Giro a la derecha y guiños al sector más duro: la España que quiere Pablo Casado

“Yo soy el candidato que menos gusta a Ciudadanos y a la izquierda”. Pablo Casado se ha definido en su último mes de ruta por España de muchas maneras. Esta ha sido una de las más repetidas. Casado ha pretendido construirse como la imagen de regeneración del partido. Y le ha funcionado: es el nuevo presidente del PP, vencedor del Congreso para elegir el sucesor de Mariano Rajoy.

Su “renovación de ideas” se basa, según él mismo ha defendido, en el rechazo a la ley del aborto, a la memoria histórica, a la eutanasia y a las “leyes de género”.

En una campaña repleta de consignas y sin apenas debate ideológico, Casado ha sido el aspirante que más ha dibujado su idea de España. Su último discurso, justo antes de que se votase, no dejó dudas: “Quiero liderar la España de los balcones y de las banderas”. También prometió “recuperar Tabarnia”. Lo dijo antes de arremeter contra “Pedro Sánchez, los populistas y los podemitas”, y la ley de la eutanasia que anuncia el Gobierno.

No era ni mucho menos la primera vez. En una de sus primeras entrevistas,  en esRadio, la resumió: “Voy a defender un partido en el que pueda volver José Ortega Lara. El PP vasco es nuestro tuétano, con 30 caídos por España, en términos militares. Yo creo que ese partido es recuperable porque la gente lo está deseando”.

La cara más nueva del partido ha reivindicado todo lo viejo. Refundar el PP sobre esas bases, ese es su lema. En la mochila sucesivas apelaciones a la patria y a todos los mantras que ansía el sector más a la derecha del PP. “Reconciliarse con la historia del partido” y hacerlo “sin complejos”.

Esta declaración de intenciones le ha valido el título de candidato del “aznarismo”, lanzado como un dardo por su contricante eliminada en primera vuelta María Dolores de Cospedal. Casado es partidario, según sus propias palabras, de “echar hacia atrás” la herencia de los gobiernos socialistas para evitar que “la sociedad se vaya radicalizando hacia la izquierda”.

Estas son algunas de las ideas que ha desgajado durante la campaña. 

Memoria histórica

Pablo Casado se ha mostrado públicamente a favor de revertir algunas de las leyes de la etapa de José Luis Rodríguez Zapatero, expresidente con el que ha comparado recurrentemente a Pedro Sánchez. Una de las normas que no le convencen es la ley de memoria histórica. “¿Por qué cuando llega la izquierda pueden legislar a nivel moral (el aborto, la memoria histórica, la eutanasia, leyes de género) y luego llega la derecha con mayoría absoluta y no puede retrotraerlo?”, se preguntaba en una entrevista el candidato. 

Casado ha repetido que no “gastaría un euro para desenterrar a Franco” y que la exhumación de fosas franquistas es un “monotema”. El que fue jefe de gabinete de la fundación FAES, acompañante del expresidente Aznar a sus reuniones con líderes internacionales después de dejar el Gobierno, considera “absurdo que esté hablando de lo que pasó en España hace 80 años”. A su juicio, además, eso “se utiliza para dividir a los españoles”. “La ley de memoria histórica no aporta nada al futuro”, ha dicho en diferentes intervenciones públicas con militantes y compromisarios. 

Contra el aborto y la eutanasia

Esas soflamas contra las leyes más progresistas no son nuevas. Casado ya había dado pistas en una entrevista en 2015, en una entrevista en La Sexta, que “el aborto no es un derecho”. Hoy se mantiene en la misma posición. “Que miren lo que dije en 2015”, recordó en esRadio al ser preguntado por la iniciativa socialista para legalizar la eutanasia. “No queremos que Pedro Sánchez haga lo mismo que hizo Zapatero con la ley del aborto. Estamos a favor de la vida”.

El candidato apoyado por el lobby de ultraderecha HazteOir interrumpió la campaña para poder acudir al pleno del Congreso a votar en contra del proyecto de ley del Gobierno. Para el Casado, Sánchez está resucitando “la brecha en la moralidad de los españoles”. Por eso, justifica, hay que “apartarse de ese camino de servidumbre e ir a una sociedad abierta”. 

Combatir la “ideología de género”

El vicesecretario del PP también ha llamado a “combatir la ideología de género” porque “compartimenta la sociedad”. “Yo no estoy en contra en que de forma sectorial haya un impulso contra la violencia de género, sino de que nos dividan en base a nuestras propias características”, defendió en la segunda entrevista con Federico Jiménez Losantos en campaña

En el estudio de radio aludió al feminismo como lo hacen los sectores ultracatólicos y definió a los movimientos sociales como agentes de alienación y propaganda. Su opinión sobre el 15M es que es los jóvenes “protestaban porque no iban a tener esa segunda residencia que tenían sus padres”

“Libre elección” 

El vicesecretario de Comunicación nombrado por Rajoy no entiende por qué una “ley educativa correcta”, como la Lomce, se ha querido paralizar. “Es una ley que sencillamente decía que el español se estudia en toda España, que los profesores se eligen en toda España, que no hay endogamia”, resume el candidato, contrario al pacto educativo que finalmente fracasó en el Congreso.

“¿Por qué cuando gobierna la derecha hay que llegar a pactos y cuando gobierna la izquierda se pasan a rodillo?”, se pregunta. De caravana por los pueblos ha asegurado que quiere “huir” de “los palos en las ruedas” que les ha puesto “una minoría parlamentaria” (Ciudadanos).

También le molesta que un “burócrata” le “diga” qué hospital le toca o qué colegio. “Yo quiero la libertad de elección”, ha manifestado. En este sentido, el candidato ha criticado la intención del Gobierno del PSOE de modificar la Lomce para quitar peso a la escuela concertada. “Yo me comprometo a enfrentarme contra el anuncio del PSOE de atacar la escuela concertada y la libertad de los padres”, dijo en un acto con compromisarios en Galicia. 

En lo económico, Casado defiende medidas tradicionalmente liberales, como la bajada de impuestos y del IRPF, suprimir los impuestos de sucesiones, donaciones y patrimonio, y desgravaciones por innovación y emprendimiento. 

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Ilegalizar partidos independentistas y un 155 más duro 

La palabra España ha estado en la boca de todos los candidatos durante la campaña. En el eje de todos los discursos. Casado quiere hacer del PP un partido monolítico, no un reino de “taifas”. “Que sepan lo que pensamos de inmigración de Vigo a Tarifa y de eutanasia desde Cáceres a Alicante”, sostiene. Está en contra, además, de la reforma constitucional. Si se hace, en todo caso, que sea para “fortalecer la nación”. “El estado autonómico, que respeto, no puede suponer una centrifugación nacional”, dijo en esRadio. 

El candidato habría aplicado el 155 de manera distinta al Gobierno de Rajoy: “Antes y de forma más extensa, sin esperar a Ciudadanos y al PSOE”. “Ahora estamos en la oposición y esta gente [en referencia a los nacionalistas] catalanes está pactando a cambio de la moción de censura”. Casado se ha dedicado a enmendar abiertamente la gestión de Rajoy en Catalunya y ha utilizado ese filón para atacar a Sáenz de Santamaría. “Si hubiéramos levantado la bandera que la sociedad esperaba… Los catalanes quieren escuchar que va a haber un Gobierno que ponga pie en pared”, ha reiterado en varias intervenciones. 

