Sesparación de poderes, si eso ya tal

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EL JUICIO. La semana hubiera sido muy aburrida si no hubiera sido por lo divertida que ha sido. Vamos, el juicioZzzzz ha iniciado su entrada en la cosa pericialZzzzzzz –en general, bien para las defensas, Marchena, fino, me dicen los que saben, y la Fiscalía en modo zasca; Vox ni está ni se le espera; lo más parecido a Vox en este juicio es un ninot indultat, otro ser expresivo pero sin mucho que aportar–. No obstante, lo sexy ha pasado en el contorno del juicio, que ha sido la monda, incluso con trazos épicos. Algo normal, por otra parte, en un juicio político, donde lo que pasa, no pasa en su centro. 

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LOS JUICIOS POLÍTICOS LOS CARGA EL DIABLO. Es, en efecto, un juicio político de aquí a Lima, pero me temo que en la dirección contraria a lo que opina el procesismo al respecto. Es la consecuencia de llevar por lo penal la política. Lo que no convierte una política dadá en justa, o interesante, sino que amplía el concepto dadá e injusto. Para el caso, se trata de una política cutre-salchichera, que por ahora no ha aportado ninguna renovación de derechos ni ningún mecanismo para realizarlos, porque ese no era su propósito. Y que es llevada a juicio por otra política cutre-salchichera, con un horizonte democrático similar, si bien más gore. Estamos aquí porque Leviatán, el único que tenemos, entendió que la solución a un problema político era sobreactuar la política sobreactuada del otro, y enjuiciarla no por lo que era –nada, desobediencia y cuatro cosillas no calculadas–, sino por rebelión modo invasión de Marte. No se puede hacer eso sin que se erosionen más cosas. Sin que se erosionen, por ejemplo, las instituciones que han participado en esta reducción de la democracia, hipérbole de lo penal e intento de canalizar un discurso propagandístico, antes que político, en un juicio. Esas instituciones a erosionar por su actitud para-democrática son –no se vayan, que la cosa tiene risa–, el Gobierno y su pack de Interior –que se comportó como si una mani, el 1-O, fuera la pérdida de Cuba–; el rey, que el 3-O emitió un discurso sumamente reaccionario e inquietante, en el que reducía la democracia y sus posibilidades de reforma –no hubo golpe de Estado en Cat; ni mucho menos; lo más cercano a él fue, no obstante, ese discurso–; y la cúpula judicial, que se reunió para canalizar esto en la estética de lo canalizado. Puede ser una estética cargada de futuro, pero está más cargada de pasado. Pasa por el pasado inmediato hasta la crisis propagandística del Estado del 15M, momento en el que finalizó la escasa separación de poderes. Esa escasa separación era latente desde el 78, cuando se empezó a apostar por crear la cohesión, antes que por la tensión natural en una democracia; por la unanimidad en torno a un proyecto y unas instituciones que bla bla bla. Pero se hizo inquietantemente efectiva con el Aznarato, cuando los tres poderes no sólo opinaban igual, sino que disponían de un entramado comunicativo que condenaba a la marginalidad cualquier otra opinión. Esta semana, de manera inopinada e inesperada, y sin más motor que este juicio absurdo, se ha producido algo único desde el 78. Separación de poderes, un enfrentamiento entre el Legislativo y Judicial. Sí, antes se habían producido fricciones en el Judicial –no sé, el enfrentamiento TC-TS duró años–, pero nunca entre poderes. Finalmente ha ganado la opción PP-C’s-Vox-rey. Un golazo. Pero arriesgado. PP-C’s-Vox-rey es mucha gente. Pero no toda. Incluso muy poca para sustentar una monarquía que el 3-O borboneó e hizo política.

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¿QUÉ HA PASADO? Ha habido un auténtico enfrentamiento entre poderes. En Cat lo hubo, por lo mismo, entre el Parlament y Llarena. Pero salvando las distancias. Distancias: el Parlament es poca cosa, un organismo de “descentralización administrativa”, que se decía en la sentencia del TC por lo del Estatut. Esa poca cosa, por otra parte, perdió su prestigio en 2017 al emitir comportamientos próximos al pack Hungría-Polonia. Me temo que siguen sin saberlo, lo que aumenta ese desprestigio y la percepción del bajo nivel intelectual de su mayoría. Frente a él, el Congreso es, formalmente, un parlamento. A su vez, poca cosa. Desde el 45 –tras aquel pacto, decía Antoni Domènech, consistente en que unos no nos mataban, y nosotros no nacionalizábamos la banca ni asábamos sardinas en su salón–, los parlamentos son un algo próximo al Ejecutivo. Su gran qué es votar un Gobierno. Su segundo gran día, los Presupuestos. Lo que le confiere un estándar europeo. Pues bien, durante unas horas la Mesa de ese Parlamento ha defendido su autonomía frente al TS y la Fiscalía. Ha defendido que la supresión de un diputado no puede ser automática, como reclamaba la Fiscalía. La Fiscalía ha estado, en todo momento, con el pack PP-C’s-Vox, king 3-O. Ha sido, finalmente, el bando ganador. Lo que implica que hay, independientemente del resultado de cada elección, un componente en el Estado de C’s-PP-Vox-rey estable, que no se mueve. A su vez, ha habido un enfrentamiento TS-Congreso. TS mantenía un punto de vista cercano a Fiscalía. Pero, a su vez, alejado. Quería que el ejecutor de la suspensión fuera el Congreso. Es decir, no quería ser él quien se expusiera a un marrón. Lectura de urgencia al respecto: en el Judicial, Fiscalía come aparte. Entre los jueces –conservadores, por lo general–, existe, no obstante, una voluntad de superar etapas geológicas pasadas de no separación de poderes, como pueden ilustrar las sentencias Gürtel, o el encausamiento de un miembro del clan Familia Real, o un Govern valenciano. Tienen ganas, pero tal vez no mapas o tradición de superar el síndrome de Estocolmo que supuso ETA, periodo dilatado en el que el Ejecutivo protegía al Judicial. Y sí, esas ganas van por barrios y por días. Marchena, por ejemplo, ha respetado en cierta manera la autonomía del Parlamento, pero en su argumentario ha citado un artículo de cuando ETA. Algo, diría, deslegitimador. Legal, obviamente, pero propio de Ligas inferiores. Algo enrarecido y que enrarece. 

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EL FIN DE LA PARTIDA. En la partida estaban en juego tres cosas: la autonomía parlamentaria, la división de poderes y las tácticas de campaña electoral. Finalmente, se ha impuesto la tercera. Al parecer, por la información de que dispongo, el PSOE no ha optado por alargar la batalla –una batalla relajada, por otra parte; entre élites del Judicial y del Legislativo, que se conocen y comparten círculos–, supongo que por motivos electorales. Por lo que sea, rajarse beneficiará al PSOE electoralmente. Y a C’s, PP y Vox. Y al procesismo, cuya única inteligencia es electoral. El sufrimiento generado por los dipus suprimidos puede tener, así, alguna repercusión en las elecciones municipales de BCN –si es verdad que la distancia entre Comuns y ERC era leve, ahora puede que no tanto–. Pocas en las europeas, donde parece que el procesismo se decantará por la lista de Puigde en gran medida. Si esto es así, la toma de decisiones del PSOE ha sido mediática. Ha pesado en ella la presión de C’s y PP –con argumentos escasamente democráticos; sin ninguna meditación sobre el ataque a la separación de poderes; no existen; en la defensa de Esp y la Consti, eso desaparece; nuestras derechas, en Esp y en Cat, no se enteran de nada, salvo de sí mismas; por eso ellas mismas son la única forma de democracia que conocen–. Si esto es así, en fin, el PSOE se ha hecho, en pleno inicio de legislatura, un Zapata –por cierto, no se pierdan el libro de Guillermo Zapata sobre cómo te lo comes cuando te hacen un Zapata; muy bueno–. Es decir, le han regalado el marco a la derecha. Un partido que el martes defendía en el Congreso la autonomía parlamentaria y en el Senado el federalismo, ha abandonado lo primero –y lo segundo: el federalismo no es más que la separación de poderes, su división, su intensificación– varias casillas antes de lo decoroso. El ganador es, lo dicho, el pack Fiscalía-C’s-PP-Vox-rey. Es importante saber que no han ganado por KO. Les ha resultado fácil, pero han ganado por triquiñuelas. Han ganado, en cierta manera, por procesismo, esa triquiñuela+nacionalismo+no separación de poderes+fake-news+la voluntad de un pueblo/poble. Han ganado sin combate. Lo que es un mal inicio/indicio de legislatura. La derecha esp ha descubierto el chollo procesista. Ha tardado, pero ya están aquí.

