Madrid es la sexta ciudad mundial donde más suben las casas de lujo

Los precios de la vivienda de lujo no aflojan en Madrid. La capital española es la sexta ciudad donde más se ha encarecido ese segmento inmobiliario en el último año, según una clasificación de 46 ciudades de todo el mundo que elabora trimestralmente Knight Frank. De acuerdo con los datos de la consultora inmobiliaria, en la capital española los precios de los pisos de alta gama subían un 5,2% a finales de junio respecto a doce meses antes. Además, en el segundo trimestre el crecimiento se aceleró, ya que se produjo una variación del 3,9% entre abril y junio, frente al 0,1% que subieron los precios entre enero y marzo.

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Morir en soledad

Cada vez se dan más casos de ancianos que mueren en soledad. Los vecinos se percatan del fallecimiento más por el olor que desprende el cadáver que por la preocupación que les pueda producir la ausencia durante unos días. Vivimos un tiempo, sobre todo en las grandes ciudades, en el que nadie se preocupa de nadie. No es raro que en un mismo edificio los vecinos sean auténticos desconocidos, que solamente se vean de reunión en reunión y en muchos casos para acusarse unos a otros de los problemas de la comunidad. Tengo entendido que en el Reino Unido había un Ministerio de la Soledad. No estaría de más que aquí se tomara ejemplo de esta iniciativa. Mientras tanto, las juntas de vecinos podrían empezar con las preguntas: ¿cómo estáis?, ¿cuántos estamos hoy?, ¿quién falta?, ¿por qué? Y luego que se hable de las obras del edificio o de si alguien no ha pagado el último recibo.

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Así hemos desvirtuado el yoga, pero aún podemos arreglarlo

Aunque haya tardado 5.000 años en conquistar Occidente, la velocidad con la que el yoga se ha generalizado y convertido en tendencia en el siglo XXI ha sido como la del rayo en la tormenta del estrés de la vida moderna. La introspección a la que continuamente invita, bien sea mediante la atención a la respiración o a través de la ejecución de posturas fundamentadas en la flexibilidad, el equilibrio o la fuerza, han hecho de esta disciplina un fenómeno global, con 300 millones de entusiastas en todo el mundo. Sobre todo en EE UU, donde la cifra de yoguis se duplicó entre 2012 y 2016, alcanzando 36 millones de asiduos, según apunta la web The Good Body.

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¿Cómo consigo que me hagan caso?

NUESTRA FORMA de estar con otras personas ha cambiado de manera radical en los últimos 25 años. Hasta mediados de la década de 1990, cuando se popularizaron los teléfonos móviles, los encuentros eran puramente analógicos. Cuando dos o más personas se reunían alrededor de una mesa, no llegaba más información que la que aportaban los propios contertulios. Si alguien los llamaba por teléfono, se enteraban al volver a casa y escuchar el mensaje del contestador. O bien la persona volvía a llamar.

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Autobronceadores: cómo estar moreno sin tomar el sol (y no acabar como un ‘cheeto’ con patas en el intento)

¿Por qué es tan naranja Donald Trump? Fue uno de los grandes misterios de la campaña presidencial de 2016. Las malas lenguas aseguran que la culpa la tiene su amigo y empresario (también naranja) Steve Hilbert, consejero delegado de New Sunshine, la flamante fabricante de camas de bronceado y soluciones cosméticas para el buen tono (incluida, por ejemplo, la colección de lociones Kardashian Glow). Y, casualidad o no, aquel mismo año hubo un repunte de las ventas de protectores solares y autobronceadores, según un informe de Global Cosmetic Industry, cuyas ventas subieron un 22 % y 20 % respectivamente, demostrando que el mercado del tostado, real o ficticio, estaba en su punto álgido. 