El candidato más joven de todos los que se presentan también es partidario del recurso previo de inconstitucionalidad y de tipificar como delito la sedición impropia y la convocatoria de referéndum ilegal. En los últimos días de campaña, donde se ha afanado por contentar al sector más conservador del partido, ha propuesto la ilegalización de los partidos independentistas e incluso suspender el espacio Schengen que permite la libertad de circulación entre 26 países. 

Promesas contra la corrupción

Casado es el único de los candidatos que ha anunciado que, si llega a la presidencia, tomará nuevas medidas contra la corrupción. Pero nunca ha concretado cuáles. Solo se ha comprometido a “establecer los mecanismos de control y de alerta temprana” que sean “necesarios”.

Admite que en el PP ha habido corruptos y se reivindica como un hombre de partido que “bajaba a dar las ruedas de prensa cuando había casos de corrupción de gente que ni siquiera había visto en mi vida”. “Tengo la legitimidad de haber defendido este partido siempre”, zanjó al ser tachado de joven e inexperto por María Dolores de Cospedal. El jueves sentó a su mesa a siete ministros del Gobierno de Aznar. Ahora aspira a presidir su propio Consejo de Ministros.

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Pablo Casado, nuevo presidente del PP

Pablo Casado es el nuevo presidente del Partido Popular. Su candidatura ha conquistado el apoyo de la mayoría de los 3.082 compromisarios del Congreso del PP celebrado este fin de semana en Madrid. Casado no fue la candidatura más votada en la primera vuelta de las primarias, en la que los militantes dieron la victoria por la mínima a la candidatura de Sáenz de Santamaría. Para esta segunda vuelta, Casado ha recibido el apoyo de María Dolores de Cospedal y el resto de candidatos que no accedieron a la ronda definitiva.

Pablo Casado ha defendido este sábado un giro a la derecha en el PP, en su último discurso antes de las votaciones. Se ha presentado ante el congreso del partido como el único capaz de “liderar la España de los balcones y las banderas” frente al desafío independentista catalán. “Hay que recuperar Tabarnia”, ha añadido, haciendo mención a la Catalunya constitucionalista. Además, ha manifestado su rechazo al derecho del aborto y a la eutanasia y ha criticado la “ideología de género”, término que suelen utilizar quienes tratan de desacreditar al feminismo. También ha hablado de “un partido sin complejos” que defienda la “unidad de España” y la familia. 

Casado y Santamaría no han logrado evitar que el partido llegue a la votación en medio de un cisma, como pretendía cada vez con menos fe un sector del partido. Al cierre de la sesión del congreso de este viernes, miembros de ambas candidaturas reconocían a eldiario.es que la noche y la mañana serían intensas porque iban a tratar de convencer a los delegados hasta el último minuto. Casado ha prometido que integrará en su dirección a todas las personas del equipo de Santamaría que quieran hacerlo.

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Casado a Santamaría: “Vamos a ser capaces de trabajar juntos”

Pablo Casado ha defendido este sábado la “legitimidad” del sistema a dos vueltas de las primarias, para contrarrestar la defensa que había hecho previamente su rival Soraya Sáenz de Santamaría de la “legitimidad” que le habían dado los afiliados al ser la más votada en la votación del día 5. “Yo defiendo a todos los compromisarios igual que defiendo a los diputados, que después de ser elegidos eligen al presidente. Yo defiendo a los compromisarios que votaron sabiendo que era una selección previa sabiendo que luego tenían que decidir en el congreso”. Por todo ello, el vicesecretario ha defendido la independencia de los delegados a los que ha dicho que no ha llamado para pedir el voto. 

Casado ha comenzado su intervención ante el plenario del XIX Congreso del PP defendiendo el Gobierno de Mariano Rajoy. Se ha manifestado “tremendamente honrado” de haber sido el portavoz del expresidente como vicesecretario de Comunicación del PP. “Hiciste lo mejor para España”. A diferencia de Santamaría, que no ha dedicado ni una sola palabra de apoyo a la secretaria general saliente, Casado también le ha dado las gracias a Cospedal, “por ser quien ha dado la cara en las peores circunstancias del partido”. 

A Santamaría, a la que ha dedicado diferentes dardos en las últimas semanas, le ha dado las gracias por la “campaña limpia” que según él han realizado desde la apertura de las primarias. “Si hemos sido capaces de trabajar conjuntamente cinco candidatos tras la votación del día 5, cómo no vamos a ser capaces de trabajar juntos dentro de tres horas”, ha asegurado, para defender la integración una vez se conozca el nombre del nuevo presidente del PP.

Casado ha defendido un “cambio de etapa” en el partido. “La renovación es contar con todos pero también para abrir puertas y ventanas, para decir a todo el mundo que lo que hemos hecho mereció la pena”, ha añadido. “Lo que yo ofrezco es un proyecto de unidad”. “Aquí cabe todo lo que está a la derecha del PSOE”, ha añadido el vicesecretario.

También se ha mostrado “orgulloso” de Manuel Fraga, José María Aznar y Mariano Rajoy. “Han hecho mucho por España”. A su juicio, “no puede aspirar a liderar el PP alguien que no está orgulloso de su pasado”. 

Casado dice que se presenta para recuperar los votos perdidos por el PP: “No nos valen 8 millones de votos que tenemos porque con eso los socialistas, batasunos y podemitas nos han desalojado y no nos valen los cinco que nos dan las encuestas”, ha considerado. Y tras hablar de recuperar votos, el vicesecretario ha hablado de renovación en el PP: “Vamos a volver a hacer aquello que no nos dejaron o no nos ha dado tiempo a hacer y recuperar el espacio que nos han quitado”. 

A pesar de sus declaraciones en contra del derecho al aborto, Casado se ha presentado como defensor de las mujeres, e incluso del colectivo LGTB. Y eso que ha vuelto a hablar de “ideología de género”, término que suele utilizarse por quienes tratan de desacreditar el feminismo. “Que el género no sea un mérito, un plus ni un hándicap”, ha dicho, después de que su rival en las primarias haya defendido su condición de mujer durante la campaña. “Porque somos el partido de la libertad”, ha dicho.

“Somos el partido de la vida y de la familia. Y eso no es de derechas ni de izquierdas. No hay nada más progresista que defender la vida”, ha remachado.

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Santamaría: “Yo no estaría aquí si no fuera la más votada. Estaría en tu lista, Pablo, si me lo hubieras pedido”

Soraya Sáenz de Santamaría ha defendido este sábado su candidatura a presidir el PP ante el XIX Congreso del partido poco antes de que los 3.082 compromisarios voten entre ella y su rival Pablo Casado. La exvicepresidenta ha señalado que el “principal valor” del PP “es la unidad”. Por eso ha abogado por la integración. “Yo no estaría aquí si no fuera la más votada. Estaría en tu lista, Pablo, si me lo hubieras pedido”, ha zanjado.

Como ha hecho durante toda la campaña de las primarias, la exvicepresidenta se ha presentado como la candidata de los afiliados, dado que fue la más votada en la primera vuelta del proceso, el día 5. 