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Mi voto por Ada

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Hace 4 años mi trabajo me proporcionó una de las esporádicas alegrías que da mi trabajo. Asistir a algo no previsto y, sin embargo, hermoso. Estaba cubriendo la noche electoral de las elecciones municipales en la sede de CDC, o como se llamara entonces. Los resultados iban llegando inapelables y con precisión, como la lluvia. En eso llegó un cuadro medio y empezó a hablar con una cuadra media que tenía a mi vera. “¿Com anem?”, preguntó. “Fatal, ha votat tota la xarnegada”, fue la respuesta. Y me temo que ese fue el mejor análisis electoral de la noche.

En efecto, votó y ganó la xarnegada. Personas que, usualmente, y con toda la razón del mundo, no votan. No votan porque no juegan en la misma liga en la que se vota. Jugar en esa liga te obliga a leer determinada prensa, o a ver determinados canales. Y hablar de lo que ves y lees como si fuera la realidad. No están dentro de la realidad, están en un afuera, con otras reglas. Todo es diferente y todo tiene otras reglas en ese país del que no se habla. No salen en la tele llorando porque no les compraron un poni de pequeños con muchos lacitos. La precariedad lo impregna todo en ese mundo, hasta hacer diferente incluso el amor. No hay igualdad, por lo que la construyes en casa. En ocasiones, en torno de una mesa o en el dormitorio, riéndote de las heridas. Como marines divertidos y de colores, no dejan nadie atrás, porque varios días a la semana tú eres ese alguien. Carecen de bandera, salvo, en ocasiones, la del Barça –el IRA desarmado de Cat, que decía MVM–, y el delantal de mamá, sucio de cosas cutres y buenas. No tener bandera ya te explica que son medio tontos. Tanto que no sabrían que hacer si entraran en una institución. Si entraran en una institución harían chorradas, como devolver el sobre con pasta que te ponen en la mesa, cuando vas a una reunión de un patronato municipal. Harían estupideces, como una funeraria municipal, que evitara que la muerte de los tuyos supusiera tu muerte. O un dentista municipal –la pobreza empieza por el cabello, cuando no puedes ir a la pelu, pero sigue directa hasta los dientes, donde se queda–. Harían una ley que obligará a edificar vivienda pública. Comprarían varios edificios con vecinos dentro, como tú, a los que el propietario del edificio daba para el pelo. Pugnarían contra los apartamentos turísticos, que tanta riqueza dan a la ciudad, y que tienen tan pocas cosas malas, como el aumento desmesurado de los alquileres y el exilio de los habitantes de la ciudad. Presionarían por utopías idiotas que sólo existen en Francia, UK, Alemania, Holanda… Europa, como regular el precio de los alquileres. Harían una pelea judicial desmesurada, de tontos, contra la multinacional propietaria del agua de todos. La ganarían y, en el trance, descubrirían que los anteriores ayuntamientos eran aún más tontos que ellos, pues de hecho no habían firmado ningún documento que estableciera que habían vendido el agua por cuatro euros, por lo que era muy fácil volver a recuperar ese bien común.

Hace cuatro años que los tontos llegamos al Ajuntament. Los que ocuparon cargos descubrieron el tempo institucional –los problemas, en una institución se solucionan de forma mucho más lenta y aburrida que en la cocina o el dormitorio–, descubrieron la política –esa cosa que pasa en la tele; generalmente, son palabras; mágicas; si no las dices, los listos te pegan hasta en los párpados–, descubrieron que es difícil gestionar una huelga de otros tontos, como tú. No obstante, como tonto que soy, creo que siguen siendo tontos. Huelo, en fin, a los tontos. Y creo pueden serlo aún más, ahora que saben, tras cuatro años entre listos, que nuestro único valor es que somos tontos, que no somos una mercancía, que somos frágiles, que solo vivimos una vez. Y que la vida es lo único que tenemos. Todo eso, que igual es la xarnegada aludida por la comentarista política aquella en aquella noche electoral, es lo que ganó aquella noche. Siguió ganando, cada noche, en los siguientes cuatro años. Debe de ganar el domingo, o volveremos a tener nada, salvo la risa de nuestra cocina y dormitorio. Sí, no está mal. Pero queremos más. Mi voto será para Ada y todos esos tontos del bote con los que te cruzas por la calle, y que no entendemos la brutalidad del capitalismo. Nos reconocemos por esa sonrisa llena de dientes que tenemos los tontos.

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Madrid en pie

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Hace cuatro años entré en el Ayuntamiento de Madrid formando parte de la candidatura de Ahora Madrid. Conformar la candidatura fue un proceso largo y duro pero también ilusionante. 

Ganamos la alcaldía pero hay que ser conscientes que para ello fueron necesarias todas las manos, cabezas, corazones y toda la inteligencia colectiva.

Madrid ha cambiado en estos últimos cuatro años tras décadas de gobiernos de una derecha corrupta que puso la ciudad al servicio de la especulación y las élites, que endeudó las arcas públicas y dejó las necesidades de los barrios sepultadas bajo contratos ruinosos y recortes de servicios. 

Ha habido sensibles avances que reivindicamos como propios dado que los hemos impulsado desde el gobierno de la ciudad.

Demostramos durante los primeros años de legislatura que se podían poner más recursos al servicio de la ciudad, que se podían remunicipalizar empresas mejorando su prestación y sus servicios, que se podía avanzar hacia un mejor transporte público y un Madrid menos contaminado, que la vida podía inundar nuestro río.

Pero, creemos –y en esta valoración coincidimos con Más Madrid– que los avances más significativos han sido en el terreno de la gestión económica, que humildemente recuerdo, fueron impulsados por mi equipo de trabajo, con resultados que se consiguieron mientras se mantuvo la oposición a las políticas de recortes.

Durante algo menos de tres años fui Concejal de Economía y Hacienda del distrito de Vicálvaro. Mi equipo y yo, tuvimos la complicada tarea de reducir la deuda que heredábamos de la, muchas veces corrupta y otras simplemente mala y chapucera, gestión del PP.

Sin embargo, lo verdaderamente meritorio no se encontraba en la obtención de ese superávit ni en la reducción de esa deuda –por mucho que deslumbrara tanto en comparación con otras administraciones públicas–, sino en que todo ello se pudo conseguir al mismo tiempo que se incrementaba la justicia a la hora de recaudar impuestos, precios públicos y tasas, y al mismo tiempo que se incrementaba sensiblemente la inversión en infraestructuras, equipamientos y la inversión social.

La voluntad política no era solo sanear las cuentas del Ayuntamiento, sino que la gestión eficaz cobraba sentido si el superavit se dedicaba a resolver los problemas de las personas que viven en nuestra ciudad.

La experiencia de la ciudad de Madrid en política económica demostró que mejorar la vida de la gente con las políticas públicas sin provocar desequilibrios económicos era posible.

En 2014 el esfuerzo inversor del Ayuntamiento de Madrid era de 287 millones de euros y en 2017 alcanzó los 581 millones de euros. Un 102% más. La inversión en gasto social pasó de 471 millones de euros en 2014 a 821 millones en 2017, es decir, se incrementó un 74%.

Y se hizo al tiempo que se reducía un 42% la losa de la deuda que nos dejaron quienes ahora se erigen en paladines de la estabilidad presupuestaria y que no son otra cosa que campeones de los recortes.

Pero el cambio se quedó a medio camino. Las políticas públicas no han movido de manera decidida la balanza hacia la gente que más lo necesita y el desequilibrio entre barrios y distritos persiste. Proyectos urbanísticos insostenibles, continuidad de los contratos integrales, carencias dotacionales en nuestros barrios de la periferia, desahucios o la falta de vivienda pública siguen siendo asignaturas pendientes urgentes.

