() {googletag.display(‘Right2’); }); }
if (isMobile) {document.getElementById(‘Right3m’).setAttribute(‘id’, ‘Right3’);googletag.cmd.push(function() {googletag.display(‘Right3’); }); }
if (isMobile) {document.getElementById(‘Right4m’).setAttribute(‘id’, ‘Right4’);googletag.cmd.push(function() {googletag.display(‘Right4’); }); }
if (isMobile) {document.getElementById(‘Right5m’).setAttribute(‘id’, ‘Right5’);googletag.cmd.push(function() {googletag.display(‘Right5’); }); }
if (!isMobile) {googletag.cmd.push(function() {googletag.display(‘Bottom’); }); }

from ctxt.es https://ift.tt/2qPRKpX
via IFTTT

El nacionalismo español estaba ahí

CTXT necesita un arreglo de chapa y pintura. Mejorar el diseño, la usabilidad… convertir nuestra revista en un medio más accesible. Con tu donación lo haremos posible este año. A cambio, tendrás acceso gratuito a El Saloncito durante un mes. Aporta aquí

¿Existe el nacionalismo español? Para sus detractores es una realidad evidente; para sus defensores sería inexistente: mera lealtad a un Estado constituido y a su ley fundamental, un patriotismo cívico y virtuoso. En el fondo late una cuestión: a qué llamamos nacionalismo. ¿La aspiración a la homogeneización etnocultural de un colectivo territorial? Entonces concluiríamos que muchas de las facetas del discurso que identifica a España como nación no son nacionalistas. ¿O la afirmación en el espacio público de que un colectivo territorialmente delimitado es sujeto de derechos políticos colectivos, y por tanto titular de la soberanía? Entonces sí existe un nacionalismo español, heterogéneo como todo nacionalismo: bajo la afirmación de España como nación, coexisten quienes la conciben como un todo culturalmente homogéneo y centralizado, y quienes consideran que esa nación es culturalmente plural, y políticamente descentralizada. Son patriotas, pero devienen en nacionalistas al subir el tono, o hacerse visibles en coyunturas de enfrentamiento político (o bélico): pues el patriotismo también supone la preexistencia de una nación, con leyes y contenidos afectivos.

Existen varios discursos nacionalistas españoles. Todos ellos comparten la indivisibilidad de la soberanía y la convicción de que la polis, la comunidad política española, no tiene acta fundacional en la Constitución de 1978, ni en la de 1812, sino que posee fundamentos históricos y culturales anteriores. Todas las variantes acatan la Constitución de 1978 como una base legítima de la definición territorial de España como nación, aun si se muestran abiertas a reformas. Los partidarios del españolismo constitucional también insisten en su carácter cívico, desde los defensores de la “nación de naciones”, basada en una débil distinción entre nación política y nación cultural, aderezada con la música del patriotismo constitucional de Habermas, hasta la versión más descafeinada que fue importada por el Partido Popular a principios del siglo XX, pasando por el concepto zapaterista de la “España plural”, y su prolongación embrionaria en la España como “país de países” que emerge en el discurso de Podemos, que también resucita el concepto republicano del “patriotismo popular”, viendo al pueblo como la encarnación de lo mejor de la patria.

Desde la óptica del nacionalismo/patriotismo español, los nacionalismos subestatales serían esencialistas y tendencialmente totalitarios, por aspirar a hacer prevalecer el etnos sobre la polis, o por imponer a los ciudadanos idiomas inútiles y horizontes mentales aldeanos e incompatibles con un tiempo de globalización. Es una imagen del adversario forjada en el combate contra ETA y sus adláteres políticos. Sin embargo, el soberanismo catalán contemporáneo supone otro desafío, frente al que parece aplicarse una receta semejante. Pues también los discursos patrióticos españoles con la posible excepción del discurso predominante en la izquierda postcomunista– incluyen en dosis variables elementos orgánico-historicistas, como la historia, la cultura o el idioma castellano. Y los soberanismos contemporáneos tampoco son reducibles a una sola matriz culturalista o historicista: consisten en combinaciones diversas de elementos volitivos y orgánico-historicistas u objetivos, de intereses sociales y pasiones identitarias.