“Este partido está a la altura de sus afiliados”, ha asegurado Santamaría. “Los afiliados han hablado y me hicieron ganar las elecciones, y me han traído aquí como la más votada por nuestras bases”, ha recordado. “Me han votado para ganar no solo este congreso sino todas elecciones que tenemos por delante”, ha añadido, para hacer mención a los comicios que se avecinan: los andaluces, los municipales y autonómicos y los europeos. “Me han elegido para ganarle al PSOE y a Pedro Sánchez, pero para derrotar también a los populistas y a los que quieren romper España”.

“Soy Soraya, la del PP, y mi partido es el PP”, ha defendido, tras recalcar que su campaña ha sido “en positivo”. “Nunca veo a ningún compañero como un adversario. Mis adversarios han sido siempre los mismos que los de Pablo”, ha dicho, en alusión a Casado. “Son los socialistas, los populistas y los independentistas”. “No he hecho campaña en contra de nadie, he hecho una campaña a favor del PP”, ha recalcado.

Santamaría ha hecho un repaso de todas las mujeres que han ocupado cargos de responsabilidad en las filas populares y en las instituciones. No ha citado, en cambio, ni a la expresidenta madrileña Esperanza Aguirre, ni a la exsecretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, con la que mantiene una conocida enemistad. 

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Santamaría o Casado: 3.082 compromisarios deciden el futuro de un PP en guerra

El PP es unidad y certidumbre. De eso había presumido Mariano Rajoy en cientos de discursos durante los últimos 14 años que pasó al frente del partido. El líder acostumbraba a confrontar esas cualidades a la histórica división de la izquierda que veía siempre “en el lío”, como le gustaba repetir. Este viernes leyó su último papel como presidente y dejó a su organización sumida en el caos de no saber qué será este sábado el PP. Su despedida ha puesto también fin al partido unido del que presumieron sus dirigentes prácticamente desde su creación, en 1989 y deja a un PP abierto en dos mitades, la que apoya a Soraya Sáenz de Santamaría y la otra, la de los que respaldan a Pablo Casado. Una situación inédita en una organización acostumbrada a los dedazos, desde Fraga a Aznar, pasando por los candidatos autonómicos y municipales.

El partido contiene la respiración a la espera de que 3.082 compromisarios sin ninguna atadura derivada de lo que votó la militancia en la primera vuelta el pasado 5 de julio lo decidan todo: el nombre del líder, el giro a la derecha y quién sabe si la refundación del partido.

En el hotel de las afueras de Madrid donde se celebra la convención las dos candidaturas estirarán la encarnizada lucha por cada delegado hasta muy entrada la madrugada. Los aspirantes han cenado con compromisarios, en un último intento de lograr adhesiones de los indecisos. Y los equipos esperan una larga noche de llamadas y ofrecimientos. Que nadie sabe nada lo evidencia la guerra de propaganda de la última semana: las dos listas han presumido de tener el apoyo del 60% de los delegados.  

Casado y Santamaría no han logrado evitar que el partido llegue a la votación en medio de un cisma, como pretendía cada vez con menos fe un sector del partido. Al cierre de la sesión del congreso de este viernes, miembros de ambas candidaturas reconocían a eldiario.es que la noche sería intensa porque iban a tratar de convencer a los delegados hasta el último minuto. Raro, si se tiene en cuenta que ambas listas alardean de tenerlo todo atado. De lo que nadie tenía pensado hablar es de una posible integración que tanto Santamaría como Casado han prometido –si bien una la ha ofrecido para antes de la votación y, el otro, para después–. 

“No hay ninguna opción”, aseguraba una de las colaboradoras del secretario de Comunicación. “Hemos llegado hasta aquí y queremos jugar el partido hasta el final. Después [de la votación] estamos abiertos a que haya una integración total”, insistía. También descartaba cualquier posibilidad de acuerdo uno de los miembros de la lista de Santamaría: “Ella lo va a intentar hasta el último momento, pero Pablo se ha negado”, apuntaba.

Un resultado “muy ajustado”

Que todo “está muy ajustado” lo admite en privado la fontanería de los dos aspirantes. En las decisiones de los compromisarios pesarán los últimos coletazos de la guerra sucia que han mantenido los populares que apoyan a los distintos candidatos hasta el último minuto de la pugna. Algunos de los incondicionales de Santamaría, como la exvicepresidenta del Congreso de los Diputados, Celia Villalobos, calentaban el ambiente previo a la votación acusando a Casado de estar respaldado por la extrema derecha.

Y desde la candidatura de este difundían, justo cuando la presidenta del Congreso, Ana Pastor, homenajeaba desde el atril a Rajoy,  un comunicado de la asociación Dignidad y Justicia en el que se decía que “Soraya favoreció la salida del terrorista Bolinaga con toda la oposición de víctimas y contra la legalidad vigente” o que “nunca se preocupó en sus casi siete años de gobierno de resolver los crímenes de ETA”. Fue el colofón a mes y medio de pelea encarnizada. Un dirigente del PP utilizando a ETA contra otra. 

La integración

En sus últimas declaraciones públicas, tanto Santamaría como Casado aseguraban tener buenas vibraciones y, a pesar de prometer integración, se lanzaban dardos cada vez más envenenados. “Espero que esta noche todos, especialmente Pablo, hagamos análisis de las clases de grandeza que hemos visto hoy de quienes nos han precedido en el uso de la palabra”, aseguraba Santamaría, que piensa “trabajar por la unidad” hasta el final. 

“Espero que Soraya y su equipo se integren, por eso quiero dejar huecos en el organigrama, quiero contar con los mejores y ellos son de los mejores”, sostenía el vicesecretario. 

El procedimiento -además de la batalla sin cuartel de la última semana- complica las fórmulas para la integración. A primera hora de este sábado, los candidatos deben presentar sendas listas cerradas para el Comité Ejecutivo Nacional –con 35 nombres, entre ellos el del secretario o secretaria general, aunque no es obligatorio precisar quién será– y para la Junta Directiva Nacional –con 30 nombres–. Desde el equipo de Casado insisten en que, después, se podrá integrar a miembros de la candidatura de Sáenz de Santamaría en “el organigrama”. Por parte del entorno de la exvicepresidenta, también se muestran dispuestos a hacerlo, aunque creen que lo más adecuado sería pactarlo antes, para que, por ejemplo, Casado pueda ser el secretario general de Santamaría. 

Si los delegados del congreso esperaban algún tipo de directriz de Rajoy, la figura que ha unido a prácticamente todo el partido los últimos 14 años hasta su salida, este viernes habrán salido defraudados de la primera jornada del cónclave. Porque el expresidente ha mantenido una absoluta neutralidad durante los 51 minutos de su discurso y hasta el último punto. “Queridos amigos, me aparto, pero no me voy. No podría, he dejado más de media vida en este partido. Estaré lejos de los focos y de la primera línea. Y, desde luego, seré leal”, decía ya el exlíder, marcando toda la distancia posible con su predecesor, José María Aznar, habitual azote de sus políticas, tras su desvinculación de los populares. 