Debemos hacer frente, de manera urgente y con medidas estratégicas a la crisis ecosocial acuciante. Tenemos 12 años para revertir el colapso ecológico al que avanza nuestro planeta y debemos empezar desde el ámbito cercano y municipal.

Desde Madrid en Pie pensamos que aún falta mucho por hacer para resolver las carencias de nuestra ciudad que afectan al acceso a la vivienda, la energía, los alimentos y la educación de amplias capas de la ciudadanía.

También queda camino por recorrer para garantizar el acceso a la cultura, el deporte, a respirar un aire sano, a la movilidad sostenible, a proteger el taxi como servicio público, en definitiva, a una vida digna y saludable, generar empleo estable desde el ayuntamiento, apoyar a las pymes…

Es necesarios que nuestro dinero, el de todos y todas, no se vaya al saco de los beneficios de las grandes empresas y se destine a cubrir necesidades de muchas personas precarias.

Sabemos por nuestra experiencia de gobierno que hay recursos suficientes y sabemos cómo hacerlo.

Madrid en Pie Municipalista surge de lo mejor del proyecto de Ahora Madrid. Reivindica sus logros como propios, porque muchas de las que integramos esta candidatura contribuimos decididamente a impulsar la llegada al gobierno municipal en 2015.

No hubiéramos querido estar fuera de Ahora Madrid, espacio que nos articuló. Pero otros decidieron dar por muerto el proyecto para empezar una andadura personalista y sin rendir cuentas. Creemos que para frenar a la ultraderecha somos tan necesarios como lo fuimos en 2015 porque hacen falta todas las manos, todas las cabezas y todos los corazones. 

Queremos poner la vida de la gente corriente en el centro, tu vida. Que dé igual si vives en Vallecas o en el barrio de Salamanca, en Villaverde o en Chamberí, que sepas que tus calles van a estar igual de limpias que el resto, que vas a tener una escuela infantil y un espacio feminista de igualdad y un centro de mayores cerca de casa, que no tengas que esperar más que otros por el autobús. Que no tengas miedo a caminar por la ciudad si eres mujer, o vives una sexualidad no normativa; queremos una ciudad vivible para mayores, infancia, personas diversas en procedencia en formas de caminar. Que no tengas que tropezarte un año más, y van muchos, con el mismo bache. Que también importe el aire que respiras.

Y sobre todo queremos que el derecho a la vivienda sea eso, un derecho y no un lujo impagable para muchas.

Hemos demostrado que sabemos gestionar y hacer las cuentas, y además, sabemos plantarnos ante las presiones de la derecha y de los poderes económicos, presiones que sin duda irán en aumento.

Madrid en Pie Municipalista puede servir como balanza para que se hagan políticas que mejoren la vida cotidiana.

Y por eso pedimos que nos votéis. Ya toca. 

————————————–

Carlos Sánchez Mato, candidato a la alcaldía de Madrid por IU Madrid en Pie Municipalista.

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Los modelos familiares más abiertos y flexibles, determinantes en la igualdad educativa

Espacio realizado con la colaboración del
Observatorio Social de “la Caixa”.

     

Implicarse en el proceso educativo de los hijos, motivarles o fomentar su trayectoria escolar tiene efectos positivos en el desarrollo académico, cognitivo y social de los menores. Pero no solo importa el cuánto, sino también el cómo. Así lo asegura el estudio La implicación familiar en la educación: una herramienta de cambio. Según la investigación, los estudiantes que viven entornos familiares más comunicativos y flexibles arrojan mejores resultados que aquellos que crecen en hogares más controladores y directos.

El estudio, llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Oviedo y de Consejería de Educación y Cultura del Principado de Asturias, señala que estas tendencias en los menores se trasladan, además, a niveles superiores, como es el caso de los centros educativos. De esta forma, aquellas escuelas donde predominan los alumnos de familias con un estilo más abierto pueden tener hasta 20 puntos de diferencia en los resultados respecto de aquellos donde el modelo es menos comunicativo y cerrado.

Según los autores, los distintos tipos de implicación de los padres en la educación de sus hijos también tienen efecto en la propia equidad de los centros, siendo las escuelas con entornos familiares más flexibles las que cuentan con menores diferencias en los resultados académicos de su alumnado.  

La motivación individual no es, en cualquier caso, la única forma de implicación que pueden tener los padres en la trayectoria académica de sus hijos. La participación de los progenitores dentro de las escuelas, acudiendo a reuniones o prestando su colaboración, también influyen positivamente.

Teniendo en cuenta que más del 90% del alumnado percibe un apoyo constante de su familia en los estudios –especialmente de las madres–, analizar los estilos y modos de implicación de los progenitores ofrece, según los investigadores, una mejor predicción de los efectos positivos y negativos de los ambientes familiares en el rendimiento de los alumnos.

Así, los progenitores más controladores tienden a centrarse por ejemplo solo en la tareas escolares: hasta un 60% de los alumnos asegura que al menos uno de sus padres revisa de forma habitual si realizado los deberes, y cuatro de cada diez jóvenes reconoce que recibe ayuda con sus tareas casi a diario. Por su parte, los padres más comunicativos optan por centrarse en otros aspectos como las relaciones personales, la motivación o la autonomía.

Precisamente, trasladar estos perfiles y sus variables –nivel de control y nivel de comunicación– al conjunto del alumnado de los centros permite apreciar, de forma más amplia, la idoneidad de un modelo u otro de implicación.

Los resultados del estudio indican que aquellos centros donde predominan los perfiles parentales más controladores y menos comunicativos tienen un promedio de puntuación en lengua castellana de 490 puntos. En el otro extremo, las escuelas donde los perfiles son menos controladores y más comunicativos ascienden la calificación media a los 509 puntos. Una diferencia de casi 20 puntos que muy similar si se analizan los índices de equidad de los centros.

Es decir, son los centros donde acuden alumnos con padres más flexibles y abiertos los que arrojan mejores resultados educativos y una menor brecha en el desempeño de los alumnos.

 

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No votes al jefe infiltrado

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Con barba postiza y peluquín, el jefe de una empresa finge otra identidad para adentrarse en las bases de su negocio y observar el trabajo y comportamiento de sus empleados. Esta es la premisa del famoso reality de La Sexta en el que siempre hay un final idéntico: a la hora de revelar la verdad a los trabajadores, el jefe ‘premia’ a los sacrificados y obedientes con regalos como viajes al Caribe o cheques regalo para sus hijos. Con los díscolos… pues hace lo mismo, tras la oportuna reprimenda, eso sí, que uno es jefe pero también tiene su corazoncito. Que no se vuelva a repetir, te obsequio con este curso de formación para que aprendas, pidas perdón, des las gracias y se te caigan las correspondientes lagrimitas que en su casa el espectador derrama al mismo tiempo.

No llamaron al programa El Jefe Magnánimo porque era demasiado canteo, y porque nunca lo protagonizó Amancio Ortega. El magnate de Inditex lleva años haciendo cuantiosas “donaciones” (la última de más de 300 millones de euros) en maquinaria médica contra el cáncer a hospitales públicos del país. Al inicio de la semana, Isa Serra, de Unidas Podemos, criticó la actuación del empresario pues, tal y como declaró primero en la cadena Ser y después en Twitter, “la sanidad pública se debe financiar con impuestos”. A ella se sumaron otros sectores, pero no faltaron las voces del amo que glorificaron a Ortega, como esta irritada diputada de Ciudadanos, María Muñoz:

En su tuit, Muñoz añade al viejo “un admirador, un amigo, un esclavo, un siervo”, un complejo de Dios castigador, llamando desagradecida a la izquierda por compartir la opinión de la Plataforma en Defensa de la Sanidad Pública: “El sistema sanitario público no debe depender para su funcionamiento de donaciones más o menos altruistas, sino que los recursos deben salir de los impuestos (…) No puede ser que alguien ajeno al sistema decida cuánto y dónde se invierte”, explicaba su portavoz, Marciano Sánchez Baile. Y es que resulta que sí, que el señor Amancio Ortega se cree en disposición de decidir cuánto y dónde invierte, guiándose no por el altruismo (la RAE define el término como “diligencia en procurar el bien ajeno aun a costa del propio”) sino por otro criterio: su puro y duro beneficio.