Han imperado el tono de coerción y amenaza, la confusión entre legalidad y legitimidad

Ante la evidencia de que los discursos soberanistas pueden ser pacíficos, multiculturales y hasta postnacionales, la respuesta del españolismo es similar a la mayoría de los nacionalismos de Estado. Insiste así en la defensa de la legalidad vigente; en el big is beautiful; en la unidad europea como proyecto incompatible con provincialismos; y en el recuerdo de los vínculos históricos, culturales o sociales que unirían el todo a la parte que se quiere ir. A estos eslóganes se han añadido otros: la secesión es la vuelta a la Edad de Piedra, la salida de la UE y del euro; es un acto ilegal y, por tanto, ilegítimo y anárquico; y supone división y riesgo de conflicto ciudadano. Con todo, al comparar la respuesta del nacionalismo británico ante el desafío escocés en 2014, la del canadiense ante los dos referéndums en Québec (1980 y 1995), y la del nacionalismo español a la reivindicación soberanista en Cataluña, apoyadas en todos los casos en un amplio respaldo social y en discursos mayormente cívicos, sorprende la asimetría de las reacciones. Ottawa y Londres aceptaron la celebración de referéndums vinculantes, y enarbolaron discursos más proactivos que catastrofistas, que insistían en los beneficios de la unión, así como en sus lazos afectivos. La negativa del Gobierno de Madrid y de la mayoría de las fuerzas políticas estatales a admitir consultar a la ciudadanía catalana, con las condiciones que se negocien, se ha combinado con un discurso de índole reactiva. Si algo ha faltado son argumentos proactivos; han imperado el tono de coerción y amenaza, la confusión entre legalidad y legitimidad.

Esa respuesta pone en evidencia varios de los defectos de funcionamiento del sistema político español, y suscita la cuestión irresuelta de cuáles son los límites de la aceptación, por parte del nacionalismo español, de la diversidad cultural y nacional interna. También muestra una radicalización de algunos de sus postulados y variantes, sobre todo en la derecha conservadora y liberal, paralela a la normalización social de símbolos antes discutidos, como la bandera rojigualda –sería un error identificar automáticamente como fachas a todos los que la cuelgan en los balcones. Y, finalmente, expresa que en el ámbito de la izquierda, faltan propuestas innovadoras para repensar España como comunidad política, más allá de la mecánica vuelta de Pedro Sánchez a la “nación de naciones” o las apelaciones al patriotismo de la gente. Si algo parece imperar en sus principales variantes, es una búsqueda de un futuro en el pasado. 

——————————

Xosé M. Núñez Seixas es catedrático de Historia Contemporánea en la Universidade de Santiago de Compostela.

from ctxt.es http://ctxt.es/es/20180418/Firmas/19100/España-nacionalismo-constitucion-nacion-patriotismo-Catalunya.htm
via IFTTT

El Boca del Logo de hoy: Fin de ETA (21/04/2018)

CTXT necesita un arreglo de chapa y pintura. Mejorar el diseño, la usabilidad… convertir nuestra revista en un medio más accesible. Con tu donación lo haremos posible este año. A cambio, tendrás acceso gratuito a El Saloncito durante un mes. Aporta aquí

 

 

if (isMobile) {document.getElementById(‘Right1m’).setAttribute(‘id’, ‘Right1’);googletag.cmd.push(function() {googletag.display(‘Right1’); }); }
if (isMobile) {document.getElementById(‘Right2m’).setAttribute(‘id’, ‘Right2’);googletag.cmd.push(function() {googletag.display(‘Right2’); }); }
if (isMobile) {document.getElementById(‘Right3m’).setAttribute(‘id’, ‘Right3’);googletag.cmd.push(function() {googletag.display(‘Right3’); }); }
if (isMobile) {document.getElementById(‘Right4m’).setAttribute(‘id’, ‘Right4’);googletag.cmd.push(function() {googletag.display(‘Right4’); }); }
if (isMobile) {document.getElementById(‘Right5m’).setAttribute(‘id’, ‘Right5’);googletag.cmd.push(function() {googletag.display(‘Right5’); }); }
if (!isMobile) {googletag.cmd.push(function() {googletag.display(‘Bottom’); }); }

from ctxt.es http://ctxt.es/es/20180418/Multimedia/19115/la-boca-del-logoFin-de-ETA58-añosETAEuskaditerrorismoasesinatosmasacres.htm
via IFTTT