Rajoy como nexo de unión

Rajoy no hizo ninguna mención expresa ni a Casado ni a Santamaría, aunque su firme defensa de la gestión que hizo su Ejecutivo de la crisis catalana se podía interpretar como un apoyo al trabajo de la exvicepresidenta, encargada de la política territorial en sus ejecutivos. “No era fácil, pero supimos arbitrar fórmulas para hacerlo, y se hizo. Y se hizo bien como reflejan los hechos”, decía el expresidente. 

Este viernes, él ha sido el único nexo de unión entre los dos candidatos, que solo han coincidido en alabar su discurso. “Se va como siempre ha estado, como un caballero, sin interferir, sin dar ninguna indicación y dejando muy alto ese legado que tanto tiempo he defendido como portavoz y que espero que a partir de mañana pueda seguir defendiendo como presidente”, decía Casado. “Era una despedida pero espero que sea un punto y seguido y que tengamos siempre su referencia en el horizonte, su buen carácter, su amabilidad, el estar siempre en su sitio, saber aguantar muchas cosas y poner por delante siempre a España”, añadía Santamaría. 

Uno de los dos se convertirá este sábado en sucesor de Rajoy para abrir una nueva etapa en el PP. Una era en la que todo está por escribir.

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Las primarias que han hecho trizas los dogmas del PP

El PP ha cimentado su discurso de los últimos años sobre una serie de pilares que se han venido abajo con el proceso de primarias para suceder a Mariano Rajoy. El enfrentamiento entre Soraya Sáenz de Santamaría y Pablo Casado para presidir el partido ha revelado las luchas internas de un partido que hacía de la unidad uno de sus grandes valores, ha puesto al descubierto que su base de afiliados es exigua y ha echado por tierra el discurso de que debe gobernar el más votado.

El primer dogma que no aguantó el proceso de democracia interna fue el de los más de 800.000 militantes. El PP sostuvo, incluso durante los años más duros de la crisis en los que se disparó el desencanto con la política, que la cifra de afiliados se mantenía en 865.000. Mientras todos los partidos veían menguar el número de militantes, el recuento periódico del PP los aumentaba sin notar, por ejemplo, los escándalos de corrupción. Las cifras no cuadraban con la pérdida de votos del partido, pero la opacidad del PP no permitía conocer el dato exacto.

Para participar en las primarias se exigió estar al corriente del pago de las cuotas. El resultado fue una limpieza casi total en el número de afiliados: de los 869.535 -el dato tras la última actualización- solo 66.384, el 7,6%, habían pagado y cumplimentado los trámites para poder votar. El dato les sitúa con una participación muy por debajo de la que tuvo el PSOE en las primarias para elegir a Pedro Sánchez o de la que hubo en Vistalegre II, aunque en el caso de Podemos los simpatizantes no tienen que pagar una cuota.

Hay miembros del PP que han tratado de contener el golpe. El portavoz en el Congreso, Rafael Hernando, dijo que si la militancia no se había movilizado es porque “saben que todos los candidatos están suficientemente capacitados”. “El PP somos un partido unido. Entonces los militantes no están soliviantados como en otras formaciones políticas ante una situación de primarias. No hay esa aprehensión que existía en otras formaciones”, dijo. Otras voces, como Esperanza Aguirre, han pedido depurar el censo. Si se hace, el partido ya no podrá volver a sacar músculo con su base de militantes.

Arrasado el mito de los afiliados, le llegó el turno al de la unidad. Ha sido una de las banderas del PP, especialmente cuando sus competidores celebraban procesos internos que enfrentaban a dos facciones. Durante el pasado año los dirigentes populares hicieron especial hincapié en esa idea cuando el PSOE se partía en dos en la elección de su secretario general o cuando Podemos asistía al enfrentamiento entre dos de sus fundadores.

“El partido cobra fuerza cuando se muestra unido, cuando dice lo mismo en todas partes, y sobre todo cuando en toda España nos ven entregados a la tarea de resolver los problemas de todo el mundo: debemos estar con la gente”. La frase es de Mariano Rajoy y la pronunció tras su elección como presidente del partido en 2004 con un 98,37% de los votos. La cohesión de los populares ha sido tradicionalmente un valor al que recurrir en los momentos de dificultad y en un arma que lanzar contra los enemigos políticos.

Esa unidad, casi uniformidad, ha provocado durante años que cada declaración de un cargo político fuera de la línea oficial fuese vista como una fractura en el partido. Los dirigentes del PP se han esforzado en mantener las formas de puertas para afuera. Un ejemplo son las reuniones del Comité de Dirección que el PP: por muchos rumores sobre las críticas de los barones a la gestión de la dirección del partido, ante Rajoy nadie tomaba la palabra para expresarlas. De la reunión no trascendía más que la arenga del presidente y el apoyo de los dirigentes regionales.

El mantra de la unidad es historia. Durante la primera fase de las primarias, el enfrentamiento entre candidatos reveló que la cohesión interna se mantenía únicamente por el liderazgo de Rajoy. Con solo dos candidatos, la contienda derivó en una serie de ataques que ponen de manifiesto que la cohesión estaba solo en los discursos.

Los llamamientos internos a Casado y Sáenz de Santamaría para que negociasen una lista única cayeron en saco roto. Casado ni siquiera ha dudado en cargar contra las políticas del Gobierno de Rajoy para debilitar la candidatura de la exvicepresidenta. El entorno de Sáenz de Santamaría, por su parte, trata de vincularle con José María Aznar para desgastarle. En medio, exministros, barones y otros dirigentes se posicionan de uno y otro lado con ataques cruzados en los medios.

Aznar, de hecho, es otro de esos totems del partido que ha acabado salpicado por las primarias. Aunque él ha dicho que su intención era ser neutral, el entorno de Sáenz de Santamaría ha tratado de vincularle con Casado, que fue su jefe de gabinete entre 2009 y 2011. Cospedal ya lo hizo durante la primera fase: “hay candidaturas que parece que están próximas al anterior presidente del partido”.

La ausencia del expresidente del Gobierno en el cónclave también ha generado rencillas. “Yo sólo he sido presidente del PP 14 años, del Gobierno ocho años y diputado 20 años, pero probablemente eso no da derecho a ninguna invitación”, ha dicho Aznar. Esas queja ha encontrado respuesta en Luis de Grandes, el presidente de la Comisión Organizadora del Congreso, que actúa como máxima autoridad del PP en el proceso interno: “José María Aznar, si hubiera querido, sería un miembro nato de este congreso, con voz y voto, porque era presidente de honor del partido. Él renunció expresamente”.

Grandes, de hecho, ha recordado que Aznar lleva años distanciándose del partido, especialmente en “los momentos difíciles”, y ha llegado a acusarle de mostrar “un desdén expreso” al PP.

La primera experiencia del partido con la democracia interna también ha desarbolado el discurso que el partido ha utilizado para enfrentarse a la nueva realidad política de España. Los populares han echado mano del dogma de “la lista más votada” cada vez que la unión de otros partidos -“coalición de perdedores”- amenazaba con desalojarles el poder. De hecho, llegaron a promover cambios legislativos para garantizar que quien ganaba las elecciones, debía gobernar.