En Diciembre de 2016, el grupo de Los Verdes/Alianza Libre Europea presentó en el Parlamento Europeo su informe Tax Shopping: Exploring Zara’s Tax Avoidance Business, que literalmente explora el negocio de la elusión de impuestos del dueño de Inditex. Insistimos en la palabra elusión, y no evasión, porque la diferencia es que la primera está dentro de la legalidad pero no deja de ser una triquiñuela conocida como ingeniería fiscal, que tiene como objetivo tributar en otros países en lugar de en España. Como hemos dicho, Ortega no busca el bien ajeno a costa del propio, sino su propio beneficio. Según el informe, en 2014 el grupo Inditex contaba con 363 empresas. De ellas, 261 se dedican a la venta al por menor, y su margen de beneficio no suele ser superior al 5% de media. Las 102 restantes están dedicadas a materia financiera o de gestión de marca, y sus márgenes de beneficio están entre el 20% y el 70% ¿Cómo lo consigue?

Con Suiza en el corazón y España en la muñeca

Este margen de beneficios es tan alto porque Inditex produce en países pobres y vende en ricos. El economista Yago Álvarez Barba lo demuestra muy bien cuando desgrana una por una las empresas pertenecientes a Inditex que se encargan de la gestión de los derechos de las marcas del grupo (ITX MERKEN, con sede en Holanda, e ITX MERKEN (SWISS BRANCH), con sede en Suiza), de las ventas de las tiendas online en algunos grandes países (ITX FASHION LTD, con sede en Irlanda) y de la compra de ropa a los proveedores (ITX TRADE, con sede en Suiza).

Con esta última, Amancio se ahorró solo en 2014 unos 149 millones de euros, al pagar un 7,8% de impuesto de sociedades, cuando ese año en España habría tenido que pagar un 30%. Nuestro país ha rebajado dicho impuesto al 25%, pero al empresario gallego le sigue saliendo más a cuenta tributarlo en un paraíso fiscal, no solo por el ahorro, sino porque Suiza también cuenta con una opacidad que impide conocer los márgenes de beneficio que ITX TRADE gana. Dicha empresa compra la ropa a precios muy bajos a los proveedores en Bangladesh, Turquía o Marruecos, y luego vende esa ropa a precios más altos a filiales de Inditex de otros países.

Por supuesto, el emporio no tardó en contestar al informe de los europarlamentarios con su propia versión. Reproducimos dos detalles de su respuesta aquí:

 

Es curioso que hablen de transparencia cuando, como hemos señalado, Suiza es un paraíso fiscal con secreto bancario, rebajas a multinacionales, y una opacidad que, hasta donde sabemos, es el antónimo de transparencia. Así que, hecha la ley, hecha la trampa. Es curioso además que contradiga al informe en el tema de los derechos de marca y royalties. El impuesto español que se aplica a esta gestión en España es de un 25%, mientras que en Holanda es de un 15%, y ahí es donde nuestro protagonista tributa dicho impuesto, ya que recordemos que es su empresa ITX MERKEN la encargada de ello. En la respuesta que publicó, al gigante gallego se le olvida mencionar los dos citados países y un tercero, Irlanda, sede de su gestora de las ventas online en países como Estados Unidos, México, Canadá, China, Japón o Corea, ITX FASHION LTD. Los irlandeses fijaron su impuesto de sociedades en un 12,5%, menos de la mitad que el español. En el mismo lugar tributan otras empresas del grupo, como la financiera ZARA FINANCIEN o la compañía de seguros ITX RE.

Ciudadanos de un lugar llamado mundo neoliberal

A un par de días de las elecciones europeas, autonómicas y municipales, a Ciudadanos le gusta llamarse a sí mismo “el partido de los autónomos y los emprendedores”, suponemos que para, al igual que el jefe infiltrado, esconder su verdadera identidad, “el partido de la patronal y del IBEX 35”. Los naranjas halagan al generoso donante privado que busca imponerse en la sanidad pública que todas y todos pagamos con nuestros impuestos, un monto que ascendería a muchísimo más con los millones que él elude. Quizá sea porque los de Rivera proponen medidas como la supresión del impuesto de sucesiones o la bajada de un punto del tipo máximo en el IRPF, dos medidas que ya están aplicando en Andalucía y que ya se ha comprobado que únicamente favorecen a las grandes fortunas.

Una bajada de impuestos, sobre todo a los más ricos, significa una reducción del gasto público, y por tanto una menor presencia del Estado en la sociedad, que es lo que buscan políticos y economistas liberales, además de una equiparación a la baja en los derechos laborales de todos los contratos. Es lo que quieren conseguir con su propuesta del contrato único, un truco de magia cuya realidad es que facilitaría el despido procedente, dejando que una empresa te despida cuando quiera y con menos días de indemnización. Ellos dicen que acabaría con la temporalidad, pero lo cierto es que hay países con un mercado laboral similar a España que no tienen ese contrato y en los que no hay tanta temporalidad como aquí. También proclaman que terminarían las trampas al contratar, pero lo cierto es que la trampa aparecería en el salario, que se volvería aún más precario para que la empresa pudiera pagar los días de despido.

Otra medida estrella (y precaria) de Ciudadanos es el complemento salarial, que al no acompañarse de subida del SMI, deriva en una mera subvención a los empresarios que paguen bajos salarios. O la mochila austríaca, una especie de fondo de inversión propiedad del trabajador pero avalado por el Estado y gestionado por una entidad privada (faltaría más) en el que cada mes se introduce una pequeña parte del salario del empleado. En Austria esto se descuenta de la futura pensión y además sustituye a la indemnización por despido, por lo que al empresario nuevamente le saldrían los despidos gratis. ¿Qué dice, señor Rivera? ¿Que para eso proponen ustedes el bonus malus, un incentivo para las empresas que despidan menos? Parece bastante desmontable: si premias al jefe por no despedir a la gente dejándolo que pague menos impuestos, la pescadilla vuelve a morderse la cola y son nuestros fondos públicos los que pierden.

Amancio está contento. ¿Qué tendrá Amancio? Pues un partido creado por los poderosos destinado a favorecer a los poderosos. Para que esto no manche su imagen, las trampas se disfrazan no con peluquín ni barba postiza, sino con una caridad que busca apelar a los sentimientos en un tema tan hegemónico como la lucha contra el cáncer. Los defensores de Amancio solo ven buena voluntad en el desprendido donativo, y no reparan en que la donación debería ser anónima, ni en que por ejemplo podría estar obligada por ley, como sucedió durante muchos años en Francia, con un impuesto de solidaridad para las grandes fortunas. Es que ni siquiera abren los ojos ante la picaresca fiscal de un empresario que presume de ser español, español, español, pero que, para engordar su cuenta bancaria, prefiere ser suizo, holandés o irlandés. “Si le va bien al jefe le va bien al empleado” es la falacia que nos venden los mismos de siempre con sus nuevas caras. Si le va bien al jefe es porque nuestros derechos y nuestras arcas del Estado se recortan. Pero parece que no importa porque de vez en cuando nos dan como limosna, previa publicidad en los palmeros medios de comunicación, unas espléndidas máquinas (que podrían ser muchísimas más si el rico no se llevara sus impuestos a los citados paraísos), como si de un viaje al Caribe o un cheque regalo se tratara. No votes caridad, no votes al jefe infiltrado.

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Madrid merece futuro

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Cuando en 2015 decidí dar el paso y presentar mi candidatura para la Alcaldía de Madrid nos enfrentábamos a una doble resignación. Nos decían, en primer lugar, que era imposible que el PP de Esperanza Aguirre perdiera las elecciones tras más de 25 años de gobiernos de derechas. Y, en segundo lugar, que incluso en la remota hipótesis de que obtuviéramos la alcaldía no conseguiríamos cambiar el rumbo del Ayuntamiento por la monumental losa de deuda en la que lo había sumido el Partido Popular.

El entusiasmo de miles y miles de madrileñas y madrileños que quieren a su ciudad permitió acabar con la resignación electoral. El 24 de mayo de 2015 se produjo un vuelco electoral en el Ayuntamiento de Madrid por un puñadito de votos: el último concejal se lo ganamos al PP por 7840 votos.