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El silbato

Hace ocho años compartía piso con dos amigos de energía torrencial. De vez en cuando, se producían en nuestra cocina fiestas improvisadas que incluían bailes, gritos, charla desenfrenada y bingo, todo ello bañado por ese furor casi vandálico de los últimos años de la veintena. Un día, una voz indignada atronó por el patio interior: “¡Voy a llamar a la policía!”. Era aquel un patio inmenso: las traseras de seis edificios de hasta diez pisos, con cuatro viviendas por planta, una colmena inabarcable de cientos de ventanitas anónimas apagándose y encendiéndose. Víctor, sin dejar la copa, sin parar de bailar, profirió una carcajada estruendosa, asomó la cabeza por la ventana y lanzó un grito triunfal: “¡Pero si no sabes dónde estamos!”. Mi risa quedó cortada a la mitad por una extraña sensación de desamparo: el vértigo de vivir en un sitio tan grande que uno puede sentir voces que no sabe de dónde vienen, ni hacia dónde apuntar exactamente el dedo acusador. Me aterrorizó la inmensidad del mundo en el que vivía, en una ciudad de adopción que aún me quedaba grande. Eran aquellos años de actividad moderada en redes —muchos aún circulábamos por la vida con móviles sin Internet y aún no fotografiábamos todo lo que vivíamos (si alguien nos hubiese dicho que, años después, haríamos documentales fragmentarios diarios de nuestras vidas, habríamos dicho que vaya chorrada producir webseries sin cobrar)—.

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15 productos de limpieza facial para decir adiós a las toallitas desmaquillantes

Más de nueve millones de toallitas se tiran a la basura cada día. Todas juntas, son las responsables de más del 75% de los atascos en el sistema de saneamiento de Barcelona causando sobrecostes de más de 650.000 euros anuales, según las últimas investigaciones de El País. Con estos datos, no es de extrañar que ya haya marcas y cadenas comerciales, como Holland & Barrett en Reino Unido, que hayan decidido prohibir su venta.

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Como una pequeña galería de Madrid se hizo con una de las casas de antigüedades más prestigiosas del mundo

La sede neoyorquina de la galería de antigüedades Colnaghi está en un barrio, el Upper East Side, en el que pocos edificios albergan viviendas corrientes. Sin embargo, la particularidad de esta townhouse no reside solo en el precio del suelo, ni en sus elegantes líneas centenarias, ni en su fachada engañosamente discreta.

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La talla no lo es todo: lo que hay que saber para elegir el sujetador adecuado

Mary Phelps Jacobs estaba harta de hacer malabarismos para evitar que el artificioso corsé de la época asomara por el escote de su vestido. Un buen día, mientras la mujer de la alta sociedad neoyorquina se preparaba para una fiesta, cansada de la incómoda prenda, optó por quitársela y sustituirla por dos pañuelos de seda blanca atados con un cordón que se colocó en el pecho, a modo de sujeción. Así fue como, por casualidad, creó y patentó el primer sujetador de la historia. Fue en 1913, con el nombre de backless brassiere, que significa “corsé sin parte trasera” en inglés. Aquello significó toda una liberación para la mujer, ya que los efectos para la salud de aquellos corsés eran nefastos: provocaban desde mareos hasta problemas respiratorios, pasando por hemorragias internas. Pero la historia de esta prenda de lencería, originalmente tan sencilla, cambió al vender los derechos de la patente a la Warner Brothers Corset Company, que comenzó a fabricarlos a escala industrial. Así empezó el lío.

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La talla no lo es todo: lo que hay que saber para elegir el sujetador adecuado

Mary Phelps Jacobs estaba harta de hacer malabarismos para evitar que el artificioso corsé de la época asomara por el escote de su vestido. Un buen día, mientras la mujer de la alta sociedad neoyorquina se preparaba para una fiesta, cansada de la incómoda prenda, optó por quitársela y sustituirla por dos pañuelos de seda blanca atados con un cordón que se colocó en el pecho, a modo de sujeción. Así fue como, por casualidad, creó y patentó el primer sujetador de la historia. Fue en 1913, con el nombre de backless brassiere, que significa “corsé sin parte trasera” en inglés. Aquello significó toda una liberación para la mujer, ya que los efectos para la salud de aquellos corsés eran nefastos: provocaban desde mareos hasta problemas respiratorios, pasando por hemorragias internas. Pero la historia de esta prenda de lencería, originalmente tan sencilla, cambió al vender los derechos de la patente a la Warner Brothers Corset Company, que comenzó a fabricarlos a escala industrial. Así empezó el lío.

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