El argumento de los últimos años no aguantó las horas posteriores a la votación del pasado 6 de julio, la primera ronda de las primarias. Casado, que había quedado por detrás en los votos de los afiliados, ofreció al resto de perdedores aunar fuerzas contra la exvicepresidenta. Casado, que en la campaña de 2016 tachó de “poco regenerador” un “pacto de perdedores”, ha conseguido sumar los apoyos de quienes no ganaron para tratar de vencer a la elegida por los afiliados.

Quien sea elegido para presidir el PP encara una nueva etapa en el partido tras la traumática pérdida de La Moncloa. Tendrá que afrontar la tarea de recuperar los votos perdidos hacia Ciudadanos con una militancia bajo mínimos, con un partido fracturado y con el discurso de la lista más votada desmonta desacreditado por las primarias. Tres de los dogmas en los que el partido se ha refugiado en los últimos años, hechos añicos.

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Sonrisas, lágrimas y cuchillos en las primarias del PP

Eran las 17.30 de la tarde de la primera jornada del congreso del PP, un día centrado en la despedida de Mariano Rajoy. Para las primarias que elegirán al sucesor, era un poco la jornada de reflexión o al menos para tomarse la confrontación con algo de calma antes de la votación del sábado. Nada debía hacer sombra al adiós del hombre que ha dirigido el partido durante 14 años.

Por alguna razón, la campaña de Pablo Casado eligió el momento en que Ana Pastor, elegida presidenta del congreso, lanzaba un elogio tras otro a la figura de su mentor y amigo para enviar una bomba de fragmentación, tan potente que algo de metralla se habrá llevado el diputado por Ávila. Envió a los medios de comunicación una nota de la organización Dignidad y Justicia que disparaba sobre Soraya Sáenz de Santamaría donde más puede doler a un político del PP. 

“No es persona de valores. No demostró estar a la altura cuando en 2013 y 2014 no hizo absolutamente nada para evitar la excarcelación masiva de más de 100 terroristas de ETA”, decía la nota. Al menos, no dijo que había traicionado a los muertos. O quizá sí lo decía. Acusaba a la exvicepresidenta del Gobierno de no haberse preocupado nunca por “el esclarecimiento de los casi 400 asesinatos sin resolver de ETA”. Sí, también se utilizaba a los muertos para arañar unos cuantos votos en favor de Casado.

Muchos dirigentes del Partido Popular han sido adictos a ver cómplices de los terroristas en todas partes en lo que terminó siendo un todo es ETA (menos ellos). Nunca antes se había utilizado, siquiera de forma indirecta, contra un dirigente del propio partido, aun menos contra la número dos del Gobierno que presidió Rajoy.

Tanto Santamaría como Cospedal apostaron por unas primarias light: me conocéis, votadme por ser quien soy. Ideas, las justas. ¿Para qué repetir lo que hemos dicho tantas veces? Casado no se podía permitir tanta ligereza. Su currículum es más escaso. Necesitaba mover el tablero, decir a los militantes lo que quieren escuchar, todo eso de la derecha sin complejos, y ser muy agresivo. Pero no se esperaba que diera una patada al tablero.

Hacer de cartero de una asociación que no forma parte del Partido Popular para lanzar tales acusaciones contra Santamaría demuestra hasta qué punto es difícil mantener la calma en unas primarias internas cuando los protagonistas se juegan su supervivencia en política. Será por eso por lo que al PP nunca le interesaron demasiado, y al que menos a Rajoy, que lo veía como esas cosas que hacen los nuevos partidos, llenos de gente ruidosa que no para de hablar y moverse. Haces eso en el casino de Pontevedra y enseguida te enseñan la puerta por gamberro.

Como diría Rajoy, el ataque de la campaña de Casado puede significar que las posiciones de ambos de cara a la votación del sábado están muy igualadas… o no. Pudo ser un intento de desequilibrar un posible empate con un ataque de última hora. O un gesto de desesperación al ver que las posibilidades de victoria se están alejando. Quizá la campaña de Casado se arrepienta de no haber instalado en el email el aviso posterior al envío del mensaje: “¿Está seguro de que quiere enviar este mensaje?”. 

El testamento político de Rajoy

Ya dijo Rubalcaba que “los españoles somos gente que enterramos muy bien”. Estaba claro que la despedida de Rajoy, presidente del PP desde 2004, iba a ser un éxito de público en el hotel de la periferia de Madrid donde se celebra el congreso. El nuevo registrador de la propiedad de Santa Pola ponía fin a su actividad política –no lo verán mucho más excepto en algunos mítines de campaña– y lo hizo con un discurso de 51 minutos.

Podía haber sido una cosa más breve llena de momentos emotivos, y los hubo -asomaron lágrimas en la mejilla de Cospedal cuando atronó el himno español por megafonía-, pero su intención era trazar su testamento político para que no se olvide y, quién sabe, para que los dirigentes del PP voten pensando en lo que dijo su presidente saliente.

Rajoy reivindicó toda su obra para desmentir de forma tajante todos los ataques y menosprecios que ha recibido de Aznar y los columnistas duros de la prensa de Madrid, de todos los que le han criticado en la derecha desde que perdió las elecciones de 2008 ante Zapatero. Presumió del fin de la crisis económica, de su respuesta al desafío independentista de Cataluña, y del fin de ETA sin negociación política previa. 

A algunos les parecía muy fácil”, dijo sobre la solución de la crisis de Cataluña. “Sabían lo que había que hacer, con quién, cómo, en qué momento y con qué alcance. Siempre lo saben. Lo sabían antes, pero lo saben, sobre todo, después de que lo hubiéramos hecho nosotros”. No hay independencia de Cataluña, Puigdemont está fuera de España y varios miembros de su Gobierno están en prisión. El problema político de fondo continúa siendo el mismo pero, para Rajoy, es misión cumplida. 

Lo mismo en el caso de ETA. Rajoy hizo gala de que no hizo nada: “Jamás he caído en la tentación de negociar con ETA. Jamás he pagado ningún precio político que pudiera entenderse como un premio para los asesinos”. 

Cumplió su promesa de no intervenir en las primarias en favor de alguno de los candidatos. Pero al escuchar la defensa de su legado político, sobre todo de las aristas más duras, los compromisarios del PP pueden no olvidar que Sáenz de Santamaría estuvo siempre en Moncloa con Rajoy mientras Casado era una joven promesa que despuntaba. 

Rajoy dejó claro que en su idea de la política “nadie está en posesión de la verdad absoluta” y dio las gracias a los dirigentes del PP por haberle dejado hacer política como a él le gusta, “con moderación, con prudencia y valorando las consecuencias de cada decisión”.

Este sábado, sabremos si los dirigentes del PP quieren más Rajoy. Ahí tienen la opción de Santamaría. Si ya han tenido suficiente campechanía gallega, españoles, mucho españoles, disparates colosales y es el alcalde el que quiere que sean los vecinos el alcalde, quizá prueben el sabor más picante de Casado. Cuando los partidos caen de bruces en la oposición, pierden interés en la moderación, la prudencia y las consecuencias de sus decisiones.