Desde el gobierno municipal conseguimos también poner en marcha cambios sustanciales en la gestión del Ayuntamiento. Claro que no hemos logrado todos los cambios que querríamos ni a la velocidad que nos gustaría. Nos encontramos en 2015 un ayuntamiento que tenía él sólo tanta deuda como todos los demás ayuntamientos de España, un ayuntamiento colapsado por la corrupción y la falta de ideas. Y, desde nuestra llegada, fuimos un ayuntamiento acosado por un gobierno central y autonómico del PP cuyos palos en la rueda sorteamos con eficacia y creatividad para que no impidiera que los madrileños y madrileñas vivieran mejor, con más derechos en una ciudad más justa y moderna.

Hoy nadie niega que Madrid es una ciudad mejor gestionada, con transparencia, participación y honestidad. En estos cuatro años hemos duplicado la inversión, aumentado un 70% el gasto social al tiempo que reducíamos la deuda un 54%. Madrid ha vivido una modernización de la movilidad, poniéndonos en línea con las principales capitales de Europa (París, Londres, Berlín, Ámsterdam, Copenhague, Edimburgo…) y por fin la salud y la limpieza del aire son una prioridad para nuestro ayuntamiento. Hemos apostado por el reequilibrio territorial: por una parte reduciendo el IBI en los distritos más castigados por la crisis y por otra poniendo en marcha el  Fondo de Reequilibrio Territorial, que se distribuye proporcionalmente al índice de vulnerabilidad de los 21 distritos y los ya 131 barrios de Madrid. Por primera vez el Ayuntamiento de Madrid ha adoptado la agenda feminista y la ecologista como propias poniendo a la institución a la altura de su ciudadanía.

En todos los ámbitos de la política municipal es innegable el giro copernicano tras tantos años de políticas conservadoras, injustas, inoperantes y antiguas. Me hubiera encantado hacer este cambio de la mano de todos los partidos que componen el Ayuntamiento pero desgraciadamente la oposición ha optado por el histrionismo, la exageración de las diferencias y el continuo tono apocalíptico que los hechos han desmentido una y otra vez. Frente al caos y el desastre anunciados continuamente, Madrid funciona, se moderniza y sus políticas sirven de ejemplo para muchas ciudades de Europa.

Cuando decidí presentarme a las elecciones de este domingo lo hice por dos motivos.

En primer lugar porque entiendo que nos queda mucha tarea por hacer. Girar un trasatlántico lleva su tiempo y más si en vez de la colaboración institucional que tanto habría beneficiado a los madrileños nos topamos, como ha sucedido, con un gobierno autonómico y central (cuando gobernaba el PP) utilizados como instrumentos de oposición al Ayuntamiento. Tengo el convencimiento de que en la próxima legislatura podemos tener a las tres administraciones en línea, colaborando y con el bienestar de las familias madrileñas como prioridad. En la próxima legislatura, sin duda, podremos avanzar mucho más en políticas de modernización, justicia y equilibrio y culminar muchos proyectos que tenemos empezados gracias a los cimientos puestos estos cuatro años.

En segundo lugar porque, como en 2015, las elecciones de este domingo se van a volver a decidir por muy pocos votos. Todas las encuestas coinciden en que nuestra gestión es muy bien valorada y que podemos ser la candidatura más votada. Pero también dicen que, de nuevo, muy pocos votos decidirán si el Ayuntamiento de Madrid sigue con un gobierno progresista que siga poniendo nuestra ciudad en la primera línea de las capitales europeas; o si vuelve a manos del PP y sus socios (Vox y Ciudadanos) que llevan toda la legislatura defendiendo un modelo de ciudad que recuerda más a la España de hace sesenta años, esa España triste y gris en la que el progreso se medía por el humo emitido y había que esconderse en la Casa de Campo para intentar ser libres.

Madrid se está jugando mucho en estas elecciones: los votos del domingo pueden mantenernos en el buen rumbo o devolvernos a unas políticas que hicieron mucho daño a Madrid y a las madrileñas y madrileños. Por eso os pido a todas las personas de Madrid que queráis que Madrid siga progresando, que siga avanzando como ciudad moderna, justa y habitable que vayáis todos y todas el 26 de mayo a votar la candidatura de Más Madrid. Nadie lo va a hacer por cada uno de vosotros, por cada una de vosotras. Nos estamos jugando el futuro y muy poquitos votos pueden inclinar la balanza.

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El Pedripol de hoy: Intromisión (24/05/2019)

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Una gran petición de perdón

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A pesar del ejercicio de responsabilidad que realizamos todos los que de una manera u otra estamos involucrados en asuntos europeos, lo cierto es que ya es imposible dejar de señalar lo que es un gran secreto a voces: Europa, la Unión Europea, se encuentra en una situación de extrema dificultad. Observen la siguiente frase: “Solía tener la sensación de que el continente estaba cada vez más unido. Sin embargo, durante los últimos diez años, cada vez me da más la impresión de que los europeos se están separando”. La frase no es, por supuesto, mía: es del actual presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, en una entrevista publicada en diciembre del año pasado en el diario El País. Cabe añadir que Juncker es un político que conoce bien el oficio y que no es dado precisamente a la grandilocuencia; antes, al contrario. La frase tiene si cabe más peso si tenemos en cuenta que se pronuncia en medio del lodazal político en el que se ha convertido la negociación de brexit.

La sensación que tengo es que el problema que tiene la UE no es meramente coyuntural, no es el fruto de ésta o aquella circunstancia política, ni de una determinada coyuntura económica, ni siquiera es el resultado del desgarro que el brexit y su compleja negociación está produciendo en el seno de la Unión. Creo que obedece a causas mucho más profundas, que están aquí para quedarse, al menos en el medio plazo, y que vienen de lejos, concretamente, desde que estalló la crisis económica de 2008, aunque probablemente su simiente se plantara algunos años antes, cuando se concibió la Unión Económica y Monetaria. En cualquier caso, las indicaciones de que la UE se encuentra en una situación de extrema dificultad, como señalaba al inicio de este artículo, son variadas. 

Para mí, la más clara de todas ellas es la relativa al indicador de confianza en las instituciones europeas. En efecto, de acuerdo con el Eurobarómetro Especial de junio de 2017 nº 461 (Designing Europe’s future: Trust in institutions Globalisation Support for the euro, opinions about free trade and solidarity), casi la mitad (el 46%) de los europeos no confían en la Unión Europea. “Casi la mitad de los europeos tienden a confiar en la UE”, reza el lema que encabeza esta sección del Eurobarómetro, en una muestra adicional de los bisoños intentos de las instituciones europeas por mostrar un panorama mucho más halagüeño y alentador del que realmente es en lo tocante al presente e incluso al futuro del proceso de integración europea. No me cansaré de repetirlo nunca: los que intentamos poner todos los dedos en todas las llagas que supuran en el proceso de construcción europea, no somos euroescépticos, sino todo lo contrario: nos importa Europa, nos importa el futuro de la UE, pero pensamos que le hacemos un flaco favor a este apasionante proyecto si no partimos de decir las cosas como son.

Vuelvo a la cuestión de la confianza. El último Eurobarómetro, el de noviembre de 2018, muestra que la tendencia marcada por el estudio anterior se afianza (y empeora) en la UE: ahora es un 48% el que no confía en la UE, frente a un 42% que sí que lo hace.  Ningún proyecto político puede funcionar cuando la mitad de la población de una determinada polis desconfía abiertamente y de manera permanente de las instituciones de dicha estructura política. Estamos ante un problema de la mayor gravedad, que hay que intentar remediar cuanto antes y sin perder un minuto. La Unión Europea tendrá futuro solamente si la gente vuelve a confiar en sus instituciones. Cierto, me dirán, el mismo problema existe en el ámbito nacional, y ambos (el nivel europeo y el nacional) están estrictamente conectados. Y no seré yo quien niegue esta conexión, pero déjenme centrarme por un momento en la cuestión europea.

Bajo mi punto de vista, una de las causas de esta profunda desconfianza en el proceso de construcción europea se encuentra en la decepcionante gestión que realizó la UE de la crisis económica que estalló en 2008. Como decía antes, probablemente la semilla de ese error se plantó mucho antes, cuando se diseñó la UEM. Pero por no complicar excesivamente las cosas, vayamos al momento de la crisis económica y su gestión. Es evidente que, desde el primer momento en el que estalla la crisis, se genera una determinada narrativa en la que los países del norte y centro de Europa cargaron las tintas contra los países de la periferia comunitaria, específicamente contra los del sur. Me contaba una fuente periodística, que no estoy autorizado a citar, que después de una entrevista con Ángela Merkel, cuando entrevistador y entrevistada entraron en las más calmadas aguas del off-the-record, la canciller alemana empezó a dibujar un panorama dantesco de los españoles: vagos, siesteros, poco dados a mantener los compromisos, irresponsables, eso sí, España es un país maravilloso, donde pasar las vacaciones, estupendas playas y paisajes…estamos hablando de la canciller alemana, que es supuestamente la moderada del grupo de los halcones de la austeridad europea. Esa narrativa, esa narrativa de la culpa y la irresponsabilidad de unos y de la probidad y rectitud de otros, ha sido propagada entre bambalinas por algunos países europeos y secundada sin mayores contemplaciones por las instituciones europeas.

La fractura que esa narrativa produjo en su momento (y no solamente la narrativa, sino la correlativa gestión de la crisis, en donde Grecia se convirtió en un auténtico laboratorio de pruebas económicas de armas de destrucción masiva) tiene que empezar a cerrarse de inmediato si queremos que la UE tenga un futuro en el que más, mucho más de la mitad de sus ciudadanos, confíen en sus instituciones. 

¿Cómo hacerlo? La idea se origina en el seno de las propias instituciones que gestionaron la crisis económica: en julio de 2016, un informe de la Oficina Independiente de Evaluación del FMI señalaba, en un tono claro y hasta lacerante, todos los errores que había cometido el FMI en la gestión de la crisis, sobre todo de la crisis griega: “Muchos documentos fueron preparados fuera de los canales regulares establecidos; no se pudo ubicar documentación escrita sobre algunos asuntos sensibles” dice la OIE. Este documento ha sido asumido por algunos medios de comunicación como una admisión clara de culpabilidad: “El FMI pide perdón por la inmolación de Grecia”, decía el Daily Telegraph del 29 de julio de 2016. Más adelante, hace unos pocos meses, el propio presidente de la Comisión Europea pidió perdón ante el Parlamento Europeo por la desastrosa gestión de la crisis económica, sobre todo de la crisis griega. La forma en la que recoge El Diario esta información es también clara: Juncker pide perdón.

Sobre la base de este inicio de reflexión por parte de las instituciones europeas e internacionales sobre los errores cometidos a lo largo de la crisis, propongo la siguiente idea, como forma de empezar (de empezar: no es el punto final del trayecto) a recuperar la confianza entre las instituciones europeas y los ciudadanos europeos. La idea que propongo es la siguiente: que las instituciones europeas realicen una gran petición de perdón no solo por los errores cometidos, sino también por la narrativa y el lenguaje empleados durante la crisis, a los países que fueron rescatados, y en particular, a Grecia. Cuando me refiero a las instituciones europeas, me refiero, sobre todo, a los miembros de la troika: Comisión, BCE (el FMI no es una institución europea) y el presidente del Consejo Europeo en nombre de los Estados miembros, que son los que articularon los planes de rescate imponiendo MOUs (Memorandum of understanding) a los Estados miembros con condiciones exorbitantes.

Al mismo tiempo que esto ocurre, es cierto que algunos Estados miembros deberían pedir perdón por algunas conductas realizadas sobre todo antes de la crisis: me refiero a Grecia en particular y su propensión, digámoslo así, a disfrazar las cifras de déficit y de deuda. Probablemente haya otros países que también hayan realizado en el pasado actuaciones similares, y que, sin duda alguna, no necesito citar aquí. Todos ellos deberían pedir perdón por ese tipo de actuaciones.

Propongo, por lo tanto, que se produzca una GPP, una gran petición de perdón, de manera correlativa y sincronizada: por un lado, por parte de las instituciones europeas por la gestión de la crisis y la narrativa articulada durante la misma, y por otro lado, por parte de algunos Estados miembros por no haber estado a la altura de los compromisos contraídos en materia económica con la UE y con los otros Estados miembros en muchos momentos de la historia reciente del proceso de integración europeo.

Las peticiones de perdón se han convertido en un elemento consustancial a los procesos que se han venido a llamar de Justicia Transicional o Justicia Restaurativa. Como sabemos (vid. Rodríguez Montenegro, 2011, para una descripción de algunas aplicaciones de estas nuevas formas de entender la reparación), se han aplicado sistemas de JT o JR a procesos en los que había un componente fundamental de violencia, en el sentido físico del término. Nos es necesario adentrarnos por el momento en el debate de si la existencia de violencia es un priuso no lo es en este tipo de situaciones, y, en ese caso, de qué tipo de violencia estaríamos hablando (física, psicológica, etc). Tampoco es necesario adentrarnos de manera extensiva en la cuestión de la relación entre petición de perdón y restauración de la confianza. El caso es que lo que propongo es que, tomando inspiración en los conceptos y procesos de JT y JR, se articule una forma de perdón bidireccional, aunque con un mayor protagonismo en la solicitud de perdón por parte de las instituciones europeas, como forma de empezar a restaurar las heridas sufridas, y de esta manera, intentar sentar las bases para la recuperación de la confianza de los ciudadanos europeos hacia las instituciones comunitarias.

No se trata de adentrarnos en la forma específica en la que esta gran petición de perdón podría tener lugar; lo que me interesa es la idea antes que la forma concreta que ésta adopte. Pero se podría pensar, por ejemplo, en una escenificación que comportara un acto de contrición en el Parlamento Europeo, que es el recipiendario de la soberanía europea, en el que participaran los actores antes mencionados, la Comisión Europea, el BCE y el Consejo Europeo, representados, todos ellos, por sus presidentes. Como señala el estudio que he mencionado antes, los actos de perdón suelen llevar aparejados el establecimiento de Comisiones de la Verdad, en las que, como elemento restaurativo fundamental, al menos se esclarecen los hechos, lo que pasó. Sería interesante pensar en que ese gran acto de petición de perdón fuera simplemente el pistoletazo de salida de unas sesiones en el propio Parlamento Europeo en el que la verdad sobre lo acaecido durante la gestión de la crisis se pusiera de manifiesto de la manera más transparente posible. Perdón, pues, como antesala del re-establecimiento de la verdad, y como forma de recomponer las bases de un nuevo contrato de confianza entre los ciudadanos europeos y las instituciones de la Unión Europea.

Evidentemente, en ese gran acto de perdón, y en las sesiones posteriores, los Estados miembros tendrían una oportunidad inigualable para, ellos mismos, y de manera individual, pero en un marco conjunto, pidieran perdón y reconocieran sus errores a la hora de cumplir los compromisos adquiridos en materia económica.

Quiero llamar la atención sobre el carácter circular de este proceso. Sería importante que la doble petición de perdón, de la UE y de los Estados miembros, tuviera lugar en un marco conjunto y comunitario. Es decir, personalmente, desecharía las fórmulas de petición de perdón individualizadas, en las que la Unión Europea y los Estados miembros, independientemente los unos de los otros, pidieran perdón por los errores cometidos durante la crisis. El aspecto sincrónico de esta estructura sería el elemento clave, que haría que la doble petición de perdón alcanzara su auténtica dimensión de acto conjunto y colectivo.

Los resultados de los actos de petición de perdón, que van enlazados con Comisiones de la Verdad, son dispares, como el estudio previamente señalado indica. Sin embargo, los contextos en los que se han intentado han sido caracterizados por la fuerte presencia de violencia, en el sentido físico del término, y aun así, algunos de ellos al menos, han sido relativamente exitosos, como por ejemplo, el caso surafricano. La ventaja que tendría una petición de perdón en el contexto comunitario sería, por tanto, la ausencia de violencia. Si incluso en casos en los que con violencia las peticiones de perdón han sido relativamente eficaces para restaurar la confianza en las instituciones de un país y así poder mirar conjuntamente hacia el futuro, ¿por qué no deberían serlo en el ámbito comunitario, en donde es posible que se haya producido violencia en el sentido psicológico de la palabra, pero no en su sentido físico? 