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Qué webs visitas y hasta cómo te sientes: así se controla al trabajador del siglo XXI

Lunes a las 9 de la mañana. Entras en la oficina y debes ponerte un casco o una gorra conectado a tu cerebro que durante toda tu jornada laboral sabrá cómo te sientes en cada momento: si una llamada de teléfono te alegra o te enfada o si una reunión te genera más estrés de lo debido. Todo monitorizado para que tu jefe sepa cuáles son tus emociones. Es la realidad que, según informan desde el diario South China Morning Post, viven trabajadores chinos en fábricas, empresas de transporte público o hasta en el Ejército, donde ya utilizan esta tecnología para “leer la mente” de los empleados.

Así, estos trabajadores se colocan unos pequeños sensores inalámbricos en contacto con la cabeza que recogen constantemente lecturas de sus ondas cerebrales y las envían a ordenadores con sistemas de inteligencia artificial que las interpretan para analizar sus emociones en tiempo real. Por ejemplo, en los ferrocarriles de alta velocidad chinos permiten detectar si el maquinista se encuentra somnoliento y, si es así, salta una alarma en la cabina. También se utiliza en líneas de producción de equipamiento de telecomunicaciones o en compañías eléctricas, donde un error humano puede ser fatal.

Por lo que, como asegura el profesor de neurociencia y psicología cognitiva Jin Jia, de la Universidad de Ningbo, esta tecnología puede ser de gran ayuda. “Cuando el sistema emite una advertencia, el jefe le pide al empleado que se tome un día libre o se traslade a un puesto menos crítico. Algunos trabajos requieren alta concentración. No cabe un error”, explica.

Aunque no son los únicos que están probando tecnologías de este tipo. Recientemente, Amazon registró en la Oficina de patentes y marcas de EEUU una pulsera pensada para rastrear los movimientos de sus trabajadores dentro de sus almacenes. La idea es que el brazalete sirva para guiar a los empleados gracias a la instalación de sensores de ultrasonidos por todo el almacén, y en el momento en que se distancien de la ruta que deben seguir, la pulsera vibrará para avisarle de que algo va mal.

La compañía lo quiere mostrar como algo que ahorrará tiempo a sus empleados y elevará su productividad; sin embargo, si tenemos en cuenta las quejas sobre las malas condiciones laborales de los empleados del gigante del comercio electrónico, esta innovación podría traerles más consecuencias negativas. Las últimas protestas se vivieron esta misma semana en el centro logístico de San Fernando de Henares.

Como desvela el periodista de The Guardian James Bloodworth en su libro Hired: six months undercover in low-wage Britain, Amazon ya utiliza dispositivos que controlan la productividad de los trabajadores. Bloodworth pasó un mes como recogedor de pedidos en un almacén de Inglaterra y relata que llevaban un dispositivo de mano que “cada vez que recogía un artículo, saltaba el temporizador de cuenta regresiva que medía el tiempo que tardaba en pasar al siguiente”. También compañías como IBM, BP, Bank of America, Target o Barclays han ofrecido a sus empleados pulseras de actividad Fitbit para mejorar su productividad.

El año pasado también supimos que la empresa de software belga especializada en marketing digital NewFusion proponía a sus trabajadores la implantación de chips de forma voluntaria, aunque en este caso aseguraban que no iban a rastrear ninguno de sus datos, y que estos solo servirían para abrir puertas o acceder al ordenador; aunque, en un nuevo desarrollo futuro, sí lo podría hacer.

El dispositivo utilizaba tecnología de identificación por radiofrecuencia (la misma que se usa en mascotas) y cuenta con una memoria de 868 bytes. En este caso, el chip se implanta en la mano, entre el índice y el pulgar, con una jeringuilla del mismo calibre que la de donar sangre, por lo que solo se nota un pequeño pinchazo que al rato desaparece, según explican desde la compañía. Además, aquellos que no lo quieran podrán seguir utilizando sus tarjetas identificadoras y contraseñas.

Esta misma propuesta también la recibieron los empleados de la empresa estadounidense Three Square Market, un proveedor de máquinas de autoservicio de Wisconsin. Aunque la mayoría accedieron para “así hacerles la vida más fácil” como asegura su CEO Todd Westby, también hubo algunos reticentes a implantarse un chip en su mano. Es el caso de la ejecutiva de marketing Katie Langer, que confesó que le daba un poco de miedo porque todavía no había visto mucha investigación sobre los efectos a largo plazo en la salud de insertarse un objeto extraño en el cuerpo. Este chip fue aprobado por la FDA, la agencia de certificación de alimentos y medicamentos de Estados Unidos, en 2004.

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Aunque no hace falta irse a tecnologías tan elaboradas. Existen métodos más accesibles para saber qué hacen nuestros empleados. Muchas empresas tienen acceso a través de sistemas informáticos internos a todo el historial de los ordenadores de sus empleados o saben dónde están gracias a la colocación de GPS en furgonetas o coches de empresa. Además, firmas como Deliveroo, Glovo o Uber conocen todas las rutas de sus trabajadores y los tiempos que hacen en cada desplazamiento.

Para los trabajadores de oficina también existen programas que registran las pulsaciones del teclado o herramientas que monitorizan cuánto tiempo se pasa en una web u otra e incluso hacen capturas de pantalla cada cierto tiempo que, si caen en manos de una empresa muy estricta, pueden llegar hasta a descontar parte del sueldo por no atender a las obligaciones en ese momento.

La española WorkMeter cuenta con varios programas de este tipo que, según su fundador y CEO Joan Pons, están pensados “para medir y mejorar la productividad de empleados”. Por ejemplo, TimeWork es un software de control de las horas trabajadas, WorkProject se centra más en medir el tiempo invertido en cada uno de los proyectos y EffiWork permite saber los niveles de productividad y detectar qué es aquello que roba más tiempo a los trabajadores.

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Para Pons, estos programas son una oportunidad para detectar problemas y solucionarlos. “Por ejemplo, si yo contrato a un arquitecto para que diseñe edificios (algo que me cuesta dinero), yo lo que quiero es que pase el máximo de tiempo haciendo planos y no reunido”, explica Pons. “Además, él desempeñando su trabajo va a sentirse mucho más realizado como persona. Si es un buen trabajador va a querer tener su tiempo controlado, medido y gestionado”, argumenta.

Sobre el miedo que pueden sentir algunos trabajadores cuando se les habla de instalar este tipo de programas, asegura que son fruto del “desconocimiento” o “de no querer mejorar”. Además, Pons afirma que su uso no es control, sino objetivación respetuosa del tiempo, es decir, “vamos a ver a qué dedicas tu tiempo, eso sí, sin entrar al detalle ni ver tiempos personales”.

Qué dicen las leyes

Si bien es cierto que cuando trabajamos debemos estar al servicio de la empresa y acatar órdenes que, en muchos casos, no nos gustan, también hay límites sobre el control al que nos pueden someter en nuestro puesto de trabajo. Por ejemplo, los trabajadores (en oficinas o espacios públicos) deberán estar informados de la instalación de cámaras de videovigilancia, así como de cualquier herramienta que monitorice lo que hacen durante su jornada laboral. Ahora bien, veamos hasta dónde se puede llegar.

En septiembre de 2017el Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo dio la razón a un trabajador que llevaba años luchando porque la Justicia rumana considerara que su empresa vulneró su derecho a la intimidad y al secreto de las comunicaciones cuando accedió a sus mensajes personales del correo corporativo sin informarle y los utilizó para despedirle.