La preocupación fundamental que se produce a modo de reacción cuando comento con decisores políticos comunitarios una idea de estas características es que pedir perdón pondría al desnudo la tremenda debilidad que padecen hoy en día las instituciones comunitarias. Sin embargo, siempre recuerdo a este respecto la frase de Mahatma Gandhi: “El débil nunca puede perdonar. El perdón es atributo del fuerte”. Creo sinceramente que este proceso, esta gran petición de perdón, haría mucho más fuertes a las instituciones europeas, y no solamente a ellas, sino al proyecto comunitario en su conjunto. No habría además grandes perdedores o ganadores en el proceso, puesto que no solamente las instituciones europeas pedirían perdón, sino también los Estados miembros, o al menos, algunos de ellos. Y tendría un elemento restaurativo y transicional fundamental: el acto se convertiría en un auténtico acto refundacional, una forma de volver a juramentarse, instituciones europeas, Estados miembros, y ciudadanos, en pro del futuro de la Unión Europea. En definitiva, solamente veo beneficios en relación con una propuesta de estas características, siendo los costes, de existir, muy menores. Sería más fácil volver a confiar en una organización que es capaz de admitir sus errores y que está dispuesta a repararlos con la verdad.

Jacques Derrida nos dice que el auténtico perdón es en relación con actos que son imperdonables; el resto no es perdón verdadero. No sé si la gestión de la crisis económica y la narrativa que se empleó durante ese período de tiempo en relación con algunos países comunitarios fue un acto, o un conjunto de actos, imperdonables o no. Pero lo que sí sé es que dejaron un reguero de cadáveres por el camino, en forma de desempleo, aumento de la desigualdad, bajo crecimiento y aumento de las tasas de abandono escolar en muchos países de la UE. Sobre todo, la gestión de la crisis y la narrativa empleada al efecto, hizo algo peor: generar desconfianza en las instituciones. Probablemente, desde un punto de vista político, la generación de desconfianza de manera generalizada es un acto imperdonable, no lo sé, quién sabe. En cualquier caso, merece la pena tomarse el problema en serio, y empezar a dar los pasos necesarios para que ese contrato de confianza que debe existir entre ciudadanos e instituciones europeas para que la UE funcione de manera legítima comience a restaurarse cuanto antes.

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Antonio Estella. Professor Jean Monnet “ad personam”. Derecho de la Gobernanza Económica Europea. Universidad Carlos III de Madrid.

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Los bolos de Rivera

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La última parada en la Gira Euskadi 2019 de Albert Rivera ha sido Ugao-Miraballes, pueblo vizcaíno de 4.000 habitantes. Como en bolos anteriores, las cifras de apoyo a Ciudadanos en esta localidad (37 votos en las últimas elecciones) descartan que el motivo de la visita haya sido el de intentar convencer a los vecinos para que voten naranja. No, cuando Rivera viaja por la Zona Especial Norte le mueven otras cosas. El patrón que explica los movimientos del líder de Ciudadanos coincide con el Trending Topic del momento. Ugao lo ha sido tangencialmente estos últimos días como meses atrás lo fue Alsasua.

En Ugao nació hace 68 años Josu Ternera, dirigente de ETA detenido la semana pasada en Francia. Y ese nacimiento hace siete décadas, aunque pueda sonar un tanto absurdo, ha sido el motivo final que ha llevado a Rivera a plantarse allí, con un autobús lleno de periodistas y otro de ertzaintzas. La película de estos bolos la conocemos: visita anunciada a bombo y platillo, vecinos que se congregan para demostrar su rechazo ante la visita y Rivera, escoltado por un amplio dispositivo policial, recibiendo insultos que quedan convenientemente detallados en prensa bajo el titular “Radicales boicotean acto de Rivera en Pueblo Radical X”. Hoy, los vecinos, han intentado cambiar el guión. Sin éxito.

Al llegar al pueblo, la comitiva naranja se ha encontrado con un par de centenares de vecinos de espaldas y en absoluto silencio, rompiendo así el pacto tácito Rivera-Pueblo Radical X consistente en que el uno visita el lugar donde no es bienvenido y el otro demuestra que, efectivamente, no era bienvenido. Hoy, a falta de palabras, lo decía una pancarta: “No sois bienvenidos. Así, no”. Con el incómodo silencio apoderándose de la plaza del pueblo (el silencio es incómodo cuando uno ha ido allí a otra cosa), Rivera ha intentado reconducir la situación alzando la voz hacia los congregados que escenificaban pasar de él. “¡Egun on!” El saludo con ánimo provocador de Rivera se ha encontrado con –¿escuchan eso?– el silencio. Un segundo intento, “¡Egun on!¡Buenos días!”, consiguió sofocar algo el incómodo ambiente, generándose al fin un par de insultos por parte de algún vecino: “Fuera de aquí, fascista, provocador”. Todo en orden.

Tras el paseíllo, Rivera ha rendido homenaje a las 11 víctimas provocadas por el atentado contra una casa cuartel de la Guardia Civil en 1987. “Si en este pueblo se homenajea al asesino, nosotros hemos venido aquí a homenajear a las víctimas”, explicaba Rivera mientras sonaba una sirena que pretendía incomodar a la comitiva. “El pueblo de Josu Ternera boicotea el acto de Rivera en homenaje a las víctimas”, se ha titulado la película de hoy. 

El homenaje a las víctimas es absolutamente respetable y aplaudible. Quienes defendemos los derechos humanos y nos duelen las víctimas de norte a sur, lo tenemos claro. El homenaje, eso sí, ha sido sospechosamente sobreactuado siendo el protagonista precisamente un Rivera que ha demostrado actuar de un modo justamente opuesto en otros lugares y con otras víctimas. Es difícil olvidar aquella semana en la que los líderes de derechas, empeñados en la foto antiinmigración, se aglomeraron en torno a las vallas de Ceuta y Melilla. Rivera eligió El Tarajal. No era cualquier sitio. Allí, no en 1987 sino poco tiempo antes, 15 personas morían ahogadas mientras, tratando de llegar a nado a la costa, recibían disparos por parte de la Guardia Civil. Desde el lugar del terror (a algunos les sorprenderá, pero morir ahogado mientras te disparan se llama terror), Rivera no tuvo ni una sola palabra de homenaje para aquellas víctimas que hicieron famosa aquella playa de Ceuta. Sí que tuvo su momento selfie con los representantes del cuerpo implicado en un suceso que se intentó tapar y manipular y que, finalmente, se cerró sin que nadie asumiera responsabilidad alguna por aquellas muertes.

El de Rivera es el tipo de comportamiento que, a quienes nos duele lo mismo una víctima de ETA que una que se ahoga mientras le disparan, nos hace desconfiar de estos bolos. Genera desconfianza quien siempre llora ante las cámaras y exclusivamente por un tipo muy específico de víctima. Rivera seguirá haciendo sus bolos aunque generen crispación en una tierra que trata de cerrar heridas. La crispación genera votos a cientos de kilómetros del epicentro. Unas veces, como esta, lo hará en nombre de las víctimas. Otras en nombre de la libertad. Así es como Rivera llama a poder ir a cualquier lugar de la Península sin ser insultado por unos vecinos que llevan toda una vida siendo insultados por quienes llaman radical o terrorista a todo el que no entre en el traje de la España uniforme. Para conocer la siguiente parada de Rivera, permanezcan atentos a la lista de tendencias del momento.

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Separación efectiva de no-poderes

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EN EL DÍA DE AYER. Ayer, por una avería en el repetidor de Prado del Rey, Madrid, no pudimos emitir la crónica. En contrapartida, hemos contratado a un ebanista para que escriba este primer párrafo, con un resumen detallado de lo ocurrido en la Sala hasta hoy. Poco. Como en una relación de pareja terminal, lo importante ya sucede fuera. Empezaron las periciales. Antes de empezar, una defensa montó pollo. Alegó indefensión. Momento dramático, al punto que el Tribunal se retiró 10 minutos a meditar, tiempo suficiente para meditar darle 12 points a Chipre. Al cabo volvió y dijo que, tal día como hoy, hará un año. “Tiene toda la razón –me dice Jordi Nieva, y lo que dice Nieva va a misa–”. Vamos, que todo fue una confusión de una defensa con el gatillo fácil. Sobre las periciales. Los peritos comparecen en una mesa larga, angular. Y lo hacen en grupo, de manera que parecen niños/as de Dickens en el hospicio. Por lo demás, diría, no aportan claridad, o una claridad determinante. Ayer, cuatro peritas dibujaron, para dibujar la malversación, una teoría del gasto tan estricta que, cuando se entere Amazon –es gasto pensar en gasto; por extensión, abrir amazon.com– se pondrá las botas. Hoy, cuatro peritos –uno de ellos, de cabello oscuro; debe ser el famoso Perito Moreno–, tampoco han aportado mucho. Los peritos, por el tercio Fiscalía, que hubo un gasto inaudito al ceder locales públicos al 1-O –casi 1M€; según esa lógica, bastaría ceder los coles los findes a Airbnb para salir del hoyo y colarnos en el G7, zona VIP pulserita all-included–, y los de la defensa, que no. Aún se ha colado, en la sesión, algún testimonio rezagado de la defensa. Básicamente han venido a exculpar al Govern –y con él, a Santi Vila; Santi Vila aparece tan poco en este juicio que, si esto fuera Apocalypse Now, sería Brando– de cualquier gasto indebido. Por lo demás, ayer Frodo nos comunicó que nos deja. Se ha buscado, harto de pasar hambre, un trabajo con futuro. Es el número 15 de la llista de Puigde. Dice que, con la campaña gratis que montaron C’s, PP y la JEC, entra, fijo. Aspira, de hecho, a ser comisario europeo. “Jodo, y nosotros que nos lo queríamos comer. ¿Cree que los patos tienen, glups, memoria?”. Espero que tengan la de los peces, o este nos echa de la zona euro, Pi. “Cuac”.

LO IMPORTANTE. Lo importante –trascendente, incluso– sucede en otra parte. Concretamente, en cuatro partes. En el TS, en Fiscalía, en la Mesa del Congreso, y en la del Senado. Son cuatro partes en interacción. La interacción responde a que ninguna de esas partes quiere ser el sujeto que suspenda a los dipus acusados. Por dos razones. La primera, y más importante, es que, siendo legal –o, al menos, posible– resulta poco edificante. A su vez, por varias razones. Las dos menos sexys: se invoca desde el TS, para ello, un artículo de cuando ETA, de dudosa constitucionalidad, y de más que dudosa pertinencia y elegancia. Sobre posibles razones sexys, no encuentro ninguna. Quien asuma ese argumentario y proceda a pelarse dipus con toda esta alegría, tiene muchos números para involucrarse en algo estéticamente peligroso. Como alterar la composición de dos Cámaras. Lo que, con el tiempo, puede ser la razón del éxito político o profesional de los implicados en la toma de la decisión, si bien también puede serlo de su fracaso y mal olor –este país está por hacer; imaginen que se hace bien; paren; si se ríen, no puedo continuar escribiendo–. La segunda razón, como recuerda Moreno-Yagüe, es el artículo 501 del Código Penal que, a pesar de tener nombre de brandy, es taxativo: “La autoridad judicial que inculpare o procesare a un miembro de las Cortes Generales sin los requisitos establecidos por la legislación vigente, será castigada con la pena de inhabilitación especial para empleo y cargo público”.

LA PARTIDA. En todo caso, está pasando algo. Algo que, en general, yo nunca había visto por aquí abajo. Poderes –no territoriales, vamos– enfrentados. Es decir, separación de poderes. O algo muy opuesto, pero por lo mismo parecido: separación de poderes que no quieren tener el poder –de alterar una cámara–. Pero para el caso, y con tanta hambre atrasada de separación de poderes, viene a ser lo mismo. Recordemos lo que hubiera pasado en otros momentos anteriores a la revolución de marcos del 15M, tan, snif, lejana. Hubiera habido un problema, el Ejecutivo se hubiera posicionado, el Legislativo hubiera tenido un posicionamiento cercano al Ejecutivo. Al resultado se le hubiera llamado ley y democracia. El complejo industrial-armamentístico de medios hubiera informado, desde la ley y la democracia, para situar fuera de la ley y de la democracia a los divergentes. Y eso no está pasando. O no con esa comodidad. Veamos qué está pasando. Hay un enfrentamiento TS-Congreso/Senado. El TS exige a las cámaras que procedan a la suspensión. El Senado come un poco aparte. Su reglamento exige que la supresión se vote en pleno, por lo que tiene calendario propio, que ya les explicaré. Ayer, la presi del Congreso pidió al TS que se estire y explique más. Hoy el TS le ha explicado que ya se explicó en su día –en efecto, el TS se está estirando menos que el portero de un futbolín–. Alega que la CE le impide emitir el informe sugerido. Sí, el TS puede pedir al TC que se sume a la fiesta y fije la cosa. Pero no lo hará. Un poder nunca invita a nadie a que le limite. La Mesa no puede hacerlo, pero puede pedirlo el Pleno. Y parece como que no, si bien sería divertido ver cómo el TC se suma a la separación de no-poderes, o se tira el tiro de gracia. Hoy se ha reunido la Mesa por primera vez. Por mayoría PSOE-Ps, se ha establecido pedir un dictamen a los letrados. La Mesa, subsector PSOE-P´s, parece entender que este es un problema estrictamente judicial, adornado por el yuyu del artículo 384bis, y parece intuir que el artículo 21 de su Reglamento da más para un suplicatorio que para una supresión. Gloria Elizo, de P’s, ha sugerido incluso volver a pedir aclaraciones al TS otra vez. Mañana se vuelve a reunir la mesa. La Mesa, a su vez, tiene un enfrentamiento con Fiscalía. Y, por su parte, C’s y PP comparten el criterio de Fiscalía.

OTRO ENFRENTAMIENTO. Fiscalía es partidaria de la supresión automática. Es decir, de lo habitual hace tan pocos años: una interpretación de la ley reduccionista, idealista y vinculada a un Ejecutivo, que ahora no es Ejecutivo, por cierto. Es la cultura, vamos, que nos ha llevado a este juicio. En ese sentido, es una cultura que no contempla la separación de poderes. Es decir, de que las Cámaras no tengan autonomía, o de que defenderla sea terrorismo –cuidadín: esa es la poética de PP-C’s; da miedo, eh–. Eso enfrenta a Fiscalía con el TS, que no quiere ir al TEDH, sino que quiere que la Mesa se lo monte, a partir de una idea menos restrictiva de su autonomía que la que tiene Fiscalía. Es curioso, pero la visión de la ley para el pack PP-C’s –y supongo que Vox–, es la misma que para el procesismo. La ley es sagrada y, por lo mismo, una interpretación gubernamental. Las asperezas democráticas que eso puede generar se solucionan con sobre-representación del representado. Por un Ejecutivo y un Legislativo en contacto continuo con el pueblo a través de la bandera. A todo ese compendio se le llama democracia-que-tira-de-espaldas. El procesismo es, en fin, un corpus de dinámicas culturales y políticas que posibilitan revoluciones democráticas como la protagonizada hoy por Rivera en el pueblo de Ternera, pero con otra bandera. Glups.

MINUTO Y RESULTADO. Este enfrentamiento entre no-poderes, ridículo en otra cultura, es aquí lo más. Posibilita el envejecimiento precoz de esa cultura judicial-democrática-parlamentaria-mediática unánime y sin separaciones, que posibilitó, por cierto, el 384bis. O, al menos, posibilita verla en su esplendor gagá. La cosa se arrastrará hasta después del 26M. Veremos si después la Mesa planta batalla de verdad, o se raja. Sería una batalla democrática. Y no muy larga. Se trata de separarse del Judicial, y llegar al final del juicio –sobre el 12J– y, si se puede, hasta la sentencia –julio y otoño; sería muy difícil llegar a otoño–. PP y C’s ya han avisado que le harán a Batet la del pulpo. O peor, la del Huawei. Incluso es posible que vayan a su pueblo con lacitos amarillos, o lo que sea que lleven los fachas esp. Es decir, se la expulsará de la ley y de la democracia, como hace siglos. Es decir, poco años. Y, ¿quién sabe?, igual esto repercute en una separación de poderes sexy, efectiva y alejada de la cultura gubernamental. Esta semana, al menos, ha pasado, zas, unas horas. Si se siguen riendo, yo así no trabajo.

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