Se conoce como el caso Bărbulescu (apellido del demandante) y ha dado lugar a un test que permite saber cuándo la empresa está actuando dentro de la legalidad o no. Así se evalúa desde si el trabajador ha sido notificado de que su actividad será monitorizada hasta el grado de intromisión (el tiempo, los archivos a los que se accede, cuántas personas lo ven), las razones para esa monitorización o el uso que la empresa le da a esos datos (como puede ser el despido).

Dar respuesta a estas preguntas le ha servido al Juzgado de lo social nº 19 de Madrid para declarar nulo el despido de una trabajadora de la empresa Amadeus Soluciones Tecnológicas a la que también vigilaron sin su consentimiento los correos privados que se intercambiaba con su familia y hasta con su asesora legal.

La Justicia española también se pronunció recientemente por la instalación de GPS en los vehículos de empresa. En esta ocasión, el Tribunal Superior de Justicia (TSJ) de Asturias dio la razón a la compañía al permitirle colocar estos dispositivos y rastrearlos; sin embargo, solo deberán funcionar durante la jornada laboral. Así, determinó que una vez que el empleado finaliza su turno, la empresa no está legitimada a saber dónde se encuentra, aunque los vehículos sean propiedad corporativa. Además, igual que en el resto de casos, es fundamental que el empleado esté informado “de modo expreso, preciso e inequívoco” sobre este control.

Como vemos, hay muchas formas de controlar a los empleados y cada vez serán más gracias a los avances tecnológicos. Sin embargo, todo dependerá de la Justicia para que ponga los límites necesarios y así seguir garantizando nuestros derechos.

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Las imágenes son propiedad, según por orden de aparición, de Pixnio, Álvaro Ibáñez/Wikimedia y Sam Saunders/Flickr

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Endometriosis, la enfermedad ignorada que pone en riesgo la fertilidad: “Estoy asimilando que nunca seré madre”

Alba Durán acaba de cumplir 39 y hace cuatro años que su pareja y ella intentaron tener un hijo. “Soy peluquera y tuve que cerrar mi negocio allá por 2010. Tenía 31 años recién cumplidos y mi chico y yo ya habíamos hablado de ser padres. Pero con su sueldo no nos daba, yo estaba hecha polvo… Y dejamos que pasase el tiempo”. Cuenta que comenzó a alternar épocas de paro con trabajos en los que no cobraba más de 900 euros.

En 2014 le ofrecieron un contrato indefinido de 1.200 euros brutos más pluses en una peluquería de un centro comercial al norte de Madrid, y poco después tomó la decisión de quedarse embarazada. “Ya tenía 35 años, sentía que las cosas mejoraban y que era el momento. Estuvimos un año intentándolo y nada. Nos desanimamos, pero luego algunos amigos me decían que ellos estuvieron intentándolo bastante tiempo, así que recuperamos la esperanza. Pasó casi otro año, me planté en 37 y sin el bebé”. Entonces Alba acudió al ginecólogo. Comenzaron las pruebas y meses después le diagnosticaron endometriosis.

“A mí siempre me había dolido mucho la regla, pero pensaba que era normal, que me tenía que aguantar. Me metía unos cuantos ibuprofenos y a seguir. Alguna vez lo dije en una citología de estas rutinarias y me aseguraban que le pasaba a todas las mujeres”. Alba tenía casi 38 años cuando le dijeron que de forma natural iba a ser muy difícil que se quedase embarazada, así que empezó con los ciclos de reproducción asistida: “La Seguridad Social te cubre máximo tres ciclos y hasta los 40 años. Me han hecho uno y no ha habido suerte. Me quedan dos ciclos y un año para lograrlo, así que ya estoy asimilando que nunca seré madre”, confiesa.

La ginecóloga y obstetra Miriam Al Adib señala que este no es ni mucho menos un caso puntual, sino que refleja uno de los mayores problemas de la comunidad médica a la hora de enfrentarse a la endometriosis: “El retraso en el diagnóstico no es tanto por falta de recursos, sino por no hacer bien lo primero que hay que hacer: sospechar. Para ello es necesario escuchar detalladamente los síntomas que tiene la mujer. Una sospecha no es un diagnóstico, pero sí te permite empezar a subir los peldaños necesarios para llegar a algo concluyente. Cuando una mujer en una consulta dice que le duele, hay que profundizar en eso haciendo una serie de preguntas. Y si sospechamos que puede ser endometriosis, hay que hacer las pruebas diagnósticas pertinentes. El gran problema es que no escuchamos a las mujeres”.

Alba se lamenta de que ningún médico sospechase de su dolencia: “Si tan solo en una de esas consultas rutinarias, cuando yo decía que tenía dolores fuertes, hubiesen empezado a hacerme pruebas, igual hubiese tenido el diagnóstico antes de los 30. Y quizá habría podido revertir la situación”.

Tras la publicación de un reportaje en eldiario.es sobre cómo muchas mujeres aplazan la decisión de ser madres por la precariedad económica y laboral hasta que quizá sea demasiado tarde, varias pacientes diagnosticadas con endometriosis denunciaron a través de redes sociales su situación: ellas también retrasaron la decisión de tener un bebé por las circunstancias; ellas también vivían con la presión de que a los 35 la reserva ovárica comienza a disminuir y los óvulos, poco a poco, pierden calidad; pero en su caso, además, una endometriosis diagnosticada de manera muy tardía había rebajado considerablemente las posibilidades de un embarazo.

“Los implantes endométricos en los órganos reproductivos, que son los más frecuentes, pueden destruir poco a poco el tejido ovárico y dejarte con pocos óvulos funcionales, puede generar también poca movilidad en el útero, o puede afectar a las trompas de Falopio, dificultando la fertilidad”, explica Paloma Andrés, ginecóloga de un Centro de Salud Comunitaria del Ayuntamiento de Madrid.

El 40% tiene graves problemas de fertilidad

A sus 21 años, Lorena Frontal ha urdido un plan vital: quedarse embarazada y después extirpar su útero. Llenar y vaciar como dos verbos que se conjugarían en su cuerpo casi a la vez. Está a punto de acabar la carrera de Ciencias Ambientales y el próximo curso quiere estudiar un máster. Después, encontrar trabajo y alquilar un piso. Y luego, el bebé. Todo ello antes de los 25, la edad que una ginecóloga le estableció como horizonte si quería ser madre de manera “natural”. “Me abruma cumplir años”, dice.

Lorena no tiene aún un diagnóstico concluyente, pero la sospecha es que padece endometriosis. Tuvo su primera regla a los 11 años, y aunque dice que siempre le ha dolido, fue a los 19 cuando empeoró. Desde entonces le han hecho una laparoscopia (cirugía) y varias ecografías. También le han recetado tratamiento hormonal, como a la mayoría de pacientes con endometriosis: “Ahora mismo lo que tengo es una menopausia inducida. Cada tres meses me ponen una inyección de Decapeptyl. Me han puesto dos, pero me han dicho que al ser tan joven no es recomendable que siga con este tratamiento, que es algo temporal. En nada me vendrá la regla [cuando se pase el efecto de la última inyección] y estoy sufriendo solo de pensar en que volverán los dolores”. Paloma Andrés apunta que el Decapeptyl “no está indicado para aplicarlo durante largos periodos”. “Es un tratamiento muy severo, debe ser empleado como algo reducido en el tiempo”, añade.

“La endometriosis es una enfermedad infradiagnosticada”, apunta Lucía Torres, de la asociación EndoMadrid. “Consiste en el crecimiento de un tejido muy similar al del endometrio pero fuera del útero. Estos crecimientos o adherencias suelen aparecer, sobre todo, en zonas como ovarios, trompas de Falopio, vegija… Aún no se conocen las causas por las que crece fuera del útero, lo que se sabe es que al ser un tejido parecido al endometrio, responde a los ciclos hormonales que tenemos las mujeres”, añade. Esto significa que también producen hemorragias, como las menstruales.

El síntoma más común es el de la dismenorrea: “En la mayor parte de los casos, produce dolores en el bajo vientre y sobre todo, cuando se pone más de manifiesto, es cuando se produce esa descamación, es decir, en época menstrual. Está normalizado que la regla duele, y este dolor ha sido utilizado hasta hace no mucho como excusa para mantener a las mujeres dentro de casa y manifestar su debilidad”, señala la ginecóloga Paloma Andrés.

La especialista en salud sexual y reproductiva señala que entre un 10 y un 15% de las mujeres la padecen, y que de ese porcentaje, el 40% presenta graves problemas de fertilidad. Además, según apunta Lucía Torres, “desde que una mujer acude a una consulta médica porque empieza a tener síntomas hasta que por fin tiene un diagnóstico, la media es de nueve años”.

Lorena aún no tiene diagnóstico concluyente: “Una ginecóloga de un hospital público de Madrid me hizo una resonancia y revisándola me dijo que intuía dos pequeños focos de endometriosis en la zona del útero pegada a la vejiga”. “En septiembre deberían hacerme otra laparoscopia, pero hay casos en los que la endometriosis es tan profunda que no se ve ni así. Sé que los dolores volverán, porque la píldora anticonceptiva a mí no me hace nada. El Decapeptyl no me lo pueden volver a inyectar… Pienso en tener un bebé cuanto antes y después hacerme una histerectomía. Si no tengo nada dentro, no habrá dolor. No quiero vivir con dolor. Por un lado me asusta ser madre casi ya, porque no sé si mi pareja y yo sobreviviríamos económicamente, pero me asusta más pensar que no lo voy a ser”, explica.

Falta de perspectiva de género

Lucía Torres, de EndoMadrid, critica la falta de perspectiva de género en el sistema público sanitario: “Esta es una enfermedad que pone en riesgo la fertilidad. Así que la seguridad social debería darte la posibilidad de congelar tus óvulos. El tema de la reproducción de las mujeres se ha dejado en manos privadas, de clínicas que monetizan eso. Afortunadamente hay algunas comunidades que ya lo están haciendo, que ya cubren la congelación de óvulos. Si a ti con 20 años te diagnostican endometriosis, lo mínimo que podría hacer el sistema de salud es darte esa opción de cara al futuro. Si no, se está excluyendo a las mujeres pobres que no pueden pagarlo”.

Diana Unzurrunzaga, de 36 años y técnico medioambiental, lloró el día en el que le dijeron que padecía endometriosis y que empezase a plantearse si quería tener hijos porque el tiempo corría en su contra: “Tenía 26 y me dijeron eso a la vez que me informaban de que me tendrían que operar para quitarme unos quistes en el ovario. Me llevé un disgusto… Pensaba: ‘Quiero ser madre, pero ¿ahora?’. En mi cabeza se repetía la frase ‘si tardas mucho, igual no puedes’. De primeras fue un shock. Decía: ‘Quiero ser madre pero ya me han puesto un muro antes siquiera de intentarlo’”.

Según Lucía Torres, muchas mujeres descubren que tienen endometriosis cuando intentan ser madres y ven que no pueden: “Esto significa que hasta que la mujer no puede cumplir con su rol social de procrear, la comunidad médica no presta suficiente atención a sus síntomas para llegar a un diagnóstico”.

Diana ahora está a punto de intentar su tercera fecundación in vitro. La primera vez tuvo un aborto espontáneo al mes y medio, la segunda vez los óvulos se degradaron antes siquiera de intentar implantar el embrión. Desde hace un par de años, su lenguaje cotidiano se ha visto aplazado por otro al que ni siquiera estaba habituada: hormonación, hiperestimulación, transferencias, punción, extracción. “El proceso es duro, y al menos me lo cubre la Seguridad Social. Pero tras el aborto, luego los óvulos que se degradaron, luego tuve hiperestimulación y me toca descansar… Viendo las dificultades que estoy teniendo ya no sé si quiero ser madre”.

Su entorno, dice, la anima a seguir intentándolo por la vía privada si el tercer ciclo (el último que cubre la sanidad pública) no tiene éxito. “Creo que no quiero pasar por eso. Más y más intentos. Psicológicamente es muy duro, y pagarlo también. No sé si estoy dispuesta a más sufrimiento solo por tener un bebé. Antes lo deseaba, ahora ya no sé hasta qué punto lo quiero por el miedo a arrepentirme o por la frustración que pueda sentir en el futuro por no haber sido madre”.

El caso de Mila Sánchez es diferente. Ahora tiene 37 pero sufre dolores menstruales desde los 13. “El médico siempre me decía que era normal que me doliese, y que cuando tuviese hijos se me pasaría”, recuerda.

La ginecóloga Paloma Andrés apunta que el embarazo nunca debe ser recetado como un tratamiento, sino como una posibilidad o elección: “Estamos en un sistema social y cultural patriarcal cuyo mandato para las mujeres es ser madres. Por un lado la experiencia nos dice que la maternidad alivia los síntomas de la endometriosis porque no hay menstruación y, por tanto, disminuyen los implantes [crecimiento del tejido fuera del útero]. En la lógica de muchos médicos, todas las mujeres quieren ser madres porque ese es su cometido en la vida, creen que así se completan. Así que si unes las dos cosas, tienes el embarazo como tratamiento. Pero lo único que se debe hacer es informar: decirles que un embarazo puede reducir los síntomas, pero no cura la enfermedad. Y preguntarles sobre todo si desean ser madres. Si no lo desean, esa posibilidad no es una vía para ellas”.

Lucía Torres arremete contra el mito del embarazo terapéutico: “Es cierto que en algunas mujeres funciona, pero ni mucho menos en todas. Además, si estás enferma y tienes un dolor crónico que te incapacita de forma intermitente, a lo mejor no tienes fuerzas para cuidar de un bebé. El embarazo debería ser una opción vital, no un tratamiento. Además, muchas mujeres, aunque lo deseen, no conseguirán embarazarse. Hay que informar a las pacientes debidamente”.

Mila fue diagnosticada de endometriosis en 2016. Unos años antes había intentado quedarse embarazada pero no lo logró. “He descartado ser madre. Me hubiese gustado pero ahora mismo estoy en paro, cerca de los 40 y con unos dolores muy fuertes. Quizá si me hubiesen diagnosticado cuando era adolescente, que ya tenía síntomas, todo habría sido diferente. Ahora no tengo medios ni fuerzas para intentarlo”.

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